Neltume 2017: Jornadas de memoria popular y combatiente
Inicio » Memoria Histórica

Neltume 2017: Jornadas de memoria popular y combatiente

16 Febrero 2017

Guillermo Correa Camiroaga / resumen.cl

Las ya tradicionales jornadas conmemorativas del primer fin de semana de febrero de cada año, organizadas por el Centro Cultural Museo y Memoria de Neltume junto con el Comité Memoria Neltume, incluyeron este año una serie de actividades orientadas al rescate testimonial del proceso de autogestión popular desarrollado en el Complejo Forestal y Maderero de Panguipulli durante el período de la Unidad Popular, como asimismo a la reconstrucción de la memoria de los sucesos guerrilleros de resistencia llevados adelante por el MIR, tanto en el período inmediatamente posterior al golpe de estado, entre septiembre y diciembre de 1973, como el desarrollado por el Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro a inicio de los años ochenta.

El programa se inició el día viernes 03, con un conversatorio cuya temática central fue recuperar y destacar el papel llevado adelante a lo largo de la historia por las mujeres en la lucha por la conquista de sus derechos, la defensa territorial y del medio ambiente, como también el rol que tuvieron en los períodos del Gobierno de la Unidad Popular y la posterior lucha antidictatorial.

El día sábado 04 la jornada comenzó a las nueve de la mañana, reuniéndose más de un centenar de participantes, hombres, mujeres , muchachas y muchachos, e incluso niños, en las afueras del Centro Cultural Museo y Memoria de Neltume, para salir en caravana a recorrer algunos puntos del “Sendero de la Memoria”.

El primer punto de detención fue en la localidad de Choshuenco, donde se ubica el Memorial del Compañero “Paine”, Miguel Cabrera Fernández, Jefe del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, muerto en combate el 15 de octubre del 81.En este lugar se entregaron diversos testimonios, destacándose en esta ocasión la presencia del Compañero “Sergio”, también conocido como “Torito”, Jaime Castillo Petruzzi, sobreviviente de la Guerrilla del 81, quien volvía a reencontrarse con estos lugares después de 36 años.

Cuando el DGTL fue detectado el día 27 de junio de 1981, “Torito”, quien junto a un grupo de compañeros que se desplazaba por la montaña, estando desarmados y buscando eludir el cerco, quedó aislado y descolgado del resto del grupo como consecuencia de una emboscada tendida por los comandos militares ese mismo día 27 en la tarde, razón por la cual decidió bajar al llano con el objeto de entregar la información de lo que estaba sucediendo en la montaña. Gracias a esta decisión, manifestó “ fue posible advertir al Partido y a los integrantes de las redes de apoyo ubicados en el llano, en distintos lugares del sur, quienes pudieron así tomar los resguardos necesarios”. Posteriormente, nos relató que continuó desarrollando funciones partidarias de resistencia asignado a otras tareas, para años después integrarse como internacionalista a las luchas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru en Perú, donde fue apresado el año 1993, condenado a 23 años de cárcel, siendo liberado y expulsado a Chile a fines del año pasado.

El testimonio entregado por Jaime Castillo Petruzzi junto al Memorial de “Paine” nos hizo estremecer debido a la inmensa carga emocional y a la admirable entereza con que fue pronunciado. Entre otras cosas manifestó que: “nuestros compañeros caídos son nuestras grandes fortalezas, pues ellos son los que han nutrido nuestra resistencia y en eso el compañero Paine nos dejó un legado fundamental , pues era un jefe de una humanidad y convicciones admirables(…) Por eso el homenaje a los compañeros y las compañeras caídas no puede ser una cosa abstracta, gaseosa, sino que tiene que ser un compromiso, un llamado a la lucha, un llamado a la organización, un llamado a avanzar, a dar ese pasito adelante, honrándolos con nuestra práctica. … ese es el mejor homenaje”.

Conmovidos por los testimonios escuchados, los y las participantes continuaron con el recorrido del Sendero de la Memoria dirigiéndose hasta el sector de Molco, en las vecindades de Choshuenco, lugar en donde fueron asesinados en una emboscada el 23 de diciembre de 1973, los militantes del MIR Hugo Rivol Vásquez Martínez y Mario Edmundo Superby Jeldres, quienes habían continuado resistiendo el golpe de estado en las montañas de Neltume. Por primera vez estuvo presente en esta ceremonia su hermano mayor, Pedro Vásquez, el cual reside junto a su familia en Australia. Notoriamente emocionado nos relató pasajes de la vida familiar y la forma en que supo de la muerte de su hermano estando en el extranjero. También nos contó cómo se integró a trabajar junto a compañeros del MIR en la solidaridad internacional.

Posteriormente la caravana de la memoria se desplazó hasta el Cementerio de Punahue, ubicado también en las vecindades de Choshuenco, para recordar y homenajear a los Compañeros “Víctor”, Próspero del Carmen Guzmán Soto, y “Camilo”, José Eugenio Monsalve Sandoval, muertos el 20 de septiembre de 1981, quienes permanecen sepultados en una misma tumba en dicho cementerio. En esta ocasión se pidió que entregara su testimonio a la Compañera “Mariela”, Aminie Calderón Tapia, quien tuvo oportunidad de compartir con ellos. En su relato manifestó que “(…) me enteré que ellos hicieron todo su recorrido juntos, la infancia, la adolescencia, el exilio y posteriormente el retorno a luchar en contra de la dictadura(…) A Víctor le decíamos “el grande”. Era una persona muy tímida, no hablaba mucho, pero actuaba(…) Camilo fue mi compañero de trabajo en la escuela y desde el primer día que lo conocí fue un compañero con muchas cualidades y, si bien es cierto tenía un carácter fuerte, un poco mal genio de repente, conmigo fue una excelente persona, muy preocupado de todos nosotros(…) recuerdo que el primer día que nos encontramos, en la primera preparación que tuvimos en La Habana, yo perdí mis zapatillas y él me regaló un par que tenía y, aunque me quedaban grandes, fueron las que utilicé durante toda la instrucción(…) en las clases teóricas en dónde había que tomar apuntes me percaté que Camilo tenía muchas dificultades con la escritura, ya que recién había podido aprender a leer y escribir en la cárcel antes de salir al exilio. Yo le pregunté si le ayudaba y accedió, pero me pidió que no se lo contara a nadie.

Ahora estoy desclasificando esto junto a su tumba, con gran amor y cariño. En cambio en lo físico y militar era muy superior y preocupado por todos. Se desplazaba tanto a la vanguardia y retaguardia para ver cómo íbamos. Era una persona muy preocupada de los compañeros, una persona muy solidaria. Estos recuerdos vienen con mucha emoción desde mi interior.”

También en este lugar entregó su testimonio Jaime Castillo Petruzzi recordando a Víctor. En parte de su intervención manifestó : “Yo compartí con los compañeros en los preparativos de la montaña poco más de una año, desde inicios de los ochenta hasta junio del 81. El “grande”, como decía la Compañera, era bastante adusto, muy serio, pero era un niño grande. Con un sentido del humor perfecto, exacto, tenía la ‘talla a flor de labios y, para gran sorpresa mía, era un compañero músico, músico popular. Andaba siempre con su armónica y en las noches tocaba despacito canciones de la Violeta Parra, Víctor Jara, los Inti, Illapu. Era muy lindo el “grande”, un gran compañero…”

Por otra parte, el Compañero “Moisés”, Ibar Leiva, refiriéndose a “Camilo” nos contó que :”era un gran observador. El siempre estaba por fuera del grupo, se ubicaba en un lugar alto y observaba todo.(…) tenía un manejo impresionante del monte(…) yo sufría siempre de la columna y el Camilo, siempre que estábamos en vida de campamento él me calentaba piedras y cuándo ya me tocaba irme a la carpa, me decía ‘viejo, aquí están tus piedras’. Tenía esa preocupación y así con todos los que necesitaran algo(…) yo sueño todavía con una sociedad llena de Camilos, de Víctor, de Paines y de tantos otros compañeros caídos.”

Desde el Cementerio de Punahue nos desplazamos hasta el sector de Quebrada Honda en la localidad de Puerto Fuy, donde se instalará el Memorial en recuerdo de “Gabriel”, “Pequeco”, Juan Ángel Ojeda Aguayo, el último integrante del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro asesinado en esta zona, en una emboscada el 28 de noviembre de 1981. Desde que el Compañero “Pequeco” quedó separado de la columna debido a la emboscada ocurrida durante la tarde del 27 de junio de 1981, logró sobrevivir y trasladarse a lo largo de la montaña, la que conocía muy bien ya que era originario de esta zona, refugiándose finalmente en casa de familiares. Cuando el Partido supo de su presencia en este lugar, organizó una escuadra para venir en su rescate, pero esta llegó un día después de que las fuerzas represoras montaran una emboscada y lo asesinaran.

La emotiva e interesante jornada matinal se dio por finalizada alrededor de las 16 horas, regresándonos a Neltume para asistir al lanzamiento del libro “ Sangre de Baguales”, escrito por Pedro Cardyn, integrante del DGTL, quién además participó en la lucha y actividades desarrolladas en el Complejo Forestal y Maderero de Panguipulli, período que recoge en los numerosos relatos mapuche y obreros escritos en dicho libro.

Alrededor de 140 personas repletaron el local sindical dónde se presentó el libro, participando en esta actividad Silvia Aguilera, Directora Editorial de LOM Ediciones, Jaime Castillo Petruzzi y el autor del libro, Pedro Cardyn. Jaime Castillo resaltó que la esencia del libro escrito por Pedro constituye “un compromiso moral , de vida, de honrar a nuestros compañeros caídos(…) Por otra parte , a mi modo de ver, este libro se enfoca en resaltar la importancia de lo que nosotros llamábamos los ayudistas, las redes de apoyo a la organización, así este libro se enfoca en la perspectiva estratégica que nosotros reivindicábamos en el concepto de guerra popular revolucionaria de todo el pueblo, en donde todos, absolutamente todos, teníamos una tarea que cumplir(…) libros como este nos enseña que la historia no empieza ni termina con nosotros, la historia es la historia de la lucha de nuestros pueblos”. Por su parte, Pedro Cardyn, refiriéndose a su texto expresó que “yo quiero hablar de este lugar, de este territorio mapuche y obrero del planeta donde vivimos tres años sin patrones, donde fuimos dignos, fuimos baguales(…) aquí, hace algunos años, estábamos cambiando el mundo y eso es lo que nos interrumpieron(…) son 42 capítulos, son 42 cuentos y todas son historias reales recogidas durante casi 20 años, al calor de una conversación, al calor de un mate. Son todas historias de estos ‘viejos’ que estaban cambiando el mundo(…) los ‘viejos’ y las ‘viejas’ fueron libres, libres como baguales(…) en el título aquí dice ‘epopeyas mapuche y obreras en los tiempos del Complejo Maderero Panguipulli, un efecto mariposa inconcluso’. El Complejo Maderero no se ha terminado, lo interrumpieron, pero no se ha terminado y es un trabajo de todos los que estamos aquí hacer de este territorio un territorio del buen vivir, del ‘küme monyen’, donde se pueda vivir en paz, mapuche y no mapuche, trabajadores y gente de los pueblos y las comunidades y cuidar este bosque , estos ríos, estos volcanes, para todos nuestros hijos, nietos y, como decía un peñi del lago Neltume, para todas las naciones, porque se puede cambiar el mundo” . La intervención de lugareños y lugareñas, recordando episodios hermosos de la época del Complejo, pero también relatando episodios represivos tremendamente dolorosos, introdujeron una inmensa fuerza y emotividad en el lanzamiento del libro “Sangre de Baguales”.

El día domingo 05 de febrero nos reunimos en el frontis del Centro Cultural y Museo Memoria de Neltume, para dirigirnos a visitar el lugar del campamento donde fue detectado y emboscado el Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, ubicado en las montañas de Neltume, en medio de un bosque nativo de coigües, raulíes y quilas. Accedimos en distintos vehículos hasta el sector en donde se alza majestuoso un magnífico árbol, el cual es denominado “el coigüe amigo” o el “guardián de la memoria”, punto de referencia para adentrarse por el sendero que conduce hacia el campamento y hasta el lugar en donde se encuentra uno de los tatús o refugios subterráneos, en la denominada zona del 83, llamada así en alusión al ocho de marzo. Marchando en columna y en un respetuoso silencio para escuchar los sonidos del bosque, nos internamos hacia el campamento, siendo saludados en nuestra marcha por el potente resonar del canto del chucao. Ya en el lugar del campamento, reunidos junto al Memorial confeccionado en una lámina de madera nativa en la cual están inscritos los nombres de los compañeros caídos (Pablo, Jorge, Gabriel, Camilo, Pedro Víctor, Oscar, Paine, Raúl, José), pudimos conocer, a través de testimonios directos entregados por distintos sobrevivientes de esta experiencia, parte importante de lo que fue esta epopeya, logrando así unir pequeños trozos de rompecabezas que nos permiten ir avanzando en la construcción de la memoria popular y combatiente.

Desde que se iniciaron estas actividades conmemorativas y de construcción de memoria popular en la localidad de Neltume, sin duda alguna este año ha sido la que ha tenido una mayor concurrencia, elevándose el número de asistentes a más de un centenar, destacándose entre ellos el gran porcentaje de jóvenes, muchachas y muchachos, que alcanzó una cifra cercana al 70%, la mayoría de los cuales asistía por primera vez.

El Programa implementado por el Centro Cultural Museo y Memoria de Neltume, junto con los integrantes del Comité Memoria Neltume, constituye un importante ejercicio práctico de educación popular, que año tras año enriquece, complementa, valora y rescata pequeños trozos de memoria colectiva, que son un inmenso aporte al conocimiento de nuestra historia reciente, entregado a través de testimonios de los propios protagonistas, transformándose así en una verdadera escuela constructora de la Historia Popular y Combatiente.

Relacionados