[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Un líder para bien o para mal
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[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: Un líder para bien o para mal

13 noviembre 2016

Ruperto Concha / resumen.cl

Pues bien, mis apreciaciones del domingo pasado una vez más resultaron correctas. En las elecciones de Nicaragua, el llamado a la abstención para negarle legitimidad a los comicios fue casi absolutamente ignorado por la ciudadanía. De hecho, hubo una participación record del 67% de la ciudadanía.

De ellos, un 72% favoreció la reelección del presidente Daniel Ortega. El segundo lugar lo obtuvo Maximino Rodríguez, el ex Comandante Cero de las guerrillas de la Contra, quien sumó el 14% de los votos. O sea, tres veces más de lo que había previsto la encuestadora estadounidense Gallup.

Y en cuanto a la supuesta inconstitucionalidad planteada por la oposición, contra la reelección de Daniel Ortega, el caso ahora apareció ratificado también por Honduras, donde, con visto bueno y la bendición de Washington, se aprobó que el presidente Juan Orlando Hernández pueda presentarse a la reelección el 2018, en los mismos términos en que fue aprobado el caso de Nicaragua.

Otra elección muy relevante del domingo pasado fue la de Bulgaria, donde el candidato socialista, general Rumen Radev, resultó vencedor en la primera vuelta, y, en estos momentos, está compitiendo estrechamente, el día de hoy, en la segunda vuelta con la candidata derechista Boryana Dimitrova. Lo interesante de esta elección es que el socialista Radev es considerado “pro-ruso” y ha declarado que la política de beligerancia contra Rusia es enfermiza y dañina tanto para Bulgaria como para toda la Unión Europea.

Por su parte, la derechista Dimitrova participa en la línea dura en contra del gobierno de Bruselas, y postula el cierre de fronteras para impedir nuevas inmigraciones masivas. O sea, ambos candidatos anuncian conflictos para la Unión Europea.

Pero, ciertamente, el tema de fondo, en este momento, es la impresionante victoria del candidato republicano Donald Trump, con 274 votos electorales contra 229 de Hillary Clinton.

Fuera de esa derrota, el Partido Demócrata perdió también la mayoría que conservaba en el Senado, y con ello el nuevo Presidente Donald Trump contará con el formidable respaldo político de ambas Cámaras del Congreso Federal, y, el de la Corte Suprema de Justicia.

Ayer, el analista sueco-estadounidense Peter Thal Larsen, de la agencia informativa Reuters, recordaba cómo la elección del martes pasado en Estados Unidos coincidió con la misma fecha en que, hace ya 27 años, fue derribado el Muro de Berlín y Alemania quedó reunificada.

Aquel 8 de noviembre fue el momento en que la supremacía de Estados Unidos sobre el planeta parecía quedar consumada. Y en este 8 de noviembre aquella supremacía “consumada”, ¿está quedando “consumida” como un festín que no terminó bien?

El analista se pregunta si el triunfo de Donald Trump está marcando el esfumarse del Nuevo Orden Mundial Americano. Peter Thal Larsen admite que todavía es demasiado pronto para medir hasta qué extremo seguirá contagiando la política aquella oscura, enconada y desintegradora campaña electoral que durante meses se vació encima de la mente de los estadounidenses.

Esa campaña que el propio Secretario de Estado, John Kerry, llegó a calificar como vergonzosa y humillante para la inteligencia y los valores ciudadanos de los Estados Unidos. Pero, como fuere, al margen del tono catastrófico que se le ha dado a la victoria de Donald Trump, son los hechos y el programa mismo del nuevo presidente los que dejan en claro que la Era de predominio mundial de Estados Unidos está llegando a su fin, y esto tendrá profundas consecuencias para la convivencia internacional y la economía global.

Todo el aparato económico, político y estratégico imperante está sostenido por el poderío militar de Estados Unidos que se proyecta a través de la OTAN y de la cadena de tratados de alianza militar con otros países relevantes como Japón, Australia y Arabia Saudita.

Pero ahora ya el propio presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, el viernes pasado admitió que Estados Unidos no seguirá siendo el súper protector de la seguridad de Europa. Que Europa tendrá que aprender a defenderse por sí misma. Textualmente señaló: “es necesario retomar el estudio sobre un sistema de seguridad, e incluso, sobre la creación de un Ejército Europeo independiente de Estados Unidos”.

La brutal y abrumadora campaña publicitario-noticiosa que se lanzó contra Donald Trump en realidad logró que un número increíble de personas supuestamente cultas y bien informadas, terminaran creyendo que el candidato republicano era una especie de advenedizo ridículo, estúpido e ignorante. Y que su programa de gobierno era demencial.

Se le acusó de plantear construir una muralla sellando la frontera entre Estados Unidos y México, olvidando que esa muralla ya existe en gran parte. Fue iniciada por el presidente demócrata Bill Clinton en 1994, y fue continuada por los presidentes George Bush y Barack Obama. Y en 2006 el Senado de los Estados Unidos, con mayoría demócrata, aprobó con 83 votos a favor y sólo 16 en contra, el presupuesto para continuar la obra, amurallando los principales pasos fronterizos.

En todo caso, sobre todo, se procuró satanizar a Donald Trump presentándolo como un militarista agresivo que podría precipitar la Tercera Guerra Mundial. En el hecho, le atribuyeron a él unas supuestas intenciones guerreras que en realidad son precisamente las que la candidata demócrata Hillary Clinton proclamó intensamente durante toda su campaña: Crear una zona de prohibición de vuelos sobre Siria, similar a la que llevó al bombardeo de Libia en 2011, y el envío de tropas de la OTAN a combatir en territorio sirio para derrocar al gobierno de Basher Assad. O sea, Hillary Clinton estaba proponiendo exactamente iniciar en Siria la Tercera Guerra Mundial.

Entre las reacciones más histéricas ante el triunfo de Donald Trump, se cuenta nada menos que la del embajador de Francia en Estados Unidos, Gerard Araud, quien lanzó un twitter desgarrador en que decía, escuche Ud., “El mundo se está derrumbando ante nosotros. Se siente un vértigo, ahora cualquier cosa puede suceder”.

Bueno, después de haber despachado ese escandaloso twitter se dio cuenta el señor embajador de la aberración diplomática que acababa de cometer, y borró su mensaje. Pero, para su desgracia, ya varios centenares de personas lo habían recibido. Es muy posible que la carrera diplomática del señor Gerard Araud se haya derrumbado ahí mismo.

Los dos días siguientes, miércoles 9 y jueves 10, la prensa controlada por las transnacionales se convirtió en una caja de resonancia de lamentos muchas veces histéricos por el triunfo de Trump. La agencia noticiosa Deutsche Welle, del gobierno alemán, durante dos días se cubrió de titulares injuriosos y calamitosos, presentados en términos que parecían ser la opinión editorial de esa agencia, o sea, del gobierno alemán.

El miércoles 9, un grueso titular de la Deutsche Welle gemía “La victoria de Trump es la peor de las catástrofes”. Otro de sus titulares decía que no hay que creer en el discurso conciliador con que Trump confirmó su victoria, ya que, según el diario Tagezeitung de Berlín, “Trump prometió el odio, y cumplirá”. Otro portal alemán, el Spiegel, afirmó que Donald Trump es fascista, y que se le nota en su peinado y en los gestos que se le ven en las fotos. O sea, es un fascista porque es ridículo, tan ridículo como Hitler y Mussolini.

La periodista Barbara Wesel, también de la Deutsche Welle, dice que lo impensable ha ocurrido y Donald Trump fue elegido presidente y ahora Europa está sumida en la incertidumbre y vive el final de una era.

Al menos una periodista alemana tuvo un enfoque más positivo: Uta Thofern, quien señala que el triunfo de Donald Trump trae consigo el destape de hipocresías, prejuicios y falacias, y por ello puede proporcionar, quizás, un impulso de unión entre las naciones latinoamericanas.

La mejor reacción periodística de Alemania fue la del diario Lübecker Nachrichten, mencionando que la primera ministro Angela Merkel ya estableció contacto directo con Donald Trump proponiéndole una colaboración estrecha en la política internacional, y ello podría llevar a un replanteamiento de la diplomacia occidental hacia Rusia, con lo que las tenebrosas nubes militaristas podrían dejar paso a un rayo de esperanza.

¿Cómo es en realidad Donald Trump?… Por cierto, es un enigma. Según analistas políticos de izquierda, como Luis Figuera, del sitio venezolano y chavista Aporrea.com, Trump ya demostró durante su campaña ser un consumado estratega militar, capaz de utilizar incluso el huracán de la prensa injuriosa que se ensañaba contra él, para calar más hondo en los sentimientos del sector que lo estaba apoyando.

Donald Trump es master en economía y en antropología, por la Universidad Wharton, de Pensylvania, y entre sus logros concretos se cuenta el haber rescatado de la ruina la empresa de bienes raíces de sus padres, convirtiéndola en una de las más prósperas de Estados Unidos.

El jueves 10, el presidente en ejercicio, Barack Obama, se reunió en él en la Casa Blanca, para iniciar el proceso de transferencia presidencial. Se había previsto que esa primera reunión durara una hora. Pero se extendió hasta 90 minutos, en lo que Barack Obama calificó como una excelente y cordial conversación sobre una amplia gama de asuntos incluyendo los grandes temas de la política internacional y la política interna.

Ya el sábado, el diario New York Times, el más virulento en sus ataques contra Trump durante la campaña, ahora mostró un ostensible cambio de tono, llegando a admitir que, bueno, claro, se habían cometido algunos errores lamentables en el trato que le habían dado. Incluso, ahora las fotografías de Donald Trump lo muestran como una persona agradable, en actitud y porte presidencial, contrastando con las fotografías anteriores en que lo mostraban eligiendo siempre las tomas más desagradables y más chocantes.

Incluso el comentarista económico del New York Times, Premio Nobel de economía Paul Krugman, eludió referirse a la política económica que se perfila durante el nuevo gobierno. Dice Krugman que no es serio ni es correcto hablar de que haya una crisis inmediata o que implique peligro de crisis a corto plazo. Pidió, en cambio, tiempo para hacer un análisis en el futuro, bien fundamentado.

Sin embargo, el mismo Krugman se aleja de su especialidad de economista y se suma al coro de los agoreros, adivinos, profetas y profesionales de la conjetura, anunciando que seguramente el gobierno de Trump tendrá efectos perniciosos para Estados Unidos durante varias generaciones. Eso, por según él, Donald Trump tiene… “instintos autoritarios”.

Dos de los más prestigiosos analistas independientes de Estados Unidos, Paul Craig Roberts y Eric Zuesse, coinciden en señalar una serie de coincidencias entre las posiciones de Donald Trump y las de Bernie Sanders, el candidato progresista que fue traicionado y bloqueado por el Partido Demócrata para favorecer en cambio a Hillary Clinton.

Básicamente, en sus discursos de campaña, Trump y Sanders coincidieron en su propósito de eliminar enérgicamente la brutal desigualdad, y la concentración enorme de riqueza y de poder en manos de una élite que ha reemplazado a la democracia por una plutocracia oligárquica. Y eso, según las más serias encuestas de opinión, es lo que fervientemente desea el 75% de los ciudadanos. Y no sólo eso: La misma proporción declara estar esperando que surjan líderes resueltos, fuertes y comprometidos para realizar esa tarea.

Según Craig Roberts, Hillary Clinton fue derrotada porque se le vio como agente de la oligarquía, y su propia malévola campaña mediática contra Donald Trump finalmente se volvió en contra de ella. Según él, los grandes medios noticiosos y propagandísticos ya claramente perdieron su eficacia ante un sector mayoritario de la gente. Ahora, señala, habrá que ver si Trump logra formar un equipo de gobierno para recuperar los puestos de trabajo en Estados Unidos, y establecer relaciones amistosas, pragmáticas y respetuosas con los demás países, particularmente con Rusia, China, Siria e Irán.

Rusia, por su parte, ha reiterado su voluntad de restablecer relaciones diplomáticas eficaces y válidas con Estados Unidos, pero, según el portavoz del Kremlin Dmitri Peskov, nadie en Rusia espera que vaya a producirse muy pronto una restauración sana de las relaciones con Estados Unidos.

No obstante, la gente de Rusia y sus gobernantes han asumido muy seriamente la afirmación de Donald Trump de que su gobierno buscará, textualmente… “negociar limpiamente con todos, con todos, con todas las gentes y todas las naciones, buscando un encuentro común, sin hostilidad, una asociación y no un conflicto.” Oiga, esas fueron las palabras de Donald Trump, no antes, sino después de haber alcanzado la victoria.

La CNN publicó el jueves un listado de las primeras veinte medidas que el gobierno de Trump intentará aplicar durante los primeros cien días de su gobierno. De partida, esas medidas apuntan a combatir enérgicamente el apernamiento de los políticos, la formación de redes poco transparentes que generan oligarquía de poderes fácticos y corrupción financiera, y el traspaso de fondos de gobiernos o instituciones extranjeras para financiar campañas políticas en Estados Unidos. Prohibirá el traspaso de funcionarios de gobierno al área privada para prestar servicios de lobby, o sea, gestión política en favor de empresas.

Retirará el apoyo de Estados Unidos al TPP, con lo que ese mega tratado queda en la práctica difunto, y renegociará el tratado comercial con México y Canadá, o bien, si no hay acuerdo, se retirará del mismo.

Eso tuvo enorme impacto en los sindicatos estadounidenses, después del escándalo de la Volkswagen, que amenazó a sus trabajadores con cerrar sus instalaciones en Estados Unidos y colocarlas en México.

Con ello, bajarían los sueldos, reducirían sus costos a menos de la mitad y luego venderían los autos dentro de Estados Unidos, en virtud del tratado. O sea, el mercado estadounidense pagaría las ganancias adicionales de la Volkswagen, sacrificando a los trabajadores estadounidenses.

Respecto de los inmigrantes ilegales, anuncia que de inmediato deportará a dos millones de ellos que se encuentran presos por delitos de cualquier índole. Estos deportados serán despachados a sus países de origen donde sus respectivos gobiernos tendrán que hacerse cargo de ellos.

Pero las medidas mundialmente más objetadas son las referentes a los acuerdos internacionales para la lucha contra el cambio climático. De hecho, Trump anunció que no seguirá haciendo aportes financieros y que, por el contrario, eliminará las restricciones al uso de combustibles fósiles, aunque exigiendo, claro, la aplicación de tecnologías anticontaminantes. Esto, sobre una estimación de que con ello se crearán empleos que pagarán 50 mil millones de dólares en salarios.

Pero en realidad este tema, es amargo e inquietante, y es materia de una crónica completa.

De diversas maneras se ha tratado de entender qué fue lo que pasó en Estados Unidos, cómo se derrumbó la candidatura de Hillary Clinton, que era apoyada por todo el aparato, tanto visible como invisible, del poder financiero mundial. Desde las teorías conspirativas y el Club de Bilderberg, hasta las nuevas concepciones de eso que llaman el “Estado Profundo”, o, en inglés, la Deep Politics, o sea, la zona oculta y tenebrosa de la política, más allá de la legalidad y los valores morales, y que incluye eventualmente acciones criminales.

¿Hay una conducción secreta de los acontecimientos políticos e históricos? ¿Son obra de inteligencias e instituciones ávidas de poder?

Por cierto, claro que existen asociaciones secretas, existen enormes conspiraciones y existen ambiciones rayanas en lo diabólico. Pero, aun así, el poder real de esas políticas es finalmente insignificante.

La humanidad, como la vida misma, avanza en rumbos que la mezquindad humana es incapaz de alterar finalmente.

Habrá que analizar eso, así como lo que es la defensa ecológica de nuestro planeta.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro.

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