[AUDIO] Crónica Ruperto Concha: Diablo mentiroso

[AUDIO] Crónica Ruperto Concha: Diablo mentiroso

Por Ruperto Concha:

Los terremotos políticos en Europa y Estados Unidos están dejando agrietadas prácticamente todas las instituciones. Y muy especialmente esta gran institución básica que llamamos La Prensa: el Periodismo con Libertad de Información.

Tan agrietada que parece a punto de derrumbarse dejándonos sin saber qué demontres está sucediendo, en qué lío nos están metiendo y qué podríamos hacer para salvarnos. Los ruidos más broncos de este terremoto nos vienen llegando desde Estados Unidos y Europa y, aunque Ud. no lo crea, también desde el Vaticano, donde el Papa Francisco hizo unas declaraciones por las cuales lo están tapando de insultos.

El martes pasado, la prensa católica mundial difundió las declaraciones del Papa en una entrevista al semanario belga Tertio, el 16 de noviembre, sobre las responsabilidades del ser humano en estos tiempos de crisis. Básicamente lo que dijo el Papa fue: “No cedan al temor, no se dejen intimidar en la fe, sigan adelante, no teman buscar nuevos caminos. Busquen el significado de la vida. Yo les ofrezco dos consejos: busquen nuevos horizontes y no pierdan el tiempo en necedades inútiles. Hay que seguir nuestra vocación humana”.

Pero los entrevistadores insistieron con fuerza en el tema de los medios de comunicación, la gran prensa, la radio, la TV, el periodismo ciudadano y las arremetidas sobre las llamadas “noticias falsas”. Y fue ahí que el intrépido Obispo de Roma se metió entre las patas de los caballos, justo en los momentos en que los gobiernos neoliberales y las transnacionales están lanzando una vasta operación para silenciar todo el periodismo investigativo y todas las denuncias, tratando de impedir así que la gente pueda saber demasiado.

El Papa defendió el rol de la prensa libre, como único instrumento social que permite que la gente se informe, opine y tome decisiones. Pero señaló que los medios suelen caer en los 4 pecados dañinos que es necesario eliminar. Esos pecados son: la calumnia, que implica mentira; la difamación, la desinformación que implica ocultar parte de la verdad o deformar con insidia la verdad, y, lo que él llamó la “coprofilia”, palabra que significa “afición al excremento, o sea, afición a la mierda”.

Respecto de la mentira y la calumnia, todos estamos de acuerdo. Incluso los calumniadores y los mentirosos que saben que eso es perverso, aunque igual nomás sigan haciéndolo. Pero respecto de la difamación, sonó algo parecido a Ricardo Lagos cuando decía que los periodistas querían asesinarle su imagen.

Pero vaya en defensa de Lagos el que al final de su mandato haya vetado la Ley Mordaza, que habían urdido los parlamentarios chilenos para impedir que los periodistas pudieran divulgar cositas que los distinguidos señores legisladores consideraban parte de su vida privada. Por ejemplo, sus relaciones con grandes empresas para conseguir plata a cambio de introducir cositas en las leyes.

En Argentina, el gobierno de Macri envió al congreso un proyecto de ley prohibiendo que los periodistas puedan informar sobre las personas que se acojan al perdonazo de dineros ocultos. Según el proyecto, no se podría decir ni los nombres ni tampoco señalar las sumas declaradas. Todo eso, para defender el honor de los evasores de impuestos.

En realidad, el concepto de “difamación” ha sido un tema esencial para la libertad de información. El periodismo tiene el deber de destapar las suciedades que suelen esconder personas que postulan a altos cargos, y se presentan como sujetos impecables, de absoluta probidad y moralmente muy próximos a la santidad.

Bueno, en la perspectiva del periodista, no destapar esas mugres equivale a volverse cómplice en el engaño a la opinión pública. El buen periodismo tiene el deber de hacer que la gente sepa de veras cómo es esa persona que va a ir a pedirle el voto o el nombramiento.

El Papa dice que las culpas del pasado no deben ser traídas al presente, y que no es bueno revelarlas, aunque sean ciertas. Por supuesto, en Estados Unidos denunciaron de inmediato que el Papa es un encubridor, y en Moscú el sitio web Russia Insider estalló en obscenidades calificando al Papa Francisco como, fíjese Ud., un pedófilo que no quiere escándalos. Por supuesto, con su exabrupto, Russia Insider se puso a sí misma como ejemplo de calumnia y coprofilia. Pero el tema de prohibir la difamación es inaceptable para una prensa honrada y para un público consciente de sus derechos.

Las declaraciones del Papa Francisco llegaron en mal momento, cuando en Estados Unidos y Europa el conflicto entre el periodismo limpio y los grandes centros de poder está llegando a punto de crisis. En Estados Unidos los dos gigantes del periodismo escrito, el New York Times y el Washington Post, en los últimos días arremetieron con ferocidad contra el periodismo disidente.

El 25 de noviembre, el Washington Post publicó un extenso artículo acusando que en Estados Unidos más de doscientas publicaciones, en su mayoría sitios web, serían nada menos que agentes al servicio de la propaganda de Rusia para manipular las elecciones en contra de Hillary Clinton.

Según el columnista Craig Timber unos supuestos “expertos” afirmaban que aquellas publicaciones periodísticas estaban difundiendo informaciones falsas, elaboradas por los servicios de propaganda rusa, durante la campaña presidencial.

La lista de esos medios acusados de fabricar noticias falsas, incluía una gama enorme, que va desde los conservadores libertarios, representados por sitios como Infowars y el Ron Paul Institute, hasta la izquierda, representada por sitios como The Nation y Common Dreams. Ello, pasando además por los prestigiosos sitios web Consortium News, Zero Hedge, Drudge Report, y el muy respetado sitio Naked Capitalism, que es uno de los más serios, mejor documentados y más consultados por los especialistas en economía. Fue este medio digital, Naked Capitalism, el primero en reaccionar ante las acusaciones del Washington Post, y de hecho exigió de inmediato un desmentido y una aclaración por parte del periódico, amenazándolo con una querella judicial.

Y fue ante el temor de una querella por calumnias y mentiras, que el Washington Post tuvo que reconocer que aquel artículo en realidad había sido básicamente obra de una empresa de subcontratistas de publicidad y propaganda, llamada PropOrNot.

El abogado del sitio web calumniado destacó que la publicación del Washington Post no había presentado ni una sola prueba o ejemplo de aquellas supuestas “noticias falsas” que se atribuía no sólo a su representada, sino a cualquiera de las otras 200 publicaciones calumniadas. Es decir, la acusación sobre supuesta fabricación de noticias falsas, quedó demostrando que había sido el Washington Post el que estaba difundiendo una fabricación de noticias falsas.

La escandalera del Washington Post había sido precedida, en Europa, por una maniobra de los partidos de derecha, encabezados por los Populares, de España, y la Unión Demócrata Cristiana de Alemania. En una sorpresiva moción en el Parlamento Europeo, esos grupos lograron aprobar una resolución pidiéndole al gobierno de Europa bloquear o restringir los medios informativos rusos, acusándolos de hacer propaganda hostil, falsificar la historia y dividir la opinión pública europea. Ante eso, piden que el gobierno de la Unión Europea le solicite al comando de la OTAN ayuda para implementar medidas contra el periodismo ruso, y, además realizar una campaña de programas instructivos en que se muestren los crímenes de Rusia.

La moción, que sólo tiene un valor simbólico, fue aprobada por 304 votos contra 179 en contra. Pero, por falta de antecedentes y lo intempestivo de la sesión, hubo 208 abstenciones. Es decir, hubo 387 votos que no apoyaron la moción. Por cierto, eso resonó como un escándalo, sobre todo la propuesta de pedirle a las tropas de la OTAN una asesoría para una política de información y cultura para Europa.

Ya antes, el 30 de junio, había producido impacto el fallo judicial contra los periodistas y denunciantes que destaparon el escándalo llamado el “LuxLeaks”, en que se demostró cómo altos dirigentes de la Unión Europea, en combinación con ejecutivos de grandes empresas, generaron un esquema basado en resquicios legales para permitir que esas empresas evadieran miles de millones de dólares en impuestos.

El gobierno de la Unión Europea se querelló contra los periodistas y los denunciantes que habían revelado los antecedentes de megaempresas como el Deustche Bank, la Pepsi, Ikea, Price Waterhouse, entre otras 340 empresas.

El Consorcio Internacional de Periodismo Investigativo, en el que participa la publicación CIPER-Chile, condenó la querella contra periodistas y denunciantes, enfatizando que no puede haber transparencia ni tampoco una verdadera lucha contra la corrupción, si los políticos niegan la debida protección a los denunciantes.

El fallo judicial terminó con la suspensión de la condena a los acusados, pero los denunciantes, aunque quedaron libres, perdieron sus puestos de trabajo y se quedaron con prontuario judicial en sus antecedentes. En cambio, el principal operador del esquema de resquicios legales, Jean Claude Juncker, fue designado Presidente del Gobierno europeo en Bruselas.

Tanto en Europa como en Estados Unidos se está produciendo una verdadera marea de opinión pública en contra de las grandes empresas periodísticas, los conglomerados de TV, los grandes periódicos y las cadenas de radioemisoras como la Clearwater, que cuenta con nada menos que 1.500 estaciones de radio.

En las más importantes publicaciones digitales se está denunciando, con pruebas y ejemplos concretos, cómo los grandes medios, en combinación con las corporaciones y los gobiernos, han venido abrumando a la opinión pública con noticias falsas, versiones falseadas de los hechos, e incluso con producciones de pseudo-documentales en que actores, incluyendo niños, son contratados para hacerse pasar por civiles de Siria, de Irak o de Afganistán, supuestamente víctimas que buscan amparo de las tropas, benéficas y bondadosas, de la OTAN y Estados Unidos.

En estos momentos, estoy traduciendo un dossier con la descripción de las acciones de falso periodismo apuntadas a mentir, desorientar y aterrorizar a la opinión pública, y ello con un fabuloso financiamiento de los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea. Estamos hablando de alrededor de mil millones de dólares en producción de noticias falsas.

Son numerosos documentos debidamente identificados, de fuentes reales y verificables, que enviaré próximamente a los auditores que lo han solicitado y a quienes lo soliciten en estos días.

Esta crisis del periodismo rico y mentiroso versus el periodismo pobre y verdadero, presenta aristas múltiples. Por un lado, los grandes medios de prensa están derrumbándose por la pérdida de sus lectores y seguidores. De hecho, el 3 de agosto de 2010, el millonario Sidney Harman se compró por un dólar la propiedad total de la célebre revista Newsweek.

La empresa Washington Post había tratado de venderla, pero no tuvo ni un solo interesado, y entonces se habían resuelto a cerrarla definitivamente, despidiendo a sus 500 periodistas.

Ese dólar que pagó Harman ciertamente fue sólo simbólico. El millonario en realidad se dio el gusto de ser dueño de Newsweek y manejar a su antojo su manipulación de la opinión pública estadounidense.

Pero la caída de las ventas de la prensa escrita tiene por efecto que el financiamiento depende más y más del dinero que aporten los avisadores que compran publicidad. O sea, la prensa escrita ha perdido la relativa independencia financiera que le daban sus ingresos por la venta de ejemplares en la calle o en subscripciones.

Al igual que la radio y la TV, ahora el financiamiento de la prensa se basa en la buena disposición que tengan las empresas para comprar avisos y otras formas de publicidad. Es decir, los medios todos han quedado muy vulnerables a las presiones de los grandes avisadores, que son las grandes empresas.

En tanto, gracias a la tecnología digital, el cíberespacio se ha cargado de una multitud de medios virtuales, a la vez que en las redes sociales hay una multitud de personas que pugnan por meter opiniones e informaciones que suelen ser frecuentemente falsas o están distorsionadas por el escaso profesionalismo de sus autores.

Fuera de ello, diversas instituciones, incluyendo la CIA de Estados Unidos, están contratando personas para tener presencia en las redes sociales e insertar las noticias y opiniones que se les ordene. Son, a menudo, lo que llaman los “trolls”.

Esa manipulación de las redes sociales de Internet no sólo apunta a desorientar al público. En gran medida apunta a que las redes sociales se desprestigien por completo, y con ello pierdan su poder de desafío ante las grandes empresas mediáticas.

En estos momentos, diversos grupos de periodistas ciudadanos están diseñando una nueva estrategia para permitir que los usuarios puedan reconocer los sitios confiables donde las noticias son reales y los informadores se identifican asumiendo su responsabilidad por las transmisiones y las cosas que dicen.

Si esa nueva estrategia logra afianzarse, podríamos esperar el surgimiento de un nuevo y poderoso periodismo que sólo dependería de ganar la confianza de su público, tal como antes lo hacían los periódicos.

Bien. Si Ud. desea sumarse a mi lista de envíos de dossiers y documentos, mi actual correo electrónico es [email protected]

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro.

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