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Lejos de disminuir, las emisiones mundiales de CO2 siguen acelerándose

26 mayo 2016

Por Bob Berwyn para Inside Climate News, traducido al español por resumen.cl

Imagen: animación del satélite OCO-2 sobre los datos de la concentración de CO2 en la atmósfera. Las mayores concentraciones de CO2 están en rojo. Crédito: Instituto Goddard de la NASA.

El último inventario de gases de efecto invernadero de la NOAA muestra que el CO2 y el metano van completamente en la dirección equivocada.

El nivel de dióxido de carbono en la atmósfera no solo está aumentando, se está acelerando, y otro potente gas de efecto invernadero, el metano, mostró un gran aumento el año pasado, según el índice de gases de efecto invenadero publicado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por las siglas en inglés).

Las emisiones de CO2 llegaron a un total de entre 35 y 40 billones de toneladas en 2015, según varias agencias. Algo de eso es absorbido por bosques y océanos, pero esos sistemas naturales están siendo sobrepasados por el gran volumen de nuevo CO2 emitido. Como resultado, según el inventario, la concentración promedio mundial aumento a 399 partes por millón (ppm) el 2015, un salto récord de casi 3 ppm con respecto al año anterior.

Los niveles de metano saltaron 11 partes por billón del 2014 al 2015, casi el doble del ritmo al que aumentaron del 2007 al 2013. El metano, y otros gases de efecto invernadero, como el óxido nitroso, y el ozono troposférico, son medidos en partes por billón porque las concentraciones son menores.

“Este inventario muestra que la tasa de emisiones está aumentando. Va totalmente en la dirección equivocada, con ningún signo de que el planeta como un todo tenga el problema bajo control”, dijo Kevin Trenberth, científico de la sección de análisis del clima en el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica que no participó en la confección del inventario.

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El inventario de gases de efecto invernadero muestra un aumento acelerado en las concentraciones en los últimos años. Crédito: NOAA

El índice, ahora en su décimo año, mide qué cantidad del calor solar es atrapado en la atmósfera por gases como el CO2, metano y óxido nitroso. La información es compilada por una red mundial de estaciones de medición, incluyendo el famoso observatorio sobre el monte Mauna Loa de Hawaii, conocido por tener el registro continuo más largo de concentraciones de CO2 en la atmósfera. El nivel de CO2 en Mauna Loa para el hemisferio norte actualmente registra concentraciones de cerca de 4ppm mayores que hace un año. Los científicos allá predicen que podría no bajar más de las 400 ppm.

El índice del NOAA muestra que la concentración de CO2 ha aumentado un promedio de 1.76 partes por millón desde que se estableció en 1979, y ese aumento se está acelerando. En los años 1980 y 1990, aumentó casi 1.5 ppm cada año. Durante los últimos cinco años, la tasa de aumento ha sido casi 2.5 ppm, señaló Ed Dlugokencky, científico del Laboratorio de Investigación de Sistemas Terrestres del NOAA, quien ayudó a compilar el inventario.

Eso significa que desde 1990, el CO2 atmosférico global ha tenido un aumento del 50% en su influencia directa de calentamiento sobre el clima, dijo Dlugokencky.

“Esto no es un modelo. Estas son mediciones precisas y exactas, y nos dicen cómo los humanos están cambiando el balance de calor en el sistema terrestre”, dijo Jim Butler, director de la División de Observación Mundial, en una declaración. “Estamos subiendo el termostato de la Tierra de una forma que atrapará más calor en el océano y la atmósfera por miles de años”.

Desde que los humanos empezaron a quemar combustibles fósiles a inicios de la era industrial –liberando carbono gaseoso que estuvo atrapado en forma sólida durante millones de años– la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha ido en aumento. Al principio, comenzó a elevarse desde las 278 partes por millón, donde estuvo por lo menos unos 20,000 años, y luego comenzó a acelerarse.

En la década de 1950, cuando los científicos descubrieron un modo de medir con precisión los gases de efecto invernadero en la atmósfera, las concentraciones ya habían aumentado al punto de que su efecto de atrapar el calor se hacía evidente. Desde entonces, los modelos han mostrado que esta tendencia va a matar a los bosques, los arrecifes de coral, derretir las capas de hielo polar y los glaciares, convertir tierras de cultivo fértiles en desiertos, y en pantanos zonas costeras densamente pobladas con el aumento del nivel del mar para finales de siglo.

El número que quizás es potencialmente más problemático es el actual índice de metano, que atrapa el calor 25 veces más eficazmente que el CO2. Es responsable por casi el 10.6 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero de EE.UU., según la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. (EPA por sus siglas en inglés), que sólo recientemente ha comenzado a tomar medidas enérgicas contra las emisiones de metano procedentes de la industria del petróleo y del gas.

Dlugokencky dice que no está claro si el aumento del año pasado en el metano es el inicio de una nueva tendencia o una aberración singular, porque las concentraciones de metano varían mucho de año en año. Indicó que los cambios anuales pueden estar vinculados en parte a las emisiones de los humedales tropicales.

“Puede cambiar con el tiempo. Cuando estamos en un fenómeno de El Niño, los trópicos están más secos, lo que significa menos metano. No es absoluto”, dijo. Las concentraciones de óxido nitroso, otro poderoso gas de efecto invernadero, también están creciendo a un ritmo mayor en los últimos años, añadió. El impacto en el calentamiento de gases distintos del CO2 es igual a 85 ppm adicionales de dióxido de carbono. En otras palabras, la atmósfera se está calentando como si tuviera un 21 por ciento más de dióxido de carbono de lo que contiene hoy.

Un ojo hacia los objetivos de la cumbre de París.

Todas las mediciones se sumaron a las malas noticias para los esfuerzos mundiales en mantener el calentamiento global debajo de los 2 grados Celsius reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Están aumentando a pesar de cosas como el Protocolo de Kyoto justo en el momento en que necesitamos doblar esta curva hacia abajo”, dijo Trenberth.

Los efectos de calentamiento de los gases de efecto invernadero se sentirán por siglos incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeran a cero inmediatamente.

“Una fracción de ellos va a permanecer en la atmósfera por milenios”, dijo Dlugokencky. “Una vez que tenemos una reducción en las emisiones, hay un número de diferentes procesos que elevan el CO2”.

Por ahora, los océanos siguen absorviendo un montón de calor, el que continuará calentando el planeta por siglos, incluso si la capa de gases de efecto invernadero empieza a adelgazarse gradualmente, añadió.

Trenberth señaló que es importante observar la información del inventario en el contexto de los acuerdos climáticos de París de 2015.

“Hay dos aspectos clave de esto que con frecuencia son confundidos por el público –las emisiones de gases de efecto invernadero, y las concentraciones. Nosotros medimos las concentraciones muy bien, pero cómo se conectan con las emisiones es un problema más difícil”, indicó.

“Bajo el acuerdo de París, se suponer que todos los países deben informar cuáles son sus emisiones. El problema es la falta de notificación de varios tipos”, dijo, subrayando el metano del fracking (obtención de gas por fractura hidráulica) como particularmente problemático.

“Sabemos que el metano se escapa de pozos y oleoductos, pero probablemente en su mayoría no se reporta cuánto se va a la atmósfera. Y ¿qué tan buenos son los números de China sobre sus emisiones?, señaló.

Enfrentar de manera significativa el calentamiento global significa rastrear las emisiones y concentraciones en aumento de los gases de efecto invernadero hacia sus fuentes. La mejor esperanza de hacer eso es a través de los satélites OCO-2 del observatorio orbital de carbono de la NASA, dijo Trenberth. Las lecturas de los instrumentos, combinados con modelos computacionales, ayudarán a identificar dónde se origina la contaminación de efecto invernadero, y también a identificar qué partes de la Tierra están ayudando a eliminar carbono desde la atmósfera.