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[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: la Patria Grande en el Ojo del Huracán

21 agosto 2016

Por Ruperto Concha

Y bien, hoy finaliza en Río de Janeiro, la primera Olimpíada en tierra latinoamericana. Estados Unidos conquistó 116 medallas, de las cuales 43 fueron de oro. Segunda fue la China, con 70 medallas, 26 de oro. Tercera, Gran Bretaña con 66 medallas, 27 de oro. Y la gran sorpresa, a pesar de los brutales ataques sobre el tema de antiguos casos de doping, que redujeron a menos de la mitad su representación olímpica, Rusia se elevó alcanzando el cuarto lugar, con 53 medallas, 17 de oro. Por encima de Alemania, Japón, Francia, Italia y Austria.

Pero en fin, detrás del atlético encandilamiento, América Latina estaba ganando y perdiendo mucho más que medallas. Partiendo desde México, que alguna vez fue el gran faro de la cultura latinoamericana y que ahora  aparece como una fosa de corrupción, crimen y desesperación.

Pese a su total entrega a las condiciones impuestas por Estados Unidos, su economía ha seguido estancada en proporción similar a la de Chile. Argentina, conducida por un gobierno que está en conflicto con la Corte Suprema que está anulando por ilegales numerosas decisiones del gobierno de Macri, de nuevo se está encontrando al borde de la recesión.

Brasil sigue en plena recesión, agravada ahora por la incertidumbre política. También Ecuador aparece en una recesión más bien leve, en lo que va de este año, el 1%. Perú se da por satisfecho con un crecimiento del 3.7%, mientras que Chile reduce sus esperanzas a un triste 1,5% en 2016.

Paraguay se empina a un 3%. Uruguay está estancado en un crecimiento de sólo el 1%. Colombia alcanzó un 3%.

En Venezuela, la caótica situación política impide prever cifras de crecimiento económico, pero, a pesar del desabastecimiento, el alza del petróleo y medidas comerciales con Colombia hacen prever un año menos malo de lo que muestra la hostil prensa europea y estadounidense. De hecho Venezuela no está en peligro de caer en default.

Las buenas noticias económicas se centran en Bolivia, Panamá y Nicaragua, que se mantienen con un crecimiento por encima del 5%. Panamá, con las rentas del Canal Interoceánico y su agradable media luz para la actividad bancaria. Y Bolivia y Nicaragua, exhiben un desafiante nivel de éxito económico con regímenes de tendencia socialista y gran participación del Estado.

Pero esas cifras no alcanzan a revelar qué es lo que realmente está sucediendo en esta Patria Grande que es Latinoamérica. Bastante mejor diagnóstico y relato es el que nos están ofreciendo varios de los más relevantes economistas del momento, encabezados por los premios nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman, quienes abiertamente plantean que la doctrina de libre mercado apodada Neoliberal, ya está muerta.

De hecho, esos dos economistas norteamericanos, que son las figuras más influyentes en Estados Unidos y Europa, plantean que en estos momentos la economía sólo puede evolucionar positivamente, fíjese Ud., si se la conduce políticamente.

O sea, no es ya el mercado sino la estrategia política la que debe determinar los rumbos. De hecho, ya la politización de la economía ha sido la realidad durante toda la presidencia de Barack Obama, que comenzó con la virtual venta de los cargos políticos a las grandes sociedades anónimas que financian las campañas electorales.

El resurgimiento de una Guerra Fría que enfrenta a Estados Unidos y sus aliados contra Rusia y China y sus aliados, claramente exhibe que no se trata ya de un enfrentamiento ideológico de capitalismo versus comunismo, sino de una lucha por el dominio económico del mundo globalizado, por el avance de las grandes sociedades anónimas.

Esta semana, dos de las más importantes publicaciones estratégicas de Estados Unidos, Foreign Policy y Newsweek,  coincidieron en llamar a medidas extremas de carácter militar de Estados Unidos, como única forma de quebrantar la resistencia de Rusia a aceptar los términos planteados por la economía norteamericana.

Los dos grandes tratados internacionales que intenta imponer Estados Unidos, el Tratado Transatlántico, con Europa, y el TransPacífico, en realidad no contemplan ningún cambio, ningún avance en términos de comercio internacional. Simplemente reiteran los tratados ya existentes. Pero en cambio incorporan atribuciones extremas a las grandes sociedades anónimas, que quedan en posición de imponer obligaciones a los estados, mediante fallos de tribunales arbitrales en que las empresas tienen mayoría. Y ojo, esos fallos son inapelables.

En términos mundiales, esa estrategia de dominio se ha estrellado contra la inesperada capacidad de respuesta y la al parecer habilísima estrategia que han seguido lo que podríamos llamar la “Alianza Anti Hegemónica”, encabezada por Rusia y la China.

En estos momentos, de hecho, alrededor del 40% de las actuales transacciones comerciales en el mundo, ya están realizándose sin hacer uso del dólar. Más aún, esta semana también la prensa económica de Estados Unidos reveló con alarma que son muchos los países que comenzaron ya a vender sus inversiones en bonos soberanos de Estados Unidos.

Para todos los analistas internacionales resulta un hecho innegable que el súbito descalabro del precio del petróleo no se produjo por causas económicas o de producción, no, en realidad, se trató de una decisión estratégica impuesta artificialmente. De hecho muchos suponen que fue una maniobra coordinada por Arabia Saudita y Estados Unidos, apuntada a dos propósitos fundamentales:

Uno, parar el enorme flujo de divisas a los países productores de petróleo y gas natural, que en su mayor parte aparecían desafiando con fuerza creciente al predominio hegemónico occidental. En concreto, Rusia, Irán, Venezuela, Azerbaiján y varios de los nuevos países petroleros africanos.

Y, dos, eliminar la desafiante competencia que estaba haciendo tambalear el predominio de Arabia Saudita sobre el abastecimiento mundial de combustible.

Para ello, Washington aceptó incluso llevar a la quiebra a la mayor parte de las petroleras que prometían convertir a Estados Unidos en gran exportador de combustible fósil, mediante la tecnología del “fracking”.

Ya en mayo pasado se informó que la Casa Blanca había instruido a la banca sobre no ejecutar a las petroleras que se encontraban en situación de bancarrota, sin capacidad de cubrir sus créditos vencidos.

En nuestra América Latina, la brutal caída del petróleo, de más de 120 dólares el barril, a sólo 30 dólares, tuvo un efecto ruinoso para los países petroleros como Bolivia, Brasil, Ecuador, México y, por supuesto, Venezuela.

Pero, junto con la caída del petróleo, la estancada economía occidental llevó además a una caída similar de los precios de las materias primas o “commodities”. Es decir, se desató un fenómeno de empobrecimiento generalizado cuyo efecto natural consistió en debilitamiento de los mercados.

Incluso la gigantesca economía china disminuyó la velocidad de su crecimiento, que de todas maneras se mantuvo por encima del 6% anual, y eso es  una cifra estratosférica cuando se trata del 6% de millones de millones de dólares.

Este empobrecimiento de los mercados dejó a la industria europea en situación de parálisis, y a Estados Unidos en un estancamiento mal disimulado por un discutible crecimiento del 2% y sin poder parar el déficit de su balanza comercial, que aumenta mes a mes su endeudamiento, en cifras del orden de los 40 mil millones de dólares cada 30 días.

En esas circunstancias, ¿qué posibilidades le venían quedando, por ejemplo, a la recién nacida prosperidad industrial de Brasil?

Para países como Argentina, Brasil y México, la crisis de 2008, que sigue sin resolverse, significó un brutal deterioro económico. Brasil en estos momentos perdió la mayor parte de los mercados que había logrado penetrar con su industria. En realidad, ahora Brasil aparece volviendo a la condición de país agrícola, básicamente exportador de soya.

Y lo mismo le ocurrió a Argentina, cuando recién había logrado recuperarse del ruinoso default  de diciembre de 2001 que llevó a la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Para México, la crisis del 2008 ha culminado en  limitar su industria a simplemente cubrir a bajísimo costo, necesidades complementarias de la industria de Estados Unidos.

En fin, coincidiendo con el inicio del gobierno de Barack Obama en Estados Unidos, la totalidad de América Latina sufrió un frenazo que puso bruscamente fin a más de una década de prosperidad basada en los altos precios de las commodities que exportábamos.

Fue un proceso de decepción, de desengaño, y, en general, la opinión pública latinoamericana tendió a culpar a los gobiernos, cada país a su respectivo gobierno, acusándolo de una crisis que, en realidad, era inevitable, aunque, por cierto, también los gobiernos, tanto los más derechistas como los más progresistas, fueron incapaces de encarar.

En términos de estrategia de dominio, la crisis del 2008 abrió para Estados Unidos la coyuntura óptima para tratar de recuperar su posición dominante en América Latina, que durante ya dos décadas y algo más, había logrado un extraordinario nivel de independencia respecto de Washington, a la vez que afianzaba mecanismos regionales para el desarrollo.

Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Venezuela, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Cuba, por supuesto,y las pequeñas repúblicas del Caribe, estaban articulando con bastante éxito instituciones e iniciativas económicas, a partir del Mercosur y el Alba.

De hecho, la situación de Estados Unidos en la OEA apareció penosamente debilitada y particularmente el proceso venezolano, con la Revolución Bolivariana iniciada por Hugo Chávez, había dejado a Washington en situación humillante y sin posibilidad de imponerse como en épocas interiores.

Ya durante el gobierno de Barack Obama, y siendo Secretaria de Estado la actual candidata presidencial Hillary Clinton, Washington retornó a su vieja estrategia que el ex Subsecretario de Hacienda del presidente Ronald Reagan, Paul Craig Roberts, definió como“movilizar la alianza de Estados Unidos con las oligarquías latinoamericanas”.

Como Craig Roberts describe certeramente, Washington invariablemente venía contando con la alianza o la asociación de intereses de las oligarquías financieras y políticas de la derecha latinoamericana. De esas alianzas surgieron sucesivos golpes de estado que eliminaron a los gobiernos democráticamente elegidos, para reemplazarlos por políticos dóciles a los intereses norteamericanos.

Así llegaron al poder los protagonistas de las más repugnantes dictaduras, como la del Tacho Somoza en Nicaragua, la de Pérez Jiménez en Venezuela, la de Fulgencio Batista en Cuba, la de Trujillo en República Dominicana,la de Stroessner en Paraguay.

Y, posteriormente, los golpes de estado que derrocaron al presidente Joao Goulart, en Brasil, a la presidente Estela Martínez de Perón, en Argentina, al presidente Salvador Allende, en Chile, y a los generales Velasco Alvarado y Juan José Torres, en Perú y Bolivia, respectivamente.

Pues bien, en junio de 2009, en Honduras, efectivos militares invadieron a medianoche la residencia del presidente Manuel Zelaya y, sin darle tiempo ni siquiera de vestirse, lo llevaron a un avión militar que lo trasladó a un país vecino.

Fue un golpe militar destinado a impedir que el presidente Zelaya pudiera convocar a un referéndum sobre reforma constitucional y que se ratificara una alianza económica con Venezuela.

Pues bien, Hillary Clinton se negó por completo a calificar la situación como golpe de estado, y reconoció como legítimas las elecciones  que siguieron y que se realizaron a punta de bayonetas.

Tres años después, el 22 de junio de 2012, un golpe de estado civil, aprovechando la mayoría circunstancial en el parlamento, destituyó al presidente Fernando Lugo, de Paraguay, tras un simulacro de juicio en que sólo se le concedieron 30 minutos para responder a un cúmulo de acusaciones que, en conjunto, sólo aducían que el Congreso consideraba que el Presidente no era suficientemente bueno.

También en Paraguay el golpe colocó en el poder a uno de los principales grupos oligárquicos pro estadounidenses, vinculado a las vastas plantaciones de soya transgénica con semillas y químicos adquiridos a la Monsanto.

Siguió luego el escándalo del proceso de destitución parlamentaria contra la presidente del Brasil, Dilma Rousseff, a la que se acusó de delitos y corrupción. Mientras que la Corte Suprema falló exonerando completamente a la presidente Rousseff, y señaló que precisamente son sus acusadores los que están involucrados en delitos y en corrupción, sin embargo el próximo jueves, a las 9 de la mañana, el senado brasilero votará la destitución aun sabiendo que la presidente es inocente.

De aprobarse la destitución, quedaría como presidente interino el vicepresidente Michel Temer, quien aparece también involucrado incluso en un caso de tráfico de centenares de kilos de cocaína, en que se utilizaron helicópteros de uso gubernamental.

Por su parte, la presidente Dilma Rousseff declaró, formalmente, que en caso de ser absuelta por el Senado, ella se propone renunciar y llamar a elecciones anticipadas invitando a la nación a resolver democráticamente la crisis política y hacer una limpieza de la gangrena que ha atacado a la política brasilera.

En Argentina, se ha mencionado la gestión de agentes del Departamento de Estado norteamericano cuya misión habría sido impedir que las fuerzas del peronismo pudieran unierse para mantenerse en el poder. Según filtraciones, el éxito de la gestión de Washington habría consistido en impedir que el candidato peronista disidente, Sergio Massa,pudiera acceder a respaldar al candidato peronista Scioli, en segunda vuelta, ya que el conjunto de votos peronistas superaba abrumadoramente a la votación del derechista Mauricio Macri.

No obstante, llegado el momento, Massa optó por apoyar a Macri, según se dijo, con el propósito de que su facción del peronismo encabezara la oposición al gobierno de Macri, que sin duda sería finalmente desastrosa, y llevase, en cambio, a un retorno triunfal del peronismo excluyendo al grupo de Cristina Fernández de Kirchner.

Por otra parte ayer sábado, en Nicaragua, se dio comienzo oficial a la campaña electoral en que se elegirá presidente y a los 90 miembros del Congreso Nacional. En esta campaña, el presidente Daniel Ortega se presenta a una tercera reelección, llevando como candidata a la vicepresidencia, a su esposa Rosario Murillo.

Por supuesto, la oposición denuncia esa candidatura como un intento dictatorial. Sin embargo incluso en Estados Unidos se acepta el hecho de que el gobierno de Daniel Ortega tiene un respaldo popular enorme, superior al 70%, y se da por descontado que va a triunfar en las elecciones del próximo noviembre.

Bueno, todo esto trae consigo un sustrato muy potente. Ocurre que Nicaragua cuenta con un respaldo total de parte de China y de Rusia.De hecho Rusia ha proporcionado poderosa ayuda militar equipamiento y entrenamiento a sus fuerzas armadas. Además, Rusia tiene en Nicaragua una base de observación electrónica y satelital, que mantiene vigilancia intensa sobre las operaciones en la zona, particularmente las de Estados Unidos

Las relaciones de Nicaragua con Estados Unidos, por cierto son tan malas como las de Venezuela, y la impotencia de Washington también resulta humillante.

Estados Unidos ya ha reconocido que ya no puede ni soñar con una intervención militar contra Nicaragua o Venezuela. Se sabe que las fuerzas armadas de ambos países son completamente leales a sus respectivos gobiernos, y pueden oponer una resistencia lejos mayor que la de Irak, Afganistán, Libia y Siria, y que eventualmente podrán contar también con el apoyo de Rusia y China.

Hablando claro, en estos momentos América Latina, nuestra Patria Grande,  está en el ojo de un huracán estratégico que implica economía, política y fuerzas militares.

La intensidad de este enfrentamiento de estrategias opuestas sin duda afectará nuestro destino durante un futuro que puede ser muy largo… o quizás puede ser tan corto como una guerra nuclear.

¿Logrará resucitar Brasil como miembro del Brics, donde los demás socios siguen triunfando?

¿O quizás nos espere regresar a la condición de patio trasero de Estados Unidos, más o menos igual que ocurre en México?

Sólo tenemos preguntas, incertidumbre.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro.

 

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