¡Basta de mujeres muertas!

¡Basta de mujeres muertas!

Por: Juana Valdéz / resumen.cl 

Tal como si fuese el informe del tiempo, o el precio del dólar, día tras día vemos como los medios de comunicación nos cuentan cómo una mujer murió a manos de su ex pareja, conviviente, esposo, amante o simplemente algún hombre que, haciendo ejercicio de su poder, abusa, humilla y asesina.

Comenzamos la semana con la historia de Priscila Vera Mancilla, la cual a la salida de su trabajo en una frutería en la ciudad de Puerto Natales, fue secuestrada y luego asesinada con más de 25 puñaladas por Diego Molina Guerrero, quien, como contó la joven a sus familiares, llevaba varios días asediándola y persiguiéndola. Uno de los puntos de tensión de esta historia tiene que ver con la imposibilidad de formalizar al sujeto bajo el delito de femicidio, ya que no tenía ningún vínculo afectivo con la víctima. Si bien, mucha de la violencia de género es ejercida en el contexto amoroso, este vacío de la legislación chilena, reduce la comprensión del poder que se hace patente entre hombres y mujeres, generando una visión simplista de un delito que tiene su máxima expresión en el aniquilamiento, la tortura y la muerte de la víctima por el solo hecho de ser mujer, llegando a la cruel y gravísima cifra de 47 mujeres muertas solamente en 2015.

El día martes 3 de noviembre, nos enteramos del caso de Nelyda Álvarez, de la región de la Araucanía, quien murió ahorcada por su pareja Sergio Riquelme, el cual luego de matar a Nelyda, cobardemente se suicidó. Vecinos de la mujer aseguran que la víctima sufría constantemente violencia y maltrato.

Y hoy miércoles, nuevamente y como un cruel dejavu, conocemos el caso de Marcela Acevedo García de 45 años, quien vivía en la comuna de Maipú y fue asesinada por su ex conviviente Eugenio Luciano Lazcano Ramírez con un cuchillo, causándole heridas en el cuello y la cabeza. El sujeto, fue encontrado tratando de lanzarse al mar en el sector del Quisco.

Además de la crueldad perpetrada en las muertes de las mujeres, llama la atención la liviandad con que se entrega en los medios de comunicación las noticias, misma ligereza que tiene un correlato en las autoridades del Estado vinculadas a temas de género y mujeres. Así, la ministra del Servicio nacional de la Mujer, Claudia Pascual, simplemente hace un tibio llamado a “frenar la violencia”, no proponiendo ninguna medida concreta que resguarde a las mujeres víctimas de violencia de género.

Es relevante mencionar como el número de femicidios en Chile varía si miramos las cifras del SERNAM (que contabiliza en su página web sólo 34 mujeres víctimas) y el conteo que realiza la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres (para quien son 47 las mujeres asesinadas por su condición de género). Esta diferencia de cifras tiene que ver justamente con la comprensión que hace la legislación chilena de la figura de femicidio.

Es necesario ser claras: cada vez que una mujer es asesinada por un hombre que se cree capaz de abordarla, perseguirla, maltratarla, humillarla, golpearla, celarla, acosarla, hasta matarla, es un FEMICIDIO. Independientemente si tiene o no un vínculo amoroso con la víctima.

Es relevante que no nos cansemos de poner sobre la mesa la discusión sobre la violencia hacia las mujeres, las cuales representamos el último bastión de una sociedad que naturaliza la muerte y la deja confinada a la crónica roja del diario local. Muertes que a aquellas que hemos abrazado las consignas de la liberación femenina, nos duelen profundamente.

Lloramos a nuestras hermanas, pero es de esa misma misoginia que sacamos fuerzas que nos impulsan a odiar con más fuerzas el patriarcado, y nos convida a seguir denunciando, sacando la voz, y gritando que nos cansamos de su violencia machista, que no queremos que nos sigan matando y que seguiremos sembrando el feminismo donde estemos, hasta que podamos vivir libres, tranquilas y sin miedos.

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