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Perú: “Los derechos humanos son una cojudez”

01 agosto 2016

 “las estadísticas nos dicen que hay abortos de las niñas, pero no es que hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como que en un escaparate, provocando” Cardenal peruano Juan Luis Cipriani

Daniel Mathews / resumen.cl

Los lectores habituales de Resumen sabrán de antemano que la frase no es nuestra. Despreciar los derechos humanos no es nuestro hábito, más bien al contrario. Menos aún si alguna vez nos toca ser autoridad moral en una comunidad afectada por el terrorismo de un grupo fanático y el terrorismo de Estado al mismo tiempo. Como Ayacucho, Perú, en la década del 80. Ahí donde Juan Luis Cipriani fue Arzobispo.

Cuando monseñor Cipriani llegó a Ayacucho, ese departamento se debatía en la más grave conmoción política de la historia contemporánea. Con mucha habilidad y con el apoyo de Fujimori, Cipriani se hizo dueño del departamento. Son testigos de esta afirmación todos los jefes de las reparticiones públicas de Huamanga. Durante diez años no se nombró a nadie en Ayacucho que no tuviera el visto bueno del arzobispo. Todos los presidentes del Gobierno Regional fueron digitados por él. Los congresistas, los alcaldes y los regidores de la época fueron escogidos por él. Monseñor Cipriani gozaba del favor palaciego, entraba cuando quería al palacio de Pizarro. Y era, lógicamente, recibido con bombos y platillos en los cuarteles. A su turno Cipriani correspondía bendiciendo las armas cada vez que Fujimori visitaba Ayacucho. Era tanta la confianza entre ambos que Fujimori le pidió al arzobispo que colaborara en la recuperación de la embajada del Japón. Y él aceptó. Su actuación volvió a sembrar serias dudas.

Pero Cipriani no estaba contento con ser Arzobispo, quería ser Cardenal. Y no por gusto era amigo del dueño del país. Así que a Cardenal llegó. Su función es dirigir el rumbo de la Iglesia Católica. Ver que se respete la moralidad dentro de la Iglesia es fundamental. Pero en ese terreno parece un poco “descuidado”. Desde el 2011 las investigaciones de Pedro Salinas y Paola Ugaz han puesto al descubierto que en el Sodalitium Christianae Vitae se considera una cojudez los derechos sexuales de sus víctimas, perdón, quise decir de sus fieles. Los dirigentes de este grupo católico, German Doig y Luis Fernando Figari, están acusados no de una sino de muchas violaciones.

Los sodalicios no son poca cosa dentro de la Iglesia. Tienen el colegio San Pedro, el colegio Villa Cáritas, la Universidad San Pablo en Arequipa, el colegio Santa María de Chincha, el cementerio Parque del Recuerdo y si chequeas en el libro encontrarás la cantidad de otras entidades que tienen, proyectos inmobiliarios multimillonarios en Piura, donde el arzobispo es del Sodalicio y es amigazo del cardenal Juan Luis Cipriani.

El Cardenal también tiene su programa de radio. Y lo último que ha dicho es realmente grave: “las estadísticas nos dicen que hay abortos de las niñas, pero no es que hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como que en un escaparate, provocando”. Nótese el giro de la frase, comienza hablando de niñas y termina con mujeres. Debemos entender entonces que para Monseñor niñas y mujeres son iguales y la violación no es más ni menos grave en uno u otro caso. Pero, además, son ellas, las niñas y mujeres, las culpables de la violación. Si ellas no provocaran los varones, incluso los sodalicios, se portarían bien.

Felizmente no son pocas las que le han salido al frente. Incluso la Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Ana María Romero-Lozada, fue clara en el tema. “En un país que ocupa el tercer lugar en el ránking mundial de violaciones sexuales, una declaración de esta naturaleza no merece solo mi rechazo como mujer sino también como ministra”, dijo. Agregó que, según información del Reniec, cuatro menores de entre 11 y 14 años se convierten en madres cada día en el Perú. En total son unos 1.500 casos al año.

Esto ha fortalecido la convocatoria a una marcha para el 13 de agosto en defensa de los derechos de la mujer, que organiza el colectivo “Ni una menos”. Uno de los objetivos de la marcha, cuentan las organizadoras, es lograr romper ese temor a la denuncia  y que las mujeres hagan visibles los actos de violencia que sufren. De hecho, ya muchas se han animen a denunciar abusos y maltratos, tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación. La esposa del presidente y la Ministra de la Mujer asistirán a la marcha, pero las organizadoras están claras en que no se dejará que esto sea para sacar provecho político del asunto.

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