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Hillary Clinton, ¿se elegirá a una espía como presidente?

10 junio 2016
Por James Petras / Traducido para Rebelión.org  por Silvia Arana

Introducción

Durante sus 4 años como secretaria de Estado de Estados Unidos (2009-2014), Hillary Clinton controló la política exterior de EE.UU. Tuvo acceso a información y a cientos de miles de documentos de Estado, clasificados como de alta confidencialidad y provenientes de todas las principales áreas y agencias gubernamentales: Inteligencia, FBI, Pentágono, Tesoro y la oficina presidencial. Tuvo acceso irrestricto a información secreta y esencial sobre la política estadounidense en todas las regiones clave del imperio.

Hoy, las críticas a la Sra. Clinton se han enfocado en los aspectos técnicos de sus infracciones a procedimientos y normativas del Departamento de Estado con respecto el manejo de las comunicaciones oficiales y sus descaradas mentiras sobre el uso de su correo electrónico privado en el desempeño de asuntos gubernamentales, incluyendo materiales clasificados como ultra secretos -violando las leyes del Registro Federal- al igual que el ocultamiento de documentos oficiales del Freedom of Information Act (Acta de la Libertad de Información) y la fabricación de su propio sistema, fuera de toda supervisión oficial, a diferencia de los demás funcionarios gubernamentales.

Por ello, para numerosos analistas el asunto involucra procedimientos, moral y ética. La Sra. Clinton se ha situado a sí misma por encima y más allá de las normas disciplinarias del Departamento de Estado. Esta prueba de su arrogancia, deshonestidad y claro menosprecio por las normas debería descalificarla como candidata a presidente de EE.UU. Mientras que las revelaciones de uso indebido de documentos oficiales, la creación de un sistema privado de comunicación y correspondencia y la destrucción de decenas de miles de intercambios oficiales, incluyendo documentos ultra secretos, son temas importantes que deben ser investigados. Esto no responde a la pregunta política primordial: ¿En beneficio de quién la Secretaria de Estado Clinton desempeñaba las funciones de política exterior de EE.UU. sin ninguna supervisión gubernamental?

El significado político y las motivaciones de los graves delitos cometidos por Clinton contra el Estado

El manejo privado e ilegal de documentos oficiales de EE.UU. realizado por la exsecretaria de Estado generó una investigación del FBI. Adicionalmente, hay otra investigación realizada por la Oficina del Inspector General, en torno a infracciones a la seguridad nacional.

Hay diferentes líneas de indagación contra la Sra. Clinton:

1) ¿Trabajó con, nombres todavía sin identificar, gobiernos y servicios de inteligencia extranjeros en beneficio de aquellos y contra los intereses de EE.UU.?

2) ¿Dio información sobre operaciones y posturas políticas de diversas figuras clave de la política de EE.UU. a rivales, adversarios o aliados en detrimento de las actividades militares, de Inteligencia y del Departamento de Estado?

3) ¿Obró contra funcionarios veteranos del Departamento de Estado y el Pentágono, que estaban a favor de métodos diplomáticos y menos violentos, en pos del objetivo de incrementar su poder personal dentro del gobierno de EE.UU. y para imponer su política agresiva de guerras seriales de “prevención”?

4) ¿Preparó un “equipo encubierto”, integrado por agentes extranjeros o de doble nacionalidad, para sentar las bases de su candidatura presidencial y su objetivo final de alcanzar el poder militar y político total?

Contexto de las operaciones clandestinas de Clinton

No hay duda de que la Sra. Clinton intercambió cartas y documentos oficiales, de poca y de gran importancia, a través de su correo electrónico privado. Comunicaciones personales, familiares, e incluso íntimas pueden haber circulado en el mismo servidor de internet. Pero el asunto clave es el gran volumen de información gubernamental de alta confidencialidad enviada a Clinton desde una cuenta “back channel” (indirecta), privada e insegura, que le permitió mantener comunicaciones gubernamentales secretas.

¿Pero quiénes eran los correspondientes más constantes, persistentes e influyentes de la secretaria de Estado Clinton? ¿Qué tipos de intercambio requerían eludir la supervisión normal y arriesgar la seguridad?

Las políticas de guerra encubierta de Clinton, entre las que se incluye el violento derrocamiento del gobierno electo de Ucrania, fueron dirigidas por su “lugarteniente” la vicesecretaria de Estado Victoria Nuland. Esta funcionaria es una neoconservadora virulenta, heredada del gobierno de Bush, y comprometida con la provocación a Rusia y el apoyo al poder de Israel en el Medio Oriente. La idea política de Clinton, extremadamente peligrosa y económicamente desestabilizadora, del cerco militar a China, el llamado “pivote a Asia”, debe haber requerido intercambios clandestinos con gente del Pentágono, al margen de la supervisión del Departamento de Estado y posiblemente del Poder Ejecutivo.

Dicho de otra manera, dentro del circuito político de Washington, la intensificación de las políticas de guerra nuclear contra Rusia y China llevada a cabo por la secretaria Clinton requirió de correspondencia secreta que no necesariamente estuvo dentro de las normativas políticas y de inteligencia de otras agencias gubernamentales y de negocios.

Clinton, constante e intensivamente, mantuvo comunicaciones privadas con numerosos regímenes indeseables, incluyendo Arabia Saudí, Israel, Honduras y Turquía, para realizar actividades violentas, clandestinas e ilegales. Trabajó con los partidos opositores y grotescamente corruptos de Venezuela, Argentina y Brasil.

Los intercambios de Clinton con las fuerzas armadas y la brutal oligarquía de Honduras condujo al golpe militar contra el presidente electo Zelaya, a la secuela de violencia y a la falsedad de las elecciones para nombrar a un títere sumiso. Dada la campaña gubernamental con escuadrones de la muerte para asesinar a activistas civiles, Clinton obviamente habría querido ocultar su rol directo como organizadora del golpe de Estado. De igual manera, la Sra. Clinton habría querido destruir todas sus comunicaciones con el presidente turco Erdogan sobre las operaciones de inteligencia en apoyo de terroristas-mercenarios musulmanes en Siria e Irak.

Los mensajes de e-mail de la secretaria Clinton probablemente demostraban su respaldo a la brutal invasión saudí de Bahrein y Yemen para suprimir las organizaciones sociales independientes y los rivales políticos de la región.

Pero el compromiso de Clinton hacia Israel, de larga data y a gran escala, supera con creces su discurso público de lealtad y fidelidad a Israel. Toda la carrera política de Clinton ha dependido básicamente del dinero y de la propaganda sionista y de las operaciones del Partido Democrático Sionista.

Clinton, a cambio del respaldo político del aparato de poder sionista en EE.UU., podría haber sido el principal conducto de información confidencial desde EE.UU. hacia Israel; y la correa de transmisión para promover políticas a favor de los intereses de Israel dentro del gobierno estadounidense.

La totalidad del complejo de enlaces y correspondencia entre Clinton e Israel ha puesto en peligro el trabajo de los servicios de Inteligencia, del Departamento de Estado y del Pentágono.

Hillary Clinton le ha dado un servicio extraordinario a Israel, sin escatimar ningún esfuerzo, incluso actuando contra los propios intereses de Estados Unidos. Es extraño que ella haya recurrido a medidas tan burdas, como instalar un servicio privado de internet para desempeñar funciones gubernamentales. Ignoró sin disimulo el reglamento y la supervisión del Departamento de Estado y envió aproximadamente 1300 documentos confidenciales y 22 documentos ultra secretos relacionados con el “Special Access Program” (Programa de acceso especial). Destacó los documentos militares y de inteligencia sobre políticas estratégicas de EE.UU. en Siria, Irak, Palestina y otros regímenes importantes. El reporte del Inspector General indica que “a ella se le advirtió” sobre este tema. Las acciones de Clinton no han sido juzgadas como de alta traición solamente por el dominio único que Tel Aviv e Israel, como la Quinta Columna de EE.UU., ejercen sobre el gobierno y el sistema judicial de Estados Unidos. ¡Es el colmo de la hipocresía que el gobierno de Obama haya enjuiciado y encarcelado a denunciantes de conciencia por hacer públicas sus preocupaciones dentro del sistema de vigilancia del Inspector General, mientras que la secretaria Clinton está en camino a convertirse en presidenta del país!

Conclusión

Muchos de los principales críticos de Clinton, entre ellos dos docenas de exagentes de la CIA, han creado el mito de que la principal infracción de Hillary es su “descuido” en el manejo de documentos oficiales y sus deliberados engaños y mentiras al gobierno.

Estos críticos han trivializado, personalizado y moralizado algo que es en realidad una conducta política deliberada y altamente politizada. La Sra. secretaria de Estado Hillary Clinton no fue descuidada por usar un servidor de internet inseguro. Si Clinton mantuvo una relación política con funcionarios extranjeros de manera calculada usó un servicio privado de internet para la correspondencia con el fin de evitar ser detectada por agentes de seguridad del gobierno de Estados Unidos. Ella le mintió al gobierno de EE.UU. sobre el uso y la destrucción de documentos oficiales porque los documentos eran intercambios políticos entre una traidora y sus interlocutores.

Los 22 reportes ultra secretos del “Special Access Program”, que Clinton tuvo en sus computadora privada, le proveyeron a gobiernos extranjeros los nombres y fechas de agentes y representantes de EE.UU.; permitiendo contrarrestar acciones con el costo de miles de millones de dólares en perjuicios y posiblemente pérdida de vidas.

El Reporte del Inspector General solo se refiere al delito superficial. El FBI ha ido un paso más allá al identificar las conexiones políticas, pero enfrenta obstáculos enormes, puestos por los aliados internos de Hillary, para realizar una investigación delictiva. El puesto de director del FBI es político, y esta agencia ha sufrido una serie de derrotas en sus intentos de investigar y enjuiciar el espionaje a favor de Israel, incluyendo el caso Rosen & Weismann de espionaje de AIPAC y su larga oposición contra la liberación del notorio espía de EE.UU. e Israel, Jonathan Pollard. El poder de los sionistas dentro del gobierno detuvo la investigación de una docena de espías israelíes capturados en EE.UU. justo después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

La decisión de Clinton de mantener comunicaciones privadas y secretas, a pesar de las advertencias que recibió a lo largo de muchos años del Departamento de Estado para que cumpliera con las normas estrictas de seguridad, es un indicio de su base de poder sionista, y no una simple reflexión sobre su carácter egocéntrico o su arrogancia.

Clinton ha hecho circular más documentos ultra secretos y más material clasificado que Jonathan Pollard.

El presidente Obama y otros funcionarios de alto nivel comparten las alianzas políticas de Clinton, pero operan a través de canales “legítimos” y sin arriesgar personal, misiones, financiamiento o programas.

Actualmente, el liderazgo ejecutivo enfrenta el problema de qué hacer con una traidora, que podría ser la próxima candidata del Partido Demócrata a presidente de EE.UU., sin perjudicar el objetivo de poder global de EE.UU. ¿Cómo pueden hacer el liderazgo ejecutivo y las agencias de inteligencia para respaldar como presidente a alguien que espió para un país extranjero? ¿Y que estuvo profundamente comprometida y que podría ser chantajeada? Esto explica las reticencias del FBI, la NSA y la CIA para presentar cargos; las reticencias incluso para investigar seriamente, a pesar de lo descarado de los delitos. Y más que nada, explica por qué no hay ninguna mención a la identidad de los correspondientes de la secretaria Clinton en los diversos reportes hechos públicos hasta ahora.

Como diría Sherlock Holmes: “Estamos entrando en aguas profundas, Watson”.

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