[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Horrible 2016

[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Horrible 2016

Por Ruperto Concha/resumen.cl

Este año comenzó, en la misma noche de Año Nuevo, con una especie de coreografía de escándalo y morbosidad. El proscenio principal fue la plaza que hay frente a la estación ferroviaria en la ciudad de Colonia, Alemania, junto al río Rin, ese del oro de los Nibelungos.

Fíjese que al caer la noche del 31, la policía, por precaución, hizo salir de aquella plaza a los varios miles de celebrantes, casi todos muy jóvenes, que esperaban ver los fuegos artificiales y brindar la bienvenida al 2016.

La gente no opuso resistencia, salieron de la plaza, pero algunos, más o menos un centenar de ellos, dieron la vuelta a la manzana y regresaron a la plaza dispuestos a seguir celebrando.

Pero además comenzó a llegar otra gente. Unas personas de tez y pelo oscuro, que según los testigos, parecían africanos o árabes. Más o menos a las once de la noche, ya había en el lugar unos mil o mil doscientos de estos recién llegados.

Se dice que estaban bastante borrachos y agresivos, y en un momento dado, muy sincronizadamente, los recién llegados se dividieron en grupos de 20 o 30 tipos y comenzaron a arrinconar a las alemancitas que estaban allí, sin contemplaciones y sin importarles si estaban acompañadas por sus parejas o compañeros.

Según los testimonios de las jovencitas esos tipos parecían gente de entre 20 y 30 años, y sabían técnicas de lucha porque les aplicaban llaves para hacerlas caer al suelo, donde las forzaban a abrir las piernas y trataban de sacarles la ropa.

Hacia las 2 de la madrugada, la plaza era un pandemónium de gritos de auxilio, forcejeos y llantos. Se dice que los atacantes disparaban botellas vacías y amenazaban con botellas quebradas.

La policía se hizo presente hacia las 3 y media, y a su llegada los atacantes se dieron a la fuga. Hubo más de 90 muchachas que denunciaron haber sufrido violencia sexual y también robo de sus pertenencias, aunque, hasta ahora, sólo 2 de ellas han admitido haber sido violadas.
En otras ciudades alemanas también se produjeron ataques masivos, con características similares aunque afectando a menos personas. Incluso en Helsinki, Finlandia, se produjeron tumultos y ataques sexuales también contra jovencitas.

Y es absolutamente la primera vez que en ese país helado pero hospitalario, la celebración del año nuevo se manchó con violencia criminal.

Por supuesto, el escándalo fue atribuido a los refugiados recién llegados. De hecho, la policía ha recibido muchísimos videos y fotografías de los hechos, que corroboran la descripción. Pero hasta ahora sólo tienen detenidos a 17 sospechosos de haber participado, y es poco probable que realmente se logren reunir pruebas suficientes para llevarlos a juicio.

Por cierto, el caso ha conmocionado a toda Europa, y aunque no faltan los llamados a la calma y a no atacar a justos por pecadores, una enorme mayoría está exigiendo parar por completo la entrada de nuevos refugiados, y además aislar a los que ya están en Europa, poniéndolos en campos de concentración.

Los países de Europa oriental, incluyendo Polonia, Hungría y los países bálticos, ya desde antes se negaban a acoger las cuotas de inmigrantes que habían sido asignadas por la Comisión Europea, y en estos momentos hay consenso mayoritario en que la masa de inmigrantes en realidad no tiene posibilidades de adaptarse a las costumbres y valores europeos, ni de capacitarse para realizar trabajos productivos. Es decir, se les considera simplemente como mendigos.
El sentimiento predominante es que esos inmigrantes, realmente han abrumado los recursos especialmente en Alemania, que sólo en 2015 recibió a un millón cien mil. Pero la hostilidad no se enfoca únicamente hacia los árabes y los africanos. El jueves, de hecho, en Holanda, hubo una movilización masiva de protesta en contra de aceptar un tratado de colaboración y comercio con Ucrania, como ha sido acordado por la Comisión Europea.

Una multitud estimada en más de 300 mil personas se ha expresado en distintas ciudades de Holanda y, de hecho, están llamando a que se realice un referéndum para pronunciarse sobre el tratado entre la Unión Europea y Ucrania. Los grupos predominantes que están llamando al referéndum, que se realizaría el próximo 6 de abril, señalan que éste tendrá un carácter claramente contrario a la autoridad de Bruselas en la Unión Europea, y su rechazo a la integración de Ucrania como una especie de estado-cliente de la Unión Europea. En la perspectiva del actual gobierno de la UE, o sea, la perspectiva de Bruselas, el rechazo popular a la decisión sobre Ucrania, sería un golpe durísimo en contra de la Comisión y del Consejo de Europa, que en estos momentos aparece como peligrosamente tambaleante.

De hecho, el Presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, ha lanzado angustiosos llamamientos para que los votantes holandeses no le den el triunfo al NO sobre el tema de Ucrania, ya que con ello se abrirían las puertas a una crisis de la colaboración de los países de Europa con las autoridades de la Unión Europea.

Igualmente, según las últimas encuestas de opinión realizadas en Gran Bretaña, ya hay una mayoría del 54% de la gente que está apoyando ahora una reforma profunda de los términos de la participación en la Unión Europea, y que opina que en caso de que esa reforma no fuese aceptada a satisfacción de Gran Bretaña, Gran Bretaña en pleno tendría que retirarse de la Unión Europea.

En tanto, Polonia y Hungría por su parte, se están declarando en abierta rebeldía a las disposiciones y procedimientos de la Unión Europea, en momentos en que el gobierno ultraderechista de Polonia está siendo acusado por Bruselas de tomar medidas inconstitucionales y antidemocráticas. Según declaró el Primer Ministro de Hungría, Viktor Orban, su país vetará cualquiera sanción que la Unión Europea intente aplicarle a Polonia.
Es decir, en estos momentos las tensiones internas en la Unión Europea parecen amenazar seriamente el destino de esa Unión que antes muchos veían como un camino que tendría que llevar a la creación de un súper estado federal de toda Europa.

Ya la propia primera ministro alemana Angela Merkel se vio obligada a enmendar rumbo en su inicial política de acogida amplia a toda la masa de inmigrantes del Medio Oriente. Más aún, su gobierno ya está denunciando que Turquía no está cumpliendo sus compromisos de frenar y filtrar a los cientos de miles de inmigrantes, entre los cuales se teme que haya un número peligrosísimo de terroristas islámicos infiltrados.

La Unión Europea acordó pagarle a Turquía 3 mil millones de euros para implementar campos de acogida para los refugiados sirios, y, además, reabrir la tramitación de la solicitud de Turquía para ingresar a la Unión Europea, que ya ha sido desestimada muchas veces por no reunir Turquía las calificaciones jurídicas y democráticas indispensables que sea aceptada.

Peor aún, en este momento existen denuncias de que en Turquía los inmigrantes están cayendo en manos de una mafia de funcionarios corrompidos que les quitan el dinero y sus joyas, incluyendo sus anillos de matrimonio.

En tanto Grecia, también miembro de la Unión Europea, denunció que Turquía ha estado invadiendo persistentemente con aviones de combate el espacio aéreo griego, haciendo caso omiso de las fronteras en el mediterráneo oriental. De hecho, el gobierno de Grecia está denunciando estos hechos en el seno de la OTAN, entidad militar a la que también pertenece Turquía.

Y, como si fuera poco, esta semana el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, tuvo la iniciativa de sostener una teleconferencia oficial con el presidente ruso Vladimir Putin, a fin de discutir los planes de colaboración ruso-italiana en asuntos económicos, industriales, tecnológicos y de colaboración política.

Esto, partiendo de la base de que Italia estaría dispuesta definitivamente a vetar una renovación de las sanciones contra Rusia bajo el pretexto de la crisis de Ucrania.
Como salta a la vista, este año 2016 se le presenta a Europa con aspectos muy sombríos que van desde la inquietud social hasta las crisis nacionales de los estados miembros, pasando por el tema de una crisis económica que dura ya 8 años sin dar muestras de una solución.

Pese a los titulares triunfalistas, también en estos momentos hay un consenso prácticamente unánime de que el 2016 va a ser un año de pobreza en que incluso las transnacionales de la banca y las finanzas se encontrarán con que sus ingresos se les han achicado.

De partida, el petróleo cayó esta semana a 34 dólares por barril, arrastrando proporcionalmente al gas natural. Para la industria petrolera de Estados Unidos, concretamente, este precio es absolutamente aniquilante, ya que el costo de extracción por fracking es del orden de los 40 dólares.

Para Rusia, 34 dólares sigue siendo rentable, aunque exiguo, ya que el costo de extracción ruso es en promedio de 17 dólares. Para Arabia Saudita, el costo es aún más bajo, del orden de los 10 dólares, y para Irán el costo promedio no supera los 5 dólares por barril. Como quien dice, el petróleo sale solito.

Con esos precios, países como Canadá, Noruega, Venezuela o Indonesia han quedado en una situación ruinosa que se teme no se podrá corregir antes de fin de año, en que quizás recuperaría un precio entre 60 y 80 dólares por barril.

En general las llamadas “commodities”, materias primas o semi elaboradas, siguen cayendo a precios ruinosos. El cobre cayó a 44 y medio centavos de dólar el kilo, perdiendo en menos de un año más del 60% de su valor.

También el año comenzó con síntomas horrorosos en las bolsas de comercio de la China, donde el gobierno tuvo que intervenir con medidas de urgencia luego de que las pérdidas llegaran a un monstruoso 12% en dos días.

Sin embargo, en menos de 24 horas, la intervención del estado había logrado normalizar la situación y ya el jueves la bolsa acusaba ganancias del 2%. En cambio las bolsas del resto del mundo han seguido dando tumbos con pérdidas variables, de las que recién parecen estar comenzando a recuperarse.

Una vez más aparecieron titulares afirmando que la economía china está colapsando y que China está hundiendo a la economía mundial. Pero más allá de un odio cerval hacia la China, esos titulares no revelan nada concreto. De hecho, China tuvo un crecimiento del 7% de su economía, mientras que Estados Unidos, que dicen que ya superó su crisis, apenas alcanzó un crecimiento entre el 1,8 y el 2%. Traduciendo eso a cifras concretas, eso significa que mientras China aumentó su generación de riqueza en 724 mil 837 millones de dólares, Estados Unidos sólo generó 349 mil millones…

Asimismo, la balanza comercial de Estados Unidos arrojó pérdidas del orden del 3,5% de su producto interno bruto en 2015. En cambio en el mismo período, la balanza comercial de China arrojó ganancias del orden del 4%.

O sea, resulta obvio que la economía china está, claro, disminuyendo el prodigioso, casi monstruoso crecimiento económico que había mantenido durante más de 20 años. Y ese enfriamiento de la economía es coherente con el empobrecimiento generalizado de la economía mundial.

Es obvio que el empobrecimiento de las naciones se traduce en reducción de su capacidad de compra, y por ello la producción industrial a su vez se reduce, porque no tiene a quien venderle.

Y de ello se produce también que disminuye, por ejemplo la demanda de cobre. Y al disminuir la demanda, el precio cae.
Es así que las señales y las noticias reales en este comienzo de 2016 no resultan nada de entusiasmantes. La Unión Europea realmente está en una crisis que está poniendo en peligro su supervivencia.

Pero esa amenaza de desintegración no viene de ninguna fatalidad sobrehumana, no es “cosa del destino”. Viene sólo de la ineptitud de ciertos dirigentes políticos, y la incapacidad de concebir nuevas fórmulas transaccionales para encontrar consensos en que todos puedan resultar razonablemente ganadores.

En la economía mundial, por cierto los modelos y las fórmulas neoliberales acabaron por convertirse en políticas económicas anti-liberales, y la libre competencia ha sido reemplazada por intervencionismo político, del que han ido surgiendo sucesivos modelos que no han tenido éxito.

Sin embargo, la economía mundial tampoco se encuentra necesariamente al borde de un abismo. Todos vamos a pasar estrecheces, en mayor o menor grado. Incluso los grandes especuladores van a tener que resignarse este año a que sus ganancias sean menores de lo que soñaban alcanzar.

Pero los administradores de la economía podrán seguir chuteando las deudas hacia más adelante, ganando tiempo por si a alguno se le ocurre una alternativa feliz. De hecho, ya se está hablando, por ejemplo, de una nueva tecnología que permitiría obtener toda la energía que consume nuestra civilización, sólo a partir de la radiación solar y sin emisiones contaminantes para la atmósfera.

Y de hecho, también, ya todas las ideologías y teorías políticas vigentes, en estos momentos coinciden en que el crecimiento poblacional del planeta tendrá que detenerse naturalmente antes del fin del siglo, lo cual va a permitir por último estabilizar las emisiones de detritus y desechos polucionantes que todavía siguen en aumento según aumenta la población.
La célebre escritora de ciencia ficción Úrsula Le Guin, el año pasado lanzó un llamamiento a los escritores, los visionaros, los poetas y los soñadores del mundo, para que aporten un inmenso capital espiritual capaz de construir la arquitectura de una nueva civilización que sea coherente con los anhelos profundos de la humanidad.

Hay que responder a esa convocatoria. Hay que ponerse a imaginar, a soñar, a desear una realidad realista, una humanidad humanista, donde la belleza sea más que una simple lindura a la moda, y donde lo que es efímero no valga menos que lo duradero.

¿Y quién sabe?… Quizás este antipático 2016 resulte ser finalmente la ocasión en que logremos atrevernos a soñar, a concebir y desear un futuro mejor. Un futuro mucho mejor.
Ese genial bellaco que fue el Primer Ministro británico Winston Churchill, acuñó la frase de que a lo que hay que tenerle miedo es al miedo.

Y por otro lado, ese diabólico Secretario de Estado norteamericano que metió a Estados Unidos en la guerra de Vietnam y quería lanzar bombas atómicas a diestra y siniestra, y que además propició los bombardeos sobre Guatemala y el asesinato del presidente Jacobo Arbenz…, me refiero a ese tan vilmente célebre John Foster Dulles, él afirmaba que el poder del estado necesita que el pueblo esté dispuesto a movilizarse.

Y para eso, es preciso mantener al pueblo en un estado de miedo permanente. Hay que hacer, decía, que la gente tenga suficiente miedo para que convierta su miedo en odio.

O sea, él decía que hay que embutirle a la gente suficientes demonios y enemigos, aunque haya que inventarlos.

El próximo domingo podremos conversar sobre la guerra. Esa guerra que ya tantos consideran que es inevitable.
En fin, ya todos sabemos que al peligro hay que mirarlo atentamente, con ojo alerta, y sin dejar que el miedo nos turbe la conciencia.

Porque ante el peligro, lo peor es dejar que el miedo se ponga chúcaro.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario, Ud. lo ve, hay peligro….

 

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