Educadores del SENAME en Coronel levantan propuestas de trabajo con menores marginados

Introducción

La labor que llevan a cabo ciertos sectores de educadores chilenos en pos de las poblaciones excluidas y marginadas de nuestra sociedad y dentro el afán de desarrollar y abrir nuevos horizontes en el seno del debate nacional acerca del fenómeno de la justicia penal adolescente, se nos hace evidente la necesidad de buscar nuevas formas de intervención social en Chile. Por eso mismo este “Manifiesto” quisiera llamar la atención de todos aquellos que piensan que existen otras formas de enfrentar la “protección de la infancia y la adolescencia”… fuera del sistema represivo actual aplicado en nuestro país.

En efecto, desde Francia nos llegan ecos de fenómenos significativos que cruzan las sociedades actuales y que se relacionan con las nuevas formas de trabajar con los jóvenes en su propio medio. No alejar, no excluir, no segregar parecen ser las bases fundamentales de este tipo de intervención. Se percibe en filigrana una ruptura con paradigmas aplicados en Chile…paradigmas que no logran provocar un impacto en la compleja tarea de “educar a la juventud”.

Inspirados en esas nuevas ideas o modelos “interesantes”, queremos mirar más allá de la cortina estigmatizante de los medios de comunicación y de la ceguera institucional. Queremos abrir nuestra visión y posicionarnos desde un paradigma diferente. Queremos generar a partir de nuestro trabajo, empatía transformadora, potente y valiente.

Queremos levantar una política que busca, en su esencia, dotar de sentido la vida de jóvenes segregados, “inadaptados sociales” o “infractores de ley”. Creemos que es posible fundar otra alternativa para poder trabajar con jóvenes “sensibles” marcados por la precariedad, la exclusión y la violencia.

En Chile, la intervención social no provoca esta tensión, precisamente, porque la relación entre Estado y proyectos sociales está unilateralizada. El Estado gobierna. Vigila. Subordina. Financia, y delimita los caminos. Luego, exige el cumplimiento de metas, y el trabajador social maquilla su intervención para reducir la asimetría entre lo que el Estado espera, y lo que el interventor en terreno, sabe que se puede hacer. De paso, quien interviene en terreno, asegura el financiamiento para los proyectos. La divergencia de sentidos nunca queda manifiesta. Y por tanto, los programas sociales, en vez de transformar, simplemente regulan, o reproducen el orden social.

La Prevención Especializada francesa, además de acercarnos a otra idea del ser humano, nos pone en órbita con una serie de reflexiones necesarias sobre los itinerarios vitales de la persona. Nos invita a revisar una historia clave, que nos interpela y nos ayuda a configurar nuevos panoramas mentales en torno a la intervención social.

 

¿Es posible la Prevención Especializada (P.E.) en Chile?

Si bien no podemos dar una respuesta definitiva frente a eso, creemos que la P.E. debería ocupar un lugar privilegiado dentro del trabajo con los jóvenes chilenos1. La prevención es una inversión a largo plazo, poco visible, y difícilmente evaluable, pero importantísima. La P.E. concierne diversos dominios: Lo familiar, lo educativo, lo psicológico, lo laboral, lo cultural, la animación, etc. Más que “un proyecto licitado” ella debe ser una política de Estado.

Reprimir o prevenir.

Son dos polos dentro del campo de intervención de la justicia chilena, pero estos dos conceptos engloban paradigmas diferentes2. Lamentablemente la represión se lleva hoy día la parte gorda dentro de este proceso; y la prevención o es inexistente, o juega las veces de pariente pobre.

Se puede percibir, con cierta amargura, que la justicia Chilena no pone énfasis en la prevención, sino que, como veremos más adelante, ningún juez “se la juega” por un proyecto de ese tipo.

Si bien el trabajo de Prevención Especializada en Francia está sometido al contexto social específico francés, y no puede usarse como referencia para Chile, también es cierto que la justicia juvenil chilena, sin copiar el modelo francés, podría aportar los medios para impedir que jóvenes infractores entren en los circuitos judiciales.

El SENAME se ocupa de los jóvenes una vez que la sentencia ha sido dictada. Eso significa que no hay una preocupación “antes de” que estos jóvenes sean infractores de ley.

¿Por qué el Estado, por intermedio del Ministerio de Justicia (u otro Ministerio) y subsecuentemente de SENAME, no se preocupa de prevenir en vez de curar? ¿Por qué tiene mayor significado el acto represivo antes que el acto educativo/preventivo?, ¿no forma parte de nuestra idiosincrasia?, ¿no sabemos hacer otra cosa?

“Me llama la atención que en Chile, aparentemente se ha adoptado el sistema anglosajón, que utiliza en el proceso la modalidad adversarial. ¿Qué consecuencias tiene para Chile? (…) El juez no tiene la atribución de obtener los antecedentes de ese muchacho, porque depende del fiscal y del defensor para conseguir los antecedentes del joven. ¿De qué informaciones estoy hablando? Me refiero a todo lo importante para tener una opinión de conjunto de la vida de este joven. ¿De qué familia proviene?, ¿cuántos hermanos tiene? ¿Los padres viven juntos? ¿Cómo es su escolaridad? (…) ¿tiene una polola?, todas cosas que son importantes para formarse una opinión de conjunto de la vida de este muchacho. Lo que quisiera destacar es que en el sistema chileno de justicia penal juvenil falta un elemento importante. El Servicio Nacional de Menores, SENAME, interviene recién cuando un tribunal ha tomado una resolución, lo que implica que un niño debe ser sometido a una medida o una privación de libertad. Eso es a mi juicio demasiado tarde3”.

Algunos estudiosos de este tema van aún más allá y afirman que no se puede proteger a un joven al mismo tiempo que se le reprime. Es una situación que genera perversión. La protección es alejarlo de aquello que impedirá su desarrollo psíquico y social. Por ejemplo: impedir que el joven ingrese en los circuitos de justicia penal.

¿Pero cómo podría protegerlo si SENAME sólo se preocupa de un joven cuando éste ya está sancionado? “El sistema actual manifiesta una doble perversión: aplica medidas punitivas a quienes busca proteger, generando en la sociedad una sensación de impunidad en relación con los jóvenes infractores de ley4”.

El rol que jugaron ciertos jueces franceses, después de la segunda guerra mundial fue capital dentro de la implementación de esta disciplina. Ellos tuvieron una influencia enorme, no sólo en los fundamentos filosóficos del trabajo social, sino que levantaron una alternativa diferente a la encarcelación de jóvenes.

Además, se debe considerar la idea de que los costos de la prevención son significativamente inferiores a los costos de la represión y que impedir que un joven ingrese al circuito judicial, es más efectivo que reinsertarlo en la sociedad posteriormente5.

Las experiencias chilenas en trabajo social (que comienzan ya en el siglo XIX) deberían servirnos e inspirarnos para desarrollar nuestras propias alternativas frente a los jóvenes, y no ir a buscar ni a copiar “modelos exóticos” ─que sólo pueden entenderse y desarrollarse en sus respectivos contextos─. Nos deja perplejos esa “adoración” que algunos de nuestros dirigentes sienten frente a los modelos anglosajones. La atracción que ejerce el modelo canadiense (Risk-Need-Responsivity Model for Offender Assessment and Rehabilitation, de James Bonta y D.A. Andrews) y el modelo inglés (ASSET de K. Baker y S. Jones), es muy fuerte en Chile.

Una serie de organizaciones colaboradoras, así como organismos de Estado o Universidades, han adoptado o se han inspirado en dichos modelos, con todas sus técnicas inherentes. Lo que es paradojal es que lo que en Chile se adopta, a ojos cerrados , no tiene ni la misma aceptación ni la misma idolatría en los países de origen de estos proyectos. Por ejemplo, el servicio de la Seguridad Publica de la Monarquía canadiense emitió serias reservas a los propósitos vertidos en el modelo canadiense precedentemente mencionado6.

¿Qué encierra la protección de la niñez y la lucha contra la delincuencia?

La Prevención Especializada se sitúa en el campo de la protección de la niñez. Toda su labor será ayudar, sostener, apoyar o promocionar a un joven para que pueda darle sentido a su vida. Si con ello la P.E. lucha contra la delincuencia, tanto mejor, pero su objetivo fundamental es la protección del joven.

Cuando el objetivo fundamental es “luchar contra la delincuencia”, eso significa relacionarse con los jóvenes solamente a partir de la infracción o la transgresión. Un sistema que se relaciona con sus jóvenes de esa manera (a partir de un solo aspecto; el negativo), reproducirá estratégicamente esa visión estrecha de su juventud a otros dominios de la vida social.

 

El ser humano no es el centro de nuestra preocupación.

El trabajo social en Chile, en general, está “plagado” de tecnicismos donde el joven (objeto y sujeto de nuestro trabajo) casi no tiene cabida. Nos conduce a dilucidar dentro de un lenguaje pseudocientífico y muy erudito, algo tan profundamente cotidiano y frecuente como nuestras propias dificultades y problemáticas humanas, frente al fenómeno recurrente de la exclusión.

Como si la técnica pudiera substituirse a la finalidad. Normas, métodos, cifras, técnicas, útiles, evaluación, sistematización, salpican el trabajo social chileno. Ninguna intervención técnica o metodológica puede eternamente retroalimentarse a partir de la técnica o el método. Todo debe partir y terminar en el ser humano. Son las políticas sociales las que deben adaptarse al ser humano y no lo contrario.

El paradigma -“dar sentido a la trayectoria de vida de un joven”-.

Este paradigma no forma parte de la filosofía profesional del interventor social en Chile. Los jóvenes son como “conejillos de indias” al interior de una serie de mediciones y de aplicación de instrumentos, que permiten dar cumplimiento a las orientaciones técnicas de SENAME, las cuales tienen muy poco que ver con la complejidad de los procesos y las trayectorias de vida de los jóvenes. Si hay algo que nos enseña el trabajo social francés es el concepto de “quête de sens” (búsqueda de sentido). La misión capital que deben cumplir los trabajadores sociales7, trabajando en los servicios de P.E. en Francia, es acompañar y apoyar a un joven, el tiempo que sea necesario, a descubrir por sí mismo aquello que pueda dar sentido a sus proyecciones vitales8.

El sentido que el joven dará a su vida es lo que lo comprometerá con él mismo y con su entorno. No existe, como subraya Edgard Morín, “el sentido bueno o el sentido malo”. Existen búsquedas permanentes y aleatorias de sentido, respuestas que se intentan en contextos complejos y con las armas que se disponen9.

 

¿El trabajador social vector de trasformación social o de regulación social?

Este tema que en Francia ha sido objeto de libros, coloquios, seminarios y congresos, desde hace ya más de 30 años es un tema casi inexistente en el trabajo social chileno. Se percibe claramente que la gran mayoría de trabajadores sociales o instituciones no se cuestiona el hecho de saber si son o no vectores de control o de transformación social. La gente no se interroga si su intervención social genera cambios individuales o colectivos en el medio. Y esto no es porque sean limitados o faltos de luces. Esto sucede simplemente porque, como lo dicen ellos mismos, “la gente vive al ritmo de las subvenciones, de la elaboración de programas, de las evaluaciones, e incluso de saber si el mes que viene van a tener pega o no”10.

Las dinámicas institucionales (entiéndase aquí como: lógica de licitaciones, formulación y evaluación de proyectos, supervisiones técnicas y financieras) castran psicológica e ideológicamente a los trabajadores sociales, retirándole esta capacidad de pensar y de reflexionar sobre contexto social y político en el cual se produce su intervención.

La gran mayoría es formal para decir que sus intervenciones de terreno están desprovistas de un trasfondo político. Dentro de las minorías visibles hay algunos que quisieran ir “más allá”, pero sus jerarquías no ven con buenos ojos ciertas “iniciativas”. En otros centros las jerarquías quieren comprometer de manera más profunda a sus asalariados, pero éstos consideran que el trabajo social es (y debería ser) eminentemente “apolítico”.

En conversación con directores de programas y centros de SENAME, donde se hacía alusión a la inserción laboral de los jóvenes, nos cuentan que muchos de ellos, “en flagrante delito” de ignorancia política, no se cuestionaban la problemática de la empleabilidad en sus propias regiones.

¿Pecamos de ingenuidad o queremos pasarnos de listos?

Encontrar significación a la contradicción “control o transformación social”, posicionar nuestra intervención a partir de ese paradigma, podría parecer un anhelo piadoso, pero es quizás lo que le falta al trabajo social para poder transmitir sentido a su intervención.

Si el ser humano es un ser “político” por esencia, el trabajador social debería serlo aún más, puesto que su vida está cruzada por un doble rol: el de ser ciudadano, en su vida privada, y el de ser transformador o regulador social, en su vida profesional.

Pensar que el trabajo social podrá inhibir este rasgo esencial en su trato directo con los excluidos, es pecar de cretinismo. Cabe señalar, en este punto, que durante 17 años, la dictadura militar desprestigió todo lo que tuviera olor a ciudadanía o compromiso político, y la concertación no mejoró mucho las cosas.

Objetivos generales de la P.E.

La P.E. es una intervención educativa y social, a la vez individual y colectiva en el seno de comunidades humanas, como los barrios, las poblaciones, los bloques de departamentos, etc. Su acción fundamental se sitúa en torno a personas cuya situación social y modo de vida los pueden poner en peligro o al margen de los circuitos económicos, sociales y culturales, de los cuales participan poco y difícilmente utilizan sus posibilidades.

Por su método de trabajo específico, la P.E. puede permitir que esas personas accedan a condiciones mejores dentro de la dignidad y la progresión hacia una autonomía social.

La P.E. es una acción profesional y militante. Su primera finalidad es actuar sobre los fenómenos de inadaptación social y los estados de sufrimiento de origen social. Fuente de actos de delincuencia, de violencia y paralelamente de desarrollo de un sentimiento de inseguridad en la sociedad civil. La forma de acción es variada, aquí sólo presentaremos algunos elementos. La P.E. actúa:

Llevando a cabo acciones educativas con el objetivo de ayudar a los jóvenes a ser autónomos en los diversos aspectos de su vida personal, trabajo, vida afectiva, esparcimiento.

Contribuyendo a la mantención y al restablecimiento de reglas de vida social en el seno de una población, un barrio o una ciudad.

Participando al desarrollo de la vida social y cultural de los barrios.

Promoviendo las capacidades existentes o potenciales de sus habitantes.

Inscribiéndose esta lógica de trabajo en relación al tiempo. Todas las acciones educativas y las transformaciones individuales y estructurales sólo se pueden realizar en un proceso largo y continuo.

Valorizando las redes propias de las poblaciones excluidas o en dificultad, ayudándoles a tomar consciencia y a realizar sus propias y reales potencialidades.

La P.E. es una forma específica de acción social promocional y de trabajo educativo de proximidad. Ella se encuentra en la convergencia de otras disciplinas como: la acción sociocultural, la acción popular o la acción social y comunitaria.

Se le llama “Especializada” en relación a la Prevención General, puesto que ella se dirige a categorías especificas de población, a grupos sociales particularmente amenazados, y no al conjunto de habitantes de una zona geográfica dada.

Lo que más distingue a esta disciplina son sus métodos y su forma de intervención “original” basada sobre una práctica de terreno, a menudo llamada “presencia social”…punto de partida de todo acompañamiento educativo y de proyectos de acción adaptados.

La P.E. se inscribe al interior del Trabajo Social según sus reglas metodológicas y éticas sobre la base de un mandato social territorial oficial.

Principios de P.E.

Primer principio: Ausencia de mandato nominativo.

Eso significa en términos globales que la población no es designada nominativamente. “No existe mandato nominal individual”. Este principio cardinal, del cual se desglosan los otros, explica sólo la filosofía particular de la P.E.

La población no es designada nominativamente como globalmente excluida o en ruptura con el medio, por eso este modo de intervención se diferencia radicalmente de todo trabajo social, comportando un seguimiento nominativo (sea este administrativo o judicial).

Sin embargo, el concepto “ausencia de mandato nominativo” no significa “ausencia de mandato social”. En efecto, la misión es designada como una acción educativa específica en torno a un público señalado “en riesgo o en vía de marginalización”. En los lugares y en los momentos donde justamente estos riesgos se expresan.

Segundo principio: La libre adhesión.

Es el único principio que se encuentra explícitamente designado en el decreto ley del 04/07/72 (FRANCIA) “Pueden obtener licitación para operar, los organismos que, implantados en el medio donde los fenómenos de inadaptación social están particularmente desarrollados, tienen por objeto llevar a cabo una acción educativa tendiente a facilitar una mejor inserción social de jóvenes por medios específicos, suponiendo particularmente su libre adhesión”.

Esto nos induce a pensar dos cosas: por una parte, nos da una idea de la importancia de este pilar en la P.E., y por otra parte nos revela la fuerza y la presión de la corriente psicoanalítica dentro de todas las corrientes fundadoras de la P.E.

El psicoanálisis piensa que la libre adhesión no es sólo una cuestión de “democracia”, ni de modernismo humanista. Esta disciplina piensa que la obligación no puede generar cambios sustanciales en un individuo. El cambio educativo no puede obtenerse bajo la imposición, se necesita la adhesión de los jóvenes. Ello implica que los jóvenes partícipes de cambios (personales o en su medio de vida), deberán ser concernidos por este acuerdo, y quizás la profundidad de ese cambio sea más fuerte por el hecho que ellos participaron no sólo del cambio sino de la decisión libre de adherir al cambio.

Tercer principio: Respeto del anonimato.

La gran mayoría de los jóvenes que han sido excluidos o se han excluido ellos mismos de las instituciones clásicas (escuelas, liceos, clubes, etc.), que han realizado estadías en centros cerrados, en instituciones “especializadas”, en “hogares” educativos, o se han visto afectados por una “medida terapéutica”, rechazan y abominan todo aquello que “suene” a institucional o a obligación.

Los educadores de La P.E. deben ofrecerles algo diferente a lo que vivieron anteriormente. Es evidente que no habrá adhesión y que no podrá construirse ningún proyecto si el joven no tiene confianza en el adulto profesional. Bajo esta idea, los educadores deben garantizar el anonimato o la confidencialidad de la información. Ningún joven aceptará divulgar sus secretos más íntimos si sabe que el educador (su interlocutor privilegiado) irá a propagar esas informaciones en otro lado.

La confianza de los jóvenes en los educadores debe estar basada en que la P.E. representa una alternativa diferente. Que no obliga a los jóvenes a venir hacia la institución, sino que les garantiza una presencia social cotidiana y un anonimato absoluto.

La relación que el educador debe desarrollar con los jóvenes debe estar protegida por este secreto profesional. Un barrio entero puede cambiar de opinión y derrumbar el trabajo de años por una negligencia o descuido en torno a este principio.

El anonimato sólo puede ser roto (parcialmente) a pedido expreso del joven que desea hacerse acompañar de un educador por un trámite o diligencia, a una institución estatal u homóloga (misión local, tribunales de justicia, escuela, etc.).

 

Los modos de intervención

Dentro de los principales modos de intervención encontramos la presencia social y el trabajo de calle. Aunque muchos equipos los utilicen como sinónimos, es importante subrayar que la presencia social es un concepto más amplio, puesto que ella engloba una paleta de elementos que el trabajo de calle no contempla. Nuestra impresión es que el trabajo de calle forma parte de la presencia social.

En realidad, el conjunto de prácticas está impregnado de esta presencia social puesto que es el único modo de acción que permite establecer (anudar) relaciones con un medio que no ha pedido nada y que a veces, incluso, no quiere que se preocupen de él.

La presencia social

La presencia social en su forma más amplia la podríamos definir como; estar presente en territorios, zonas, lugares, calles, centros, parques, cafés, locales, etc. donde se manifieste el disfuncionamiento, el sufrimiento, la exclusión, la violencia, etc.

Es el medio privilegiado que poseen los equipos educativos para llegar a un público que desarrolla o mantiene relaciones “complicadas” con las instituciones clásicas.

Es el medio más rápido y más eficaz de conocer personalmente a los jóvenes, de familiarizarse con sus comportamientos y su medio de vida. Es un medio vital para reactualizar el conocimiento de un barrio, de su ambiente, de sus redes, de sus relaciones de solidaridad y espacios de agrupamiento.

Este trabajo tiene también por objetivo conseguir ser conocido y reconocido en tanto trabajador social o educador, de observar y de establecer relaciones de confianza con los jóvenes, con el fin de evaluar los disfuncionamientos y las necesidades con el objetivo de adaptar regularmente su intervención.

La presencia social no es sólo deambular por las calles, sino cubrir de manera profesional, permanente y sistemática, toda la zona de intervención que manifiesta las características antes nombradas.

El trabajo social es por así decirlo, una ocupación del terreno, de manera cotidiana y regular, respetando los espacios, y más que una posición voyerista, es una visión de apropiación del terreno, sabiendo y respetando que es el espacio de otros, y en el cual nosotros también transitamos.

No existe la formalidad en la presencia social. Ella debe ser perseverante y aleatoria, mas no debe ser institucionalizada; vale decir, no deben ser los mismos que pasan todos los días a la misma hora, que hacen los mismos itinerarios y que realizan las mismas actividades. La esencia misma de la presencia social es su informalidad.

Como ya lo hemos dicho, al joven hay que ir a buscarlo allí donde se encuentra. En general los marginados tratan de escapar del mundo formal y del mundo adulto. Se aíslan para esconder sus fracasos. Son violentos, y cuando no tienen palabras para expresar su mal interior lo expresan de manera agresiva. Esta violencia la ejercen contra ellos mismos, contra los otros, o contra los objetos.

La destrucción o el vandalismo es una forma de comunicación del sufrimiento, es un ataque ilusorio e irrisorio contra un enemigo invisible que les hace daño de manera fantasmática, casi incorpóreo. Muchas veces los jóvenes atacan a los símbolos de ese “supuesto” enemigo, difuso e indefinido que desde la sombra genera sus fracasos, su exclusión y sus sufrimientos.

El trabajo de calle.

La calle está llena de sufrimiento y de inseguridad. La calle es el territorio de ellos, de los jóvenes. Es el espacio informal donde nosotros llegamos, pero es un espacio que les pertenece. ¿Es un espacio de derecho? Como veremos más adelante, la calle no siempre es un espacio de derecho. Allí a veces se fuma (tabaco, marihuana) y se bebe (todo tipo de bebida alcoholicas de más de 40°) muchas veces ilegalmente y de manera provocativa. La calle es donde se producen las agresiones, los robos y las manifestaciones de violencia en general. La calle es una zona de inseguridad manifiesta.

A veces, cuando los educadores llegan a un barrio por primera vez, algunos jóvenes, carentes de sensaciones fuertes, rápidamente les hacen saber si el barrio es violento o no. Es una especie de test o “mechoneo” por donde todos los educadores novatos pasan. Este test es más fuerte con las educadoras mujeres.

El trabajo de calle es largo, y cada barrio, cada joven y cada grupo tiene su timming. El educador debe darse la más amplia latitud para operar, pero al mismo tiempo todos los medios para realizar e “imponer” el acto educativo. En algunos casos ese tiempo es breve y se perciben muy rápido los cambios. En otros casos pasan meses y años en donde el trabajo educativo produce menos o muy pocos frutos. Ciertos barrios son abandonados por los equipos de P.E. por ser considerados verdaderos “no man’s land”. Y son justamente estos últimos los que más necesitan la presencia de la P.E.

¿Cómo se establece el contacto con los jóvenes?

El contacto es una técnica que releva del momento del joven, de la estrategia del equipo, del tipo de población, del contexto social y del contexto geográfico. Cada equipo de educadores que se relaciona y establece contacto con los jóvenes debe tomar en cuenta todos estos parámetros.

Ese contacto se logra, como decíamos precedentemente, haciendo trabajo de calle. Es decir, pasando una y mil veces por los lugares donde estacionan los jóvenes hasta que se produzca la conversación y se logre establecer una relación. Una vez establecida la relación comienza un trabajo de observación y diagnóstico llamado “acción/reflexión” (hay equipos que no toman contacto hasta finalizar el diagnóstico).

Cada trabajo de calle es diferente, y no hablaremos aquí a cada una de estas corrientes. Sólo nombraré las más importantes. Existen diferentes escuelas de este modo de intervención. Las que más conocemos y las que más se han estudiado en Francia son las técnicas alemanas y canadienses. Casi todas estas escuelas realizan el mismo ritual que la P.E. francesa, pero hay matices que las diferencian.

Quisiéramos que el el trabajo social chileno y las instituciones del Estado puedan analizar, dilucidar e integrar (de manera concertada) toda esta discusión, y otros elementos más que aquí no están mencionados, y traducirla a un “todo coherente”, para poder considerar la posibilidad de desarrollar la Prevención Especializada en Chile.

 

ARTRASE

ASOCIACIÓN REGIONAL DEL BIO-BIO DE TRABAJADORES DEL SENAME

correo electrónico: [email protected]

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