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Historias de Coronel: Carlos Hollander, el maestro de la calle La Bombilla

28 agosto 2016

Por Resumen.cl

Este coronelino constructor de misteriosas embarcaciones embotelladas, nació en 1905 en Baviera (Alemania). Llegó al Puerto Mayor de Coronel en 1908, donde se radicó, nacionalizó chileno en 1930 y generó su familia. Su primer viaje como marinero fue desde Taltal a Mozambique, para seguir a Newcastle, en Australia. Surcó los mares del Sur en grandes travesías, cuando Coronel era puerto mayor y las naves de diversas banderas del mundo se veían obligadas a recalar aquí para cargar carbón y vivieres, previamente a la construcción del Canal de Panamá. Esta fue la época de oro del ex puerto minero, con muchos inmigrantes de diversas nacionalidades y los variados consulados instalados en el sector céntrico de la ciudad, de barcos a vela y a vapor, que surcaban los mares al norte salitrero, a la California de la fiebre del oro, a Australia y la vieja Europa.

Como lo describe Pablo Neruda, coleccionista al igual que Salvador Allende de las embarcaciones en miniatura de Carlos Hollander: “Es el perpetuo descubrimiento del mundo lo que él (Carlos Hollander) vuelve a recrear con deslumbrante humildad. Sus embarcaciones embotelladas continúan cambiando de rumbo, de su espuma marina (…) Son pocos los hombres que aún realzan estos milagros infinitamente admirables y pequeños.”

El Astillero de Hollander era su único mueble junto a la cocina a carbón. Allí, en madera de lingue elaboraba en forma completamente artesanal las miniaturas. Réplicas a escala de diversas naves que atracaron en el puerto mayor de Coronel.

Hoy Coronel, de puerto mayor, pasó a ser una ciudad que ni siquiera tiene vista al mar. Si su majestuosa Estación de Ferrocarriles, donde estaba la administración del Ferrocarril del Carbón, fue convertida en una vulcanización durante la anterior administración de René Carvajal, hoy, durante la administración de Leonidas Romero, la antigua Aduana de la época del Puerto Mayor, como el ex edificio de telégrafos, fueron convertidos en estacionamientos de automóviles. En ese proceso grotesco de destrucción de patrimonio, identidad y memoria, la “calle La Bombilla” también perdió toda su esencia. De calle ciega, se abrió al centro de la ciudad lo que sin duda impactará en la vida de quienes allí habitan, los vecinos del ya fallecido maestro Hollander.

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Bibliografía:

Colección “Nosotros los chilenos”, serie “Como trabajamos”, “Carlos Hollander, el navegante de la calle la bombilla” Alfonso Alcalde, Editorial Quimantu, 1971.

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