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IV.- Violeta Parra y la Nueva Canción Chilena: Yo canto la diferencia

12 Enero 2017

[Por Daniel Mathews / resumen.cl] La aparición de nuevos movimientos culturales normalmente va acompañada de manifiestos que agrupan en torno suyo a algunos creadores mientras marcan diferencias con otros, sobre todo con los que los antecedieron. Es algo así como una partida de nacimiento unida a un certificado de divorcio.

En la literatura los que más usaron de manifiestos fueron los vanguardistas. Ellos vanguardistas poseen una autoconciencia artística anterior a la formulación de un proyecto de arte, es decir, anterior a esa elaboración especulativa de lo que se quiere construir a partir de un programa que generaliza normativamente formas y conceptos (aunque esa normativa sea la de la supresión de toda norma).

La nueva canción latinoamericana también tuvo esa conciencia y no es raro que algunas de sus canciones se llamen “Manifiesto”. Así, en Chile, Víctor Jara escribe uno: “Yo no canto por cantar /ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón”. Pero Violeta Parra, como antecedente de la nueva canción, tuvo también una canción que dejaba explicito su proyecto. Se trata de “Yo canto la diferencia”.

Es el propio Víctor Jara el que nos habla de la importancia que tuvo Violeta Parra en la Nueva Canción Chilena. Aunque da como nacimiento de este movimiento cultural los últimos años de vida de nuestra cantautora, queda claro en lo que dice, que en ella están las raíces: “la nueva canción chilena nació en el 65 o 66 (…). Decíamos una verdad no dicha en las canciones, denunciábamos la miseria, le decíamos al campesino que la tierra debía ser de él, hablábamos, en fin, de la justicia y la explotación. Como todos los medios de comunicación los manejaba la derecha, nos pusieron el apelativo de “políticos” para no darnos cabida en ellos. En la creación de este tipo de canciones la presencia de Violeta Parra es como una estrella que jamás se apagará. Violeta, que desgraciadamente, no vive para ver este fruto de su trabajo nos marcó el camino: nosotros no hacemos más que continuarlo y darle, claro, la vivencia del proceso actual” (Revista El Caimán Barbudo, n°54, marzo de 1972, La Habana, Cuba).

Yo canto la diferencia

Escrita en coplas (estrofas de 4 versos, de los cuales el 4° verso es más corto que los 3 primeros) va estableciendo una forma y un contenido de la canción que se propone hacer Violeta Parra. Inscrito, como hemos dicho, en el primer disco, será la guía para todo el recorrido posterior. En cuanto a la forma de sus canciones dice “yo canto a la chillaneja”. Situada en Chillan, asume el canto popular como su espacio de comunicación. En cuanto al contenido nos dice: “Yo canto a la diferencia que hay de lo cierto a lo falso”.

Para que queda claro cuál es su compromiso nos va dibujando desde ahí una serie de falsedades. Algunos van ligados a la idea de patria “la bandera es un calmante”. O, más adelante, a la relación entre pueblo, que sería lo cierto, y “patria” entendida como institución oficial: “El pueblo amando la patria y tan mal correspondido/ El emblema por testigo”.

Otra entidad de la mentira es la iglesia. Hay que tener cuidado, Violeta Parra es muy religiosa, tiene fe no solo en un nuevo encuentro entre los hombres sino en la relación entre ellos y la naturaleza. Pero una cosa es la religión, que busca la trascendencia, y otra muy distinta la iglesia como institución ligada al poder. Así Iglesia y Estado van juntos y entre ambos configuran el estatuto de “lo falso”: “En comando importante, juramento a la bandera, / Sus palabras me repican, de tricolor las cadenas, / Con alguaciles armados en plazas y alamedas, / Y al friente de las iglesias”. Vemos una relación estrecha entre sus mentiras (bandera. Palabras, iglesias) y las formas como intentan imponerlas (cadena, alguaciles armados). La ideología entonces para lo que sirve es para pintar de tricolor las cadenas que nos sojuzgan.

En esta feria de las mentiras hay personajes claros que deben ser identificados: los ministros, los vicarios. Y junto a ellos sus símbolos. La patria encarnada en la banderita, la iglesia en la medallita. El revés de estas mentiras esta armado por escenas de lo popular. Los niños que andan con hambre. Y, tal como hemos dicho, el propio cielo, lo trascendente de la verdadera religiosidad, es parte de ese pueblo y de su descontento: Por eso su señoría, dice el sabio Salomón/ Hay descontento en el cielo, en Chuquí y Concepción/ Ya no florece el copihue y no canta el picaflor/ Centenario de dolor”. La naturaleza se une así al coro de la verdad.

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