Grecia como lección

La militancia Syriza es mayoritariamente pro UE como lo es el todo reformismo europeo. Con tensiones internas ha ido aceptando una a una todas las claudicaciones

Por Iñaki Gil de San Vicente  / La Haine

 

1. 35 detenidos

Al menos 35 manifestantes de izquierda han sido detenidos por la policía de un gobierno que se dice de izquierdas, cuando protestaban contra la claudicación de ese gobierno frente a las muy duras exigencias del capital financiero internacional liderado en la UE por lo que se denomina «euroalemania». Esa y otras respuestas populares se realizaron al poco de conocerse que Syriza había aceptado un plan de austeridad y recortes sociales que empeoraba el que poco tiempo antes estaba en debate en Bruselas.

Las protestas, cargas policiales y malestar social que se estaban dando fuera en las calles y plazas circundantes al Parlamento heleno, en donde se iniciaba la sesión oficial definitiva para aceptar o rechazar las exigencias feroces del capital financiero. Dentro del edificio, en el hemiciclo, un partido que se dice de izquierdas como Syriza, profundamente cuarteado, sabía que en la calle las fuerzas represivas dirigidas por el gobierno que preside Syriza estaban cargando contra sectores revolucionarios y populares que le recriminaban su total incumplimiento de la aplastante voluntad popular. La policía griega, en la que hay un fuerte componente derechista, se enfrentaba a jóvenes obreros y populares, empobrecidos y sin futuro, obedeciendo las órdenes de un partido y gobierno que se dice de izquierdas.

En determinados momentos de la historia, un solo enfrentamiento entre el pueblo y la represión en un lugar pequeño del mundo, como la Plaza Sintagma y sus alrededores, refleja, expresa y sintetiza la guerra de clases, de liberación nacional y antipatriarcal que se está librando en el resto del mundo, en el mundo entero a diferentes escalas e intensidades. Así es, porque al margen de las diferencias muy secundarias que existen entre los planes de euroalemania y los del FMI, la actual Administración Obama, las burguesías francesa e italiana, sin mayores precisiones ahora, al margen de esas diferencias, lo que se mostraba en Atenas la tarde-noche del pasado 15 de julio era el antagonismo entre la estrategia mundial del capitalismo y la resistencia de las pueblos y naciones trabajadoras de la tierra.

Muchas de las personas que protestaban sabían que sólo está comenzando la larga fase de lucha contra unas agresiones sociales más duras que las sufridas hasta ahora bajo un gobierno de centro y de derechas; saben que a la represión policial que estaban sufriendo se le sumarán represiones salariales, en pensiones y jubilaciones, en más años de trabajo, en menos servicios públicos, en más impuestos... en más sacrificios diarios que también son formas de violencia y represión.

2. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Diez días antes de estas movilizaciones, el domingo 5 de julio, el pueblo trabajador griego había votado libre, consciente y democráticamente contra los planes de austeridad que entonces se sufrían y contra los que quería imponerles la UE, más duros aún. Fue un voto contrario masivo, casi el 62% de la población dijo que no. ¿Quiénes votaron que no? La juventud y las mujeres, la clase asalariada casi en su totalidad, fueran proletarios, campesinos, pescadores, funcionarios, autónomos, «clase media» que había descubierto que sigue siendo simple clase asalariada, y pequeña burguesía empobrecida. ¿Quiénes votaron que sí? Restos alienados del pueblo trabajador, capataces, técnicos de las grandes empresas y bancos, mediana y alta burguesía, altos funcionarios, militares, fuerzas represivas, y popes. La Grecia trabajadora contra la Grecia burguesa: unidad y lucha de contrarios, dos naciones en una. La Grecia popular que defiende la independencia y la Grecia rica que se esconde tras la OTAN y el euro para defender sus propiedades.

Casi el 62% de noes, alegría, fuerza, ilusión por haber votado y decidido libremente ¿acaso no es este el axioma incuestionable de la democracia abstracta, mítica, la que dicen que existe? Pocas veces la democracia mítica, abstracta, impoluta del rojo de la sangre popular, había sido tan aplastantemente practicada por las clases explotadas: ¿Allende y Chile? ¿Chávez y Venezuela? ¿La izquierda vasca y los referéndums-trampa españoles? Más veces los pueblos rebeldes y militantes en la Comuna de 1871, el Octubre de 1917, las comunas campesinas y trabajadoras armadas antiimperialistas, la insurgente Cuba... y una lista mucho más larga de lo que se cree, habían practicado la otra democracia, la concreta y palpable, la verdadera democracia socialista basada en la fuerza del pueblo, pero sabemos que la civilización del capital les ataca con su terrible poder destructor hasta exterminarlas.

Las divagaciones etéreas e intelectualistas sobre las formas de hegemonía se esfuman en la nada cuando pisamos estas realidades: ¿Qué mayor demostración de hegemonía popular masiva y fuertemente crítica que la que ha ido construyendo la Grecia trabajadora en los últimos años, huelga a huelga, militancia a militancia, y que triunfa legalmente el 5 de julio de 2015? Y de repente, en pocos días está a punto de disolverse por la capitulación incondicional de una parte de Syriza. ¿Qué ha sucedido? Antes de responder hemos de advertir que esta pregunta es, desgraciadamente, muy frecuente en la historia del reformismo en cualquiera de sus disfraces, aunque solamente ha sabido responderla la izquierda. Pareciera que cada que vez que las clases trabajadoras empiezan a crear sus propios órganos de poder, en esos momentos y antes de los golpes de Estado y/o guerras e invasiones contrarrevolucionarias, antes de esto, el reformismo gira aún más al centro o claudica debilitando la hegemonía popular y abriendo las puertas a la victoria derechista.

Syriza no es el clásico partido reformista al estilo de la socialdemocracia, del laborismo, del eurocomunismo, etc., y menos de la «tercera vía», y menos todavía del social-liberalismo. La larga lucha griega y la existencia de una izquierda radical han hecho que Syriza a la fuerza y por convicción haya absorbido componentes revolucionarios insertos en muchas luchas populares y obreras, pero también componentes de un reformismo duro e intransigente en situaciones relativamente «normales» pero dado al pacto cuando la realidad se encrespa y radicaliza. Este componente reformista duro ha dado muchas muestras de recule en importantes luchas obreras y populares del pasado reciente.

Ha sido este sector el que introdujo en el gobierno a un representante del centro-derecha defensor del ejército otanista y de la permanencia en la UE. Syriza podía haber optado por un representante de la izquierda revolucionaria para ampliar su arraigo en el pueblo, pero prefirió acercarse a la derecha militarista. De este modo se creó un bloque centrista que, reforzado por economistas y académicos europeístas, por la casta intelectual progre, controlaba el grueso de las decisiones del gobierno.

3.- ¿Se encrespó la situación?

Se endureció perceptiblemente incluso antes de que Syriza llegara al gobierno en enero de 2015, y desde entonces las advertencias, chantajes, amenazas y ataques claros u ocultos no han hecho sino aumentar mes a mes y a veces semana a semana, sobre todo al convocarse en referéndum, al conocerse su resultado y al realizarse las reuniones posteriores hasta la rendición. Lo más esclarecedor de toda esta guerra de cuarta generación practicada en el corazón mismo de la UE es que casi inmediatamente a su conclusión, el vencedor, los tiburones e hienas de la política de la deuda, han anunciado con compasiva benevolencia una supuesta ayuda de urgencia para tapar algunas de las más insufribles heridas desviando o abortando la posible radicalización popular masiva: golpea primero y luego acaricia, que alguno te lamerá la mano.

No exageramos al hablar de guerra de cuarta generación aplicada en las condiciones griegas de 2014-2015 con objetivos precisos y urgentes, porque incluso se ha llegado a hablar de ese «ruido de sables» que causa pánico en el reformismo. Aunque el contexto de Grecia es muy diferente al de Venezuela, Paraguay, Honduras, etc., la doctrina de guerra de cuarta generación tiene unos puntos básicos que, en el ataque a la Grecia trabajadora, buscan antes que nada derrotar su fuerza política y echar del gobierno a Syriza, o si no fuera posible amaestrarla y romperla para que nunca más sea un peligro sino un mal menor funcional al imperialismo.

El capital movilizó la pedagogía del miedo a asfixiar la economía popular, al provocar el corralito, al intentar bloquear los bienes básicos, al forzar la huida de capitales, al hablar de futuros desgarradores. Y la dirección de Syriza fue retrocediendo, sin atreverse a tomar medidas radicales en defensa de su pueblo, desoyendo las propuestas de la izquierda interna y de la izquierda externa. La vana y suicida ilusión de que, al final, la UE se avendría a una «negociación democrática» porque la UE es un «proyecto democrático» que hay que recuperar librándolo de sus «tendencias autoritarias», esta ignorancia de la historia y de la esencia del capitalismo, tal acto de fe justificaba esas continuas cesiones y sobre todo el no movilizar masivamente a la Grecia trabajadora hacia un objetivo vital con su correspondiente estrategia y tácticas adecuadas: la independencia socialista.

Pero la realidad es tozuda y la dirección de Syriza fue viendo muy a pesar suyo que la UE es la UE, que donde hay capitán no manda marinero. El tiempo pasaba, se acortaban los plazos y la inflexibilidad imperialista laminaba toda esperanza. ¿Salida? El reformismo suele desconocer los sentimientos internos del pueblo, ignora su radicalidad porque el reformismo, además de ser teóricamente ignorante, se cree superior al pueblo, a la militancia de base de su partido, y cree que la «masa» seguirá sus órdenes. Segura de su superioridad infalible, la dirección de Syriza recurrió al referéndum popular no sin fuertes discusiones internas por dos razones: el amo europeo se enfadaría aún más, y la izquierda revolucionaria interna y externa podría fortalecerse. Pero se impuso la mayoría de la dirección que esperaba ganarlo sólo con una ligera ventaja sobre el Sí. De este modo ganaría la legitimidad suficiente para presionar a la UE, y también dentro y fuera del partido.

La campaña oficial a favor del No intentó dejar bien establecido que el No no era un No a la UE sino un no a la brutal austeridad que estaba empobreciendo al pueblo griego; que en realidad era un «Si a la UE democrática» expresado mediante un No a su forma actual, antidemocrática. Se ha comentado mucho la forma confusa de la pregunta oficial, confusión que refleja el desconcierto de la dirección de Syriza ante unos acontecimientos veloces que le superaban por todas partes. Como es típico en el reformismo, la dirección de Syriza buscó salir del laberinto mediante un doble o triple hilo de Ariadna: mandar mensajes apaciguadores internos a la UE y de rebote a la burguesía griega, controlar a la crecida izquierda interna y externa del partido, e intentar comprender de dónde había surgido ese casi 62% de Noes que le desquiciaba todo el plan anterior.

Conforme se acercaba el final, una pequeña parte de Syriza intentó crear a todo correr un programa alternativo que, sin romper con la UE, sí lograse obtener tiempo para mediante la suavización del dolor popular con pócimas y ungüentos superficiales, redujera los costos humanos del pago de una deuda ilegítima e inmoral contraída por la clase burguesa griega y cuya devolución enriquecía al capital financiero mientras empobrecía a la Grecia trabajadora. Pero, de nuevo, este último intento fracasó por la negativa de la UE y el rechazo de la dirección de Syriza, que ya había asumido mentalmente la derrota.

Enzarzada en esas marrullerías burocráticas al margen de su pueblo, la dirección se topó con el fin del tiempo, con el juicio final no ante los dioses griegos, que tal vez hubieran sido benevolentes, sino ante el extranjero dios del euro. Cronos, el cruel e irascible dios del tiempo, se comía a sus hijos, pero el amable, frio y calculador euro, dios del capital, explota al tiempo, a Cronos, y le obliga a trabajar pasa él hasta la extenuación. Y la dirección de Syriza se arrodilló en el altar euroalemán.

4.- ¿Qué puede suceder?

La militancia de base de Syriza es mayoritariamente pro UE como lo es el todo reformismo europeo. Con tensiones internas ha ido aceptando una a una todas las claudicaciones de su dirección. Lo ha hecho porque no las ha visto como una traición, porque para traicionar hay que haber ocultado tramposa y premeditadamente una opción contraria radicalmente a la opción pública, abandonándola de repente e imponiendo la nueva estrategia de forma sorpresiva porque se había mantenido oculta hasta entonces. No ha sido así. Syriza nunca se ha enfrentado a la actual cuarta reordenación del capitalismo en Europa. Peor aún, cuando el ejército griego oficialmente a las órdenes de Syriza hace maniobras con el ejército israelí, por ejemplo, mucha militancia lo acepta o se calla porque su conciencia antiimperialista es débil.

Por esto, según aumentaban las dificultades y se veía venir la fuerza masiva del No y la posibilidad de radicalización de las bases, algunos de la dirección empezaron a pedir la depuración del sector de izquierdas. Reformismo e izquierda se repelen mutuamente, pero en contextos de crisis profunda, de peligro mayor, de indecisión del reformismo, etc., en esos contextos, reformismo e izquierda pueden coincidir tácticamente dentro de una misma organización. Es muy frecuente que la izquierda ceda más para mantener esa unidad táctica, lo que le resulta muy peligroso porque el sentido común burgués, la lógica formal, el democraticismo abstracto,  la debilidad teórico-política y el desprecio de la verborrea reformista hacia el rigor metódico en el pensamiento organizativo, todo esto y más, terminan debilitando a la izquierda: la dirección reformista mueve la maquinaria burocrática y la docilidad psicopolítica de sus bases para depurar lenta o rápidamente a la izquierda.

La Grecia trabajadora está viendo cómo le anulan desde dentro su independencia nacional de clase cumpliendo las órdenes del capital extranjero que tiene en la Grecia burguesa su fiel e interesado peón. Para la Grecia trabajadora recuperar su independencia nacional es la única garantía de mejora sustancial de sus condiciones de vida y trabajo, pero no puede lograrlo si no se libra del cepo de la UE, y si no redobla su lucha por una nación trabajadora independiente e inserta en un movimiento internacionalista mundial. De lo contrario, el vacío desilusionado y desafecto originado por la claudicación de Syriza puede abrir las puertas a la fiera fascista con su modelo inhumano de nación contra revolucionaria. De hecho, esta pugna recorre con mayor o menor intensidad la historia reciente de los pueblos desde 1917.

La mayoría europeísta de Syriza sigue creyendo contra toda evidencia racional que puede democratizarse la UE, que el euro puede ser un instrumento de derecho si está controlado por la «democracia», si el Parlamento es un «verdadero Parlamento». Imagina que recuperará una independencia perdida si acata los dictámenes del TTiP y del TiSA.  Las varias izquierdas griegas son débiles todavía aunque la contundencia del No puede reforzarles y, sobre todo, enseñarles la necesidad del acercamiento mutuo preparándose para una larga y muy enconada lucha de clases que a la fuerza será también de liberación nacional aunque, formalmente, Grecia sea  independiente en apariencia.

Las fuerzas revolucionarias de los Estados europeos formalmente independientes pero engullidos ya en la UE, deben comprender que la concentración y centralización de capitales en la UE, la fortísima competencia mundial, el poder incontestable del capital financiero de altas tecnologías, el agujero negro de la especulación incontrolable, y sobre todo y como causa básica la tendencia a la baja de la tasa media de beneficios, estas contradicciones básicas del capitalismo, han desbordado ya a los Estado-nación burgueses agudizando al extremo la urgencia de avanzar hacia los Estado-nación obreros antagónicos en todo con los anteriores.

Los pueblos trabajadores de Europa no estamos solos, y los pueblos nacionalmente oprimidos, a los que se nos prohíbe crear nuestro propio Estado independiente, sabemos que en Nuestra América se intenta avanzar por senderos de liberación que nos brindan reflexiones prácticas vitales. Allí y aquí el enemigo es el mismo, y aquí y allí luchamos por el mismo objetivo histórico. Hace pocos años una pancarta colgada en el Partenón ateniense decía: ¡Pueblos de Europa, Uníos!; ahora debe decir: ¡Pueblos del mundo, Uníos!

Borroka Garaia da!

Texto completo en: http://www.lahaine.org/grecia-como-leccion

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