China y la crisis que viene

China y la crisis que viene

Por: Minqui Li, profesor de economía en la Universidad de Utah, EE.UU. y en la Universidad de York, Canadá. 21 de octubre 2015.

Traducción por: Andrés Fonseca López, Licenciado en Filosofía

Miren hacia China si quieren localizar donde caerá el capitalismo. Podría ocurrir mucho más pronto de lo que imaginamos.

Varias de las instituciones líderes dentro de la corriente económica dominante están advirtiendo sobre la crisis global que se acerca. El 8 de septiembre, el Citi Group publicó el informe de investigación “¿China está llevando al mundo a la recesión?” (Is China Leading the World into Recession?), escrito por Willem Buiter, el economista jefe del Citi. El reporte señala que “una recesión global liderada por China comenzando el 2016, es ahora el principal escenario de nuestro equipo de Economía Global. La incertidumbre se mantiene, mas la posibilidad de una respuesta a través de una política oportuna y efectiva parece disminuir.”

El 11 de septiembre, Daiwa Securities Group, la segunda agencia bursatil más grande de Japón, publicó un informe titulado “¿Qué sucederá si la burbuja económica de China revienta?” (What Will Happen If China’s Economic Bubble Bursts?). El informe Daiwa afirma que la tasa de crecimiento de China caerá a cero incluso bajo un “escenario óptimo”. Sin embargo, se sostiene que un colapso de la economía china será el resultado más probable. En ese caso, “si la economía china, la segunda más grande del mundo, dos veces la de Japón, fuera a caer en una situación de colapso como esta, es muy posible que el efecto sea enviar al mundo hacia una caída en picada. Su impacto podría ser el peor que el mundo alguna vez ha visto.”

Luego, el 3 de octubre, Lawrence Summers, el ex Secretario del Tesoro de EE.UU. y consejero de Obama, publicó su ensayo “La economía global está en grave peligro” (The Global Economy Is in Serious Danger) en el Washington Post.

Se ve un creciente consenso en que la economía capitalista global se aproxima rápidamente a su próxima crisis. Desde el punto de vista de la lucha de clases global, la verdadera pregunta es cómo la próxima crisis económica se desplegará dentro de la actual crisis estructural global (la tercera después de las crisis estructurales de 1914-1945 y 1968-1989) y si la presente crisis estructural puede ser resuelta en el marco histórico del capitalismo o no.

En respuesta a la última crisis estructural el capitalismo global adoptó el “neoliberalismo”, un set de políticas e instituciones diseñadas para derrotar a las clases trabajadoras en los países centrales y semi-periféricos. Sin embargo, el equilibrio del poder global no se inclinó totalmente a favor de las clases capitalistas hasta que China emprendió los procesos de ‘reforma y apertura’. La transición capitalista china suministró algunos centenares de millones de trabajadores cualificados con una tasa salarial a una pequeña fracción de aquella que prevalecía en los países centrales. La incorporación de semejante cantidad de mano de obra barata socavó el poder negociador de las clases trabajadores occidentales de forma decisiva.

Desde entonces, la estructura social china ha cambiado profundamente. Ha emergido una extensa clase trabajadora militante. De acuerdo a mi estimación, los trabajadores asalariados se expandieron de 230 millones en 1990 a 370 millones en el 2012. Cuando incluimos a la más privilegiada “clase media” urbana (trabajadores técnicos y profesionales), el total de trabajadores urbanos y rurales asalariados crecen desde cerca de 250 millones en 1990 a 420 millones en 2012. Actualmente, cerca de 100.000 “incidentes masivos” (eufemismo para referirse a protestas masivas) se suceden anualmente. Cerca de 10 millones de personas participan de estos “incidentes masivos” cada año.

Tras los bruscos descensos en los 90s y la estabilización en los tempranos 2000, el ingreso en proporción al PIB de China comenzó a tener alzas después del 2010, reflejo de la creciente fuerza de la clase trabajadora china. El apretón sobre las utilidades capitalistas ha llevado al rápido declive de la tasa de utilidades de toda la economía china. En los primeros años de los 2000, la tasa de utilidades de la economía china era cerca de dos veces más alta que la de EE.UU. Desde 2007, la tasa de utilidades china ha caído precipitadamente. Bajo la tendencia actual, la tasa de utilidades de China podría, en unos pocos años, caer a niveles que fueron vistos por última vez durante la Gran Depresión de EE.UU.

Como muchas de las instituciones de la corriente dominante han predicho, una gran crisis de la economía china podría hundir a la economía capitalista global en una crisis que resultaría ser más destructiva que la “Gran Recesión” del 2008-2009. El asunto es si el capitalismo global sobrevivirá a la crisis que viene, y si se podrán restaurar las condiciones favorables requeridas para la acumulación global de capital.

Se ha afirmado comúnmente, tanto por gente de derecha como de izquierda, que el capitalismo ha sido un sistema increíblemente flexible que se puede adaptar a nuevas condiciones históricas. Después de todo, el capitalismo sobrevivió a las previas “crisis estructurales” de 1914-1945 y 1968-1989. No obstante, hay al menos dos nuevos factores que podrían hacer de la crisis estructural que viene fundamentalmente diferente de las dos anteriores.

En respuesta a la crisis estructural de 1914-1945, el capitalismo global actuó acomodando los desafíos sociales que le planteaban las clases trabajadoras occidentales (bajo la forma de Keynesianismo y estado de bienestar) y las no-occidentales con sus movimientos de liberación nacional (bajo la forma de de-colonización y programas de desarrollo económico). En contraste, durante la crisis estructural de 1968-1989, el capitalismo global no podría acomodar por más tiempo las crecientes demandas desde las clases trabajadoras de los países centrales y semi-periféricos y tuvo que adoptar las políticas neoliberales para restaurar la tasa de ganancia.

Si para el siglo veinte tardío el capitalismo global no podía acomodar las demandas de las clases trabajadores de los países centrales y semi-periféricos ¿Cómo hará el capitalismo global del siglo XXI para acomodar las demandas, no sólo de las clases trabajadoras de países centrales y semi-periféricos, sino que además de la clase trabajadora china (que por si misma representa un quinto de la fuerza de trabajo global)? Más aún, al contrario de lo que ocurría a finales del siglo veinte, ya no hay otra extensa área geográfica que pueda suministrar una gran cantidad de fuerza de trabajo barata en paralelo a otras condiciones necesariamente requeridas para la acumulación de capital, es decir para ayudar al capitalismo global a restaurar la condiciones favorables a la acumulación. Solamente los recursos energéticos insuficientes podrán prevenir a la India de convertirse en la “próxima China”.

Adicionalmente, los sistemas ecológicos globales se acercan velozmente al colapso, imponiendo otro límite irremontable a la acumulación global de capital. En un comentario reciente, Kevin Anderson, uno de los académicos líderes a nivel mundial en el tema del cambio climático, lanza la dura sentencia de que un programa de estabilización climática realista requeriría de una reducción de emisiones globales a una tasas anuales de cerca del 10% con el objetivo de prevenir un calentamiento global de dos grados. El mensaje esencial tras esta razonable estabilización climática (coherente con la preservación de las bases materiales de la civilización humana) es fundamentalmente incompatible con la persecución de crecimiento económico infinito (esto es, la acumulación infinita de capital).

¿Podrá conciliar el mundo los requerimientos básicos para la sustentabilidad ecológica global con las necesidades básicas de billones en el sur global? Encontraremos una respuesta, de un modo u otro, en las décadas que están por venir.

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