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[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Canibalismo Político

17 abril 2016

Por Ruperto Concha / resumen.cl

 

Hoy es un día fúnebre para ese país grandote, rico y hermoso que es Brasil. No importa finalmente mucho si la Cámara de Diputados aprueba o rechaza esta tarde el juicio de destitución de la Presidente Dilma Rousseff, elegida hace un par de años con más de 51 millones de votos. Ni siquiera importa el hecho de que se la quiera destituir sin que haya perpetrado crimen alguno. De hecho, no existe ni siquiera una denuncia o una investigación en contra de ella. En este instante, en Brasil, la inocencia de la presidente Dilma Rousseff no importa nada. Y que la inocencia de la presidente no importe nada, eso es lo que hace de este día una fecha fúnebre.

El viernes, al reunirse con la presidente Dilma Rousseff, el Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, siendo él mismo un hombre de centro-derecha, destacó el hecho de que muchos de los diputados que encabezan la demanda de “impeachment” o destitución de la presidente, están ellos mismos sometidos a acusaciones, investigaciones y juicios criminales. Es decir, que individuos que están bajo sospechas judiciales, sean los que tienen el privilegio de decidir sobre el futuro de una gobernante sobre la cual no recae crimen alguno.

“Estamos ante una situación contraria a lo que es normal para el resto del mundo”, dijo Almagro, y agregó: “Creemos que es desde el punto de vista de la decencia y la probidad, que alguien puede juzgar la indecencia y lo criminal. Pero no lo contrario.” Y fue tajante al concluir: “Nos preocupan los niveles de acusaciones, investigaciones y denuncias criminales que recaen sobre miembros de este Parlamento, incluso sobre su propio Presidente.”

Con esto, el Secretario General de la OEA se refería al caso del Presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, convicto en Suiza de recibir sobornos y mantener cuentas secretas, mintiendo, bajo juramento, ante la justicia suiza y ante la justicia brasilera.

En realidad, tan grotesco aparece el espectáculo del Congreso brasilero, que incluso medios internacionales que han sido hostiles al gobierno del Partido de los Trabajadores, como es el caso de la BBC de Londres, ahora se han centrado en el hecho de que, según la ONG Transparencia Internacional-Brasil, un 59% de los diputados que tratan de destituir a la presidente Rousseff, son individuos involucrados en denuncias de corrupción y otras actividades ilegales que llegan hasta, fíjese Ud., homicidio culposo.

Por lo pronto,el diputado Afonso Hamm, del Partido Progresista, feroz acusador contra la presidente, fue denunciado, por un testigo directo, de ser uno de los principales cobradores de sobornos en el colosal escándalo de corrupción de Petrobras. Según la denuncia, Hamm habría estado recibiendo alrededor de 500 mil dólares mensuales de parte de la gigante petrolera estatal PETROBRAS.

Otros congresistas ya habían sido condenados a presidio. Andrés Vargas, a 14 años de cárcel, Pedro Correa, a 20 años, por corrupción y lavado de dinero. Y en diciembre pasado,el propio Eduardo Cunha fue allanado en sus oficinas y residencia, lo mismo que los ministros Celso Pancesa y Eduardo Alves, más el senador Edison Labo, y el diputado Aníbal Gómez, todos del mismo partido de Eduardo Cunha y Michel Temer, el MPDB, el Movimiento por la Democracia, y el senador Fernando Bezerra Coelho, del Partido Socialista Brasilero.

Es así que, obviamente, está la percepción de que existe todo un vasto operativo destinado a concentrar toda la acción política en la destitución de la presidente. Si consiguen la destitución, asumiría el poder el vicepresidente Michel Temer, militante, igual que Eduardo Cunha, del Partido Movimiento por la Democracia del Brasil.

Ya en el poder, se dispondría de los recursos necesarios para detener las investigaciones judiciales por corrupción y otros delitos, a la vez que se podría elaborar una nueva red de alianzas para mantenerse en el poder hasta 2018, y optar a una lista de unidad con la derecha para ganar las siguientes elecciones.

Pero, a juicio de los principales analistas brasileros, incluyendo los más liberales y conservadores, esos sueños de los que traicionaron a Dilma no pasarán de ser fantasías autocomplacientes. Para la derecha, Michel Temer, Eduardo Cunha y los demás, no son elementos con los cuales pueden formarse alianzas, y menos gobernar al Brasil.

Por otra parte, el Tribunal Supremo Federal, equivalente a nuestra Corte Suprema, no ha anulado un fallo del magistrado Marco Aurelio Mello, quien indica que el mismo vicepresidente Michel Temer debe ser enjuiciado exactamente igual que la presidente Rousseff, en calidad de cómplice, ya que él, con su firma, compartió las decisiones presidenciales por las cuales se le quiere destituir.

O sea, el mismo proceso que resolviera destituir a la presidente, tendría que destituir también al vicepresidente que firmó con ella los decretos supuestamente condenables.

El martes pasado, el diario A Folha de Sao Paulo, siendo uno de los grandes medios de la oposición a Dilma Rousseff, publicó, sin embargo, un importante artículo del profesor y politólogo Vladimir Safatle, de la Universidad de Sao Paulo, bajo el título de “Un Gobierno de Michel Temer No va a Existir”. Y allí señala que, a partir del lunes 18 de abril, mañana, Brasil estará sin gobierno.

Señala que Temer y sus adláteres van a tratar de aparecer como los “salvadores” de la institucionalidad nacional, pero, advierte, ellos tendrán que comenzar explicando quién va a salvar al Brasil de semejantes “salvadores”. Y acusa que el Partido Movimiento por la Democracia es en realidad una especie de sociedad de oligarcas locales corrompidos.

El profesor Safatle enfatiza: “Un impeachment tramado por un vicepresidente que fue cómplice de lo mismo que acusa a la Presidente, no es más que un golpe de estado. Un golpe torpe y primitivo”.

Esto, en momentos en que, según las encuestas, la oposición estaría ya segura de alcanzar los dos tercios de la cámara de diputados para destituir a Dilma Rousseff.El politólogo Safatle, señala que el gobierno de Dilma, que se encuentra moribundo, habría podido ofrecerle a la nación otras salidas, por ejemplo, convocar a elecciones generales adelantadas, a fin de, al menos, abrir la opción de que se formaran alianzas sanas, que ofrecieran nuevas propuestas.

Pero esta gente del Movimiento Por la Democracia jamás habría sido capaces de concebir algo más allá que sus pujos apurados para alcanzar el poder mediante la usurpación.

¿Cuál es la acusación concreta por la cual intentan destituir a Dilma Rousseff?…

La única acusación que sus enemigos han logrado formular es la de haber violado algunas normas de procedimiento, supuestamente con el objeto de ocultar o al menos maquillar parte del déficit fiscal. Una parte del presupuesto que no tenía financiamiento y que correspondía a obras públicas necesarias que, además, generarían miles de puestos de trabajo.

El viernes, al iniciarse los discursos acusatorios, el diputado Miguel Reale Junior vociferó acusando a la presidente de ser ella la que había dado una especie de golpe de estado, al negarse a revelar que el país está prácticamente en quiebra. Y señaló que con eso el gobierno había hecho uso de bancos e instituciones financieras del Brasil. Por eso, dijo, nos sentimos como los libertadores, daremos la libertad de ese torbellino de mentiras y corrupción del gobierno.

Respondiendo a la diatriba del acusador, el Ministro de Hacienda, Nelson Barbosa, dejó en claro que los decretos para obtener créditos suplementarios están autorizados por el artículo 4 de la ley de presupuestos. Más aún señaló que en octubre de 2015, la Comisión Mixta de Presupuesto del Congreso aprobó la rendición de cuentas del gobierno, aunque con algunas reservas. Es decir, el Congreso había aprobado lo mismo que ahora está denunciando.

De hecho, las mismas medidas por las que se acusa ahora Dilma Rousseff, habían sido tomadas antes por los presidentes Fernando Enrique Cardozo y Lula da Silva, y el Congreso no había opuesto objeción alguna en ninguno de esos casos.

Más aún, hizo referencia a que el concepto de Crimen de Responsabilidad, mencionado por los acusadores, correspondería a que la Presidente se hubiese negado a intervenir para impedir que se realizara un acto criminal. Y no sólo eso. Además, según la Comisión Internacional de Derecho, para fundamentar esa acusación sería necesario demostrar que la presidente, intencionadamente, se negó a impedir una acción ilegal.

De ahí que, hasta este momento Dilma Rousseff ni siquiera está siendo investigada por alguna clase de vínculo con alguna acción de corrupción.

En tanto, desde el viernes, el vicepresidente Michel Temer ha comenzado ya a exhibirse con todas las ínfulas de Presidente del Brasil. De partida, declaró ante los principales medios de prensa, que él se siente perfectamente calificado para asumir la presidencia, pero que, aun si el intento de impeachment, la destitución de la presidente, fuese rechazado en la Cámara, el hará el sacrificio de no renunciar al cargo de vicepresidente junto a Dilma Rousseff.

Ante la posibilidad de llamar a elecciones anticipadas, declaró que no, no, no, no. Que esa era una pésima propuesta, porque con ello se produciría, fíjese Ud., una alteración del orden institucional.

Imagínese Ud.,destituir a la presidente según Temer no es un golpe de estado. Pero llamar a elecciones anticipadas, sí lo sería.

Y, a propósito. Por definición “Golpe de Estado” es el derrocamiento del poder Ejecutivo, por parte del Legislativo y eventualmente con colaboración del Poder Judicial. En este caso, el Poder Judicial se ha mantenido independiente, limitándose a exigir el respeto a los fallos y las leyes vigentes.

Ante los grandes medios de comunicación, Temer se atrevió a anunciar que si asume la presidencia, logrará de inmediato que los inversionistas internacionales acudan en masa trayendo sus capitales al Brasil, ahora seducidos por un nuevo gobierno sumamente democrático.

Por supuesto, la derecha brasilera entiende mucho mejor la realidad económica mundial. En el ardiente corazón económico brasilero, en Sao Paulo, ya comenzó la derecha a realizar un trabajo muy bien estudiado y planificado, estableciendo pilares en la base social como los “movimientos de Juventudes” financiado por el grupo de los Koch Brothers, que se presentan como políticamente centristas, muy sanos y con la fórmula de “Sin Dilma Rousseff y Sin Michel Temer”.

A la derecha no le importa mayormente cómo se resuelva la intentona de destitución de la Presidente. Su visión estratégica apunta a las elecciones de 2018, en las cuales, lo saben bien, tendrán que enfrentarse no ya con el Partido de los Trabajadores, que aparece irremediablemente manchado de corrupción, ni con esos otros partidos que aparecen como oligárquicos y traidores. No. La derecha sabe que en 2018 tendrá que enfrentarse con ese líder que se llama Luiz Inázio Lula da Silva.

De ahí nuestra afirmación inicial. La política del Brasil, apenas resucitada después de 40 años de dictadura militar, aparece ahora en un camino sin salida evidente. Si la destitución de la presidente fracasa, Dilma Rousseff se encontrará que sigue siendo presidente, pero estará bloqueada y sin posibilidad alguna de gobernar la nación.

Y si la destitución tiene éxito, Brasil se encontrará en una caótica situación de ilegitimidad en una atmósfera febril de polarización y odios enconados. El poder judicial sin duda alguna actuará implacablemente contra el Presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, que arriesga no sólo la destitución sino, además, una larga condena en la cárcel.

Uno de los políticos que apoyan la destitución de Dilma, el ex diputado Roberto Jefferson, del Partido Laborista de Brasil, anunció que él, personalmente, hará cuanto esté a su alcance, para que Eduardo Cunha vaya a hundirse en una prisión.

Ese no se va a escapar. Será sentenciado muy fuerte, dijo. Y agregó que Michel Temer no estará dispuesto a ser leal con un tipo como Eduardo Cunha. Y comentó finalmente: A mí me destituyeron como diputado y me mandaron a la cárcel por 14 meses, sólo porque no pude demostrar mis acusaciones contra Lula da Silva.

Lo de Cunha en cambio es delito. Es robo, es perjurio. Y hasta quedó desenmascarado en los Papeles de Panamá.

Realmente resulta inimaginable cómo Brasil derivó hasta ese caos selvático de forcejeos brutales que parecen desprovistos hasta de la más mínima orientación realmente política o ideológica.

Una de las propuestas que han sido mencionadas en los sectores de la derecha brasilera, consiste en promover una reforma constitucional que disminuya drásticamente los poderes del Presidente, y transfiera la mayor parte de las decisiones de gobierno a un Primer Ministro designado por el Congreso.

Pero esa tesis es sólo minoritaria.De hecho se sabe que no sólo en Brasil sino prácticamente en todo el mundo occidental, las encuestas revelan que la opinión pública, por abrumadora mayoría, considera que los congresistas, diputados y senadores, son entes venales al servicio de las oligarquías que poseen y ofrecen dinero. De hecho, en Estados Unidos, el Congreso recibió una aprobación mísera, inferior incluso a la de los últimos presidentes en sus peores momentos.

También en Estados Unidos, el frenético enfrentamiento de los precandidatos demócratas y republicanos ha alcanzado ya un tono de odiosidad casi obsceno. Más que miembros de un mismo partido, que disienten en propuestas, los precandidatos aparecen como individuos feroces y cargados de odio.

Y según las últimas encuestas, la opinión pública se muestra patéticamente disconforme con los candidatos más fuertemente respaldados por sus respectivos aparatos de partido, Hillary Clinton y Ted Cruz.

Da la impresión de que el electorado estadounidense estuviera rumiando la amargura de tener que elegir un gobernante que no le gusta ni le inspira confianza.

Entre las noticias de peor impacto de las últimas horas, está la negativa del presidente Barack Obama a desclasificar, entregar a la opinión pública, los documentos secretos sobre la investigación del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, de Nueva York y el Pentágono, de Washington.

Ello, porque Obama aparece doblegándose ante la amenaza del rey de Arabia Saudita, de lanzar a la venta 750 mil millones de dólares en bonos soberanos de Estados Unidos, en el caso de que se hagan públicos detalles de la participación de Arabia Saudita en aquel acto terrorista.

Si Arabia Saudita cumpliera su amenaza, supuestamente el valor del dólar se derrumbaría en forma catastrófica.

Así pues, desde Brasil hasta Estados Unidos, desde Alemania hasta Arabia Saudita, las noticias nos muestran un forcejeo por el poder que muy poco o nada tiene que ver con propuestas programáticas o con ideologías.

Es como si no se tratara sólo de vencer al adversario, sino que se buscara apoderarse de sus fuerzas. Algo así como comérselo. Un inverosímil canibalismo histórico.

Es la misma política la que está cambiando. Por cierto, nos dicen que el progreso siempre trae cambios, pero no nos cuentan que en realidad los cambios no siempre traen progreso.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro. Y también desalentarse es peligroso…

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