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Cicletadas y caminatas por la memoria del “11”: nuevas formas de apropiación territorial y poética del espacio

15 septiembre 2016

por: territorioinkieta.wordpress.com

¿Qué significado tiene el 11 de septiembre hoy?

Con esta pregunta, algo de frío y todas las ganas, el micrófono de RadioInkieta salió a recorrer las calles de Santiago para registrar la diversas manifestaciones que se dieron lugar en distintos puntos de la capital conmemorando una día que se ha instalado en el presente de nuestros recuerdos para espejear a un país que sigue viviendo conforme a la constitución que se trazó durante la dictadura y que sólo ha hecho de la justicia una mercancía.

Como un rito cada vez más olvidado, la romería en el Cementerio General parece año tras año dejarnos entre las tumbas con la misma pregunta ¿Éste año sí que vino menos gente o no? La sensación compartida después de la tradicional marcha parece ser de desorientación más que de pérdida y dolor, nos cuesta salir del cementerio una vez terminada la liturgia, a pesar de ir hace más de una década al mismo espacio. De todos modos nos perdemos y encerramos a tal punto que este año la contra marcha (que en palabras de sus organizadores no era una marcha a contra corriente o en contra de algo o alguien, aunque literalmente eso fue: hicieron el recorrido inverso) dio luces innegables de la decadencia del rito. El deslavamiento y desgaste de una manifestación apropiada por una memoria de tour, consumo y panfletos, nos deja en la incertidumbre de cómo situarnos para producir los símbolos que hablen por la época actual, conscientes del continuo temporal, político e histórico que nos une a eventos de exterminio y genocidio.

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A pesar de este manto que cubre y envuelve como poncho a la romería, ese manto de caudillismos estilo Allende y toda su política socialdemócrata que nos dejó desarmados frente al enemigo, a pesar de los rojos cada vez más grises del PC, a pesar de pesares, aún sobreviven, paralelamente, iniciativas que se apropian del territorio de la memoria con relatos que enuncian los problemas de conciencia de nuestra generación, como por ejemplo las numerosas organizaciones feministas y de mujeres las cuales han historizado la crítica antiautoritaria desplazando la mira desde el capitalismo hasta el patriarcado, o el colectivo Lemebel que junto a otras intervenciones performativas han cogido el arte-acción politizando espacios con otros lenguajes que contagian y tensan el lugar con la intención de remover esa repetición monótona que hace de un acto de memoria histórica un rito descontextualizado.

¿Qué es lo que queremos recordar?

Ante la incertidumbre (que para bien bota todo referente añejo) en que nos ha dejado la romería durante su recorrido, es que la urgencia por la producción de un espacio-tiempo nuestro se ha ido materializando en la necesidad de generar otro tipo de acciones, acciones que este año abrieron nuevas rutas para que la memoria transite visibilizando un sinfín de acontecimientos que tuvieron lugar entre las calles de La Pincoya, Barrio Yungay, Conchalí y Villa Olímpica entre otros.

A eso de las cuatro de la tarde del día domingo, un grupo de alrededor de 100 personas se dio cita en las calles Santos Dumont con Av. Recoleta para dar inicio a una cicletada que se extendería por 8 puntos de la zona norte de Santiago, encontrando su primera parada a las afueras del regimiento Buin, ubicado en la calle El Salto.

Regimiento con aspecto de casona colonial que fue creada a inicios del siglo XIX y empleada como sitio de detención y tortura por parte de nuestros valientes soldados durante los años 73 y 74. Espacio que junto a Tejas Verdes de San Antonio, Escuela de Artillería de Linares, Regimiento Tucapel de Temuco y Regimiento Tacna, aparece como uno de los centros de tortura que cuenta a su haber con la mayor cantidad de crímenes cometidos durante la dictadura. En su segundo piso se encontraban las oficinas de Víctor Echeverría, coronel del ejército que se mantiene en total impunidad frente a los delitos de lesa humanidad en los que participó activamente. Otro hecho relevante que se vivió en este lugar, dice relación con el caso de Michel Sleim Nash Sáez, quien con 19 años de edad cumplía con su servicio militar para 1973. Michel, se negó a empuñar las armas contra el pueblo que juró defender, por lo que fue llevado hasta el centro de detención de Pisagua en donde terminó siendo fusilado por la espalda.

Con la mirada impávida de los milicos apostados en las afueras, la cicletada continuo su recorrido para llegar hasta la esquina de Emiliano Zapata con Av. Recoleta, lugar en donde cayó abatido a inicios de los noventa Julio Eyzaguirre, joven de 24 años perteneciente al Movimiento Juvenil Lautaro quien murió en una acción de recuperación de mercadería por las balas disparadas esta vez durante el inicio de la democracia.

Cuando ya eran cerca de las 6 de la tarde aproximadamente, nuestro recorrido llegó hasta Pedro Donoso 582, punto en donde se acribilló a 7 de los 12 muertos que componen el sangriento cuadro de la matanza del Corpus Christi. Un compa declama las siguientes palabras: “Operación Albania, invierno del 87, falsos enfrentamientos, 12 jóvenes asesinados en dictadura, dictadura del mercado. Democracia, operación paciencia, verano del 2006, asesinatos en el wallmapu, nuevamente falsos enfrentamientos. La dictadura asesina, la democracia también, la memoria de ayer se va entremezclando con los hechos de hoy, la memoria de ayer va naciendo nuevamente en el presente de hoy ¿Qué ha pasado durante todos estos años? ¿Qué ha pasado con nosotros? ¿Por qué nos cuesta tanto organizarnos? ¿Por qué es que estamos acá? ¿Qué es lo que realmente queremos recordar? ¿La derrota? Siete jóvenes entre 20 y 29 años acribillados con más de 10 balazos a corta distancia, todos al igual que nosotros con ganas de vivir ¿que hace que jóvenes entreguen su vida? ¿Que hace que el pueblo se levante y luche contra una dictadura? ¿Que hace que el pueblo no se alce hoy contra una democracia asesina y corrupta? Cabe preguntarse también que estarían haciendo si vivieran José, la Ester, la Eri, Ricardo, Patricia y Manuel que estarían haciendo hoy, (…) es importante invocarlos y traerlos aquí. Sí, aquí, con nosotros (…)

Con estas palabras retumbando en un incesante eco que viaja y disputa el conocimiento de nuestro pasado, el futuro de ese pasado, es que continuó nuestro recorrido, nuestro ejercicio de memoria activa y producción espacial, nuestro ejercicio de búsqueda, a tientas en un campo oscuro. Oscuro pero entre compañerxs. Nos subimos a las bicicletas y seguimos.

A esa misma hora, pero por las calles de la Villa Olímpica y poblaciones aledañas (Rebeca Matte, Cruz Gana, Exequiel Gonzalez y Villa Canadá) , se comenzaba a mover un grupo de alrededor de 800 personas que se congregaron para realizar una caminata por la memoria, esa que inevitablemente se va llenando más de olvidos que de recuerdos, pero que al invocar nuestra historia investida de afectos nos hace sentirnos parte de algo, nos sitúa y le entrega un lugar a la historia, una geografía o un territorio, territorio que durante el recorrido de la caminata de lxs vecinos y vecinos de Ñuñoa y sus alrededores se agrupó bajo 4 conceptos. Resistencia, Genocidio, Despojo y Organización.

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Simultáneamente, pero entre los barrios que componen el casco histórico de Santiago, es que otra cicletada por la memoria alumbraba lugares como el hospital San Juan de Dios, el INBA, la Quinta Normal o el puente Bulnes, este último, lugar de fusilamiento del sacerdote Juan Alsina.

Calles y esquinas de una ciudad que en cada porción de su extensa anatomía guarda o encierra un evento particular, una acción de lucha digna y apoyo solidario o una situación de mentira y muerte que niega y borra esa razón que dice invocar y proteger el Estado moderno, que insiste y porfía en que el mapa de nuestra región se compone de carreteras del primer mundo, puertos multicolores con terminales de gas y un progreso en plena expansión.

Pero si en el resplandor de una imagen resuenan los ecos del pasado lejano y de su emparentado presente, podemos ver hasta qué punto nuestra memoria puede repercutir o extinguirse, amplificarse en las bocas de otras/os o callar entre el mundanal ruido de una ciudad que se estrella contra sí misma al ingresar a los vagones del metro o en el hacinamiento de los dormitorios en las poblaciones.

Creemos que en la repercusión, en la resonancia de los eventos es que se encuentran las verdaderas medidas de un paisaje que recrea sus propias imágenes, y que componen el canto de una ciudad que violentamente se ha expandido a punta de migraciones y marginación, procesos simultáneos y violentos de segregación espacial y represión, los cuales han distribuido desigualitariamente el territorio y que componen la sonoridad de una historia que se debate entre dos fuerzas antagónicas y en pugna.

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Estos ejercicios de memoria práctica, son más que un simple reconocimiento de lugares vinculados a eventos específicos, las caminatas y cicletadas cumplen la misión de un real principio de integración psicológica con la ciudad, en la medida en que llenamos los espacios de recuerdos y relatos, ya sean sufridos o gozosos, espacios que ponemos en juego por medio de la acción y que nos abren un campo fértil hacia la imaginación y producción de una ciudad a nuestra medida, a la medida de nuestros recuerdos y anhelos apropiándonos de todos los tiempos para hacer estallar el nuestro en acciones que tengan valor universal y local, que hablen por sí mismas, para re-significar la atmósfera mental de la época, refrescar nuestros recuerdos que a todas luces tienen un valor actual y tejer esa red que nos muestra infinitamente más numerosos que esa minoría que gobierna con el cerebro repleto de grasa y la ambición del dinero como único norte.

Sentimos que en la sorpresa de encontrarnos con estas acciones, extendiéndose y dispersándose por diversos puntos de Santiago, es que logramos la soberanía sobre un territorio en donde el poder que ejerce el estado chileno sobre él se jacta de ser total. En esa afectividad espacial que brota del compromiso y la acción es que ejercemos el control politico de un tiempo-espacio y construimos otro paisaje en la misma esquina de siempre, que se abre como una hoja llena de pliegues a la hora de escarbar en su historia y hacer emerger significados olvidados que están en directa sintonía con lo que hoy vivimos.

Referencias bibliográficas

Gastón Bachelard, La poetica del espacio, 1957, Fondo de Cultura, Mexico.

Milton Santos, La naturaleza del espacio, tecnica y tiempo, razón y emoción. 1997, EditorialAriel, Barcelona

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