Dejemos que Nahuelbuta se restaure

Dejemos que Nahuelbuta se restaure

Por Luis García Huidobro

El tema forestal hoy está en boca de todos. Se ha escuchado harto comentario, se ha repetido mucha consigna no comprobada en terreno, se han hecho análisis, hay expertos que contradicen a expertos, pero valga la pena decir que desde hace 20 años que el Pueblo Mapuche viene dando la pelea frontal a las forestales en la Cordillera de Nahuelbuta. Hay conocimientos, experiencias, acciones, proyecciones políticas, Tal vez algunas servirían también para la zona de catástrofe, otras quizá no.

Para una persona que llega desde la ciudad a la Cordillera de Nahuelbuta, se ve todo verde no más. “¡Ay, qué bonito!”. Cuando uno llega, de primera no sabe reconocer un árbol de otro, un bosque de una plantación. Si uno se queda, con el tiempo los peñi le van enseñando sobre el bosque y las plantaciones. Tiene que tener paciencia para sufrir las burlas por tener tanto estudio y ser tan ignorante, o por la torpeza para cualquier pega. Además del trabajo, aprenderá la época de los changles, de los digüeñes, la pinatra, el maqui, la mutilla, los chupones. El bosque alimenta. Si hace casa en la comunidad, va a tener que pasar semanas completas levantándose en las noches a hacer cortafuegos, porque las explosiones del incendio no lo dejan dormir. Va a ver secarse chorrillos y pozos de una temporada a otra. Aprenderá a saber cuándo va a llover. Ojalá aprenda también a trasplantar árboles nativos, hacer esquejes, semillas según especies, y haga su aporte.

Podrá comprobar en terreno si lo que se dice de las forestales es cierto o no. Por mi parte, veo que no es tanto que los pinos o eucaliptos sean árboles del demonio. Son árboles. Es mucho menos dañino miles de hectáreas de plantación que de agricultura o ganadería. Lo peor es el terreno pelado. Mucha agua podrán chupar los eucaliptos, pero la sombra y el agua de lluvia que retienen es mucho más de lo que consumen, respecto a un terreno pelado. Hay que ser serios en la crítica. Si los eucaliptos se dejaran ahí 80 años, no serían problema.

El problema es el régimen productivo al que son sometidos, y la sustitución que se hizo de cientos de miles de hectáreas de bosques centenarios, para dejar un territorio sometido a régimen de cosecha cada 10 o 20 años. Ese es el problema.

Según Conaf, solo el 14% de las plantaciones en la historia del DL 701 se hizo en “terrenos degradados”, pero además uno ve que muchas veces se llama así a un bosque nativo quemado, como también se llama “matorrales” donde hay renuevos de bosque nativo (y vamos plantando eucalipto en Chiloé, por ejemplo).

Con los peñi se recorren hartos recovecos de la Cordillera de Nahuelbuta. Caminan más que Kung fu alrededor de los lagos Lleu-Lleu y Lanalhue. Recorriendo, mirando y preguntando, el que viene de afuera puede aprender un secreto importante: que el bosque nativo de la Cordillera de Nahuelbuta no ha muerto y, lo mejor, que en unos 20 años podría recuperarse bastante si Chile hiciera un esfuerzo de justicia con el Pueblo Mapuche. Sería una oportunidad de hacer algo bueno, y de lo que poca gente se entera entre las noticias por los camiones quemados. Se podría recuperar un pulmón para Wallmapu, pensando en nuestros nietos.

Una aclaración. En las comunidades no hay expertos de escritorio, estoy relatando lo que me han enseñado a ver, caminando y trabajando en el bosque. Si digo algo que no sea así, que algún ingeniero forestal me corrija, aunque sea con información tomada de papers financiados por la Corma.

Cuentan los peñi –y lo corroboran los títulos de propiedad– que hace 40 años llegaron las forestales a Nahuelbuta. En ese tiempo eran el grupo Vial y Cruzat, luego los tropiezos empresariales y las movidas de la dictadura favorecieron a Matte y Angelini. Se adueñaron de toda la Cordillera de Nahuelbuta, partiendo por las tierras de la Reforma Agraria que les fueron traspasadas a $7.000 o hasta $15.000 la hectárea en esa época (hoy diríamos entre $100.000 y $200.000 la hectárea, aunque casi siempre pagaron solo entre 10% y 20% al contado). La mayor parte era bosque nativo: “Terrenos de aptitud preferentemente forestal”, dijo la Conaf, que estaba a cargo de Julio Ponce Lerou y, luego, Patricio Contesse.

Desde entonces Chile ha perdido 782.120 hectáreas de bosque nativo. En Biobío y La Araucanía, desde la llegada de Mininco y Arauco, 184.690 hectáreas pasaron de ser bosque nativo a pino y eucalipto, y nadie se hace cargo. La mayor parte de eso es la Cordillera de Nahuelbuta como está hoy. Le llaman el oro verde.

Entre Cañete y Tirúa, la parte en conflicto álgido en torno a los lagos Lanalhue y Lleu-Lleu es, según la ley chilena, propiedad privada de Forestal Mininco. De algunas miles de hectáreas también pretenden ser dueños Forestal Arauco y Volterra, que es de unos japoneses que no quieren conflicto, así que dejan botado cada bosque que se les toma. Por el lado de Contulmo, Volterra tiene unas 10 mil hectáreas más, que todavía ocupa más o menos pacíficamente. Da pena ver cómo en plena orilla de carretera en Contulmo, año tras año, siguen desapareciendo los hualles y apareciendo más eucaliptos. Uno se pregunta dónde está la Conaf, quizá regalando esas plantas de eucalipto a los dueños de los predios. De Cañete hacia el norte domina Forestal Arauco sin que casi nadie se les resista: Lebu, Los Álamos, Curanilahue, donde todavía no llega el conflicto, pero llegará.

El bosque nativo de la Cordillera de Nahuelbuta está vivo, pero hay que aprender a verlo. No se necesita ser experto. A simple vista uno solo ve pino y eucalipto, miles y miles de hectáreas esperando la tala rasa que las convierten en un desierto. La cosecha forestal es algo parecido a un incendio, pero nadie se escandaliza: el zorro, el puma, el chingue, las güiñas, botados en los caminos, sin hogar, sin alimento. Los camiones bajando del Fundo Lanalhue y el Fundo Choque escoltados por vehículos de guerra, cientos de hectáreas convertidas en un tierral cada semana. Unas 100.000 al año en Chile, que es como si fueran quemadas. Se van extinguiendo las especies de animales, y solo hay plaga de conejos.

Digo que está vivo el bosque nativo de Nahuelbuta, pero hay que saber verlo. Por arriba de la tierra se ven los pinos y eucaliptos, pero si consideráramos solo las raíces, es en realidad un bosque nativo subterráneo. Se ve en los renuevos por todo el territorio. Las raíces no las han podido matar, están ahí, resistiendo, esperando a que las forestales se aburran de la pelea con los peñi y se vayan –quizá a instalarse más al sur, a destruir los bosques que quedan en Valdivia, Puerto Montt, Chiloé–. Va por franjas el bosque nativo subterráneo en Nahuelbuta: desde la costa hacia arriba, boldos, avellanos, arrayanes, el mañío, el notro, el hualle; donde hay agua, está el canelo; en las zonas más altas, domina el coihue, masivamente. Y, por todas partes, los que verdaderamente les hacen la pelea a las forestales son el maqui o el inmortal pillo-pillo. Ulmos y lingues se ven pocos, pero hay; radales hay más. Los trabajadores forestales no se fijan en el renuevo del bosque nativo entre el eucalipto, los copihues subiendo por los troncos parecen de postal. Menos lo ve el helicóptero policial que busca a los weichafe tras cada atentado. La motosierra, el skider, el bell, el cabezal, no distinguen nada, pasan no más. Al ras.

Cada 10 años se cosecha el eucalipto; cada 20, el pino –y es mentira que la tierra queda mala para sembrar o plantar otra cosa, pues se dan las papas, las habas, el trigo, cualquier cosa y, por supuesto, el nativo–. El bosque nativo que venía creciendo entremedio es arrasado también en la cosecha. Es verano, un puro tierral queda no más, barrial en invierno. Muere el pino, el eucalipto no, como mala hierba, pero tampoco muere el bosque nativo, que necesitaría más tiempo para crecer; sigue subterráneo, empiezan a volver pequeños brotes, pero nadie hoy día piensa en 50 o 100 años más.

Leo en Internet que el Ministerio de Medio Ambiente formó una comisión de expertos y le llamó “Comité Nacional de Restauración Ecológica”. Todos estarán más concentrados en reconstruir lo humano. Ojalá que esa comisión sirva para pensar lo ecológico antes que la Forestal pase máquina y tenga todo plantado otra vez.

Ya que estamos todos más sensibles al tema forestal, a que hay más posibilidad de crear conciencia, pongo esta propuesta para la autoridad política: restauremos la Cordillera de Nahuelbuta o, más bien, dejemos que se restaure.

Las forestales se hicieron de estas tierras a precio de huevo. Se las adueñaron, digámoslo derechamente. Las primeras plantaciones las hicieron con subsidios del DL701. Contradijeron eso de que solo se cosecha lo que uno siembra (o planta). Se aprovecharon de la corrupción en la Cora, la Odena y la Conaf en dictadura. No pusieron un peso –al contado, como se dijo anteriormente, solo un 10% o 20% de casi nada– y cosecharon millones. Es justo que se les expropie y que se devuelva el territorio a las comunidades mapuche. La gente que está luchando sabrá recuperar el bosque nativo, aquellos que se están proyectando para que sus hijos y nietos sigan viviendo aquí.

En la Cordillera de Nahuelbuta no se necesita gastar millones en reforestar con nativo: las raíces y renuevos del bosque antiguo están. Solo es necesario que el Estado quiera hacer algo bueno y les ponga un freno a Matte y Angelini, que haga política pública para los habitantes y no para los empresarios. Tienen otras cientos de miles de hectáreas en otros lados. ¡Ya dejen vivir en paz al Pueblo Mapuche, aprovechadores!

El territorio en conflicto es amplio y abundante, los números dan. Las comunidades, la gente que vive aquí, pueden vivir bien económicamente con un 20% de lo que actualmente está plantado de pino y eucalipto. Si se hiciera así, el resto podría quedar como reserva de bosque nativo.

Estas leyendo

Dejemos que Nahuelbuta se restaure