Ciberbullying y rechazo social: una puñalada al corazón y a la autoestima de las personas

Ciberbullying y rechazo social: una puñalada al corazón y a la autoestima de las personas

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl

Docente e investigador (UACh)

No hagas a los demás lo que no quisieras que te hagan a ti” (Regla de oro de la ética)

Hay demasiadas personas que son objeto de crueles burlas y de rechazo social, sea que se trate de niños, de jóvenes o de adultos. Todas ellas sufren por igual, cuando –por distintas razones–: (a) son objeto de burlas crueles y de mal gusto, (b) cuando son excluidas y rechazadas por sus pares, (c) cuando son insultadas, amenazadas y “troleadas” vía las redes sociales a través del ciberbullying.

Esta experiencia representa un verdadero ataque a la imagen y a la autoestima del sujeto afectado, con efectos que son devastadores, por cuanto, muchas de estas personas experimentan un alto nivel de impotencia, estrés y desesperación por no poder defenderse, estando obligadas a experimentar mucha vergüenza por las feas imágenes que son exhibidas en las redes sociales. Uno de los resultados de estas vivencias, es que se encierran en sí mismas y comienzan a evitar el contacto con las personas, todo lo cual lleva a muchas de los afectados a caer en severas depresiones, en tanto que otras personas más sensibles, intentan suicidarse, porque son incapaces de soportar tanta maldad y atropellos.

Demasiado a menudo, la víctima es una persona que no molesta ni incordia a nadie, razón por la cual, no sabe qué ha hecho para merecer el absurdo rechazo del que es objeto, salvo tener algún rasgo o característica personal de la cual no se puede liberar, porque nació con ese “rasgo”: padecer de autismo o del síndrome de Asperger, tener la piel muy oscura, presentar algún tipo de discapacidad (cognitiva o física), ser muy gordo o muy flaco, porque usa lentes, porque es una persona poco agraciada físicamente.

Incluso más: algunas niñas de ojos azules, rubias y de piel clara son, asimismo, objeto de crueles burlas por parte de sus pares, en una suerte de discriminación al revés, es decir, una conducta que podría explicarse en función de la envidia que siente la acosadora por carecer de los atributos de los cuales se está burlando de manera tan cruel y cobarde. ¿Por qué cobarde? Porque, demasiado a menudo, estas personas se esconden bajo perfiles falsos con el fin de infligir daño a los demás sin temor a ser castigados. Un daño, que además de causar mucho dolor a la víctima de turno, representa una ofensa gratuita, donde se ha perdido todo sentido del respeto por la dignidad del otro.

En este sentido, el acoso por las redes sociales termina por generar, tal como se ha señalado más arriba, una serie de emociones negativas y altamente destructivas: rabia, dolor, tristeza, estrés, depresión, baja autoestima, intentos de suicidios. En algunos casos, cuando el causante del acoso es identificado por la víctima, puede conducir a reacciones muy violentas en contra del victimario, como retaliación por el acoso y rechazo del que se ha sido objeto.

Por otra parte, también tenemos que considerar el caso de los niños poco “populares”, aquellos niños que nadie elige para la práctica de un juego o deporte colectivo, a pesar del gran deseo que tienen estos chicos de participar e integrarse a un grupo de juego. También están esos niños y niñas, a quienes –por razones donde escasea la generosidad y la verdadera amistad– nadie invita a un baile o a una fiesta de Cumpleaños, quedando siempre de lado y fuera del círculo social. Asimismo, hay niños que dan la impresión de que fueran “invisibles” ante los ojos de los demás: nadie del grupo de iguales se digna dirigirles la palabra.

Para muchos de estos niños y jóvenes (y también adultos) esta experiencia puede ser emocionalmente devastadora y traumática, haciéndoles sentir que no valen nada.

¿Qué enseñanzas debemos sacar? Para el caso de aquellos chicos que, por diversas razones, practican el ciberbullying, la discriminación y el rechazo social respecto de otros niños y niñas –quienes se han transformado en víctimas propicias de todo tipo de atropellos–, tanto los padres de estos jóvenes, así como las instituciones educacionales responsables deberán preocuparse de “reeducarlos” al respecto de este delicado tema, al mismo tiempo que formarlos con otros valores y principios. Uno de estos principios dice relación con el respeto por los derechos del otro, la no discriminación y el trato digno que hay que dar a nuestros semejantes.

La razón es muy simple. Lo único que buscan los niños y niñas socialmente rechazados, es lo que desean todos los niños por igual: SER ACEPTADOS COMO UNO MÁS EN EL GRUPO.

Finalmente, es bueno recordar lo que una vez expresara Mahatma Gandhi: “No me asusta la maldad de las personas malas, me aterroriza la indiferencia de las personas buenas”.

 

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