Pintar con el alma

Pintar con el alma

Arnaldo Pérez Guerra / resumen.cl 

Myriam Molina Alfaro es una reconocida artista de Vallenar, Región de Atacama. Varias veces premiada por la belleza de sus pinturas, es un ejemplo de empeño y voluntad pues nació sin brazos. Pinta con su boca y dedos de los pies. Recientemente, expuso sus hermosos cuadros y dibujos en la comuna de Peñalolén.

“Pinto en acrílico, óleo, y hago gráficas. En mi arte soy autodidacta”, dice. A pesar de las dificultades, Myriam comenzó a pintar desde muy pequeña. “Nací sin brazos y con problemas en una pierna, entonces, la única forma de comunicarme con el mundo fue ésta, pintando y dibujando lo que sentía, y que en realidad no podía expresar con palabras… De niña era muy tímida. Aprendí a dibujar con los pies, fue algo innato. Es como que los pies pasaran a ser las manos”, agrega. Su última exposición se exhibió en la Población José Arrieta, donde vive gran parte de su familia. “Quise compartir mi arte con mi familia y vecinos. Preparamos algo muy lindo, en casa de mi abuelita, con intervenciones artísticas de niños. Mis familiares sabían que yo pintaba, pero nunca pudieron participar en alguna muestra. Por eso, quise compartir mi arte con ellos y con algunos amigos”, señala.

pintar con el alma-¿Cuándo te diste cuenta que no tenías brazos?

“Uno no se da cuenta… la vida sigue. Ves que los demás sí tienen brazos, pero por mi parte nunca me hice preguntas de por qué había nacido así o por qué era tan diferente a los demás, al contrario, siempre traté de buscar soluciones a aquellas cosas que no podía hacer, las hacía con los pies, o espontáneamente, con la boca”.

-¿Cuáles son tus temas en la pintura y el dibujo?

“Mi vida y mis motivaciones… En esta última exposición, uní tres muestras. La primera es Imagen sin tiempo, elaborada en carboncillo. Relata algo de mi vida y su proceso. Otra muestra que se titula Mística: creaciones del alma, que tiene relación con ángeles, que si bien es cierto es más religiosa, es algo así como la fe que me ha movido todo este tiempo. Y la tercera, realizada en acrílico, es Cuerpos perfectos, que se relaciona con quienes viven con alguna discapacidad física”.

-¿Dónde has expuesto tus obras?

“Sí, en las regiones de Coquimbo y Atacama. En la ciudad de Copiapó me otorgaron el ‘Premio Rosario Orrego’, por la trayectoria en las artes, que fue instaurado por el Consejo Regional de Cultura, para reconocer el aporte de las mujeres de Atacama en la creación, promoción y difusión artístico- cultural. También fui reconocida en la ciudad donde vivo, por mi trabajo con niños con déficit auditivo. A pesar que no tengo mis manos para comunicarme con ellos, logré hacerlo muy bien y trabajar durante un año, dictándoles clases de pintura y, finalmente, plasmar el trabajo del taller en tarjetas de Navidad. El taller se realizó a través de la municipalidad de Vallenar, donde me contrataron”.

-¿Tienes algún estudio formal?

“Sí, pero de Programación de computación, que no tiene nada que ver con esto (risas)… En Vallenar es muy complicado estudiar, porque todo tiene relación con la minería. A mí, ninguna carrera me ‘servía’… Y estudié programación, pero nunca lo practiqué como un trabajo, porque lo mío son las artes plásticas. Es lo que me hace sentir plena y llena mi vida. Y a la vez, junto con alguna exposición, dicto charlas motivacionales. Eso me hace sentir bien porque creo que es posible que mi experiencia de vida ayude a muchas personas que no se acepten tal y como son”.

-¿Tu condición se debe al uso de pesticidas o agrotóxicos?

“No lo sé… Yo nací en el año 1974, y andaba por ahí una pastilla que hacía que los niños nacieran deformes, pero mi madre dice que ella nunca la tomó… Tampoco fue temporera, que yo sepa. Puede que lo mío sea parte de la vida no más. Cuando buscaban alguna respuesta de por qué yo había nacido así, nunca la supieron… No sé, yo pienso que el aire y el agua llevan y traen tantas cosas, pueden ser los contaminantes de la minería. Pueden haber sido pesticidas, agroquímicos, contaminación por relaves de la minería… Pero yo no estoy segura, y no lo sé, ni me importa. En mi generación no hay otros como yo… Pero no me siento discapacitada, para nada, al contrario, creo que la discapacidad está en las mentes de las personas. Mientras la mente de uno sea muy pequeñita y no te aceptes como eres, la discapacidad estará siempre ahí”.

-¿Qué otra labor realizas en Vallenar?

“Soy directora de la Agrupación de Discapacitados de Vallenar (Adiva). Nos reunimos un grupo de amigos discapacitados para enseñarle a las personas de nuestra condición que no salieran a las calles a pedir limosnas, que por el contrario, pudiera decir soy esta persona y tengo esta profesión. Cuando la formamos, esa fue la idea de nuestra agrupación, principalmente que no demostráramos lástima ante la gente, y que no nos mostráramos como personas discapacitadas, sino que valoráramos nuestras capacidades para esta vida”.

-Cuéntanos sobre el trabajo con niños…

“Me contrató la municipalidad para hacer Talleres de Arte para chicos con déficit auditivo. Que ellos pudieran aprender, entretenerse, y hacer algo nuevo. Yo los conocí -eran diez niñitos-, y empecé a hacerles clases. Me encantaron porque inmediatamente supieron que mi falta de brazos la suplía con mi boca. Se adaptaron muy bien a mi condición. Me conocían como ‘la profesora del cabello grande’, no así por mi nombre, porque tengo mucho pelo y crespo como afro… Cuando hablaban por señas, decían que yo tenía el ‘pelo grande’. Empezamos a trabajar, mutuamente, y nos fuimos relacionando muy bien. Entendían mi idioma, que son los pinceles, y yo, el de ellos, que es su alma. Aprendí del lenguaje de señas, y ellos, a leer los labios… Es increíble. Miraban mis ojos y ya sabían lo que les iba a pedir. Fue una relación maravillosa, y un trabajo muy hermoso. Además, mi labor fue remunerada, pero lo realmente importante era la alegría de sentirme cómoda con ellos”.

-¿Cómo ha sido recibido tu arte en Santiago?

“Muy bien. Expuse en el Hotel W, en calle Isidora Goyenechea, en la comuna de Las Condes, invitada por la Fundación AyudARTE, de las esposas de los embajadores de habla inglesa. Compran arte, esculturas, de todo un poco, y entregan aportes para organizaciones que trabajan con personas de alto riesgo y distintas enfermedades. Participé y me fue muy bien. Logré vender algunas obras. Después, expuse en el Instituto de Rehabilitación Pedro Aguirre Cerda, en la comuna de Peñalolén, con una muy buena recepción de los trabajadores y usuarios. Y la última, fue en la casa de mi abuelita, en la población José Arrieta. Quise aprovechar que todavía tengo pinturas, para compartirlas con mi familia y vecinos”.

ARNALDO PEREZ GUERRA

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