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[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Huracán Global

09 octubre 2016

Por Ruperto Concha

Bajo esa figura de caricatura terrorífica que mostraron los satélites, el huracán Mateo, o Matthew, como dicen los gringos, parecía un ente diabólico que se nos venía encima con muy malas intenciones.

A su pasada por Haití, el Huracán Mateo dejó un saldo estimado de 336 muertos, 4 desaparecidos, medio millar de heridos y varios millones de desamparados. Algunas versiones hablan de más de 800 muertos, pero el gobierno está lanzando advertencias sobre lo que llaman el “Negocio Humanitario”, que busca provocar horror para que los países ricos hagan grandes donaciones de ayuda, que en gran parte van a parar a los grandes bolsillos de funcionarios y ONGs corruptas.

¿Se fija Ud?… La corrupción, la codicia de dinero, ha llegado a ser despiadada al extremo de disfrazarse de caridad. Como decía mi amigo Octavio Cavada, la corrupción tiene estómago de buitre. No le hace asco a ninguna inmundicia.

La semana comenzó el domingo pasado con las elecciones municipales de Brasil y dos plebiscitos significativos. Uno, en Hungría, donde el pueblo se pronunciaría sobre obedecer o no las imposiciones del gobierno de la Unión Europea, que es burocrático con pretensiones tecnológicas, pero no surge de elecciones democráticas. En ese plebiscito, el 95% de los votos, una mayoría tan abrumadora como fue la del pueblo de Crimea en el plebiscito para reunificarse a Rusia, en Hungría votó por desacatar a la Unión Europea.

Sin embargo, a pesar de esa mayoría abrumadora, el plebiscito húngaro quedó anulado porque la abstención fue superior al 50%.

El otro plebiscito fue el de Colombia, para aprobar o rechazar el acuerdo de paz alcanzado por el gobierno del presidente Santos y la dirigencia del ejército guerrillero de las FARC.

Bueno, lo que ocurrió el domingo pasado en Colombia dejó a todo el mundo con un palmo de narices y sin entender nada.

En Colombia, la brevísima campaña electoral del plebiscito fue una muestra de la extraordinaria habilidad política de la derecha que encabeza el ex presidente Alvaro Uribe, y del penoso atolondramiento del gobierno y los guerrilleros.

Por una parte, el contenido exacto de los acuerdos de paz, era desconocido para la inmensa mayoría de la gente, pues las negociaciones habían sido secretas y no habían sido discutidas en público en ningún debate. O sea, ese desconocimiento dejaba a la mayoría de la gente a merced de lo que les mostrara la TV, la radio y la gran prensa, que está completamente controlada por la derecha, partidaria del No.

Los estrategas de la campaña del No, sin embargo, estaban conscientes de que el Sí tenía todo a su favor para ganar el plebiscito. La prensa internacional aplaudía el acuerdo, y resultaba inconcebible que el pueblo colombiano le dijera que No a la paz.

Por su parte, las encuestas revelaban que el Sí tenía un apoyo verdadero en la opinión pública superior a los dos tercios del país.

Entonces la campaña del No dividió su propaganda en dos grandes segmentos aparentemente contradictorios. Uno fue el segmento periodístico, supuestamente informativo, que se enfocó precisamente a magnificar aún más ventaja del Sí, aunque, a su vez, enfatizaba supuestos contenidos de socialismo ateo que según ellos ocultaban los acuerdos.

El otro segmento apuntó provocar miedo y resentimiento en los sectores más conservadores y de más bajo nivel educacional del público, fundamentalmente coordinando con los grupos evangélicos que afirmaban que el Sí traería consigo un gobierno ateo y marxista, que iba a legalizar los matrimonios homosexuales y el aborto, y que entregaría enormes recursos del estado a los ex guerrilleros, especialmente mediante una Reforma Agraria.

Con esa campaña, el No consiguió inducir a la idea de que el triunfo del Sí estaba ya asegurado y que no valía la pena ir a votar. En cambio, el sector más conservador, más asustado y más organizado, acudiría masivamente a los lugares de votación.

Y bueno, esa estrategia funcionó perfectamente. El No efectivamente logró reunir el volumen de votos que anunciaban las encuestas. Pero el Sí se encontró con que la brutal abstención, del 63% de los electores, había derrumbado su opción de triunfo. El No ganó, aunque sea por un margen ridículo, del 0,43% de los votos. Pero eso fue suficiente.

La participación de los evangélicos fue decisiva para el triunfo del No, pero los mismos dirigentes de ese sector religioso admitieron que no habían votado en contra del acuerdo de paz, sino en contra de una política que consideraban perversa para la moral y la familia cristiana. De hecho señalaron que, si se corregían los temas de igualdad de género, matrimonio homosexual y aborto, ellos votarían sí, en una nueva instancia.

Por su parte, la Iglesia Católica se abstuvo de apoyar resueltamente el Sí, pese a que el Papa Francisco se había expresado en su favor. Y, en cuanto al compromiso de entrega de tierras mediante una Reforma Agraria, ello correspondía a la restitución de sus tierras a los más de 5 millones de campesinos que han sido obligados a vender a precio vil sus predios, bajo presión de los militares y bajo la angustia de las guerras y los combates guerrilleros.

Incluso en información entregada por la propia BBC de Londres, cuya tendencia es claramente neoliberal, se admite que los carteles de narcotráfico de Medellín y Cali, incluyendo al legendario Pablo Escobar, habían invertido sus ganancias ilícitas en compra de tierras. Y ello, por supuesto, con ayuda de los paramilitares que aterrorizaban al campesinado.

La postura de Estados Unidos y la Unión Europea, reforzada por el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos, inmediatamente después de la derrota del Sí, fue un mensaje inequívoco de que el acuerdo de paz va a tener que ser ratificado cuanto antes, y que la victoria del No, de ninguna manera puede entenderse como un triunfo de la ultraderecha encabezada por el ex presidente Alvaro Uribe.

En cuanto a la amnistía total a los guerrilleros, que parece enfurecer a la derecha colombiana, bueno, ésa es precisamente la que hace posible que también se otorgue amnistía total a los paramilitares y a un número impresionantemente grande de miembros de las fuerzas armadas de Colombia.

Según la misma BBC de Londres, miembros de las fuerzas armadas llegan a ser alrededor de un tercio de los implicados en crímenes de extrema gravedad, incluyendo asesinatos y torturas, además de narcotráfico.

Obviamente, en Colombia se aplicaría la misma amnistía total que permitió poner fin en Brasil a la dictadura militar.

En cuando a las elecciones municipales de Brasil, se confirmó nuestro análisis anterior respecto de que el pueblo está eventualmente dispuesto a perdonar a un adversario vencido, incluso si ha sido brutal y criminal. Pero, en cambio, no perdona con facilidad a los líderes que lo han decepcionado por no cumplir con sus promesas o por traicionar a los anhelos de la gente.

El PT, Partido de los Trabajadores, sufrió una amarga derrota, y su representatividad cayó a los niveles que tenía antes de la victoria de Lula da Silva en 2003.

Pero también fue brutalmente derrotado el Partido Movimiento Democrático Brasilero, el PMDB, del presidente no electo Michel Temer, que encabezó el golpe parlamentario y la destitución de la presidente Dilma Rousseff.

De hecho el PMDB perdió incluso su postulación en Río de Janeiro, que había sido su principal bastión electoral. Los partidos ganadores corresponden al espectro tradicional, Partido Laborista, Partido Socialista, Partido Social Demócrata y los partidos de centro derecha.

El nuevo gobierno ya duplicó el déficit fiscal, que alcanzó los 53 mil millones de dólares, tiene una cesantía que ya superó el 11%, con 12 millones de cesantes, y la recesión económica del Brasil superó el 7% negativo.

Por supuesto, el violento deterioro económico ha repercutido en creciente violencia social, unida a una corrupción generalizada que ahora aparece involucrando también a sectores de la policía uniformada en alianza con los carteles de narcotraficantes que dominan las favelas o barrios pobres.

Las llamadas “milicias” de las favelas actúan en combinación con organizaciones formadas a través de oficiales y suboficiales en retiro de las fuerzas armadas y de la policía uniformada, quienes se encargan de vincular y coordinar las operaciones de alianza de los narcotraficantes con los llamados “parapolicías”.

En la campaña municipal que culminó el domingo pasado, estas alianzas cobraban, fíjese Ud., un promedio de 40 mil dólares como tarifa para permitir que los partidos políticos pudieran realizar actos de campaña y propaganda en las favelas o en barrios controlados por las “paramilicias”.

De hecho, sólo en el barrio de la Baixada Fluminense, que tiene más de dos millones de habitantes, en la última campaña electoral fueron asesinados más de 20 funcionarios municipales, ediles, alcaldes y candidatos.

Claramente, un huracán, un empuje tempestuoso está haciendo tambalear las instituciones en América Latina, y su expresión más notoria es la corrupción, la venalidad que permite que la avidez de dinero pueda traducirse en quebranto de la justicia y en brutalidad sobre la gente.

En Estados Unidos, la creación de empleos nuevamente fue muy inferior a lo que se esperaba, y el Fondo Monetario Internacional rebajó a sólo un 1,6% las esperanzas de crecimiento económico de EEUU en 2016.

En términos reales, en estos momentos, sin excepción, todas las economías del mundo están dependiendo de que China siga siendo capaz de mantenerse como la locomotora que mueve al resto del mundo. Y precisamente por eso, los economistas siguen lanzando lúgubres profecías sobre lo que pasaría si también la economía China se paralizara.

Por suerte, o por eficacia, China ya superó realmente sus dificultades, y aparece muy sólida con su moneda nacional, el Yuan, convertida ya oficialmente en alternativa internacional del dólar.

Pero en el Oriente Medio y el Sudeste Asiático, sigue soplando fuerte el huracán político mundial, donde se ha agudizado a niveles extremos el enfrentamiento estratégico de Estados Unidos y sus allegados contra la alianza oriental encabezada por Rusia y China.

En estos momentos, las fuerzas armadas de Estados Unidos han sido notificadas de estado de alerta para entrar en combate en cualquier momento.

Para Estados Unidos, ya aparece inocultable el derrumbe de su prestigio imperial, una vez que, por ejemplo, el presidente Duterte, de Filipinas, se permitió sacarle la madre al presidente Barack Obama, y luego, ahora, ha dado por terminadas todas las operaciones conjuntas de alianza militar con Estados Unidos, comenzando con los patrullajes conjuntos y desafiantes que estaban programados para hacer en el Mar de la China.

Pero, pese al estridente desafío de Filipinas, que era uno de los más importantes puntales de la soñada alianza anti China, Washington sigue afirmando que no hay de qué preocuparse y que la alianza con Filipinas es muy sólida, es indestructible.

En Siria, Rusia arrinconó a Estados Unidos advirtiéndole que no tolerará que tropas de la OTAN ataquen al ejército de la República Siria. La situación ha sido muchísimo más grave de lo que se había dado a conocer hasta ahora. De hecho, ya se confirmó que misiles Kalibr lanzados por buques rusos desde el Mediterráneo han aniquilado no sólo fuerzas rebeldes vinculadas al terrorismo, sino también a un alto número, fíjese Ud., de asesores e instructores militares, de otros países.

Esos ataques incluyen la muerte de 30 oficiales del ejército de Israel, que estaban en calidad de instructores de los rebeldes en la parte occidental de Aleppo. Los servicios de inteligencia de China, Irán y Rusia, señalan que hay entre 5 y 7 mil militares estadounidenses, israelíes, franceses y británicos, colaborando con los rebeldes contra el ejército sirio, aunque esas fuerzas aparecen como personas empleadas por empresas privadas, con carácter de mercenarias, no miembros de los ejércitos de los países respectivos.

Según informó la publicación estadounidense Infowars, el gobierno de Barack Obama y el alto mando del Pentágono, no fueron capaces de exponer ante el Senado en qué consistiría el Plan B de Estados Unidos frente al ultimátum ruso. Eso, simplemente porque no existe un Plan B.

La pregunta más racional que se ha generalizado, en realidad es una pregunta doble. Por un lado, se pregunta: ¿Están los estadounidenses tan locos como para arriesgar una Tercera Guerra Mundial por Aleppo?

A ello, la respuesta es: Pareciera que no, pero podría ser que sí.

La segunda pregunta es: ¿Están los estadounidenses tan locos como para desatar la Tercera Guerra Mundial en un intento de conservar su estatus “Nación Indispensable y Rectora del mundo, etcétera, etcétera?

A ello, la respuesta es sí.

Es sí, porque si pierde del todo sus atribuciones imperiales, Estados Unidos se hundiría bajo el peso de una deuda de billones y billones de dólares que no tiene cómo pagar.

Así, pues, el huracán Mateo de la política Mundial puede provocar un cambio tan grande, que nos dejaría ante un futuro que nadie podría reconocer.

Pero, al menos, como un buen augurio, sabemos que el huracán de viento, ese Mateo Matthew, ya perdió la mayor parte de su potencia y ahora es sólo un vendaval desagradable.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro.

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