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[AUDIO] Palos Pal Puente “Contra las mujeres y con la venia del estado”

07 abril 2016

Esta es la nueva editorial de Palos pal puente, programa de los profesores del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile y que se puede oir en línea:  http://extension.uach.cl/index.php/organizacion/radio-uach-90-1-fm

Iremos subiendo los audios de este programa de análisis social y político. Esta semana se tratan asuntos acerca de la violencia hacia las mujeres. En la segunda parte tratamos la ley de Control de identidad y la llamada Ley Mordaza recién aprobadas en el Senado. En la música Amparo Ochoa y Cantata Rock.

Contra las mujeres y con la venia del estado

Robinson Silva Hidalgo

En efecto, están en nuestros sobresaltos diarios la vulneración de los derechos de las mujeres: las violaciones, los femicidios, la violencia obstétrica, la usurpación de los derechos reproductivos, hasta los ya debatidos asuntos laborales en torno a la paridad, en el acceso al trabajo o la igualdad de sueldos, hay tantos temas en que las mujeres son objeto de opresión, por no hablar de la violencia de la burocracia estatal, esa que las posterga en sus querellas ante la justicia o los servicios sociales, esa que no les cree en sus demandas o minimiza sus necesidades.

Sería un asunto de largo tratamiento y discusión hablar en detalle de cada uno de estos asuntos y de cada caso de abusos que padecen las mujeres, ya podremos entrar en ello, lo que si planteamos en este inicio de temporada de nuestro programa, es que se instala entre nosotros la imperiosa necesidad de hablar de una vez por todas a favor de las desfavorecidas, de las perjudicadas por este capitalismo ciego y fiero, este neoliberalismo que les vende sus derechos y les privatiza los úteros, entre otras lindezas de la mezquina elite chilena.

Los abusos contra el cuerpo físico y mental de las mujeres chilenas, tema tan triste como manido por la prensa sensacionalista del país, viene a representar el estado actual de la parte más indefensa de ellas: los sectores populares del país. El triste trato a los derechos de las mujeres incluye a una prensa oprobiosa que se escandaliza por el descuartizamiento de un marido por su mujer harta de violencia física y sicológica, pero se solaza con bromas estúpidas cuando pasa algo similar con una inmigrante violentada por su pareja, ¿se dan cuenta de la enorme diferencia? Creo que está claro.

Poco esperamos de la elite política e intelectual sobre este asunto, la primera se ridiculiza esgrimiendo argumentos decimonónicos, gritados a voz en cuello, aupados por una serie de extraños personajes de sobre la cota mil, clanes de vinosos apellidos que se instalan en la Plaza de la Constitución a criminalizar a cualquier mujer que busque interrumpir su embarazo. De los intelectuales, qué decir, un silencio público inaguantable, solo se escuchan en seminarios tras las gruesas paredes de los claustros universitarios, voces mínimas que se diluyen en el griterío histérico de las élites del congreso y los ministerios, de las iglesias y los regimientos.

Pero miles de mujeres, cada día más de ellas se incorporan con decisión y valentía a enfrentar esa oposición secular del patriarcado chileno, tan colonial como republicano, nada democrático y menos humanitario, avalando las disposiciones de un dictador ya muerto hace casi una década. Miles de mujeres se vinculan, articulan discursos y argumentos para recuperar su herencia y su memoria, esa que nos regala un ADN de lucha política y social que escribió páginas maravillosas, desde Elena Caffarenna y Olga Poblete al despuntar el siglo XX hasta las que hoy, casi clandestinamente, ayudan a mujeres a abortar de forma segura.

Ya a inicios del siglo XX, una mujer inglesa, Emily Davison, una sufragista y activista social y política por los derechos de la mujer resultó asesinada por interrumpir el Derby de Epsom en Londres, desde ese momento la lucha de las mujeres ha sido una lucha duramente castigada por el poder, cruelmente tratadas por los gobiernos, por los patrones y por las iglesias, no hay que ir a Medio Oriente para entender eso, pero aquí siguen estando, porque cada femicidio, cada acto de violencia, se transforma en una motivación más para exigir respeto, para exigir transformaciones, para exigir el fin del patriarcado, del abuso, de la violencia amparada por este estado ciego a todo lo que venga desde abajo o desde afuera de la élite.

Soy Robinson Silva y esto es Palos pal Puente.

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