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Violeta Parra en radio Universidad de Concepción

13 noviembre 2016

[resumen.cl] Entrevista realizada en el Hotel Bío-Bío de Concepción, el 5 enero de 1960, por Mario Céspedes y grabada por Hernán Miller para la Radio Universidad de Concepción.  Transcripción de Carmen Martin para Resumen.

Este trabajo se enmarca en la serie de artículos que se comenzaron publicar en nuestro medio con motivo del centenario de Violeta Parra.

Mario Cespedes: frente al micrófono de radio universidad de concepción, la folklorista Violeta Parra. Ha venido a nuestras tierras, invitada por la VI Escuela Internacional de Verano a participar en el ciclo “Claves Para El Conocimiento Del Hombre De Chile” y Violeta ha traído, como siempre, novedades; piezas que recién salen de su imaginación y décimas y centésimas que en estos instantes ella está componiendo.

Las décimas y centésimas de violeta parra están recién siendo conocidas por el público, nos decía hace unos instantes que la centésima es una forma nueva de poesía popular que ella comienza a cultivar. Por lo tanto, las décimas que tienen un evidente contenido autobiográfico y las centésimas que son composiciones de inspiración libre, serán dadas a conocer por radio universidad de concepción como una verdadera primicia de la notable folklorista.

Con ustedes, Violeta Parra.


Violeta Parra: Voy a decir, primero, el comienzo de mi libro, una Décima.

Pa’ cantar de un improviso
Se requiere buen talento
Memoria y entendimiento
Fuerza de gallo castizo
Cual vendaval de granizo
Han de florear los vocablos
Se ha de asombrar hasta el diablo
Con tantas bellas razones
Como en las conversaciones
Entre San Pedro y San Pablo

Aquí, Mario, yo sigo en este tono, como los cantores populares, hablando de las condiciones que tiene que tener un cantor, del miedo que se tiene para empezar a cantar y dar una serie de vueltas y rodeos antes de decidirse a cantar en forma. Bueno, después voy a leer una décima… cuando tuve una conversación con mi hermano que fue quien me sugirió que debiera escribir mi vida en décimas populares:

“Muda, triste y pensativa
Ayer me dejó mi hermano
Cuando me hablo de un fulano
Famoso en la poesía
Fue grande sorpresa mía
Cuando me dijo: Violeta
Ya que conocíh la treta
De la versá popular
Principiame a relatar
Tus penurias a lo puetah”

Enseguida yo le contesto a Nicanor porqué no me puedo poner a escribir y a cantar porque tengo otras cosas que hacer como mantener mi casa y batallar por el folklore. Pero después me decidí a cantar y digo lo siguiente:

“Pero pensándolo bien
Y haciendo juicio a mi hermano
Tomé la pluma en la mano
Y fui llenando el papel
Luego vine a comprender
Que la escritura da calma
Pa’ los tormentos del alma
Y en la mía ya hay sobrante
Hoy cantaré lo bastante
Para dar el grito al alma”

Al decir “el grito al alma” quiero dar a entender yo que esta va a ser la ocasión mía de lanzar mi queja y mi sufrimiento a través de esta labor folklórica que tú sabes he realizado sola, prácticamente sola, fuera de la ayuda que me prestó la Universidad De Concepción hace 2 años y de uno que otro recital que he dado en la Universidad De Chile, yo no he tenido ninguna otra ayuda al respecto. Bueno, después me pongo yo a contar ya mis primeros recuerdos. Te voy a presentar a mi abuelo en un par de estrofas:

“Aquí presento a mi abuelo
Señores demen permiso
Él no era un roto chorizo
Muy pronto van a saberlo
En esos tiempos de duelo
Era entendido en las leyes
Hablaba lengua de reyes
Usó corbata de rosa
Batelera elegantosa
y en su mesa pejerreyes”

Esto quiere decir que mi abuelo paterno era un hombre que vivía muy bien, era abogado de mucho prestigio. Mi abuelo materno, en cambio, era un campesino de aquí de Chillan para adentro, un inquilino, un obligado, un explotado.

“Ya pudieron conocer
El origen de mi paire
Al contrario el de mi maire
Bien distinto si que fue
Aquí lo relataré
Sin faltar a la verdáh
Porque odio la falsedáh
Así como amo la –
En los campos de Malloa
Vino al mundo mi mamá

Mi abuelo por parte maire
Era inquilino mayor
Mayordomo y cuidador
Poco menos que del aire
El patrón con su donaire
Lo tenía de obligado
De segador de empleao
De chacarero y rondín
Por ahora en el jardín
De hortalizero forzao”

Yo celebro que mi abuelo haya sido campesino, Mario, aquí cuento una parte de una de las grandes fiestas que se celebraban en casa de mi abuelo:

“La cena ya se sirvió
En una mesa largucha
En cada plato una trucha
Pa la trucha un botellón
Pa la botella un copón
Pa la copa una galleta
Encima una servilleta
Con un plateado cubierto
Como el pescao está muerto
Le asoma ají por la jeta”

Si yo me pusiera a hablar de todo no terminaría ni en un mes, así que voy a saltarme un poco para hablar de cuando yo tenía cuatro años:

“La suerte mía fatal
No es cosa nueva señores
Me he dado sus arañones
Desde chica sin piedad
Batalla descomunal
Yo libro desde mi infancia
Sus terribles circunstancias
Me persiguen con esmero
Dejándome años enteros
Sin médula ni sustancia

Dice mi mama que fui
Su guagua más donosita
Pero la suerte maldita
No lo quiso consentir
Empezó a hacerme sufrir
Primero con la alfombrilla
Después la fiebre amarilla
Me convirtió en orejón
Otra vez el sarampión
La rabia y la culebrilla.”

Entonces ahí sigo contando yo hasta el momento que me dio la viruela y que fue horrendo, en Lautaro, porque por causa de mi peste se murieron como 25 personas en Lautaro, en ese tiempo no había remedio para este mal, sin embargo yo me salvé porque los diablos malos no se mueren nunca. Jajaja. Te voy a contar, voy a leer una décima de la gente como fue cayendo. La peste me dio en el tren, no.

“En ese estado tan cruel
Termina la diligencia
Salimos de la presencia
Fatal del maldito tren
Esperan en el andén
Al mentado profesor
Conferenciante y cantor
Y a su familia inocente
Varias personas decentes
Que los tratan con amor”

Y eso fue en Lautaro cuando mi padre fue a hacer clases.

“Viendo la preocupación
Que a mi maire gobernaba
Y en la respuesta que daba
Supieron de su dolor
Le trajeron un doctor
Después que nos instalaron
Y en un hotel los dejaron
Con mucha solicitud
Sin sospechar el ataúd
Que por miles le llevamos

Vinieron muchas visitas
Al principio a saludar
Y después a preguntar
Como estaba la guagüita
Detrás de esa preguntita
Estaba la muerte asechando
Porque se van contagiando
La fiebre los atraganta
Los pobladores se espantan
Sin saber que está pasando

Cayeron grandes y chicos
Con la terrible epidemia
Más grande que la leucemia
Murieron pobres y ricos
Al suelo un tal Federico
Y otro llamado Fidel
Y dos que estaban con él
Unos tales Pérez Caro
Que visitaron Lautaro
Y jamás pudieron volver

Se desparrama la noticia
Con tanta velocidad
Que viene la autoridad
A descubrir la malicia
Mientras tanto con delicia
La culpable se mejora
Su mama rezando implora
Por su pronta mejoría
Y al panteón día por día
Cayeron varios señorah”

Voy a saltarme otro poco

“No escapaba ni el vacuno
También probó la lanceta
Que la inocente Violeta
Clavó sin querer ninguno
Tres meses pasó en ayuno
Con ese terrible grano
Que le arrancó de las manos
y………. lah uñah
Su cuerpo era una pezuña
Solo costrón inhumano

Y afuera estaba que se arde
La desgracia por doquiere
Alguien de buen proceder
Dispuso esa mesma tarde
Los enfermos que se guarden
De ventiarse sin objeto
Para eso está el asaeto
Que el alcalde levantó
Con la ayuda de (dios)
Que en estos casos correcto”

Y al fin, como te iba diciendo Mario, murió tanta gente por mi culpa, yo lo siento de verdad, claro que si no hubiese habido ese motivo, tampoco hubiera hecho las Décimas. Ahora, si tú quieres, nos pasamos para las centésimas.

Mario Cespedes: Muy bien. Como decíamos, las centésimas no tienen este carácter autobiográfico que ustedes han podido apreciar en las décimas. La centésima, repetimos, forma nueva de poesía popular, creo que por primera vez es explotada dentro de nuestras formas literarias populares.

Violeta Parra: Yo te tengo que hacer una explicación. En el folklore yo he encontrado unas décimas que hablaban del uno al diez. De ahí la idea que me dio a mí de hacer del uno al cien o al mil, porque después voy a seguir con las milésimas. Entonces, hasta el diez teníamos que existe en el folklore. Pero esto de las centésimas es totalmente mía, con la insinuación de Nicanor que no se le va ninguna a este matemático. Entonces, voy a decirte yo las centésimas.

Mario Cespedes: A ver, las centésimas primeras escritas por Violeta, y que creo se dan a conocer por primera vez al público.

Violeta Parra: Si.

“Una vez que me asediaste
Dos juramentos me hiciste
Tres lagrimones vertiste
Cuatro gemidos sacaste
Cinco minutos dudaste
Seis más porque no te vi
Siete pedazos de mí
Ocho razones me aquejan
Nueve mentiras me alejan
Diez que en tu boca sentí
Once cadenas me amarran
Doce quieren desprenderme
Trece podrán detenerme
Catorce que me desgarran
Quince perversos embarran
Mis dieciséis esperanzas
Las diecisiete mudanzas
Dieciocho penas me dan
Diecinueve me guardarán
Veinte mas que ya me alcanzan
Veintiún son los dolores que
Veintidós pensamientos
Me dan veintitrés tormentos por
Veinticuatro temores
Veinticinco picaflores me dicen
Veintiséis veces que
Veintisiete me ofrecen
Veintiocho de sus estambres son
Veintinueve calambres los
Treinta que me adolecen
Treinta y un días te amé
Treinta y dos horas soñaba
Treinta y tres minutos daban o
Treinta y cuatro tal vez
Treinta y cinco yo escuché
Treinta y seis junto a tu pecho
Treinta y siete fue a mi lecho
Treinta y ocho de pasión
Treinta y nueve el corazón
Cuarenta marcó el pecho
Cuarenta y una distancias
Cuarenta y dos vide en ti
Cuarenta y tres recorrí
Cuarenta y cuatro con ansia
Cuarenta y cinco fragancias
Cuarenta y seis aspiré
Cuarenta y siete después
Cuarenta y ocho suspiro
Cuarenta y nueve delirio
Cincuenta de tu interés
Cincuenta y una penuria y
Cincuenta y dos bramidos
Cincuenta y tres alaridos y
Cincuenta y cuatro furias
Cincuenta y cinco son las tuyas
Cincuenta y seis engañifa
Cincuenta y siete la rifa
Cincuenta y ocho me dió
Cincuenta y nueve el adiós
Sesenta de tu avaricia
Sesenta y un besos creo
Sesenta y dos que me diste
Sesenta y tres que volviste
Sesenta y cuatro cual reo
Sesenta y cinco deseos
Sesenta y seis demostraste
Sesenta y siete alcanzaste
Sesenta y ocho es tu afán
Sesenta y nueve al final
Setenta me traicionaste
Setenta y una revueltas
Setenta y dos como gallo
Setenta y tres a tus rayos
Setenta y cuatro a mi puerta
Setenta y cinco respuestas
Setenta y seis completé
Entonces consideré setenta y siete piedades
Setenta y ocho miradas
Ochenta veces después
Ochenta y un sentimientos me dan
Ochenta y dos hieles
Ochenta y tres los infieles
Ochenta y cuatro del cuento
Ochenta y cinco no encuentro
Me agitan ochenta y seis
Ochenta y siete la luz me da
Ochenta y ocho multas por
Ochenta y nueve culpas
Noventa que yo pagué
Noventa y una sorpresas
Noventa y dos veces tuve
Noventa y tres que yo anduve
Noventa y cuatro asperezas
Noventa y cinco rarezas tu amor dio
Noventa y seis
Noventa y siete de rey
Noventa y ocho ironías
Noventa y nueve agonías
Cien años recibiré.”

Violeta Parra: Después sigo para delante del uno hasta el trescientos.

Mario Céspedes: Que notable. ¿Hasta cuanto piensa llegar, Violeta?

Violeta Parra: Esto es infinito porque después hay que seguir con las milésimas.

Mario Céspedes: ¿Y las diez milésimas y lo que venga, no?

Violeta Parra: Claro y la millonésima.

Mario Céspedes: Muy bien. Pero al lado de esto, Violeta es una incansable trabajadora y hurgadora de nuestro folklore, ella dice “lucho por el folklore, peleo por el folklore” y en realidad ha sido una lucha que lleva ya largos años.

Violeta Parra: Me enojo con medio mundo para salir adelante porque todavía ni la décima parte de los chilenos reconoce su folklore, así que tengo que estar batallando casi puerta por puerta y ventana por ventana, es harto duro todavía, es como si estuviera empezando recién, mas bien.

Mario Céspedes: Así es, Violeta. Decíamos que además, ha compuesto últimamente lo que podríamos llamar “música culta”, es decir, ha escrito música para ballet. Y en estos instantes está entregada a esta creación a través de un ballet que se titula “ El gavilán”, que representa, como decía la misma Violeta, la lucha entre el bien y el mal, entre el poder y la debilidad, entre el hombre que es fuerte y el hombre que es débil.

Violeta Parra: Eso es, justamente.

Mario Céspedes: Pero lo curioso de este ballet es que todos sus elementos están tomados del folklore y de las costumbres de Chile, tanto los elementos literarios como los musicales.

Violeta Parra: Claro, y en cuanto a los bailes, van a ser tomados de los bailes auténticos que conozco en el norte, en el sur y en el centro. El tema de fondo es el amor. El amor que destruye casi siempre, no siempre construye. El gavilán representa el hombre, que es el personaje masculino y principal del ballet. La gallina representa a la mujer y que es el personaje, también de primer orden, pero el personaje sufrido, el que resiste todas las consecuencias de este gavilán con garras y con malos sentimientos, que también sería el poder, como dijiste tú y el capitalismo, el poderoso.

Ahora, este ballet tiene tres partes, primero, la mujer se enamora del gavilán creyendo que era una flor que ella veía en un jardín. El gavilán está puesto en este jardín de espinas como para engañar, con sus manos y su cuerpo y su ropa, finge ser un clavel. Entonces la mujer, la gallina, ve este clavel y se enamora de él, y atraviesa los espinales y sufre las consecuencias de estas espinas.

La segunda parte, aparece un tercer personaje, que es una gallina vieja, y que la reconviene a la gallina joven diciéndole “ese no es un clavel, ni es un buen gavilán, sino que es el mal y ten cuidado con el”. Pero la gallina, como toda mujer enamorada, no entiende nunca. ¿Quién entiende consejos en el amor? Nadie.

Entonces, después ella llora su pena y su porfía dentro de un gallinero y aparecen los otros personajes que son patos, pavos, gallinetas y todos estos personajes se interesan por la pena de la gallina. Y en la tercera parte, tenemos una montaña, y aquí intervienen los elementos junto con los personajes principales que son el gavilán y la gallina. Los elementos serían la lluvia, el viento, el trueno y la centella, el relámpago. Entonces la gallina, cuesta arriba, a la siga de la conquista del gavilán que está en lo alto de la montaña y los elementos que obstaculizan la subida de esta gallina y que la hacen sufrir, la lluvia la moja, el viento que la dispara y el gavilán espera arriba, malévolo.

Ella consigue subir y el gavilán como que la va a amar, pero la destroza totalmente. Y los elementos se encargan de darle punto final a este ballet y envuelven y enrollan al gavilán que siempre vive, porque la maldad siempre perdura.

Mario Céspedes: En la parte musical de este ballet, Violeta, van a intervenir como instrumentos principalísimos, me imagino, las guitarras y las arpas.

Violeta Parra: Las guitarras, las arpas, los tambores y las trutrucas. Es una mezcla.

Mario Céspedes: Esto secundado, digamos, por una masa orquestal.

Violeta Parra: Desde luego, la sinfónica. Y van a haber voces. Este canto tiene que ser cantado incluso por mi misma. Porque el dolor no puede estar cantado por una voz académica, una voz de conservatorio. Tiene que ser una voz sufrida como lo es la mía, que lleva cuarenta años sufriendo. Entonces, hay que hacerlo lo mas real posible. Entonces voy a tener que cantar, esperar a que mi garganta esté en condiciones y cantar yo este ballet. Pero secundada, afirmada por coros, coros masculinos y femeninos.

Mario Céspedes: Violeta, y ¿la garganta está en condiciones ahora para anticiparnos una primicia del ballet?

Violeta Parra: Yo creo que puedo cantar la primera parte, la que se refiere al romance entre ellos, entre la gallina y el gavilán.

Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso
Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso
Mi vida creyendo
creyéndote lisonjero
Mi vida creyendo
creyéndote lisonjero
Mi vida se me par
se me parte el corazón
Mi vida del verte
Tan embustero
Mi vida yo te qui
Yo te quise yo te quise
Si ay ay ay
Si ay ay ay

Mi vida mi vida yo te quise
Mi vida mi vida yo te quise
Veleido veleido veleidoso
Veleido veleido veleidoso
Mi vida mi vida
mi vida mi vida yo te quise
Veleido veleido veleidoso
Veleido veleido veleidoso
Veleidoso yo te qui yo te qui
Yo te qui yo te qui yo te qui
yo te qui yo te quise

te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
te la llevaríh te la llevaríh tragedioso
te la llevaríh te la llevaríh veleidoso
prenda del alma si ay ay ay
prenda del alma si ay ay ay

te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
te la llevaríh te la llevaríh fantasioso
te la llevaríh te la llevaríh peligroso
te la llevaríh te la llevaríh mentiroso
prenda del alma si ay ay ay
prenda del alma si ay ay ay

tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
menti menti menti mentiroso

Mi vida yo te qui
yo te quise veleidoso
Mi vida creyendo
creyéndote lisonjero

Mi vida mi vida yo te quise
Mi vida mi vida yo te quise
Veleido veleido veleidoso
Veleido veleido veleidoso
Mi vida mi vida yo te qui
Yo te qui yo te qui yo te qui yo te quise

tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití
tiquitiquití tiquitiquití mentiroso
menti menti menti mentiroso

Mario Céspedes: Muy bien, Violeta. En una primicia para radio Universidad de Concepción, Violeta Parra interpretó un fragmento del ballet “El Gavilán”, que en estos instantes ella está escribiendo y que está fundamentado en elementos del folklore y de la cultura de Chile, tanto en su texto literario como en su parte musical.

Violeta Parra: Tendría que agregar que ya los bailarines de Santiago están interesados y muy entusiasmados. He conversado con Jaime Yori que hizo el lobo, está sumamente interesado, y con Somoza. Porque el interés mío es que la gente joven haga estas cosas, no tengo ningún interés en que las personas que han estado trabajando mucho tiempo en cosas prácticamente anti-chilenas las hagan. En cambio, estos muchachos jóvenes con energía y con inquietudes y con un sentimiento más chileno y con deseos de hacer algo nacional, estas son las personas que a mi realmente me interesan y ya están entusiasmados. Incluso, el ballet ya está montado en chiquitito. La Adela Gallo, una muchacha, una mujer muy inteligente de Santiago, hizo en pequeñito los personajes, con cuerpo de alambre y con vestuario de papel. Y quedaron bien bonitos.

Mario Céspedes: Violeta nos ha dado a conocer, en esta conversación, todas sus actuaciones recientes y todo lo que está creando para este folklore chileno que ella tanto ama y al cual se ha dedicado íntegramente. Ella ha venido a Concepción, como decíamos al principio, para participar en la VI Escuela Internacional de Verano, en el ciclo “Claves para el conocimiento del hombre chileno”. Violeta, yo quisiera que usted se refiriera brevemente a su participación en este ciclo.

Violeta Parra: Para mí es un gran honor participar en este ciclo tan importante. Yo venía muy asustada porque tú sabes, Mario, yo no soy oradora, no fui a la escuela. Es tan poco lo que sé cómo para estar integrando este grupo tan valioso de las claves para el conocimiento del hombre de chile. Sin embargo, me puse a trabajar de cabeza una semana y me ha salido el primer trabajo de esta forma. Yo tomé los cantores populares para darles a conocer su alma, su pensamiento, tal como los he conocido, tal como los he oído hablar. Pero, relatar esto para mí era un problema, un dolor de cabeza porque yo no soy escritora, sin embargo como estoy tan segura de lo que he aprendido de ellos, ahí me puse con el lapicito y el papelito y salió. Yo voy a leerte brevemente el encabezamiento para que así la gente se forme una idea de este, mi primer trabajo, en este ciclo para el conocimiento del hombre de Chile:

“Cantores a lo divino y a lo humano”, Nicanor también le puso otro título a este trabajo, que sería “Los maestros cantores de Puente Alto”. En mis andanzas en busca de la canción chilena, he conocido los más variados tipos de cantores populares. Empecemos por el norte. El antiguo pueblito de Salamanca está ubicado justamente a noventa kilómetros de Los Vilos hacia la cordillera. Me habían dicho que la Semana Santa era cosa interesante allí. Efectivamente, los salamanquinos celebran esta fiesta religiosa tal como se celebraba sesenta o setenta años atrás, con Judas quemado en la calle, con encapuchados, con procesiones de niños disfrazados, con cantos, ferias al aire libre, charlatanes y cantores callejeros. Este sería el tono de la relatora, Mario, en esta charla. Pero enseguida yo te pongo a hablar a los cantores. Vamos a pasar directamente a un cantor:

– Yo me llamo Alberto Cruz. Tengo treinta y cinco años, trabajo en peluquería y mi padre cantaba trescientos sesenta versos.
– Y usted, ¿canta esos trescientos sesenta versos?
– No señora, cantores como mi paire ya no van quedando. Yo lo acompañaba a cantar, pero después, con la muerte de él y con la música moderna, la gente se dejó de cantar a lo divino.
– Supongo que usted no habrá hecho lo mismo, Alberto.
– Si, señora, también me dejé de cantar. Pero eso duró hasta un día que fui a Los Vilos. En una cantina la radio estaba tocando un verso por el fin del mundo. Entonces, dije yo, “pero si ese verso lo cantaba mi paire”. Y corrí para la casa a dar la noticia: “en la radio están cantando a lo divino!”. Les dije a todos. Desde entonces, que le estamos cantando a los angelitos otra vez.
– Que clase de versos cantan por aquí? Le pregunté feliz de que la cinta magnética se estuviera tragando todas esas declaraciones de Alberto Cruz de Salamanca.
– Al tiro le voy a decir una cuarteta por padecimiento:

Donde habrá flor más hermosa
que la flor de la pasión
porque tiene los tres clavos
y corona del Señor”

Entonces, con este hombre sigo hablando unos veinte minutos más y después paso yo a Juan de Dios Leiva. Aunque me gustaría más darte a conocer a Don Antonio Suárez, pero te voy a mostrar unas líneas de Juan de Dios Leiva:

“Juan Leiva. Ochenta y cinco años. Chacarero, cantor y tocador de la comuna de Las Barracas, Santiago. Es un anciano delgadísimo, erguido y huraño. No quiere hablar con nadie. Cuando le pedí que me enseñara su canto, me respondió:

– Yo juré no volver a cantar mas en mi vida porque dios me llevó a mi nietecita regalona, y la noche terrible que tuve que cantar para ella la tengo anudada en el pecho y la garganta.

Juan Leiva rompió su juramento cuando le dije que la patria necesitaba sus cantos:

– Por usté lo voy a hacer, Violetita, que es la única que transmite lo puetah. Tomó la guitarra, la afinó y tocó los primeros acordes del acompañamiento de “Canto a lo divino”, a la modalidad de los cantores de Barraca. Don Juan de Dios no pudo cantar, era verdad que tenía por su nieta un nudo en la garganta. Como en un gemido le salieron las primeras palabras:

“Ángel glorioso y bendito
que estás sentado en lo alto
gloria al Padre, gloria al Hijo
gloria al Espíritu Santo”

Violeta Parra: Me están dando ganas de llorar a mí.

Mario Céspedes: Que bello.

Violeta Parra: Aquí viene algo muy gracioso, que tengo interés de que lo conozcas:

“Estábamos en el fundo Tocornal con Nicanor…”. Siempre mi hermano me acompaña en estos viajes que no significan mucha distancia, mucho…. bueno. Don Antonio Suárez. “Cualquiera canta en una mata de hojas”, le respondió Don Antonio Suárez a mi hermano cuando éste le preguntó que le parecía el canto de la Violeta Parra. -Cualquiera canta en una mata de hojas-, era la primera vez que visitábamos el fundo Tocornal. Don Antonio era un gran conversador, inteligente, y se escabullía cuando tratábamos de darle a conocer el objeto de nuestra visita. Si no hubiera sido por los díceres con que naturalmente adornaba su conversación, nos hubiéramos venido con las manos vacías. Anoté en mi cuaderno, mientras el hablaba de su vida campesina, los díceres que pude y menciono:

“el burlesco no vale ná”
“del formal se espera mucho”
“la plata se gana al sol y se consume a la sombra”

Al ofrecernos un vaso de vino durante el almuerzo, dijo:
“al medio de la sopa,
viene una copa”

Mas tarde, le oí decir:
“cuando el cristiano quiere quemarse, el diablo junta la leña”

Mas tarde, refiriéndose a los patrones, dijo:
“los gentiles no pueden quejarse de mí”

Al despedirnos, le agradecimos la botella de miel y el canasto con fruta que nos obsequiaba y él contestó:

“el mezquino come solo
hasta saciar su barriga.
Después traga la saliva
lo mismo que el colo colo

Etc.

Todo el material que yo he oído de ellos, lo he puesto en esta pequeña charla, tratando de darle una visión lo más clara posible, lo más sencilla, del alma y del pensamiento de nuestros cantores auténticos.

Mario Céspedes: Magnífico. En todo esto no está solo el amor a lo divino sino también el amor a lo humano y, a juzgar por la picardía que trascienden algunas de las expresiones literarias, sobre todo este último, que salpicaba su conversación con dicharachos y frases que venían quizás de cuantos años. Violeta, ha sido interesantísima para nosotros esta conversación primigenia y al mismo tiempo exclusiva, frente al micrófono de Radio Universidad de Concepción. Pero yo estaba pensando en algo: A través de su larga actuación en el folklore y sobre todo como intérprete de este folklore chileno: ¿Cuáles son las composiciones que usted mas quiere?

Violeta Parra: ¿Las del folklore o las mías?

Mario Céspedes: Del folklore.

Violeta Parra: Ah, yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y el canto a lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu fino, sabio y delicado del cantor chileno.

Mario Céspedes: Y ¿Hay algún verso a lo divino que recuerde usted con especial devoción y agrado?

Violeta Parra: Si, yo te puedo hacer un recuerdo que también viene aquí en esta charla, de un cantor que me encontré cerca de Puente Alto, Don Agustín Rebolledo. Me dijo: “Violetita, yo no quiero ser el único que no le va a cantar”. Porque el no era cantor era puetah. Entonces, el estaba tan entusiasmado con la máquina grabadora y con la fiesta que teníamos, que hizo lo posible y cantó, pero cantó tan desafinado, tan desafinado que daba una risa y una pena, pero el quería cantarme. Mas tarde, me dijo: “Violetita, voy a relatarle un verso”. Dije yo: “Bueno, aquí se va a componer la cosa”. Pero este hombre se arregló en su asiento, inclinó la cabeza y totalmente por la nariz, con una voz gangosa y gutural, que esta tarde voy a imitar, entregó el verso más querido que yo tengo para mí. Es por la Sagrada Escritura. Don Agustín Rebolledo dijo la décima más o menos de esta forma:

“De Genesís prencipiaron
El antiguo testamento
Profetas de tal talento
Este prencipio tomaron
Del eutoromio
(x)
De Josué la razón
Con los jueces comunión
Según dicen los romanos
Hechos por setenta ancianos
Treinta y nueve libros son, Violetita.”

Esa fue la forma con que don Agustín Rebolledo colaboró conmigo, y me enseñó versos lindísimos.

(Transcripción de Carmen Martin)

 

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