Cine e infancia

Cine e infancia

“En mis películas, el niño inventa la vida, se golpea, pero desarrolla al mismo tiempo todas sus capacidades de resistencia”  Francois Truffaut

 

Por resumen.cl

 

La figura del niño irrumpe en el Cine como un desafío constante a la indiferencia y menosprecio de los adultos, late en ellos permanentemente la contradicción entre sus deseos y los muros impuestos por la familia, la escuela, los internados, el marco normativo de las instituciones disciplinarias, de la sociedad clasista y autoritaria. Y es que el cine devela desde su origen, a comienzos del siglo XX, como un cronista los dramas que sufren los niños y jóvenes en la sociedad moderna.  En los últimos quince años los premiados hermanos Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne (Bélgica) nos han dado magistrales trabajos en esta materia: Rosetta (1999); El Hijo (2002); El Niño (2005); El Niño de la Bicicleta (2011).

La imposición de la civilizaciones urbano industrial trajo aparejado un cambio fundamental en la visión que la sociedad tenia del niño. Anteriormente este formaba parte de una identidad colectiva, estaba integrado a los procesos sociales, culturales, políticos, económicos, la familia extendida propia de la cultura rural fue dando paso a la estrecha familia nuclear de la sociedad moderna. Un cambio trascendental en las costumbres que saca al niño de su rol social activo y lo somete a la “especialización” y a la “menorvalía” de la niñez. Así la sociedad industrial fue construyendo un muro que genera la mutua incomprensión entre el mundo de los adultos y el del niño.

 

Frente al espejo del Cine.

En la obra de Luigi Comenein “Incompreso” (Italia 1986) descubrimos con estupor hasta qué punto el niño que pierde a su madre se ha convertido en un extraño en un “incomprendido” para su padre, la misma realidad sufren los niños de Francois Truffaut en “400 golpes” (Francia 1959) o los niños de padres divorciados en “Kramer contra Kramer” de Robert Bolton (EE.UU. 1979) o los hijos de madres solteras en “Mi vida como Hijo” de Michael Jones (EE.UU. 1993) la soledad del niño queda al desnudo en estas películas de manera dramática, un extremo de esto se refleja en la niña de “Solo contra todos” del argentino Gaspar Noe (Francia 2001), donde el padre alcohólico y racista, solo la retira después de años de internado, para abusar sexualmente de ella o en el niño vendido por su padres marginales en el mercado negro en El Niño de Hermanos Dardenne.

Son numerosos los niños que luchan contra la escuela, el orden establecido y las instituciones incapaces de comprenderlos o satisfacer sus necesidades emocionales o afectivas. Los niños aparecen en el cine en un mundo cerrado aislado del universo de los adultos, a veces privados de contacto y toda esperanza de identificarse con ellos, mal queridos, les atrae el placer de una libertad pasajera, durante fugas o vagabundeos como “Basku, el pequeño extranjero” de Brahram Beyzaie, (Irán 1990) parten en búsqueda de una padre místico como en “pasaje en la bruma” del griego Angelopolus (1988), en la Rusa “El Ladrón” de Parel Chukhrai, o en “Kolyia” de Jan Sverak (R. Checa) también pueden ir al encuentro de un hermano mayor que nunca han visto como en “El pequeño criminal” de Jacques Doillon (Francia 1990), siguiendo el espectro de un padre detenido desaparecido en “Buenos Aires viceversa” de Alejandro Agreste. Criados en una célula familiar o en una institución disciplinaria todos rechazan la identidad “especial” que los mayores les han dado.

El Cine a poco andar creó un vocero para denunciar la situación de los infantes, el niño compañero de bohemia de Charlot (Chaplin, EE.UU. 1921). Hoy nuevos vagabundos reemplazan a los de ayer, sometidos a la explotación del trabajo infantil en Salam Bombay de Mira Fair (India, 1998) deambulan por las calles de las grandes urbes latinoamericanas en ambiente violento y delincuencial como en “Pixote” (Brasil, 1985) de Héctor Babenco o “Cuidad de Dios” de Fernando Meirelles (Brasil, 2003), viviendo de la limosna y sometidos a la explotación de mafias en grandes urbes europeas.  En ”Yo, el Vaquilla” José Antonio de la Loma (España, 1985) “Los Gamines” del colombiano Ciro Durán (1978) o el clásico de Buñuel “Los Olvidados” (México, 1950), “Soy un delincuente” de Clemente de la Cerda (Venezuela, 1976), “Huelepega” Elia Schneider (Venezuela, 1999) o en la chilena “Valparaíso mi amor” de Aldo Francia (1969), viviendo en los márgenes de la sociedad, involucrados en la delincuencia, en violento y corto vivir.

El Cine no ha dudado en confrontar a los jóvenes con las realidades de su existencia: su sexualidad en “Julio comienza en julio” del chileno Silvio Caiozzi, en “la teta y la luna” del catalán Bigas Luna, o la argentina “Martín H” de Aristarain, la niña pequeña enfrentada a la muerte de su madre en “Ponet” de Jacques Dillon a la discapacidad en “Manzanas” de la iraní Samira Makamalbaf. Los niños son a menudo víctimas de golpes de estado en “Machuca” de Andrés Wood (Chile, 2004), o de las guerras en “Masacre venga y vea” del bieloruso Klimov, en “espinazo del diablo” del mexicano Guillermo del Toro (España 2002), en “Las Tortugas También Vuelan” Bahman Ghobadi (Kurdistan, 2004) o la holandesa “La noche del asalto” de Fons Rademakers, del colonialismo y el racismo en la australiana “Rabbit-Prof Fence” de Phillip Noyce, la segregación en “Adiós a los niños” del francés Louis Malle, la persecución como inmigrantes en “Viaje a la esperanza” del suizo Xavier Soller, la persecución y la represión política de las dictaduras militares sobre sus padres en “Infancias Clandestinas” de Benjamín Ávila (Argentina, 2012) o directamente contra ellos como en “La noche de los lápices” del argentino Héctor Olivera (1986), el maltrato y los abusos sexuales en las instituciones de encierro en “hijos de la calle” de Berry Levinson (EE.UU) y en “La ciudad de los perros” del peruano Francisco Lombarda, donde al igual que “la fiesta” del frances Pierre Boutron los jóvenes son sometidos al abuso de poder y sexual del militarismo, son vendidos a mafias que lucran con la limosna en “tiempo de gitanos” del bosnio Emir Kosturrica, sufren discriminación de género en las películas chinas Xiu Xiu (Joan Chen)o el rey de las mascaras (Wu Tkanming). La violencia por parte del padre en “El bola” del español Achero Mañas, la discriminación económica en “los niños del cielo” del iraní Majad Majidi, sufren las consecuencias sociales de la aplicación de políticas neoliberales en “Billy Elliot” del británico Stephen Daldry o en donde concurren muchas de estas variantes como en el dramático caso de “Padre Padrone” de los hermanos Taviani (Italia), donde un niño Sardo sufre la discriminación nacional-lingüística, vive la marginalidad y pobreza rural más cruda, inicia su vida sexual entre animales en las montañas, es explotado económicamente por su propia familia.

A lo largo de su historia el Cine nos muestra en su sencilla verdad, al niño expuesto, enfrentado a peligros reales, capaz de aceptar los desafíos y luchar contra las injusticias, es el antihéroe por excelencia, no tiene nada de Rambo, toda su fuerza radica en su sensibilidad y nobleza, su reivindicación es recuperar su pertenencia a una identidad colectiva que no abuse de él.

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