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Vicente Serrano: “Facebook ha convertido nuestra afectividad en mercancía”

26 mayo 2016

Anna Galdon / El Viejo Topo

Vicente Serrano es licenciado en Derecho, doctor en Filosofía y diplomado en Derecho Constitucional y Ciencia Política. Actualmente es profesor en el Universidad Austral de Chile y acaba de publicar Fraudebook. Lo que la red social hace con nuestras vidas (Plaza y Valdés, 2016), una reflexión sobre cómo Facebook ha borrado “la última frontera que ofrecía resistencia al capitalismo, la de la afectividad”, y como nos da una apariencia de libertad cuando es en realidad “una herramienta de dominación”. Hablamos con él durante su visita a nuestro país.

En su libro sostiene que Facebook ha hecho que atravesemos la última frontera que quedaba por cruzar, la de la afectividad. ¿Cómo ha ocurrido algo así?

Hace tiempo que estoy interesado en la aproximación que vincula a Spinoza con la noción de biopolítica que desarrolla Foucault y el papel que en todo ello tiene la cuestión de los afectos. Planteando estos escritos salió el tema central Fraudebook, una reflexión que aparece de forma incidental. Yo venía trabajando con la idea de cómo se organiza la vida afectiva utilizando algunas de las herramientas foucaultianas, y me di cuenta de que la red social contenía los rasgos del dispositivo de que hablaba Foucault. Obviamente él no se refería a Facebook porque no lo conoció, pero reflexionando observé que la dimensión afectiva era un factor más que clave para esa red social. Y lo era especialmente por dos factores, por dos dimensiones en torno a los que uno organiza su vida afectiva: la amistad y la biografía. Dos conceptos que aparecen hoy proyectados y organizados de forma muy banal y muy simple a través del dispositivo, lo que hace que éste se convierta, en toda regla, en un dispositivo afectivo. Pero además, cuando lees el contrato que te lleva a firmar Facebook te das cuenta de que uno de los reclamos (y esta es para mí otra dimensión fraudulenta) es que te dicen que es gratis y que lo será siempre. Pero ese contrato que firmas tiene una contraparte: ceder una información. Y no es cualquier información, no es una mera herramienta de comunicación: cedes los acontecimientos a través de los cuales tú construyes tu biografía, tu vida.

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Vicente Serrano, autor de ‘Fraudebook’

¿Qué es lo más arriesgado de ese ‘términos y condiciones’ que nadie lee?

Hay una enorme producción de riqueza dentro de Facebook. Nunca debemos olvidar que hablamos de una empresa basada en la propiedad privada. De hecho, tú cedes la propiedad de toda la información. Esa producción está constituida por un trabajador que no establece una relación salarial, no estamos recibiendo un servicio. Y ese es el fraude, porque ese servicio es en realidad una actividad productiva. Tiene el aspecto de una herramienta que nos da una enorme libertad de comunicación, que nos permite atravesar las barreras espacio-temporales tradicionales, pero la libertad esconde una relación que tiene otras características. La mercancía que se produce allí la estamos depositando constantemente nosotros, a cambio de recibir esa ampliación de nuestras libertades comunicativas. Amistades y biografías falseadas. Todos vemos que una amistad real no es una amistad de Facebook y que la biografía que nosotros construimos allí es una caricatura de lo que es una biografía real.

Facebook ya tiene unos años, y a estas alturas ya sabemos que “si el producto es gratis, es que el producto eres tú mismo”. ¿Por qué seguimos aceptando esos términos abusivos?

Creo que hay varias dimensiones en esto. La primera es que la red nos da una enorme capacidad y libertad de comunicación. Facebook tiene doce años, y al principio no existía esa conciencia, (tampoco se sabían las conexiones gubernamentales con la agencia de inteligencia norteamericana o que se utilizaban los datos para realizar investigaciones sobre contagio emocional). Todo eso ha ido saliendo a la luz, pero al principio se trataba de una herramienta aparentemente inocua que nos daba una enorme libertad. Y esa apariencia de libertad, ese espejismo, es peligroso. Cuando estaba trabajando en el libro, en algunas conferencias en Chile, los jóvenes me decían que se trataba de una herramienta de comunicación muy útil y que los movimientos estudiantiles chilenos, el 15M en España, o las primaveras árabes no habrían sido lo mismo sin las redes. Esa dimensión de libertad está ahí, y es cierto que, cuando uno ha empezado a utilizarla, es muy difícil prescindir de ella. Aunque cada vez hay más gente que es más prudente. El ejemplo que más sale a la luz es ese que dice que las empresas ya no miran tu currículum cuando vas a buscar un trabajo, miran tu muro. A veces has colgado cosas que son parte de la vida íntima que quizás no te favorecen laboralmente. En ese sentido Facebook tiene una fecha de caducidad, otra cosa es qué vendrá después.

Y luego, Facebook nos permite aparecer constantemente en pantallas y convertir en hechos relevantes nuestras etapas vitales. Es un caramelo que genera un espejismo de libertad. Y evidentemente hay algo de libertad en ello, pero el gran problema es que la libertad tiene muchos sentidos, y el más profundo (y allí está la raíz spinoziana y foucaultiana de la reflexión) es la posibilidad de organizar nuestra vida afectiva, porque es la más íntima y la fuente de todas las otras libertades. Y resulta que ahora depositamos esa libertad en un dispositivo que te la va a organizar. Porque en definitiva, Facebook organiza por igual la vida de sus mil seiscientos millones de usuarios a través de un dispositivo muy banal y simplista que reduce nuestra vida a una dimensión acumulativa. Yo lo comparo con una fábrica vinculándolo a la idea de estar produciendo desde la afectividad. Hasta ahora el capitalismo no había generalizado tanto la mercantilización de lo afectivo, ya hemos atravesado esa frontera.

¿Qué papel juegan las empresas situadas en ese entorno aprovechando el dispositivo para fines publicitarios?

Hay una enorme ansiedad para buscar los likes, las adhesiones. Y esto es precisamente lo que lo convierte en una herramienta publicitaria. Las empresas ya se publicitan diciendo “tenemos tantos millones de likes y visitas”. Facebook es esa fusión de lo publicitario con lo afectivo, provocando la simplificación de lo afectivo. A mi parecer, lo que constituye un peligro para la libertad es que la red social termina siendo una herramienta de dominación.

La búsqueda de likes nos lleva a positivarlo todo, no hay negatividad en lo que colgamos en Facebook. ¿Qué sociedad estamos creando?

Estamos creando un modelo de acumulación. En el libro cito al gran filósofo Hobbes, quien dice que la felicidad es la “acumulación de un deseo que nos lleva a buscar otro”. Ese modelo de organización del deseo no es otro que el del sistema capitalista. Ha habido un gran debate en el seno de Facebook sobre si incluir el “no me gusta”, y finalmente se ha decidido no admitirlo. Tiene todo el sentido: si es una herramienta de publicidad, nadie va a querer construirse una identidad si puede haber una dimensión negativa. Lo que sí han hecho, y eso es muy sintomático, es que han admitido otras expresiones (incluso algunas negativas, como es la tristeza y la ira) pero que a su vez pasan necesariamente por mantener pulsado el “me gusta”.

En el libro hace referencia a Marx a través del concepto de la fábrica. ¿Hay conciencia de clase entre los usuarios?

No. Lo que sí diría es que hay creyentes, personas que no quieren ver las dimensiones negativas de la red social. Lo que Facebook te da con una mano (la capacidad comunicativa), te lo quita con la otra, y no de una forma evidente. Eso es lo más peligroso.

Quien busca trabajo lo expone todo en Facebook, por ejemplo. ¿Creemos que, si no subimos al tren, lo perdemos?

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‘Confessional’, de Pawel Kuczynski (canvas), forma parte de la serie de ilustraciones satíricas que el artista ha creado para debatir sobre las redes sociales.

La noción de clase forma parte de un tipo de capitalismo que, a mi parecer, Facebook desborda. La tecnología digital, lo que algunos economistas consideran la sociedad del coste marginal cero, y que supuestamente tiene que ver con un futuro en el que el capitalismo desaparece, no es así desde mi punto de vista. Hay una mutación del capitalismo con una nueva mercancía, que es la afectividad. Y Facebook es la máxima expresión de eso. ¿Conciencia de clase? Falta una relación de trabajo asalariado en el sentido clásico, o una creación de valor, pero sí es cierto que se da una nueva apariencia de libertad, una libertad de comunicación que aparentemente tiene un coste cero pero que finalmente tiene un coste muy real: prestar tu vida afectiva para que quede articulada de un modo muy determinado. Un hecho que acaba modificando a los propios sujetos, pero no, el concepto marxiano no sería aplicable a una realidad como Facebook, que es muy transversal (da igual la ideología, la religión, la edad…).

Pero las élites están en Facebook de un modo muy distinto.

Las élites y las empresas. Por eso hablaba de esa fusión entre lo mercantil con lo afectivo. Las empresas, las élites y los políticos utilizan Facebook como herramienta de comunicación, no vuelcan allí su vida afectiva.

¿Qué ha hecho posible esta “máquina capitalista casi perfecta”, tal y como la nombra usted en el libro?

El cruce. Si hacemos caso al relato que cuenta el origen de Facebook en la película La red social Facebook nace como respuesta a una frustración afectiva existente. Es un dispositivo donde uno es capaz de trasladar la vida afectiva eliminando muchos de sus inconvenientes, y esa dimensión combinada con el que sea una herramienta de comunicación es lo que hace que la publicidad, la vida económica y el pensamiento capitalista entren en la última dimensión que quedaba por colonizar: la afectividad. Esa fusión es lo que crea la enorme riqueza, porque la afectividad es el corazón de nuestras vidas.

Usted hace una comparación entre la biografía de Facebook y los álbumes de fotos antiguos. ¿Qué los diferencia?

Uno percibe que el uso más habitual es el de colgar las fotografías más relevantes para mostrarlas, como cuando venían personas a nuestra casa para ver esos álbumes familiares. Eran personas de nuestro círculo relativamente íntimo, pero ahora lo hacemos en tiempo real, en una red básicamente pública y con interacción entre millones de usuarios. Antes, cuando construíamos nuestro álbum, incluíamos hojas que recogíamos en el campo durante los viajes, tickets de los restaurantes… cada uno era distinto. Ahora hay un dispositivo uniforme que jerarquiza y estructura tu vida. Todo parece inocuo, aunque para mí no tiene nada de inocente que el “muro” se haya transformado en esa noción de “biografía”. En ese sentido, sí que distingo entre los usuarios que siguen exponiendo su vida allí y los que lo utilizan como una herramienta publicitaria.

¿Qué individuos estamos creando?

Individuos banales, simples, narcisistas, acumuladores. Pendientes constantemente de recibir la aprobación del otro y cuya biografía se resume en hechos que no son en realidad tan relevantes. Son empresarios de sí mismos y están buscando permanentemente la adhesión, cosa que es el espíritu mismo de una empresa.

Banksy

“Nobody Likes Me”, de Banksy. Street Art, Canada.

Lo que le da éxito a Facebook es precisamente ese formato tan capitalista, y su simplicidad es lo que permite que se multiplique. Estamos generando información y no hablamos de una nueva conciencia de clase, pero sí hablamos de una nueva clase de productores. Los jóvenes no son críticos con Facebook, tengo estudiantes que son realmente forofos del tema, personas que vinculan toda su relación social a través de la red volcando toda su afectividad en este aparato.

¿Cómo potenciar el pensamiento crítico, también en ese ámbito?

Es muy difícil. El primer paso sería reflexionar públicamente y recuperar el sentido de la tradición critica. Las relaciones con la tecnología siempre han sido conflictivas y hay que tener en cuenta que Facebook solo tiene doce años. Nos ha dado una enorme sensación de expansión y libertad (como todo lo digital) pero tiene muchas caras y dimensiones. La reflexión crítica es imprescindible, pero hasta que cada usuario no se percate de que, en su propia vida cotidiana, está siendo sometido a una enorme ansiedad, a una especia de imperativo de la comunicación por la comunicación, que ya no distingue entre lo que es relevante y lo que no, que ya no distingue entre lo que es una verdadera relación afectiva y lo que no, hasta que no sea consciente de que en el fondo las adhesiones y los me gusta no significan nada en su vida, que está acumulando sin sentido y se está convirtiendo en una persona narcisista… Hasta que no experimente todo eso será muy difícil transmitírselo. Sí que podemos empezar a tomar conciencia, aunque no he visto críticas en ese sentido. Hay multitud de contenidos en la red sobre las posibilidades de control de Facebook a través de organismos gubernamentales, o sobre la manipulación que se puede hacer a través de los datos que aportamos, pero no he visto una reflexión en torno a lo que yo considero el dato más relevante del libro: que nosotros ya no estamos controlados, sino que somos nosotros mismos ejerciendo nuestra propia libertad, construyendo una vida a través de un dispositivo. Eso es lo que yo denuncio o trato de sacar a la luz de forma crítica.

¿Habrá más críticas en ese sentido crítico?

Seguro. Doce años son pocos y, como decía Hegel, “la lechuza de Minerva emprende siempre el vuelo al anochecer”. Hay que esperar a que ocurran los acontecimientos para poder reflexionar. La relación del pensamiento crítico y la filosofía con las máquinas es muy antigua y está presente a lo largo del siglo XX y ahora ha aparecido un dispositivo que nos ha pillado a todos por sorpresa y va muy deprisa. Habrá mutaciones de las propias redes sociales, la misma red no es utilizada por los más jóvenes, que utilizan Snapchat… todo se irá modificando. Lo que está claro es que se ha instalado la afectividad en el corazón de la productividad, y esa era la última frontera que quedaba por atravesar para generalizar el régimen de producción de mercancías. Y creo que en eso ya no habrá retroceso, aunque cambien los dispositivos.

http://www.elviejotopo.com/topoexpress/vicente-serrano-facebook-ha-convertido-nuestra-afectividad-en-mercancia/

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