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Violencia parental: Reflexiones sobre la dominación adulta

10 julio 2016

Yves Bonnardel / les mots sont importants

[Traducido del francés para Boltxe Kolektiboa por Beatriz Morales Bastos.]

La dominación adulta oprime profundamente a los jóvenes. Se sabe que hoy los niños son especialmente vulnerables y viven bajo el dominio de un estatuto del menor que con el pretexto de la protección, les priva del ejercicio de los derechos fundamentales que se les reconocen a los mayores, a losadultos. Este estatuto del menor ratifica de hecho muchas sujeciones y finalmente muchas violencias. La familia es así la institución más criminógena que existe, aunque la escuela también es un ámbito privilegiado de ejercicio de un orden adulto opresivo. El libro de  Yves Bonnardel, La domination adulte [La dominación adulta], recuerda las muchas luchas (normalmente silenciadas) que llevan a cabo los menores contra su condición, contra las discriminaciones basadas en la edad y por la igualdad política. Al darles la palabra pone también en tela de juicio tanto las ideas de infancia y de protección como la de minoría de edad. Se cuestiona además la propia noción de educación. Nos invita de forma inédita a un auténtico viaje revolucionario en el seno de las relaciones adultos/niños del que no sale indemne nuestra visión del mundo. Proponemos un extracto de este libro útil que vuelve a abrir en campo de reflexión cerrado durante demasiado tiempo, un extracto dedicado a la noción del bien del niño que casi siempre acompaña y legitima la dominación adulta.

No insistiré en las violencias que tienen efectos palpables, visibles, que son las que más nos chocan y que de hecho son emblemáticas de la condición de infancia: en efecto, se supone que ahora los castigos corporales están reservados a los niños. Se prohíben y reprimen (al menos teóricamente) para cualquier otra categoría de seres humanos.

Esta violencia física hacia los niños es moneda corriente: azotar, bajar los pantalones, abofetear, pellizcar, arrastrar por la fuerza, tirar de los brazos, del pelo, de las piernas, fustigar, pegar, estrangular, encerrar, aislar, privar del acceso al baño, privar de comida (o de postre, de televisión, de salidas, de dinero de bolsillo…) o, por el contrario, la alimentación forzada… La lista parece infinita 1 . Olivier Maurel detalla igualmente más de setenta palabras populares diferentes que describen modos de violencia hacia los niños. Creo que en ningún otro dominio, aparte probablemente del sexo, se denota semejante inventiva en el vocabulario. Un sondeo de SOFRES realizado en Francia en 1999 para la asociación Éduquer sans frapper [Educar sin pegar] nos da una idea de lo generalizado de la violencia: el 84% de las personas encuestadas pegan a sus hijos 2 .

Cada año en Francia los padres matan entre 400 y 700 menores (es decir, uno o dos al día) 3 e hieren gravemente a varias de decenas de miles. Ponemos de relieve que entre el 93% y 96% de los casos son los padres quienes son responsables de la violencia física, de la crueldad mental o de negligencias graves 4 .

Los niños pertenecen tanto a sus progenitores que estos tienen el derecho evidente a intervenir en sus cuerpos e incluso a mutilarlos 5 , sobre todo si eso permite marcar su pertenencia a un linaje, a una comunidad, a un género, a una religión, etc: pienso en la circuncisión, pero sobre todo en prácticas realmente mutiladoras, como la ablación o infibulación, o incluso en intervenciones médicas a niños intersexuados (para adaptar quirúrgicamente su sexo biológico a la idea que uno se hace de uno u otro sexo). Del mismo modo, algunos padres no dudan en hacer piercings, tatuajes y operaciones de cirugía plástica a sus hijos… Tienen todo el derecho.

En cambio, se supone que hoy existe unanimidad en contra de otros tipos de apropiación de los cuerpos, las violencias sexuales, aunque se conceden muy pocos medios para contrarrestarlos eficazmente. Es una realidad generalizada. En el conjunto de países desarrollados entre el 5 y el 10% de las niñas y chicas adolescentes han sufrido agresiones sexuales por parte de un hombre de su familia; además, todas las investigaciones coinciden en que estos datos están subestimados en relación al fenómeno 6 . En el 80% de los casos son ciertamente los miembros de la familia, padre, madre o padrastro, quienes con más frecuencia son autores de los abusos sexuales. Desde los 4 años los abusos sexuales se convierten en el maltrato principal en el caso de las niñas 7 . Los niños también son víctimas frecuentes, aunque la cantidad sea menor. También en estos casos las consecuencias sobre la vida de las innumerables personas concernidas son muy graves. El fenómeno, descubierto y hecho público por el movimiento feminista, ha resultado ser de tal magnitud que no se puede seguir hablando inocentemente de abusos: es consustancial al poder adulto y muy particularmente patriarcal. Del derecho de propiedad siempre ha derivado el derecho de pernada. Patrizia Romito detallas más muchas estrategias seguidas para exonerar a los hombres de la familia de la violencia y las violaciones:

Resulta que como los hombres violentos eran demasiado numerosos y demasiado normales para ser criminalizados y castigados, se optó por la estrategia que consiste en medicalizar y profesionalizar el fenómeno. Los expertos inventaron a este efecto el concepto de familias incestuosas para encubrir […] la espantosa realidad de los niños violados por su padre 8 .

La autora da otros muchos ejemplos de estas estrategias del silencio. Y lo que se borra no es solo el origen muy mayoritariamente masculino de las violencias, sino también su base muy mayoritariamente familiar. Los medios de comunicación y la opinión pública siguen centrando la atención general y, sobre todo, la indignación en los violadores ajenos a la familia, mucho menos numerosos que aquellos que se llaman los allegados. E indignándose así selectivamente se dispone de algunos árboles para ocultar el bosque. Además, cuanto más violenta es la indignación más parece que se es incapaz de desentrañar las causas estructurales del desastre para centrarse solo en los autores individuales, criminalizados y patologizados. Estos son objeto de una rencorosa puesta en escena colectiva que de buen grado acabaría en linchamiento, mientras que, por el contrario, se protege por medio de una omerta general a los padres o tíos, hermanos, abuelos yamigos de la familia.

Prácticamente nadie piensa en acusar a las estructuras sociales que organizan las condiciones de subordinación (la condición femenina y la condición de la infancia) que son las condiciones previas necesarias de las violaciones y de las violencias. Sin embargo, el patriarcado, es decir, más precisamente en lo que aquí nos concierne, la estructura familiar, y el estatuto del menor, son lo que en este dominio son las instituciones criminales en tanto que garantizan a los abusadores su poder y su impunidad, y privan a las víctimas potenciales de cualquier posibilidad de resistencia.

Si se exceptúa la violencia sexual, muchas otras violencias infligidas se justifican por la educación. De hecho, la casi totalidad de los modelos educativos o pedagógicos predican el recurso a una u otra forma de violencia, y es totalmente lógico. Así, se habla con razón de las violencias educativas ordinarias en la que desde hace poco se incluye, además de las violencias físicas, las violencias psicológicas.

Los adultos hablan de buen grado de castigo, una palabra que sobre todo se utiliza respecto a los niños (los psicólogos, el personal judicial y los trabajadores sociales hablan más bien de sanción cuando mencionan a los adultos). Una palabra para designar las violencias, lisa y llanamente. Sea cual sea la palabra, en la vida de los menores no hay nada más corriente que estos castigos: a decir verdad, en la mayoría de las familias se les castiga con toda la fuerza. Con esta idea de castigo los adultos tratan de legitimar la dominación que ejercen. Los niños pueden cometer faltas desobedeciendo o, simplemente, viviendo (moviéndose, haciendo ruido, levantando la vista, etc.) y su falta atrae un castigo justo. Una retórica propia de todas las dominaciones. En un libro que muy acertadamente se titula Pourquoi faudrait-il punir? [¿Por qué habría que castigar?] 9 Catherine Baker demuestra muy bien que no existe ninguna justificación que se sostenga para la idea de castigo. Su libro solo aborda el castigo a través de la idea de regulación penal de lo social, a saber, lo que se denomina el sistema penal, aunque, por supuesto, sus críticas fundamentales también valen para los castigos ejercidos tanto contra los menores como contra los criminales.

Quien bien te quiere te hará llorar. Eso es también lo que decían (dicen) los maridos a sus mujeres. Un panfleto contra los malos tratos supuestamente dirigido a los niños se esfuerza desde la primera página en pone las cosas en claro poniendo el siguiente epígrafe:

No hay que confundir castigo y maltrato 10 .

Se anticipa inmediatamente a cualquier malinterpretación peligrosa:

Necesitas hablar y ser escuchado. Sabes que un castigo, si está justificado, no es un maltrato. Cuando es justo es una muestra de interés, una prueba de amor.

No se trata de que el niño al que se habla rechace los castigos ni tampoco que esté resentido con sus padres. Una vez clarificado y reafirmado lo esencial, ahora se puede hablar de los malos tratos. El panfleto aprovecha entonces para hablar del artículo 19 de la Convención [de los Derechos] del Niño que, sin embargo, estipula que los Estados partes adoptarán todas las medidas legislativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio (¡sic!) o abuso psíquico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo. ¡Acabamos de ver cómo no solo el Estado sino también las asociaciones de protección de la infancia firmantes interpretan la Convención!

La impregnación en la violencia

No hay nada de misterioso ni de inevitable en la invisibilidad y el silencio sobre las violencias sufridas o ejercidas, todo es cuestión de práctica y, por lo tanto, de lógica y de pedagogía. Lo mismo ocurre con la violencia psicológica y la violencia física. […] Las tortas o azotainas que recibimos de los padres para que aprendamos a escuchar a los adultos y como reacción a una tontería que hemos hecho nos hacen interiorizar desde la infancia la justificación de la violencia. […] El tabú sobre la violencia conyugal se explica por la incomodidad generalizada a la hora de denunciar algo que todos nos hemos acostumbrado a callar y que impide revelar el peso sucesivo de las mil y una experiencias anteriores de silencio, Dorothée Dussy: Le Berceau des dominations. Anthropologie de l’inceste, 2013 11.

La mayoría de los niños evolucionan en un universo punitivo, en un clima de violencia, de sospecha, de amenazas y experimentan cotidianamente una gran inseguridad (desconfianza, miedo y estrés). Como hemos visto, cuando este clima de violencia lo ejerce un marido sobre sumujer las feministas lo analizan como el establecimiento de una (re)presión cuyo objetivo es aniquilar a la mujer para someterla y controlarla. Se concibe entonces como una pieza central de los dispositivos de la dominación. No hay razón por no utilizar el mismo tipo de análisis en lo que concierne a las relaciones adultos/niños. Además, los adultos no lo niegan, seguros como están de tener derecho: a fin de cuentas, todas las justificaciones dadas se resumen en exigir y obtener obediencia, mostrar quien manda y obtener la paz. Esta paz es lo que los alemanes llaman laFriedhofsfrieden: la paz de los cementerios. Es la paz de los dominantes, basada en una pacificacióncuya violencia se banaliza, se invisibiliza. Esta paz es el resultado de una guerra permanente hacia a los niños.

Un movimiento cada vez más importante se pone como objetivo la abolición de la violencia educativa. Así, en Francia el Observatoire de la violence éducative ordinaire (OVÉO, Observatorio de la violencia educativa ordinaria) hace un excelente trabajo de información y análisis. Desgraciadamente, también a este movimiento le cuesta denunciar, más allá de las violencias psicológicas o físicas, más fáciles de condenar, las violencias imputables a las propias instituciones, por el hecho mismo de su existencia. Así, se habla mucho de violencias en la escuela, pero más raramente de violencias de la escuela. Y es que el punto de vista de los menores no es el de los mayores, los intereses de los niños no se corresponden con los de los adultos. Estos últimos son quienes tienen el poder y su discurso es el que se imprime.

Para los niños la violencia en la escuela no es exclusiva de los alumnos, sino que proviene tanto de las instituciones como de los docentes. Para ellos los actos violentos entre alumnos son actos raros. Este discurso difiere del que mantienen los docentes […] 12 .

En todo caso, se está muy lejos de incluir en las violencias educativas ordinarias la más importante, la que hace posible todas las demás: ¿no es la minoría de edad un estado de violencia permanente debido a que priva al no mayor de todo poder sobre su vida? ¿No constituyen las imposiciones que derivan de este estatuto de menor (imposición familiar por una parte, escolar por otra) unas imposiciones gravísimas, que están garantizadas como derechos, pero que, como veremos, son contrarias a los derechos humanos? No podemos dejar de volver sobre estos problemas. También la propia educación, en sí misma, puede difícilmente no ser considerada una violencia. Dedico a esta cuestión un capítulo de este ensayo dado lo mucho que la relación educativa anida actualmente en el centro de las relaciones adultos/niños.

Por último, ¿la discriminación en razón de la edad, en tanto que ideología despectiva y discriminatoria, no es una violencia tanto como el racismo o el sexismo? Es sabido que estos últimos tienen unos efectos destacables sobre el psiquismo de aquellas personas que los padecen en términos, sobre todo, de infravaloración de uno mismo, de depresión, etc. Estos efectos están bien documentados y son los que sufre cualquier categoría estigmatizada, oprimida y dominada 13 .

Lo que hay que poner en tela de juicio son los sistemas sociales y no simples disfunciones en las relaciones interpersonales. Aquí no nos interesa denunciar los abusos ni a unos individuos particularmente odiosos en sus formas de actuar, sino unas estructuras sociales, materiales y mentales. Una ilustración de esta dimensión social la ofrece este tipo de violencia sistemática, generalizada, que viene a coronar a las demás, a terminar el trabajo de demolición emprendido: un niño no puede encontrar ayuda y siempre se queda aislado, sin defensa ni ayuda frente a poder tiránico que padece. Todo el mundo es cómplice del poder adulto, o bien apoyándolo activamente o bien no interviniendo. Debido a ello a las jóvenes víctimas les resulta imposible cualquier solución constructiva o cualquier huida, a menos de sumirse en lo que les parece que es la ilegalidad (y que no es sino la clandestinidad, pero con todos los riesgos que genera 14 ). Alice Miller destaca con insistencia que incluso una solidaridad discreta de un testigo caritativo, incluso una sonrisa leve de connivencia o de contrición puede cambiar enormemente las cosas para la joven persona víctima de las violencias: la manera como se recupere de lo que ha sufrido será a veces totalmente revolucionada 15 .

En lo individual las violencias suscitan un importante sentimiento de injusticia, que no se podrá calmar. Lo más frecuente es que se tenga que renunciar, con un dolor renovado, a la sed de justicia. Hans Zulliger enumera otras consecuencias de las violencias: Resistencia pasiva, secreta o declarada, cólera, furor, odio, sed de venganza, sadismo por una parte, disimulo, hipocresía, actitudes maliciosas y rastreras, miedos malsanos, ideas de muerte y masoquismo por otra 16 .

Las violencias tienen, además, graves efectos a largo plazo:

Cuando el estrés es a la vez elevado, de larga duración y/o repetido en un largo periodo, como es el caso con la violencia educativa física y psicológica, no solo disminuye la resiliencia, la capacidad de resistencia y de acostumbrarse al estrés (y se podría imaginar también que decrece de manera exponencial y no lineal), sino que las reacciones de defensa o de huida dejan de funcionar y se transforman en estrés traumático, con apatía (depresión) y/o violencia destructiva o autodestructiva 17 .

Incluso las llamadas violencias corporales ligeras (azotes, etc.), las que no dejan huellas en el cuerpo, pueden en cambio dejar secuelas psicológicas, según una encuesta canadiense realizada en 2012 con 35.000 personas de veinte años y más 18 . Un argumento que se puede oponer a quienes afirman que un buen azote nunca le ha hecho daño a nadie.

Desde tiempo inmemorial nuestras sociedades se basan en la negación y el rechazo de las violencias parentales, la mayoría de las veces de las violencias paternas.

Unos mecanismos bien conocidos ahora hacen que se silencien o en todo caso se minimicen: represión de las emociones, olvido o negación de las violencias sufridas, para proteger a los padres, por deseo de vivir la propia vida, porque se cree que (a toda costa) hay que perdonar para poder vivir en paz.

La exigencia de perdón que se impone a los niños parece tener unos efectos totalmente destructores:

En estos testimonios aparece claramente que el perdón y la comprensión (en el sentido de que se excusa a los padres sin que uno se conceda el derecho de sentir el sufrimiento padecido, con el fin de liberarse de él) impidieron la curación de estos adultos, les impidieron llevar a cabo la vida que hubieran querido o podido tener 19 .

En efecto, todos los adultos viven con las secuelas psicológicas, pero también físicas, de las violencias que han padecido de niños. Cada vez se sabe tratar mejor estas secuelas, aunque los procesos de curación sean lentos y laboriosos, y aunque la mayoría de nosotros nos quedemos en la negación y no emprendamos trabajo alguno al respecto, con lo que permanecemos presos de esquemas heredados directamente de las injusticias vividas.

Pero no podemos contentarnos con curar las violencias. Lo que es necesario es prevenirlas y no se previenen ni con la represión ni con la moralización, sino eliminando las condiciones sociales que son su terreno abonado.

¿Por qué no nos resulta evidente la injusticia? En efecto, desde hace siglos se priva a los niños de lo esencial del poder que podrían tener sobre sus vidas, se les desprecia y se les domina, oprime y explota. El actual secuestro educativo de los menores es un lejano avatar de su antigua sumisión a su padre. A su apropiación patriarcal para la explotación privada sucedió su apropiación social para la formación general al servicio de la sociedad. La instrumentalización ha pasado de ser particular a ser social. Los tiempos han cambiado, pero la apropiación ha permanecido. Y con la apropiación, la opresión y la explotación. De paso estas se han invisibilizado: los únicos modelos de apropiación, opresión y explotación que se reconocen como tales son precisamente aquellos que hoy han desaparecido casi completamente en nuestras sociedades. Estos términos no se podrían aplicar a la situación que prevalece en nuestros países avanzados.

No obstante, es evidente que los niños están oprimidos: no pueden hacer lo que quieren y deben sufrir lo que no desean. ¡Pero es por su bien! Por eso ya no se puede llamar con justicia una opresión. Por lo que se refiere a ser explotados, desde el momento en que también es por su bien tampoco se puede hablar sensatamente de explotación, sin apenas detenerse en el hecho de que precisamente su bien no está definido por los propios menores, sino por aquellos que tienen poder sobre ellos.

En adelante se supone que el interés del niño se encuentra en el centro del dispositivo familiar:

Artículo 371-1 del Código civil:

La autoridad parental es un conjunto de derechos y deberes que tienen por finalidad el interés del niño. Pertenece a los padres hasta la mayoría de edad o la emancipación del niño para proteger su seguridad, su salud y su moralidad, para garantizar su educación y permitir su desarrollo, en el respeto debido a su persona. Los padres asocian al niño a las decisiones que le conciernen. Según su edad y su grado de madurez.

La noción actual de bien del niño es una noción desencarnada, evanescente, hecha de manera variopinta, fundamentalmente arbitraria. Está desconectada de la realidad de los niños, pero en cambio a los intereses dominantes de la sociedad establecida.

El bien del niño, el interés superior del niño no tienen casi relación alguna con los intereses reales de los niños, sean cuales sean; muy al contrario, generalmente se oponen a ellos. Tanto si se quieren quedar en la cama soñando en vez de levantarse para ir al colegio, como si prefieren jugar a estudiar, decir palabrotas, conducir un coche o lo que sea, las prohibiciones dictadas serían muy difíciles de justificar por su propio bien. Solo se podrá hacer argumentando una especificidad enigmática que haría que el trabajo de los niños fuera innoble mientras que el de los adultos sería normal, que un niño con carné de conducir condujera un coche seguiría siendo peligroso mientras que si lo condujera un adulto no tendría peligro, que jurar sería monstruoso en una boca inocente… El interés superior del niño solo es superior en el sentido de que prima sobre el interés de los niños.

Como la propia noción de infancia, la noción de interés superior es una noción difusa, no definida y general 20 , bien hecha para que parezca investida de una dignidad particular, siempre superior a los viles intereses prosaicos de los niños que realmente existen. Intereses menores, no serios, abstenerse. Por su bien, uno se arroga el derecho de despertarlos o mandarlos a la cama, se deciden los horarios de sus comidas, el tiempo que dedican a la televisión o a los juegos de vídeo, a sus ocupaciones más triviales.

Precisamente unas constataciones de este tipo, que de buen grado se consideran irrisorias cuando se trata precisamente de niños, pero que con toda justicia se considerarían de inmediato absolutamente indignantes si se tuvieran que sufrir como adultos, son las que llevaron a un grupo de niños y adolescentes de Berlín a organizar su lucha contra el estatuto del menor:

Todo empezó con algunas preguntas simples, por ejemplo, ¿tienen derecho los padres a obligarte a ponerte una ropa que tú no quieres ponerte? ¿Cuándo se debe ir a la cama? ¿Tiene derecho un profesor a prohibirte ir al servicio durante la clase? Rápidamente se rellenó todo un cuestionario concerniente a los problemas de los jóvenes. Ocurrió en 1992. El grupo que hizo este trabajo se llamó KinderRÄchTsZÄnker (defensores de los derechos de los niños), con abreviaturas. Desde entonces en la asociación Netzwerk Spiel/Kultur Prenzlauer Berg e.V. existe un proyecto en el que unos adolescentes se ocupan de la igualdad de los seres humanos, con independencia de su edad.

Junto a las injusticias cotidianas a las que se enfrentan muchos jóvenes, se dieron cuenta rápidamente de varios problemas de orden general que conciernen a toda la sociedad: ¿de dónde toman los padres el derecho a dar órdenes a sus hijos? ¿Tiene sentido enviar a los niños a la escuela a la fuerza? […] 21 .

Cuando los niños son todavía pequeños no tienen el mismo dominio que nosotros de los usos sociales, de los usos y costumbres (cómo hablar correctamente, cómo comportarse…) y al no tener experiencia, no siempre comprenden claramente los peligros potenciales. Aún así, eso no significa que no sepan (y muy probablemente mejor que nosotros) lo que es bueno para ellos. John Holt destaca lo siguiente, que me parece fundamental:

La verdad es que no podemos decir de una vez por todas quién, padres, profesores, asesores jurídicos, psicólogos, consejeros de familia, jueces u otros, sabe qué es preferible para un niño. En los dominios importantes nadie lo puede saber mejor que el propio niño. No hace falta tener mucha edad ni ser muy inteligente para distinguir a los amigos de los enemigos, para sentir quién te detesta, es cruel contigo y te perjudica. Cualquier niño de cinco años diferencia entre una maestra buena y una maestra mala. Solo los adultos son lo bastante estúpidos como para creer que, de un modo u otro, la maestra mala hace bien al niño. Los propios adultos no estarían dispuestos a permanecer en compañía de personas que les desprecian y son crueles con ellos, no se lo pensarían ni un instante. Solamente a propósito de terceros y, sobre todo, jóvenes, decimos que el sufrimiento no hace sufrir verdaderamente, que en realidad es benéfico. Ahora bien, un niño tiene tanto derecho como cualquiera de alejarse de todos aquellos que le hacen daño para acercarse a los seres de los que cree poder obtener el bien 22 .

John Holt afirma aquí que en lo que concierne a aspectos fundamentales de sus propias vidas no hay edad de la razón que valga, no hay por qué constatar una capacidad de discernimientoantes de tener en cuenta lo que quieren los niños… Como cualquier persona, son perfectamente capaces de discernir lo que necesitan o no, y de expresar lo que quieren, lo que han decidido 23 . Con toda justicia se confía plenamente en la capacidad de cualquier animal pequeño de reconocer lo que es bueno para él, pero se niega esta confianza a los seres humanos jóvenes.

Negarse a constatar y aceptar que el niño sabe lo que es bueno para él es dominación: Sabemos mejor que él lo que debe hacer, lo que es bueno para él. Aceptar esto sin haber experimentado nunca confianza es burlarse completamente de él. Quienes rechazan la dominación se conceden la posibilidad de asegurarse de que, efectivamente, sus hijos no son ni inválidos ni cretinos. En el peor de los casos carecen de unos conocimientos que si se los aportáramos cuando los necesitan y los piden, esos conocimientos les permitirían tomar realmente unas decisiones con todo el discernimiento necesario.

En efecto, existen casos precisos en los que se puede pensar que fulano no es razonable y corre peligro de poner irreflexivamente su vida en peligro o de herirse gravemente, en que zutano quiere suicidarse por un motivo que desde fuera nos parece totalmente irrisorio (una ruptura amorosa, por ejemplo). Uno también se puede ver llevado a intervenir puntualmente de manera autoritaria ante personas cercanas o ante un desconocido en la calle, sin tener nunca, además, la seguridad de tener razón. Pero, afortunadamente, no se puede generalizar de la existencia de casos particulares: no se ponen estos ejemplos como pretexto para poner bajo tutela a los o las amigas ni a los congéneres, ni para dirigirlos en todo… Estas situaciones siguen siendo excepcionales y con toda justicia se hace todo lo posible para que sigan sién dolo, excepto en lo que concierne a los niños.

Por el bien del niño se le hace trabajar más tiempo durante la semana que un asalariado normal, se le hace llevar unas mochilas tan pesadas y permanecer sentados tanto tiempo que acaban con escoliosis. Como hemos visto, por el bien del niño no se duda en obligarle a permanecer en una familia que le oprime o le destruye , en un hogar desesperante y en una escuela en la que se empobrece. Por su bien se ve obligado a perseguir unos objetivos que no son los suyos, por unos medios que no puede elegir, en unas condiciones de las que generalmente huiría si tuviera la posibilidad de hacerlo; en resumen, está explotado, como lo está cualquier persona cuando debe utilizar su tiempo, su atención, sus fuerzas y sus capacidades en perseguir un objetivo que no es el suyo.

La ficción de un bien del niño indefinido no tiene sentido. Se hubiera que tomarlo en serio, entonces por lo menos habría que definirlo con precisión. Ahora bien, esta noción justifica semejantes ataques a las nociones de igualdad y de libertad (que se supone son los cimientos de nuestra sociedad), ataques que en otras circunstancias serían considerados injustos e indignantes, que deberíamos tenerla muy en cuenta. Tenemos que considerar si realmente este bien del niño” justifica estas derogaciones del derecho común que significan nada menos que privaciones de derecho. Ahora bien, nunca se hacen estas precisiones, la noción de bien del niño nunca se detalla y al ser indeterminada permite todas las manipulaciones 24 . Debido a ello, todo el mundo se contenta con esta ambigüedad: a todas luces, esta noción de bien del niño sirve principalmente para justificar el dominio.

Post scríptum

Este texto es un extracto del libro de Yves Bonnardel, La domination adulte, que recomendamos encarecidamente.

Algunas citas complementarias:

Para Francia la encuesta nacional sobre las violencias hacia las mujeres da, antes de los 18 años, una tasa del 6% de las mujeres que han padecido una agresión sexual (aparte de la violación) y del 3,7% que han sido víctimas de una violación o de un intento de violación antes de la misma edad. Así, el 9,7% de las mujeres francesas antes de los 18 años conocen un abuso sexual sea de la naturaleza que sea. Por lo que se refiere a los hombres, parece que un 4,6% ha conocido abusos de este tipo antes de la edad de de 18 años, André Ciavaldini: Les Agressions sexuelles. Données épidémiologiques générales 25 .

Todos los días, cerca de su casa, un buen padre de familia se acuesta con su hijita de nueve años. O a veces ella simplemente le hace una pequeña felación. O es un tío con su sobrino; una hermana mayor con su hermana menor.. […] Aprovechándose de lo real y de la banalidad de los abusos sexuales cometidos en niños, […] el incesto es estructurador del orden social. […] No es necesario que se cepillen a todos para que el incesto salpique a todo el mundo. […] Cada uno está impregnado, en la cuna, de las relaciones de dominación constitutivas de las relaciones familiares […] En tanto que ejercicio erotizado de la dominación, el incesto es un elemento clave de la reconducción de las relaciones de dominación y de explotación, Dorothée Dussy: Le Berceau des dominations. Anthropologie de l’inceste, 2013 26 .

Una buena campaña contra el incesto debería mostrar a los padres los límites de la intimidad del niño, explicando, por ejemplo, que hay que cerrar la puerta del cuarto de baño durante la ducha, afirma Annie Gaudière, directora general de la organización Allô enfance maltraitée (teléfono 119), en Le Monde de 22 de febrero. Así pues, ¿las llamadas telefónicas recibidas en el 119 revelaban unas situaciones de vida hasta ese punto diferentes de lo que describen las víctimas de incesto que se han hecho adultas como para que Annie Gaudière reduzca el abuso sexual intrafamiliar a una cuestión de una puerta abierta? La encuesta etnográfica y la consulta en medio hospitalario permiten establecer una constatación segura: el abusador abre la puerta, aunque esté cerrada; ocasionalmente la rompe. La mayoría de las veces impide a su víctima toda veleidad posible de cerrar la puerta.

En la intimidad y en la confidencialidad es donde hay que luchar contra el incesto, no creando bombo mediático, afirma también la coordinadora de SOS-inceste-pour-revivre. Por consiguiente, en interés del niño habría que preservar el silencio, la vergüenza, el secreto, que son unos aliados preciosos del abuso sexual.

La vista de estos encartes publicitarios podría bloquear su capacidad de comunicar, afirma por último el vicepresidente de la asociación Enfance et Partage. Hasta la fecha de aparición de estos encartes los niños víctimas de abusos sexuales no se comunicaban más. Las víctimas de incesto no mencionan el incesto en el exterior de la familia y lo mencionan poco en el interior de la familia, en todo caso no lo hacen mientras son niños. Sus hermanos, sus hermanas y las otras personas que cohabitan con ellos tampoco lo mencionan. Ni durante la infancia ni después, cuando cada uno se ha convertido en adulto. Prueba de ello son las pocas denuncias de agresores incestuosos o los pocos careos en proporción a los cientos de miles de agresiones. Muy marginalmente, algunos denuncian los abusos de los que ellos, o algún allegado, han sido víctimas, cuando surge el riesgo de que las agresiones sexuales se reproduzcan en un niño de la siguiente generación, por parte del mismo agresor o por parte de otro. Si se contabiliza un 6% de víctimas de abusos sexuales intrafamiliares, que es lo más bajo de la horquilla propuesta por las encuestas cuantitativas (entre ellas la reciente encuesta ENVEFF), para 60 millones de franceses supone al menos tres millones seiscientas mil víctimas; por consiguiente, es más probable que los agresores se cuenten por millones que por cientos de miles. Ahora bien, según las cifras proporcionadas por Observatoire d’action sociale décentralisée (ODAS, Observatorio de acción social descentralizada), la cantidad de denuncias por abusos sexuales de niños gira en torno a las 5.500 al año de media en los cinco últimos años. Por lo tanto, la suma de todas las denuncias efectuadas desde que el Estado estableció el procedimiento no supera el 1% de la cantidad de víctimas de incesto en Francia. Los niños víctimas de abusos sexuales en su familia se callan porque el silencio que rodea a esta práctica de su vida cotidiana, probablemente acompañada de amenazas, les enseña a callarse 27 .

En noviembre de 2002 Juan Miguel Petit, relator de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, visita Francia en un contexto lamentable: desde hace varios meses algunas madres francesas huyen de su país para ofrecer a sus hijos la protección que la justicia no les proporcionó. Tras esta visita siguieron dos informes, uno preliminar y publicado a finales de 2002, seguido de un informe complementario en octubre de 2003. El relator hace en ellos una constatación triste: Las personas que sospechan casos de agresiones sexuales contra sus hijos y las denuncian corren el riesgo de ser acusadas de mentir o de manipular a los niños concernidos y se les amenaza con procedimientos judiciales o con sanciones administrativas por difamación si sus acusaciones no conducen a la condena del supuesto agresor. Juan Miguel Petit continúa: En cada vez más casos padres separados […] deciden llevar a su hijo fuera de Francia en vez de plegarse a una decisión judicial que […] expondría a la víctima a nuevos ataques sexuales. Sin embargo, desde hace mucho tiempo algunas asociaciones denuncian las disfunciones del sistema judicial francés, Hélène Palma y Léo Thiers-Vidal: Violences intrafamiliales sur enfants: le rapporteur de l’ONU en France, 2004 28 .

El síndrome de alienación parental

Muchos padres violentos y/o abusadores hacen referencia al síndrome de alienación parental y al síndrome del recuerdo falso según los cuales el niño es rehén de la madre durante el periodo de conflicto y de separación, es manipulado e imputa al padre violencias para que este no obtenga la custodia e incluso se le deniegue el derecho a las visitas. Al igual que la imputación de recuerdo falso se trata de una manera de invalidar de forma arbitraria la palabra no solo de la madre, sino de los propios niños. Estos padres reciben el apoyo de expertos que no dudan en mentir descaradamente para apoyarlos y declarar, por ejemplo, que el 90% de las declaraciones de malos tratos sexuales son excesivas 29 . Las consecuencias de estas mentiras son espantosas: Una encuesta hecha en 2004 por el profesor Jay Silverman de la Universidad de Harvard confirma que el 54% de los expedientes de custodia que implicaban violencia documentada vieron confiar la custodia de los niños al agresor y que en casi todos los casos este último alegaba alienación parental 30 . Hoy algunas madres emprenden procedimientos de divorcio tras la revelación de abusos sexuales o de violencias ejercidas contra sus hijos y se ven obligadas por el juez para los niños a conceder un derecho de visita al padre. Algunas que se niegan acaban encarceladas porno presentación del niño. Otras prefieren abandonar el territorio nacional…

Notas

  1. Se puede encontrar una lista muy larga en Olivier Maurel: Oui, la Nature humaine est bonne! Comment la violence éducative ordinaire la pervertit depuis des millénaires, Robert Laffont, 2009.
  2. Ibid., p. 44. El autor expone que en todo el mundo del 80 al 90% de los niños son víctima de violencia educativa, una violencia que adquiere la forma de castigos corporales en ocasiones extremadamente brutales.
  3. Olivier Maurel: Observatoire de la violence éducative ordinaire (http://oveo.org/). No he podido encontrar las cifras de las heridas graves, por lo tanto se trata de una estimación por mi parte.
  4. Éric Bellamy, Marceline Gabel y Hélène Padieu: Protection de l’enfance: mieux comprendre les circuits, mieux connaître les dangers, informe de ODAS/SNATEM, abril de 1999.
  5. Tampoco dudan en matarlos al nacer: se calcula que en todo el mundo faltan unos 60 millones de mujeres, algo imputable a los infanticidios de niñas, esencialmente en India y China.
  6. Patrizia Romito: Un Silence de mortes. La violence masculine occultée, Syllepse, 2006, p. 20.Durante las primeras encuestas realizadas en Estados Unidos, Diana Russel (1999) descubrió que el 28% de las mujeres entrevistadas habían sufrido agresiones sexuales antes de los 12 años, casi todas por parte de hombres del entorno familiar o al menos que formaban parte del círculo de personas cercanas a la familia (op. cit., p. 37) ¿Quiénes son los autores de estas agresiones sexuales a niños y niñas menores? Casi siempre hombres. La proporción oscila entre el 98% y el 83% según la violencia que se haya perpetrado contra niños o niñas. (op. cit., p. 38).
  7. Éric Bellamy, Marceline Gabel y Hélène Padieu: op. cit.
  8. Ibid. p. 20.
  9. Catherine Baker: Pourquoi faudrait-il punir? Sur l’abolition du système pénal, tahin party, 2004.
  10. Maltraiter les enfants, ce n’est pas très humain, [No es muy humano maltratar a los niños] panfleto concebido, realizado, difundido y financiado en la década de 1990 por el ministerio de Asuntos Sociales, de Salud y de la Ciudad, por el ministerio de Juventud y Deporte, por el Comité Francés para de Educación para la Salud, por la Fundación para la Infancia y por Allo Enfance Maltraitée.
  11. Op. cit., p. 36.
  12. Cléopâtre Montandon: De l’étude de la socialisation des enfants à la sociologie de l’enfance: nécessité ou illusion épistémologique?, en Régine Sirota (dir.): Éléments pour une sociologie de l’enfance, Presses universitaires de Rennes, 2006, p. 43.
  13. Simone de Beauvoir: Le Deuxième Sexe, Gallimard, 1949; Frantz Fanon: Peaux noires, masques blancs, Seuil, 1952; Albert Memmi: L’Homme dominé, Payot, 1973 y Le Racisme, Gallimard, 1982; Alice Miller: C’est pour ton bien, op. cit.; Christine Delphy: Classer, dominer. Qui sont les autres?, La Fabrique, 2008.
  14. La fuga no se considera delito pero se supone que la policía debe devolver al menor fugado a casa de sus padre. En otros países europeos no ocurre lo mismo; en Inglaterra a partir de los 16 años,en Dinamarca a partir de los 15 años, en Grecia a partir de los 14 años, en Austria a cualquier edad el menor puede abandonar el domicilio familiar sin autorización de sus padres y no está obligado a volver a él (Pierre Lenoel: La place des enfants dans la société et les droits personnels des mineurs, se puede descargar en la página web del juez para los niños Jean-Pierre Rosenczveig (http://www.rosenczveig.com/).
  15. Alice Miller: op. cit.
  16. La Psychanalyse à l’école, pp. 44-45, citado por Danielle Milhaud-Cappe: Freud et le Mouvement de Pédagogie psychanalytique (1908-1937), Vrin, 2007.
  17. Página web de OVÉO.
  18. Anónimo: Les châtiments corporels légers accroissent le risque de troubles mentaux, página web de OVÉO (http://www.oveo.org/).
  19. Ibid.
  20. Manfred Liebel: Enfants, droits et citoyenneté, op. cit., p. 43.
  21. Pour l’Égalité entre les adultes et les enfants. Recueil de textes du groupe Krätzä, folleto publicado por L’enfance buissonnière (https://enfance-buissonniere.poivron.org/KiOsk).
  22. John Holt: S’Évader de l’enfance. Les besoins et les droits des enfants, trad. Laurent Jospin, petite bibliothèque payot, 1976, p. 190 [Reedición L’Instant présent, 2015].
  23. Un jurista afirma, además, que esta noción de discernimiento no debería significar que el niño dispone del conocimiento de todos los pormenores del asunto, sino que es capaz de formar su propia opinión al respecto, Manfred Liebel: Enfants, droits et citoyenneté, op. cit., p. 43.
  24. El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas critica la noción capaz de discernimiento que da vía libre a la posibilidad de negar a un niño [los derechos estipulados por la Convención Internacional de Derechos del Niño] (Pierrine Robin: Échos du débat français sur les droits de l’enfant y Manfred Liebel: Enfants, droits et citoyenneté, op. cit., p. 41). Pero al Estado francés le importan un bledo las recomendaciones de dicho Comité, tanto en esta materia como en otras.
  25. (http://psydoc-fr.broca.inserm.fr/conf&rm/Conf/confagrsex/RapportsExperts/Ciavaldini.html).
  26. Dorothée Dussy: Le Berceau des dominations. Anthropologie de l’inceste, libro 1, ed. La Discussion, 2013, pp. 11-12. La autora también dirigió la edición del importante L’inceste. Bilan des savoirs, La Discussion, 2013.
  27. Dorothée Dussy y Marc Shelly: Inceste, faut-il réagir ou désinformer?, L’Humanité, 25 de marzo de 2005 (http://www.humanite.fr/node/295808); citado en Sophie Perrin: L’Inceste. Anthropologie d’une entreprise de démolition systématique de la personne – France XXe-XXIe siècle, memoria de máster 1 de antropología dirigido por François Laplantine y Axel Guioux, 2008 (http://sophia.perrin.free.fr/telechargement.htm).
  28. Artículo publicado en el blog de Dominique Ferrières, en Médiapart (http://bit.ly/11R7fhx).
  29. Léo Thiers-Vidal: Ça se passe près de chez vous: des filles incestueuses aux mères aliénantes, en Rupture anarchiste et trahison pro-féministe, ed. Bambule, 2013, p.191; Las famosas alegaciones provenientes de niños son excepcionales, afirman también Michelle Rouyer y Dominique Girodet: Abus sexuels, en L’Enfant maltraité, Pierre Strauss, Michel Manciaux et alii, Fleurus, 1993, p. 257; Jean-Yves Hayez explica lo mismo en Les abus sexuels commis sur des mineurs d’âge; inceste et abus sexuels extrafamiliaux, Psychiatrie de l’enfant, 1992, 14, p. 38 er ss. Según las estadísticas policiales, los casos de fabulación son muy raros y solo suponen aproximadamente el 2%: Roselyne Nérac-Croisier (Collectif), Le Mineur et le droit pénal, L’Harmattan, col. Logiques juridiques, 1998, p. 72; por último Claudia Jankesch: La verdad sale más fácilmente de la boca de los niños que de la del adulto, marzo de 2009 (http://veritelibre.blogspot.fr/2009/06/la-verite-sur-les-allegations-dabus.html).
  30. Sarah Childress: Fighting Over the Kids, en Newsweek, 2007, citado por Jacqueline Phélip:Syndrome d’aliénation parentale et/ou aliénation parentale, en la página web L’enfant d’abord (http://www.lenfantdabord.org/lenfant-dabord/).

Fuente: les mots sont importants

Foto: Niños de localidad de Rafael, Tomé.-

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