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Porqué los latifundistas no son agricultores. Análisis y breve estudio de caso

31 agosto 2016

Por: Andrés Fonseca López

Confusión mediática

Ya sea por falta de rigor –y esperamos que sea eso- o por falta de ética –quisiéramos que no-, en los medios masivos nacionales se suele utilizar erróneamente la palabra agricultor para referirse a quienes son en realidad latifundistas. ¿El contexto? El conflicto que tiene al Estado chileno, latifundistas y empresas forestales, enfrentados a las comunidades mapuche que se encuentran en procesos de recuperación de tierras. Es decir, los grandes medios están confundiendo conceptos clave en un escenario extremadamente delicado. El uso de tal o cual palabra en tan sensible contexto puede modificar drásticamente el contenido del mensaje comunicacional, alterando la percepción que el público de esos medios tiene acerca de dicho conflicto.

Tal vez como trauma de su exilio hacia los polos urbanos durante la migración campo-ciudad desde fines del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX, en el imaginario colectivo chileno, la figura del agricultor suele estar asociada a la pobreza campesina. Imagen bastante certera de la realidad cuando las cifras señalan que la pobreza rural alcanza un 25,4% contra un 11% de pobreza urbana [1]. Nada sorprendente cuando la rama de actividad “Agricultura, caza y silvicultura”, sector en el que se concentran muchos de los empleos comunes en zonas rurales, es una de las que menos reporta ingresos a sus trabajadores [2]

Por todo ello, con un ánimo pedagógico, en este breve documento quisiéramos indagar en las diferencias que hacen de los conceptos “agricultor” y “latifundista”, dos cosas muy distintas. Si bien este saber puede ser común en el mundo rural, en Chile esa población alcanza apenas un 13% [3]. Es decir, la mayoría de la gente habita en el espacio urbano y por ello no está necesariamente familiarizada con la jerga del campo o las categorías de la sociología agraria. A raíz de esto, resulta sencillo distorsionar el juicio de un sector importante de la opinión pública mezclando, como reza un adagio ramplón, “peras con manzanas”.

Para comenzar esta distinción, trazaremos una genealogía de la palabra agricultor. Luego elaboraremos una tipificación del agricultor existente actualmente en Chile. Finalmente aplicaremos lo aprendido en un breve estudio de caso que nos permite establecer, con un ejemplo concreto, el enorme contraste entre un latifundista y un agricultor.

Palabras y números (o etimología y estratificación)

Etimológicamente el término “agricultor” proviene del latín agricola. En esa palabra, agri significa “campo de cultivo” y cola proviene del verbo colere que quiere decir “cultivar y habitar”. Luego, en castellano, tor, de agricultor, es el sufijo agente que indica “el que hace agricultura”. Por su parte, también en castellano, la Real Academia de la Lengua Española define agricultor como “Persona que se dedica a cultivar o labrar la tierra”.

Reconocemos que el lenguaje no es algo estático; puede cambiar con el paso del tiempo. Lo que antes significaba una cosa, con los años puede significar otra. Por otro lado, no cabe duda de que la agricultura de hoy es muy diferente a la del mundo antiguo que origina la palabra latina. La modernidad ha conocido el latifundio, la revolución verde, la agroindustria y más recientemente los llamados agronegocios –expresión rural del tránsito desde el capital productivo al capital financiero [4]. Sin embargo, es persistente, tanto en el latín como en la definición de la RAE, la idea de que el agricultor es quien trabaja la tierra de manera directa, con sus propias manos. En ese sentido, para el caso chileno, ambas definiciones describen de manera exacta a aquellas personas que denominamos trabajadores agrícolas y, en alguna medida, a los pequeños agricultores. Veamos el caso de los primeros.

En gran parte del país, las actividades de siembra, cuidado y cosecha de los cultivos están a cargo de los trabajadores agrícolas. Algunos permanentes, otros eventuales; en predios hortofrutícolas o, por extensión, en faenas forestales, los trabajadores agrícolas hace tiempo que han venido experimentado un proceso de modernización de la mano de la tecnología y nuevos regímenes laborales. Asalariados, dependientes y altamente precarizados, tienen su expresión tradicional en la temporera o temporero, así como en el obrero forestal. Bajo estas modalidades de trabajo, en cierta manera constituyen un proletariado rural antes que un campesinado tradicional. Mas estas “nuevas” condiciones laborales no han modificado sustancialmente la relación directa de estos hombres y mujeres con el trabajo de la tierra. Son ellos y ellas -especialmente ellas- quienes con sus manos cortan la fruta para después envasarla, también con sus manos, en la línea del packing. En ese sentido, actualmente son estos trabajadores y trabajadoras quienes encarnan con mayor exactitud la definición de agricultor.

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Ahora bien, bajo esta definición también podemos incluir al denominado “pequeño agricultor”. En sentido estricto, el pequeño agricultor, al no ser un asalariado y poseer una pequeña propiedad es, se entiende, un propietario. No obstante, debemos matizar. La superficie de las propiedades de los pequeños agricultores suele ser, como es de suponer, de reducido tamaño. Así, no son pocas las ocasiones en que la explotación del terreno se realiza por parte del grupo familiar de manera directa. Es decir, con reservas, aquí también hemos encontrado un agricultor.

Desde una perspectiva técnica, el criterio que utiliza el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) para filtrar a los usuarios de su sistema de beneficios puede ser una buena herramienta para delimitar entre agricultores pequeños y grandes, ya que esta oferta de ayudas está focalizada en el o la “pequeño/a productor/a agrícola o campesino/a”. A continuación los criterios.

Requisitos para ser usuario(a) de Indap

1.- Explotar una superficie menor o igual a 12 hectáreas de riego básico, cualquiera sea su régimen de tenencia.

2.- Sus activos no deben superar las 3.500 U.F. (Por ejemplo: bienes inmuebles)

3.- Sus ingresos deben provenir principalmente de la explotación agrícola.

Fuente: http://www.indap.gob.cl/servicios-indap/usuario-indap

Cabe mencionar que así como en el caso de los modernos trabajadores agrícolas podemos hablar de una suerte de proletariado rural, en el caso de los pequeños propietarios que explotan su reducido terreno junto a su grupo familiar, la actividad laboral que desempeñan es, en la práctica, una forma de autoempleo como la de los trabajadores por cuenta propia.

¿Agricultores con 294 hectáreas? Estudio de caso.

Dicho lo anterior, podemos remontarnos a un caso concreto de confusión mediática en el que, por un deber ético, es necesario establecer la distinción entre latifundistas y agricultores.

El año 2014, luego de un largo proceso reivindicativo, las comunidades Ignacio Queipul Millanao y Autónoma de Temucuicui consiguieron que la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) adquiriera y traspasara a dichas comunidades, los fundos La Romana, Montenegro y Nilontraro, hasta ese momento propiedad del “agricultor” René Urban. Las comillas en la palabra agricultor son para subrayar que medios como 24horas.cl [5], La Tercera [6] o Biobiochile.cl [7], entre otros, abordaron este hecho noticioso refiriéndose de ese modo al Sr. Urban. Pero vayamos a las cifras.

Los tres predios de este “agricultor” sumaban 294 hectáreas. Ese número supone por lo menos 24 propiedades de pequeños agricultores si nos atenemos a los criterios definidos por el Indap. De hecho, la entrega de tierras benefició a 30 familias de -en este caso si es correcta la etiqueta- agricultores mapuche. Además, según informaba el diario La Tercera, la compra del terreno fue por un monto de 1.209 millones de pesos, es decir un poco más de 50.000 Unidades de Fomento de la época (valor referencial UF junio 2014: $24.000). Cifra que revela un patrimonio en activos bastante superior a las 3.500 Unidades de Fomento (menos de 100 millones de pesos) que el INDAP establece como tope para ser considerado un pequeño agricultor.

Cuesta imaginar a una persona de avanzada edad trabajar de manera directa casi 300 hectáreas. Y efectivamente el sr. Urban no lo hacía, como se registra en un reportaje de la Revista Qué Pasa del año 2009 titulado “Viaje al corazón de la guerra mapuche” [8] En el artículo se señala que “Antes tuvo 30 trabajadores y 300 vacas. Hoy sólo 56 vacas y 7 trabajadores”, por lo que en esa fecha si bien realizaba algunas labores de menores como “cargar los fardos y arrear los terneros en su camioneta”, de plantar, cuidar o cosechar: nada.

En definitiva, ni en términos etimológicos ni desde la perspectiva de sociología del trabajo, René Urban era un trabajador del campo. Tampoco era un pequeño agricultor, según los criterios del INDAP. René Urban era un propietario de grandes extensiones de tierra y empleaba trabajadores agrícolas para explotarlas. Urban era entonces un latifundista, esto es alguien que posee un latifundio. ¿Y qué es un latifundio? Acá va la definición que dieron Sevilla Guzmán y Giner durante el IV Congreso Mundial de Sociología Rural:

“Gran explotación agraria cuya influencia sobre la comunidad en que está inserta consiste en una forma local de dominación de clase que crea un sistema de relaciones de dependencia en la misma. El sistema de dominación se establece entre los propietarios de la tierra y los trabajadores asalariados a través de un conjunto de clases de servicio que operan a modo de correas de transmisión entre el primero y el segundo grupo.” [9]

Ahora que sabemos que hay una palabra para referirnos con precisión a los dueños y patrones del mundo rural, atrevámonos a utilizarla cuando corresponda.

 

Andrés Fonseca López es Licenciado en Filosofía y Diplomado en Políticas Sociales, Pobreza y Territorio en América Latina. 

Artículo publicado originalmente en Estudios del Trabajo www.estudiosdeltrabajo.cl

 

 

Referencias:

1 RIMISP (2015). Nº 2 Factores territoriales e individuales tras la persistencia de la pobreza rural. Disponible en: http://rimisp.org/wp-content/files_mf/1428670649columna_casen_02.pdf

2 Fundación Sol (2015). Estudio desposesión salarial en Chile: Gráficos dinámicos. Disponible en: http://www.fundacionsol.cl/2015/09/desposesion-salarial-chile/

3 (3) Instituto Nacional de Estadísticas (2010). Compendio estadístico. Estadísticas demográficas. Disponible en: http://www.ine.cl/canales/menu/publicaciones/compendio_estadistico/pdf/2010/1.2estdemograficas.pdf

4 (4) Gras, Carla (2013). Agronegocios en el Cono Sur. Actores sociales, desigualdades y entrelazamientos transregionales, desiguALdades.net Working Paper Series 50, Berlin: desiguALdades.net International Research Network on Interdependent Inequalities in Latin America: 10-11

5 24 Horas.cl (2014). Comunidad Temucuicui confirma traspaso de tierras. Disponible en: http://www.24horas.cl/nacional/comunidad-temucuicui-confirma-traspaso-de-tierras–1301465

6 La Tercera (2014). Conadi traspasa fundos de René Urban a comunidades de Ercilla por $ 1.200 millones. Disponible en: http://www.latercera.com/noticia/nacional/2014/06/680-584202-9-conadi-traspasa-fundos-de-rene-urban-a-comunidades-de-ercilla-por–1200-millones.shtml

7 Biobiochile.cl (2014). Carabineros levanta protección de fundos de familia Urban en Ercilla tras compra de Conadi. Diponible en: http://www.biobiochile.cl/noticias/2014/06/26/carabineros-levanta-proteccion-de-fundos-de-familia-urban-en-ercilla-tras-compra-de-conadi.shtml

8 Qué Pasa (2009). Viaje al corazón de la guerra mapuche. Disponible en: http://www.quepasa.cl/articulo/politica/2009/09/19-743-9-viaje-al-corazon-de-la-guerra-mapuche.shtml/

9 Pérez Yruela, Manuel (1978). Notas para la construcción de un concepto sociológico del latifundio. En Revista de Estudios Agrosociales Nº. 105: 92

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