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[AUDIO] Palos Pal Puente: Trabajo digno, en la medida de lo posible

21 abril 2016

Programa emitido el 20 de Abril

Palos Pal Puente es un Programa sobre problemáticas sociales y políticas actuales, conducido por Robinson Silva, Yerko Monje y Max Cortez, conversan con Maribel Moreno sobre la reforma laboral.

Editorial Programa 20/04

Por: Yerko Monje Hernández

Es imposible comenzar esta reflexión, sin la referencia al personaje clave que acaba de dejarnos durante la jornada de ayer. Héroe para algunos, cuestionado por otros, Patricio Aylwin – el presidente de la transición – es una figura clave para entender la lógica de los consensos, negociaciones y renuncias, que marcaron la construcción de la democracia chilena posterior a la dictadura. Lo anterior, no es más que la lógica e itinerario para la profundización del sistema neoliberal y su consolidación, donde en esa idea de diálogo y defensa de la diversidad, el único que perdió día a día, fue el pueblo trabajador de Chile. La alegría nunca llegó, si se negoció, era para frenar las luchas sociales, cortar derechos laborales, desconocer y seguir violando los derechos humanos y despojarnos de nuestro territorio, vender nuestra soberanía al mejor postor.

Estableciendo este marco histórico al largo plazo, es que busco situar uno de los pilares de las reformas estructurales de la dictadura, el plan laboral, que flexibilizó y precarizó una de las áreas más sensibles para el desarrollo de cualquier sociedad. La moral cristiana en torno a pasaje bíblico “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente” se hizo evidente, más que nunca en ese momento. El crecimiento económico, ese desarrollo idílico, sería posible sólo a través de la explotación de los trabajadores y trabajadoras, una lógica de entendimiento digna de la Cuestión Social.

La flexibilización laboral establecida en dictadura se bcontinuó profundizando durante la democracia. Día a día fue aumentando la masa de trabajadores en condiciones de sub-contratación, con sueldos que no garantizan ni la sobrevivencia básica. Esto también fue acompañado con una persecución y desprestigio a los sindicatos, estableciendo trabas para su conformación, tratando de cortar el diálogo entre las demandas de los trabajadores. Finalmente, lo que se ha buscado es destruir la construcción de colectivos y situar sólo al individuo frente al Estado.

Durante la presente década, al parecer se han aunado voces que cuestionan el sistema neoliberal y ponen en duda su valides, legitimidad y efectividad, estableciendo la idea de una “crisis del modelo”. Bajo ese discurso, y cooptando la demanda de organizaciones sociales que levantaban esa crítica, durante la postulación a su segundo mandato, Michelle Bachelet, prometió un “Chile de Todos”, una oportunidad de remediar las falencias del sistema y avanzar hacia la justicia social; nada nuevo, ya que Lagos Escobar se también nos había hablado de un “crecimiento con equidad”. Con el largo prontuario de promesas inconclusas, y un doble discurso en lo práctico, esa promesa de Bachelet en torno a cambios estructurales en nuestro modelo de desarrollo, parecía crónica de una muerte anunciada.

Y así fue, durante el año pasado, se anunció la discusión de la Reforma Laboral, demanda sentida por gran parte del mundo de trabajadores y trabajadoras, que se planteó como la solución a los problemas de precarización laboral que se heredaron desde la dictadura y se consolidaron en democracia. Nuevamente una contradicción, por un lado se hablaba de justicia social, democracia económica, mejora en las condiciones laborales; sin embargo el proyecto presentado, en la dimensión de lo práctico estaba lejos de esos ideales, y con las indicaciones se ha alejado aún más. Esta reforma lo que hace es consolidar y profundizar en mayor medida el modelo neoliberal, transformar este momento de “crisis del sistema” como una instancia para salvar el modelo y callar las críticas que aportan sus detractores.

Es por esto que hago el recorrido al largo plazo, para conectarlo en un itinerario de renuncias y engaños. No es sólo el trabajo, es un ataque constante a las condiciones de vida de los trabajadores; son las pensiones indignas, el sistema privatizado de seguridad social, soluciones habitacionales de dudosa calidad, y la destrucción cotidiana del territorio en que habitan, por medio de políticas de desarrollo que no han roto con la esencia del extractivismo.

Y a pesar de todo lo anterior, ¿Qué nos piden? Paciencia, calma y diálogo, al parecer, seguiremos avanzando en la medida de lo posible.