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[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Peligro Interesante

05 junio 2016

Por Ruperto Concha / resumen.cl

Y bien, ya el miércoles el barril de petróleo estaba cotizándose a 49 dólares. Subió todavía un poco más, después bajó un poquito y al parecer se quedó haciendo equilibrio en torno de los 50 dólares el barril. Según los traficantes de hidrocarburos, la racha desastrosa ya terminó. Algunos banqueros afirman que antes de fin de año el barril de petróleo llegará a los 60 dólares, pero el ministro de economía de los Emiratos Árabes Unidos señaló que los 60 dólares ya estarán vigentes a fines de julio próximo. Y se estabilizará el precio del petróleo entre 60 y 65 dólares, en definitiva.

Ud. ya se da cuenta de lo que esto significa. Para Rusia, por ejemplo, ya al precio de hoy su producción de petróleo le reporta ganancias netas por encima de los 350 millones de dólares diarios.

Para Estados Unidos, que produce un millón 300 mil barriles de petróleo más que Rusia, sin embargo las ganancias serán mucho menores, pues sus costos de producción son el doble de los costos de Rusia, lo que rebaja sus utilidades a unos150 o 180 millones de dólares diarios.Y, para Venezuela, las ganancias netas están siendo de 67 millones de dólares diarios. ¡Cómo cambian las cosas con eso, ¿verdad?!

Por supuesto, el saneamiento de los precios del petróleo y su equivalente en gas natural tiene efectos inmediatos no sólo para la economía mundial sino para la correlación de las fuerzas estratégicas que se están encrespando en el mundo.

En lo referente a Rusia, el rebote de los precios del petróleo, ensamblado con las correcciones económicas con que enfrentó las inútiles pero muy molestas sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, finalmente le ha permitido una eficiente reinversión de recursos y un potente desarrollo enfocado al autoabastecimiento agrícola y ganadero.

Recordemos que para la Federación Rusa el petróleo, siendo muy importante, nunca llegó a significar más de un 17% de su producto interno bruto. O sea, esta bonanza petrolera de ahora resulta mucho más provechosa que un simple alivio a las dificultades anteriores.

Para muchos analistas, el proceso que derribó el precio del petróleo de casi 120 dólares el barril a un mínimo de menos de 30 dólares, fue producto de una maniobra secreta que habrían urdido Estados Unidos con Arabia Saudita, con el propósito de provocar una crisis económica muy destructiva sobre sus adversarios que parecían cada vez más fuertes. Me refiero a Rusia, Irán, Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia.

La maniobra por cierto tuvo un costo altísimo tanto para Estados Unidos como para Arabia Saudita, pero ambos regímenes estaban dispuestos a pagar ese precio.

Sea real o no que haya existido una maniobra maquiavélica así, el terremoto petrolero sólo fue posible porque una multitud de nuevos productores de petróleo, sobre todo en África, se lanzaron a inundar el mercado justo en momentos en que el consumo de hidrocarburos estaba contrayéndose por la crisis económica global.

Aquí hay que prestarle atención al papel que jugaron innumerables economistas chambones, de ésos que funcionan como asesores de importantes gobiernos occidentales. Economistas cuya ciencia les alcanzaba apenas para aplicar unos modelitos, recetitas y doctrinitas que les han enseñado.

Según ellos, el crecimiento y el fortalecimiento económico se ganaría siempre exportando mucho. Bueno, esa doctrina parecía eficaz, al menos durante el florecimiento del milagro neoliberal, desde 1990 hasta 2008.

Y parecía ser eficaz simplemente porque no se había enfrentado a la realidad  de que los países exportadores sólo pueden ser prósperos y fuertes mientras exista un mercado donde haya un gran apetito comprador y recursos con que pagar sus compras. Cuando la demanda disminuye, los países que basan su prosperidad en las exportaciones, se encuentran con que exportar ya no produce fortalecimiento sino debilidad.

La analista Michelle Fox, de la NBC, de Estados Unidos,expone este fenómeno con tres ejemplos muy brillantes sobre países que alcanzaron óptimos niveles de exitosa exportación que los enriqueció, pero que ahora están enfrentando la parte mala de ser exportadores.

Primero, señala el caso de China, cuya capacidad de producir bienes exportables le acarreó un influjo de sumas estratosféricas de dinero, de capitales y de desarrollo tecnológico. Pero, al llegar la crisis de 2008, el empobrecimiento de los mercados de Estados Unidos y Europa, sobre todo, junto al surgimiento de competidores capaces de producir a precios aún más bajos, han llegado a provocar un debilitamiento de toda la economía china.

Y  también, por extensión,el empobrecimiento de los países exportadores de materias primas, como es el caso de Chile, que habían tenido la ilusión de que los altos precios  de sus “commodities” se mantendría por largo tiempo. Esos estupendos precios del cobre, del petróleo y su similares, se esfumaron y es muy, muy difícil que vuelvan a darse.

Por cierto China tiene cómo barajar nuevos e ingeniosos modelos económicos alternativos, ya que sus reservas monetarias, al 31 de diciembre pasado, sobrepasaban los 3 billones con 300 mil millones de dólares. Se puede hacer bastante con esa platita.

El segundo caso es excepcional. Se trata de Arabia Saudita, un país monárquico que en 1980 nacionalizó por completo sus yacimientos e instalaciones petroleras. ¿Se fija Ud?… Mientras en todo el mundo nos vendían la pomada de las privatizaciones, los reyes sauditas, bajo la fórmula de que “el estado soy yo”, se echaron al bolsillo el control del abastecimiento petrolero a la mayor parte del llamado Mundo Occidental.

Por el enorme volumen de sus exportaciones de petróleo, Arabia Saudita pasó de inmediato a ser la voz cantante que los demás países de la OPEC tenían que obedecer dócilmente.

Pero la exorbitante rentabilidad del petróleo llevó a que ese país derivara a una economía de lujo, que necesitaba enormes ingresos y donde los súbditos de nacionalidad saudita gozaban de regalías de un lujo inimaginable. A guisa de ejemplo, las patrulleras policiales eran Ferraris, Lamborghinis y Ashton-Martin. Bueno, pues bien ahora, con la caída del precio del petróleo, los ingresos sauditas se han reducido casi a la mitad, y la monarquía está tratando de encontrar alguna manera de ganar dinero.

No se ve muy probable que puedan conseguirlo, más allá de invertir sus reservas en fondos para una economía de especulación financiera… con los riesgos que eso implica.

El tercer caso Michelle Fox lo enfoca en Alemania, la Cuarta Economía Mundial, después de Estados Unidos, China y Japón. Para Alemania, las exportaciones industriales constituyen alrededor del 50% de su producto interno bruto. Y de sus exportaciones, la mitad se la vende a otros países europeos; un cuarto se lo vende a Estados Unidos, y el cuarto restante lo exporta al resto del mundo.

En estos momentos, Alemania está tratando de tragarse en silencio lo que llaman la “crisis invisible”, pues aquellos que eran sus mercados ya se han reducido a tal extremo que Alemania no tiene a quién venderle gran parte de lo que sus fábricas todavía están produciendo.

O sea, según Michelle Fox, Alemania está apenas postergando una crisis muchísimo peor que la de China y Arabia Saudita. Y cuando ya no pueda postergarla más, sus efectos se harán sentir en toda la economía mundial.

Del artículo de Michelle Fox puede inferirse que el desarrollo y fortalecimiento económico de un país no depende sólo de lograr un gran volumen de exportaciones, sino, más bien, de lograr un equilibrio en la balanza comercial que le permita estabilizar el abastecimiento para las necesidades de su población.

Eso es algo fácil de decir pero muy difícil de convertir en un modelo o una política económica, sobre todo en estos momentos en que la tecnología, la automatización y la robótica están eliminando diariamente, fíjese Ud., decenas de miles de puestos de trabajo.

Se pensaba que la eliminación de puestos de trabajo iba a ser mucho más lenta. Hasta el año pasado todavía se creía que sólo hacia el 2030, o sea en 16 años más,en 14 años, más la tecnología habría eliminadoentre el 40 y el 50% de los puestos de trabajo que hoy existen.

Peo ya en Estados Unidos, en China y en la mayoría de los países industrializados, están desapareciendo los puestos de trabajo a una velocidad abrumadoramente mayor que la creación de nuevos puestos.

Esta semana se produjo un descalabro político y social en Estados Unidos, al conocerse que la creación de puestos de trabajo sólo había llegado a una quinta parte de lo que se esperaba. Y que, junto con ello, un record del orden de los 500 mil trabajadores estadounidenses habían ya renunciado a seguir buscando trabajo, y el empleo total se había reducido a sólo un 62% de la fuerza laboral de Estados Unidos.

O sea, hay una cesantía real que afecta al 38% de la población. Y para jóvenes con enseñanza media completa pero sin un título universitario o técnico, se han perdido ya 3 millones de puestos de trabajo.

La Reserva Federal, que había sido tan optimista por una supuesta recuperación tras la crisis de 2008, ahora desechó cualquiera posibilidad de elevar la tasa de interés, y el crecimiento económico, que se esperaba fuese superior al 2,5%, apenas llegó al 0,8% en los meses de enero a marzo.

Por su parte, los informes de las agencias JP Morgan y Markit señalan que la actividad industrial está completamente estancada, y que existen signos de que se caerá en una nueva recesión en cualquier momento durante los próximos 12 meses.

Por supuesto, las noticias económicas están calando profundamente en el espíritu de los estadounidenses. Y ello se está expresando en un tono de ferocidad insultante, casi grotesca que está alcanzando la campaña presidencial.

Allí, a las injurias, las calumnias y las difamaciones personales de los precandidatos se han sumado más y más episodios de gran violencia, con agresiones y reyertas entre partidarios de las tres candidaturas que están prevaleciendo.

Particularmente intensa está siendo la violencia de los grupos juveniles que apoyan al candidato Bernie Sanders, y que aparecen enfurecidos tanto con el republicano Donald Trump como con la demócrata Hillary Clinton.

La muy respetada actriz de cine Susan Sarandon, que es partidaria de Sanders, declaró el viernes que Hillary Clinton es más malvada y más peligrosa que el mismo Trump, y que la Clinton ya ha cometido cosas horrorosas y cínicas en la política internacional.

Por su parte el mismo Bernie Sanders le gritó a Hillary Clinton que si Donald Trump tiene ideas peligrosas, la Clinton las tiene aún más peligrosas.

Según las últimas encuestas, Hillary Clinton ha alcanzado una mínima ventaja, un 1,5%, sobre Donald Trump. En cambio el más izquierdista Bernie Sanders aparece con una ventaja del 11%. O sea, en estos momentos únicamente Sanders tiene posibilidades reales de vencer a Donald Trump, quien por su parte, está recuperando terreno y se le van sumando nuevas fuerzas.

Y en nuestra América, mientras en Estados Unidos se agranda el socialista Bernie Sanders y en Canadá se consolidan los socialdemócratas con el nuevo gobierno de Justin Troudeau, en América Latina en cambio parece estar produciendo una suerte de tsunami  destructora contra los gobiernos izquierdistas.

De hecho, hoy día, en Perú, se está votando la segunda vuelta en la elección presidencial, donde se enfrentan dos candidaturas de derecha, las dos, Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kukzynskiy

La candidata de la izquierda, Verónika Mendoza, sólo alcanzó un 18% de los votos y quedó eliminada.

Para la casi unanimidad de la gran prensa corporativista de Estados Unidos y Europa, el caso peruano no es más que la continuación de los fracasos electorales de la centro izquierda en Argentina y Bolivia, y de las crisis políticas con intento de derrocaciónde gobierno, que se están dando en Brasil y Venezuela.

Y, por supuesto, aquella periodistificación publi-noticiosa diagnostica que es la izquierda latinoamericana la que ha fracasado y está disgregándose en grupúsculos impotentes que se desgastan atacándose unos a otros.

Sin embargo, una observación en profundidad indica un fenómeno más complejo en que confluyen el empobrecimiento global de los países subdesarrollados, la estrategia de recuperación de dominio político por parte de Estados Unidos, y, en tercer lugar, un margen de corrupción y de falta de prolijidad política de los propios gobiernos izquierdistas.

En el caso de Argentina, de hecho, la desintegración del peronismo fue la que permitió que la derecha lograse llegar nuevamente al poder. Pero, ahora, a la luz de la derrota, está avanzando muy rápido una reunificación de un concepto amplio de izquierda, que esta semana ya cristalizó en que las poderosas confederaciones de trabajadores argentinos, que se habían dividido en tres entidades que se hostilizaban unas a otras, bueno, ahora acordaron reunirse y elaborar un programa político único, con apoyo amplio de la base.

Procesos similares están dándose en Brasil y en Venezuela, donde la arremetida para destituir a los respectivos gobiernos daba la impresión de ser imposible de parar.

Por cierto, los acontecimientos de Brasil, Venezuela y Bolivia son materia de una crónica especial. Pero en los hechos de este momento, pareciera que los gobiernos de Dilma Rousseff y Nicolás Maduro lograrán resistir la embestida.

En Brasil, al menos, ya hay una sensación generalizada de vergüenza y escándalo por los niveles de corrupción de toda la clase política. De hecho, antes de ayer un fallo de la Corte Suprema condenó al actual presidente en ejercicio, Michel Temer, a 8 años de inhabilitación total para ejercer cargos políticos o enfrentarse a elecciones.

Así pues, no parece muy probable que la izquierda política esté agonizando. A lo mejor está sumida en una meditación profunda pero muy embroncada, que quizás podrá fructificar como alternativa a la putrefacción de las instituciones políticas vigentes.

Lo que sí ha quedado en claro es que el pueblo, la gente, puede estar dispuesta a perdonar incluso a  algunos criminales atroces.

Pero, en cambio, no está dispuesta a perdonar a los que por desleales, por corruptos codiciosos, o por simple incapacidad, no cumplen sus compromisos y dejan decepción donde había esperanza, y amargura donde debió haber alegría.

La decepción sí es difícil de perdonar.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro… pero es un peligro interesante

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