Ratifican sentencia por asociación ilícita a criminales de la DINA y Colonia Dignidad

Ratifican sentencia por asociación ilícita a criminales de la DINA y Colonia Dignidad

[resumen.cl] La Corte de Apelaciones de Concepción ratificó las sentencias dictadas por el ministro en visita Jorge Zepeda Arancibia en contra de ex integrantes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y ex miembros del enclave nazi “Colonia Dignidad” por asociación ilícita para diversos delitos producidos en el predio de la región del Maule.

Penas de 4 años de presidio para los ex colonos del enclave alemán Kurt Schnellemkamp Nelaimischtzke, Gerhard Wolfgang Mücke Koschitzke, Karl van den Berger Schuurman y los ex miembros de la DINA Pedro Octavio Espinoza Bravo y Fernando Gómez Segovia fueron las condenas confirmadas por el tribunal capitalino.

Según se extrae de la investigación del Ministro en Visita Jorge Zepeda del año 2014, se dio por acreditado que la denominada “Colonia Dignidad” sirvió de base para que los condenados se organizaran en una estructura jerarquizada que planificó y ejecutó múltiples delitos, entre ellas lesiones graves, uso de armamento ilegal, violación de menores de edad y a los derechos humanos.

“Al amparo de la “Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad” se organizó una estructura jerarquizada que planificó y ejecutó múltiples delitos, integrada por personas que fueron miembros y colaboradores de esa corporación, actividad que se inicia a lo menos desde el año l970 en adelante, según consta fehacientemente de la documentación encontrada durante el año 2005 al interior del ex fundo “El Lavadero”, ex “Colonia Dignidad”, actualmente conocida dicha propiedad rural como “Villa Baviera”, predio situado al interior del pueblo de “Catillo”, comuna de Parral, Séptima Región; estructura que continuó organizada después de la disolución de la fundación dispuesta por la autoridad administrativa competente, precisamente disuelta por “desviación del objeto de ésta”. Que, dicha estructura perfectamente organizada con el fin de actuar ilícitamente, contaba con un superior o mando responsable, el cual también estaba muy bien informado con un sistema creado al efecto, y si bien no implicaba ello constituir formalmente una organización tradicional militar, si lo era en cuanto a la aplicación de reglas, experiencias y adiestramiento propias de una actividad de esa naturaleza, contando de esa forma con capacidad suficiente para llevar a cabo operaciones militares y con la posibilidad plena de imponer una disciplina de ese carácter. Que, el sistema de información creado por el líder y su jerarquía desarrolló: aspectos de archivo político, búsqueda de información, intento de intervención de los sistemas clasificados de comunicaciones de las fuerzas armadas, registro de personas, determinadamente de detenidos políticos, algunos de los cuales fueron interrogados dentro de la ex “Colonia Dignidad”, asignándoseles apodos a los informantes, estableciendo canales para entregar la información, con diferencias en el tipo de información que se entregaba, esto es, archivos y borradores, además, muchas de las personas indagadas estaban ubicadas en Argentina y en otros países de este hemisferio y de Europa, lo que permitiría eventualmente ellas ser el blanco de alguna operación en su contra; además de información sobre autoridades civiles, religiosas, ex militares, militares en servicio activo y actividades profesionales de éstos. Creando con tal fin un vínculo o relación entre la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) y ellos. Que, a lo anterior debe añadirse que, en el hecho, tal estructura implicó, ante la pasividad de algunas de las autoridades, el control de un territorio determinado, con permanencia tal que le permitió al líder servir el proyecto y realizar las operaciones ilícitas. Que, además, el carácter sostenido y concertado de estas operaciones no coinciden en absoluto por su duración y persistencia con algún hecho esporádico, sino que por el contrario, su forma de ser se caracterizó en que la organización liderada por el “führer” o “jefe”, tuvo siempre un actuar organizado, ordenado y preparado, con capacidad de desarrollar el protocolo diseñado, con estructura suficiente para ejecutarlo. Que se operó además en un sistema con características propias de las sectas, utilizando la religión y el vínculo con la autoridad militar de la época que gobernaba en Chile, mecanismo que favoreció al líder, al abusar éste de la propia comunidad a la que pertenecía e impunemente desarrollar su conducta pedófila criminal, en contra de los desgraciados niños que quedaban a su alcance.” señala la web del Poder Judicial.

La sentencia llama la atención por constituir una pena casi simbólica. Agrupaciones de DDHH han denunciado el manto de impunidad que cubre los archivos secretos del enclave nazi y la constante negativa de las autoridades chilenas de levantar el secreto de los archivos de Villa Baviera.

Gómez Segovia cumple condena en Punta Peuco de cinco años y un día, por el secuestro calificado de Pedro Juan Merino Molina, militante comunista detenido en Lota en septiembre de 1975. Pedro Merino fue trasladado hasta el feudo nazi fascista de Colonia Dignidad (actual Villa Baviera) y luego llevado a Santiago por los agentes DINA y hecho desaparecer desde el campo de prisioneros de Cuatro Álamos. Gran parte del poder y capacidades criminales desarrolladas por Gómez Segovia y su grupo desde septiembre de 1973 en adelante se debió a la participación y cooperación activa en las labores represivas, de tortura, de asesinatos, que cumplieron los alemanes del enclave de Colonia Dignidad. Partiendo de la vivienda que utilizaba Gómez Segovia en Parral y del cuartel principal de la Brigada Centro Sur, ambos de propiedad de los nazis.

Espinoza Bravo, también condenado, era el segundo hombre de la DINA tras el Mamo. Fue condenado por su participación en el asesinato de Orlando Letelier y en la Caravana de la Muerte.

Villa Baviera es el nombre con que Paul Schäfer y sus socios rebautizaron Colonia Dignidad, el enclave nazi alemán que se afinca en la zona precordillerana de Parral, a orillas del río Perquilauquén. Allí, camino a Catillo, se instalaron a fines de 1961 apadrinados por una camarilla de políticos de derecha, siempre dispuestos a tender lazos de amistad y cooperación con los nazis.

Paul Schäfer, nacido en 1921, alcanzó a ser sargento en la última época del ejército hitleriano, ya en desbandada, y luego de la guerra se ocultó en sectas religiosas. Deambulando de secta en secta como seudo predicador, de las que fue sucesivamente expulsado por abuso de menores y apropiación indebida, decide fugarse de Alemania para escapar de dos órdenes de captura emanadas de procesos que se habían abierto en su contra por aquellos delitos. Aprovechando de que Chile era lugar de destino natural para nazis prófugos, en 1961 llega a al país un grupo de ex soldados nazis que se ocultaban en una supuesta organización religiosa y benefactora; entre ellos venía Paul Schäfer con el mismo disfraz de predicador y guía espiritual. Con la ayuda de los consabidos padrinos, que no se preocuparon de averiguar que éste predicador era prófugo de la justicia alemana (y si lo supieron no les importó), llegaron a instalarse en la comuna de Parral usando el pretexto de ayudar a las personas afectadas y damnificadas por el terremoto de 1960.

Gracias al apoyo de la camarilla derechista y utilizando el paraguas de “Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad” consiguieron que el gobierno de Alessandri les diera personalidad jurídica, exención de impuestos, subsidios de colonos, franquicias de benefactores y, de paso, una red de relaciones públicas. En Parral compraron el fundo El Lavadero, junto al estero del mismo nombre y a orillas del río Perquilauquén, donde rápidamente establecieron los límites externos propios de un campo de concentración y un régimen interno propio de la esclavitud. Los habitantes de los predios de la Colonia no se sometían a las leyes chilenas sino que se regían por reglamentos y leyes internas, impuestas por Schäfer y sus socios; es decir, operaban como un verdadero estado autónomo. Estas prácticas esclavistas y autonomistas estuvieron siempre avaladas, justificadas y encubiertas por la red de protección que se conformó en torno a los alemanes.

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