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Los sucesos de Ránquil en 1934. Aquella revuelta olvidada

08 junio 2016

Por: Mingako Pajarraco / Revista Mingako

Fotografía: Rebeldes capturados por las fuerzas del Estado.

Hace poco más de 80 años, entre la fría bruma que rodea la Cordillera de los Andes en la Región de la Araucanía, ocurrió uno de los hechos más sangrientos y desconocidos en la historia de este pedazo de tierra que llaman Chile. Un grupo considerable de campesinos, mapuche y obreros tomaron el destino con sus propias manos y empuñando armas, generaron uno de los levantamientos armados más potentes que pueden ser rastreados en nuestra memoria.

El territorio y los hechos…

Para comprender los hechos debemos situarnos en el terreno que fue escenario de la historia. Hablamos de un sector de la comuna de Lonquimay, situado en el corazón de la cordillera, caracterizado por sus agrestes condiciones climáticas y su difícil acceso en donde la presencia de campesinos y mapuches sobrepasa ampliamente a la de obreros: nos referimos a una zona rural. No está de más recordar que por aquellos años, década del 30, la población rural era mayoritaria frente a la urbana. Como la mayoría de estos territorios, éste se encontraba bajo el poder de grandes terratenientes que, con la complicidad del Estado chileno, habían acaparado la tierra de la zona. Es este problema, el dilema de la tierra, el que desencadena en última instancia el levantamiento, porque sin tierras el campesino y el mapuche están destinados a la sumisión.

Junto con este contexto de explotación, surgen otros acontecimientos que hacen más miserable aún la vida de los habitantes de este territorio. 1934, año de la revuelta, tuvo uno de los inviernos más crudos de la época y también en dicho año mientras se desarrollaba esa crudeza invernal, fueron expulsadas de sus tierras cerca de 64 familias a un lugar yermo que ellos mismos bautizaron como “El Matadero” por el destino irremediable que les esperaba allí: hambre, frío y muerte. Fueron precisamente estas familias, que ya no tenían nada más que perder, las primeras en levantar las banderas de la insurrección en Lonquimay, movimiento que rápidamente se expandió a otros campesinos de la zona, así como a grupos mapuche-pehuenches y obreros que trabajaban en algunos lavaderos de oro del sector y en la construcción de un túnel.

Fue así como los sublevados avanzaron liberando territorio. Los testimonios y la historiografía dan cuenta de que los insurrectos asesinaron a varios carabineros, patrones y encargados de las pulperías, ese maldito sistema salarial de fichas que no sólo funcionaba en las minas del norte. A su camino iban sumando más guerrilleros a la insurrección, recolectando y repartiendo los alimentos acaparados por los explotadores y las armas que antiguamente habían servido a los terratenientes para intimidarlos. El asunto se salió a tal punto de las manos que las fuerzas policiales locales fueron totalmente rebasadas, teniendo que pedir el urgente auxilio del poder militar del Estado. Fue solo ahí, con la llegada de relevantes cuadrillas policiales y militares que el fuego de la insurrección fue apagado. La batalla decisiva se dio en el fundo de Ránquil, en donde la memoria histórica desnuda una de las masacres más horribles que haya perpetrado el Estado chileno.

Las cifras de muertos varían según las fuentes y las ideologías que las nutren. La mayoría de las fuentes historiográficas hablan de al menos 100 muertos, sin embargo es difícil tener claridad al respecto cuando algunos inflan y desinflan esta cifra. Este número no contempla los encarcelados o los que tuvieron que darse a la fuga entre las cimas cordilleranas tratando de pasar a territorio argentino. En cuanto a los participantes, sin tener una cifra totalmente fiable, las fuentes hablan de 400 a 1500 personas aproximadamente.

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Texto escrito por los rebeldes.

Ránquil: ¿Rebelión preparada o espontánea?

En 1933, un año antes del levantamiento, el Sindicato Agrícola de Lonquimay empieza a radicalizar sus posiciones, integrándose a la Federación Obrera de Chile (FOCH) y acercándose naturalmente al Partido Comunista, grupo que controlaba mayoritariamente esta federación.

Más allá de cierta participación del PC, es difícil estimar una gran influencia, esto por su tradición obrerista y urbana que prácticamente tenía nulo trabajo en el campo. Sin embargo, en documentos desclasificados en que el PC chileno daba su visión de la revuelta a sus superiores comunistas de Moscú, se exacerba la idea de que el levantamiento fue planeado y dirigido por el partido. También se manifiestan otros delirios como el supuesto vínculo con grandes facciones del pueblo mapuche para alcanzar la “República Araucana”. El hecho de querer formar una república para un pueblo sin Estado ya dice bastante, pero lo que nos interesa recalcar aquí es que el PC chileno intentó magnificar su participación para congraciarse frente a sus superiores, todo en el tono de la estrategia de la Internacional Comunista de la época, la cual buscaba acrecentar en Latinoamérica las uniones con campesinos e indios para desencadenar la “revolución agraria y anti-imperialista”. Lo tragicómico es que esta postura le duró poco al PC, ya que luego de vanagloriar su participación en la revuelta, se prestó a olvidar cualquier participación en Ránquil, dando la espalda a su anterior discurso. Esto pasó luego de que sus jefes de Moscú cambiaran la estrategia por la de creación de los “Frentes Populares” la cual implicaba la alianza de los Partidos comunistas mundiales con fuerzas políticas moderadas y reformistas; todo para evitar el avance del fascismo y el nazismo. Así, tras este viraje ocurrido en 1935, el PC renegó de su participación en el levantamiento, acrecentando y aportando aún más en el olvido de esta experiencia de revuelta. En los años venideros el Partido dejó de apoyar cualquier tentativa insurreccional llegando incluso a ser parte del gobierno chileno en 1938, cuando el radical Aguirre Cerda ascendió a la presidencia con el apoyo de los comunistas. Definitivamente no hubiera sido bien visto posibles vinculaciones con insurrecciones campesinas cuando se quería ser gobierno.

De forma general, se puede apreciar que más allá de cierta participación de individuos cercanos al Partido Comunista y la FOCH (desde hace poco tiempo además) la organización del levantamiento de Ránquil tuvo orígenes de carácter más espontáneos, como la mayoría de las revueltas agrarias motivadas por el descontento de perder sus tierras, el alma del mundo campesino.

 Conclusiones…

La revuelta de Ránquil es uno de los sucesos de carácter insurreccional más potentes que han ocurrido en la historia del territorio dominado por el Estado chileno, sin embargo duerme en el olvido. ¿Por qué? Creemos que la principal razón consiste en que fue una revuelta llevada a cabo por un sujeto social que no cabía plenamente en los moldes clásicos del sujeto revolucionario identificado por las corrientes de izquierda, comunistas y anarquistas que se corresponden con la del obrero varón proletarizado, urbano e ilustrado. La insurrección fue llevada a cabo por otra clase: el campesinado. Qué decir de la participación mapuche-pehuenche en la revuelta, sujeto social nunca contemplado en la elaboración euro-céntrica de las teorías revolucionarias del siglo XIX. Se puede utilizar la analogía de estos grupos en relación al sujeto femenino que también fue invisibilizado durante décadas por las teorías revolucionarias, formuladas casi exclusivamente por hombres y que tenían al proletario varón como el único prototipo y sujeto revolucionario.

Aunque no podemos generalizar la actitud del PC a todo el campo contestatario de la época, si nos sirve su actitud para evidenciar la postura que han tenido las organizaciones revolucionarias urbanas frente a los campesinos y los mapuche. Vemos así, una utilización a conveniencia, viendo a los campesinos instrumentalmente como un grupo de presión y a los mapuche como una masa étnica proclive a apoyar sus programas y reivindicaciones, o en el caso más penoso como un recurso estético. Sin embargo, más allá de una exacerbación en el discurso por parte de la izquierda: “arriba los pobres del campo” o “viva el pueblo mapuche”; a estos grupos no se les suele reconocer sus particularidades culturales y su forma de vida. No se trata de glorificar a estos grupos, sino entender que lamentablemente para gran parte de los círculos con “intención revolucionaria” estas gentes estarían destinados a desaparecer en la vorágine del progreso y abundancia que traería la sociedad revolucionaria: altamente tecnificada, civilizada, urbana, ilustrada y racional.

Los bárbaros, los atrasados, los campesinos, los indios, los primitivos, los negros, los incivilizados y todos los otros grupos que no caben dentro de los cánones de las ideologías euro-céntricas (más o menos revolucionarias) han estado históricamente invisibilizadas, lo que no quiere decir que hayan permanecido pasivas, sumisas y obedientes. Todo lo contrario, Ránquil es una pequeña muestra de una de las insurrecciones más grandes ocurridas por aquí. Nuestra historia, anclada en un territorio y en un continente específico, guarda en sus entrañas muchas otras rebeliones como esta, las cuales deberían ser parte importante de nuestra memoria, nos toca a nosotros y nosotras desenterrarlos y aprender de ellos. La rebelión puede encontrarse en los lugares más impensados, porque ESTÁ TODO POR HACER Y DESCUBRIR…

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