[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: La Economía norteamericana cuesta abajo

[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: La Economía norteamericana cuesta abajo

Esta fue una semana de noticias inesperadas junto a otras que se temían. Por un lado, las cifras internacionales apuntan a que Estados Unidos no está logrando salir de su crisis. Que, por el contrario, está gastando inútilmente sus últimos recursos.
De hecho, el Fondo Monetario Internacional ya rebajó las esperanzas de crecimiento económico de Estados Unidos, desde un ya débil 3%, a sólo un 2,5% para este año. Y mientras tanto, en la Cámara, los congresistas humillaron los denodados esfuerzos de lobby que el presidente Barack Obama estaba haciendo hasta el último instante, y le negaron la ley llamada el “TAA”, que confería al presidente atribuciones para auxiliar a los trabajadores estadounidenses que, fíjese Ud., van a quedar cesantes si se aprueba el Tratado Trans Pacífico.
Con eso, al menos por ahora, Barack Obama no podrá sacar adelante su TTP, su Tratado Trans Pacífico, en el que aparece metido Chile junto a otros 11 países de la cuenca de nuestro océano, y cuyos términos siguen redactándose en secreto.

En realidad, la dolorosa derrota que sus propios correligionarios demócratas le infligieron a Barack Obama se relaciona, por un lado, con lo que muchos consideraron una traición de Obama por haber pactado con los republicanos la aprobación parcial del Fast Track, que le permite seguir negociando en secreto sus tratados, y el Congreso en la práctica renuncia a participar en los temas de fondo y de forma que tendrían esos tratados.
Por el otro lado, la petición de Obama de fondos para auxiliar a los trabajadores que quedarán cesantes a consecuencia de estos tratados, fue entendida como un reconocer que, tal como se ha estado denunciando, aquellos tratados sólo serán beneficiosos para las grandes corporaciones transnacionales, mientras que para los trabajadores provocarán pérdida de puestos de trabajo bien remunerados.
En plena preparación de las campañas electorales del año próximo, tanto republicanos como demócratas declararon en forma retumbante que si el gobierno quiere socorrer a los cesantes que provoquen sus tratados internacionales, tendrá que presentar un proyecto muchísimo más generoso. Y, por supuesto, además tendrá que explicar de dónde espera sacar la plata para financiar esos auxilios.
Sobre todo, tanto demócratas como republicanos temen que Barack Obama intente aplicar las facultades de ajuste de servicios con países que tienen mano de obra a precios de indigencia, como Filipinas, Myanmar o Vietnam, y que así podrían optar a desempeñarse en trabajos que por ahora realizan trabajadores estadounidenses.
Por supuesto, las grandes sociedades anónimas y las corporaciones transnacionales están también haciendo en estos momentos un lobby intensísimo, lo que implica usar millones y millones de dólares haciendo ofertas tentadoras, o amenazando con retiro de apoyo financiero. ¡La zanahoria y el garrote, pues!, eje de la doctrina política de los Estados Unidos.
Será recién pasado mañana, el martes 16, que el Congreso va a definir finalmente si Barack Obama podrá seguir adelante con sus tratados Trans Pacífico y Trans Atlántico, más una baraja de otros trataditos que se está trayendo en la manga del tahúr o en el sombrero del prestidigitador.

Por lo pronto, los premios Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman, ambos estadounidenses, alertan con desaliento sobre la ignorancia y la credulidad de la gente, que parece incapaz de entender lo que está ocurriendo delante de sus ojos, y prefieren confiar en las versiones ilusorias que les dan los gobiernos y los políticos. De hecho, Paul Krugman llegó a afirmar esta semana que las Grandes Mentiras que cuentan los poderosos, ya se han convertido en el manejo de opinión que está gobernando al mundo.
En tanto, el viernes se conoció que prácticamente la totalidad de los pequeños mineros de oro en Estados Unidos ya han tenido que parar sus actividades y despedir a sus trabajadores, debido a las maniobras artificiales que han derrumbado el precio del oro en los mercados financieros occidentales, hasta por debajo de los mil dólares la onza troy, es decir, cada gramo de oro vale en estos momentos menos de lo que cuesta extraerlo.
Y ello, en momentos en que Estados Unidos parece encontrarse desprovisto en gran medida de sus reservas de oro, y también en momentos en que China, la India y Rusia están aprovechando la baratura para adquirir un respaldo de oro sin precedentes.
Este fenómeno del oro es uno de los principales factores que están tomando en cuenta muchos de los principales analistas económicos mundiales. De partida, hay consenso absoluto en que jamás se ha logrado resolver una crisis económica mediante sólo maniobras monetarias, incluyendo las inmensas emisiones de dólares que ha hecho la Reserva Federal de Estados Unidos, sobre un respaldo ilusorio de bonos de la deuda soberana de Estados Unidos, que en estos momentos se ha encumbrado a más de 16 millones 600 mil millones de dólares.
Está claro que esa deuda ha llegado ya a una escala prodigiosa, casi mitológica, lejos mayor que cualquiera de los peores endeudamientos registrados en toda la Historia. Y esas cantidades monstruosas de dinero han sido acaparadas por los bancos y entidades financieras, para utilizarlas en maniobras especulativas que en estos momentos son más rentables que cualquiera inversión en la economía real, sea en forma de producción industrial o agrícola o de servicios reales.
Es decir, esos millones de millones de dólares sólo en una proporción insignificante han llegado a los pequeños empresarios y mucho menos al público consumidor.

En estos momentos, Estados Unidos se encuentra el borde de un colapso catastrófico que, según afirma el prestigioso ex senador Ron Paul, especializado durante 17 períodos parlamentarios en materias de economía tanto nacional como internacional.
Señala Ron Paul que la clase política de Estados Unidos sabe perfectamente bien que jamás podrá pagar esa deuda gigantesca. Y, lo que es peor, ya no está en condiciones de permitir que la tasa de interés para los créditos en dólares pueda volver a los niveles normales mínimos, entre el 3 y el 4% anual.
De hecho, la deuda actual de 16.600 millones de millones de dólares, si se normalizara la tasa de interés a sólo el 3%, obligaría el gobierno de Estados Unidos a pagar anualmente 498 mil millones de dólares, sólo en intereses y sin reducir ni un céntimo la deuda.
En esas circunstancias, el valor del dólar sólo se sostiene precariamente por la sumisa confianza que otros países tienen en una supuesta recuperación futura del dólar. Pero esa confianza ya se está esfumando, y de hecho ya más de un 40% del comercio internacional se está efectuando sin uso de dólares.
Es básicamente por ello que un sector cada vez mayor tanto de demócratas como de republicanos, concuerdan en que las posibilidades tanto de este gobierno como del gobierno que se elija el próximo año, no van más allá de un simple posponer lo más que se pueda el momento del colapso que de hecho será la bancarrota de toda la economía de Estados Unidos.
O sea, no se trata ya de decir si va o no va a haber un colapso. No. Sólo se trata de entender cuándo se producirá ese colapso.
Para un sistema monetario internacional el respaldo de oro es básicamente la certeza de que no habrá en circulación más dinero que el que esté respaldado por los depósitos en metal que haya en las bóvedas del banco central emisor. Es por ello que la moneda con respaldo de oro es necesariamente estable.
En cambio, el actual sistema en que ha caído la economía occidental, sobre todo la de Estados Unidos, Europa y Japón, permite que los bancos centrales y los gobiernos puedan expropiar, secuestrar a su antojo grandes porciones del dinero de la gente común. Eso, por el simple procedimiento de permitir una inflación controlada, que eleva los precios y con ello disminuye el poder de compra del dinero que tiene la gente.
Según cifras del excelente libro del sociólogo francés Francois Houtart “El Bien Común de la Humanidad”, en Estados Unidos, los precios de alimentos se dispararon desde que comenzó el uso de cereales para la producción de etanol como combustible. El trigo aumentó en un 100% en su precio. La cebada en un 96% y el maíz en poco menos del 80%.
Y por supuesto ese desmesurado aumento de precios se proyectó sobre los alimentos y sobre toda una gama de artículos de consumo, sin que la gente obtuviera un reajuste que compensara siquiera en parte la pérdida de poder adquisitivo de su dinero.
La descripción de los efectos del colapso resulta realmente pavorosa, no sólo por la perspectiva de millones y millones de familias que verán que sus ahorros se hacen humo, sino, peor aún, porque el colapso puede producirse en forma súbita y a gran velocidad, en cualquier momento, como ya ocurrió en 2008 con Lehman Brothers, en Estados Unidos, y por supuesto, sin que el gobierno dé la menor llamada de alerta, un aviso para la gente común de la crisis que se viene encima.
Ya son más de 30 los senadores, tanto republicanos como demócratas, que admiten su angustia por la perspectiva de terribles desórdenes sociales por la exasperación de la gente, y de un gobierno que de pronto puede encontrarse paralizado y en quiebra.

En esa perspectiva, la crisis de Europa y el Japón aparecen igualmente al borde del colapso, particularmente porque sus economías en gran medida siguen pegadas al dólar, aunque parcialmente ya que Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros países europeos ya hicieron abandono del dólar al menos para su comercio con China y la India.
En el caso de Alemania, siendo el país más fuerte de Europa, encontramos que nada menos que el Deutsche Bank, el Banco de Alemania, ya fue rebajado en su calificación de solvencia a Triple B, es decir, a sólo tres pasos de quedar en calidad de “bono basura”.
Entre los mayores deudores del Deutsche Bank se encuentra Grecia, y si la rigidez de la Unión Europea no se flexibiliza ante el gobierno socialista griego, el país simplemente caerá en default. No pagará sus deudas, y los bancos acreedores quedará “tamboreando en un cacho” como dicen los porteños malevos.
De allí que ya es secreto a voces que Estados Unidos notificó a Alemania que por ningún motivo se debe permitir que no se ofrezca alguna solución a Grecia y sobre todo que Grecia no sea expulsada de la Eurozona.
Bueno, en fin, eso es sólo un vistazo a la rápida de lo que está ocurriendo en estos momentos con la economía neoliberal. Pero esto es más que suficiente para comprender por qué Rusia ha tomado con compasivo buen humor las palabras grandilocuentes del Grupo de los 7, que, según Pepe Escobar, es el Grupo de los 1 con sus seis dependientes. En palabras del canciller ruso Sergei Lavrov, “¿De veras cree el presidente Obama que sabe lo suficiente como para enseñarle a Rusia cómo hay que hacer economía política?
Estando así las cosas, el jueves comenzó en los Alpes Austríacos la reunión más o menos secreta del mitológico Grupo de Bilderberg, la sociedad semi secreta de las personas que supuestamente son las más poderosas del mundo.
Bajo el cuidado de batallones de tropas escogidas del Comando “Cobra” del ejército austríaco, una extensión de tres kilómetros a la redonda ha sido despejada con prohibición absoluta de acceso para la gentecita como uno. De hecho, un chiquillito de 11 años que andaba en su mundo jugando por el bosque, fue detenido por los comandos, que lo cachearon a ver si tenía armas o explosivos o quizás alguna grabadora.
El chico dijo que no entendía nada, pero que le había molestado mucho que lo anduvieran manoseando.
Algunos periodistas pueden entrar, pero sin cámaras ni grabadoras y bajo compromiso escrito de no revelar nada de lo que se le permita conocer. De hecho, participan como invitados 18 empresarios de grandes medios de comunicación. No, no, no, no. Agustín Edwards, de El Mercurio, no está entre ellos. No lo consideran suficientemente importante, sobre todo ahora que lo echaron de Colegio de Periodistas.
Entre los invitados sólo 21 son políticos. Todos los demás son millonarios acompañados de burócratas de alto nivel.
Pero, sea como fuere, parece que es cierto que esta súper reunión de los supuestos súper jefazos del mundo, sólo tiene por objeto conversar. Decirse cosas entre ellos. Cosas que ya saben. Pero encontrar además sutiles matices de esos que pueden transformarse súbitamente en jugadas certeras para controlar el poder mundial.
Pero la verdad es que detrás de Bilderberg, sin duda existe otro nivel más alto y decisivo, más secreto y poderoso, del cual no sabemos prácticamente nada.
Como sea, de lo que conocemos, hay referencias que ellos mismos no se preocupan de ocultar. Por ejemplo, que el príncipe Bernardo, de Holanda, padre de la actual reina Beatriz, fundador y primer presidente del Club Bilderberg, fue militante del partido nazi, miembro de la falange de estudiantes nazis, y miembro del grupo paramilitar de las SA.
Recordemos que en Gran Bretaña y Estados Unidos hubo también un gran número de empresarios y aristócratas que compartían muchos aspectos de la ideología nazi, y que no corresponde exactamente a lo que expuso por Adolf Hitler en su libro Mein Kampf.
La idea de una superioridad racial judeo-germánica, con múltiples proyecciones culturales y geopolíticas, se ha mantenido secretamente viva y activa entre miembros de la aristocracia o la plutocracia de Europa, Estados Unidos, Australia y Japón. Recordemos que Hitler otorgó a los japoneses la calificación racial, bastante ridícula en realidad, de “arios honorarios”. Parece chiste, ¿verdad?
Pero bien, uno de los más conspicuos miembros del Club, el norteamericano David Rockefeller, expresa el espíritu y la intención de los miembros del club, diciendo:
“Algunos creen que somos parte de una conspiración o cábala secreta que actúa incluso en contra de los intereses de Estados Unidos y nos caracterizan como “Internacionalistas” que se confabulan con otras personas de todo el mundo para diseñar y construir una estructura política y económica global e integrada. Un mundo unificado. Si ese es mi delito, me declaro culpable y me siento orgulloso de ello”.
Suena bien, ¿verdad? Como dicen los Jaivas, este mundo es uno y para todos. El problema es que ni a Ud., ni a mí, ni a nadie que tenga una chispa de espíritu en su interior, le va a parecer bien que tipos como Henry Kissinger, ese titiritero que manejó a la marioneta Augusto Pinochet, sean los que se atribuyen el derecho y la capacidad de diseñar un mundo nuevo, un nuevo orden mundial en que puedan meternos como las ovejitas en el aprisco.
Hay más que un pensamiento, un sentimiento, una codicia, una irrefrenable apetencia de poder, que en su momento fueron el nazismo y que ahora son ese “nuevo orden mundial” de las transnacionales.
Quizás al fin de cuentas, la Alemania de Hitler, claro, perdió la Segunda Guerra Mundial, pero una turbia doctrina secreta no ha llegado a ser vencida.
Una doctrina que propone aquel nuevo orden mundial que al parecer no está encontrando más salida hacia el futuro, que las puertas horrorosas de una Tercera Guerra Mundial.
En fin. Esta semana despaché los dossiers de antecedentes que había prometido. Por favor, si alguno de Uds. lo pidió y no los ha recibido, háganmelo saber, a fin de incorporar sus correos a mi lista.
¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro.

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