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Recorrido histórico de los orígenes del Estado Islámico

17 Febrero 2017

El 29 de Junio del 2014 fue declarado mundialmente un Califato perteneciente a la agrupación del Estado Islámico (ISIS). El mismo daba sus primeros pasos en tierras de Siria e Irak, pero con una proyección de expansión en todo territorio considerado como propio del islam. En el artículo presente proponemos un repaso por los orígenes de la religión predominante en Oriente Medio, como así también de los conflictos bélicos (históricos y presentes) considerados claves a la hora de ir formando el actual esquema político de la región. Distintas intervenciones internacionales que fomentaron, por propio interés, la creación de este tipo de agrupaciones hasta el momento de la instalación del Estado Islámico en la región.

La yihad: orígenes dentro del islam y su instalación en Medio Oriente

Para comprender de qué se habla cuando mencionamos el concepto de yihad, es necesario hacer un breve repaso de las principales nociones sobre el islam que debemos tener en cuenta para la comprensión del tema aquí expuesto, y así poder explicar el regreso a escena del uso de la yihad.

El islam es una religión monoteísta surgida en el año 622, tras las revelaciones divinas que experimentó el profeta Mahoma. La hégira refiere a la peregrinación a la ciudad de La Meca, lugar sagrado del Islam, y es el hecho fundador de la religión.

Esta creencia religiosa posee muchas ramas, pero en la actualidad tres son sus principales: chiísmo, sunnismo y jariyismo. Hoy en día, la población musulmana alcanza 1600 millones de seguidores, donde el sunnismo representa más del 80%, el chiísmo cerca del 15% y el jariyismo apenas un 1%, aproximadamente.

La aparición del Corán, libro sagrado del islam, presentó el conjunto de revelaciones que recibió Mahoma de Dios1 y pasó a ser la fuente básica de los musulmanes. De esta manera quedaron asentados los pilares fundamentales de la religión: la fe (el único dios es Alá), la oración (cinco veces al día), la limosna (tributo a la colectividad), el ayuno (el más importante es el del mes el Ramadán), y la peregrinación (al menos una vez en la vida debe efectuarse). Lo aquí relevante, y a esto queremos llegar, es que aparece también el concepto de yihad, entendida como la guerra santa. Se puede hablar de dos tipos de yihad, una guerra contra el enemigo externo del islam o también una guerra interna que refiere a la lucha mística y espiritual contra uno mismo.

Dentro del islam, las distintas ramas basan sus principales diferencias en la interpretación del Corán. Es así como el wahabismo, que explicaremos a continuación, interpreta a la yihad como un sexto pilar.

El wahabismo surge como una corriente religiosa dentro del sunnismo en el siglo XVIII, de la mano del reformador religioso Muhammed Ibn Abd al-Wahhab quien preconizaba la aplicación más estricta posible de la ley musulmana, con el único fin de reformar el islam. En la actualidad está totalmente ligada a la Casa de Saúd, dinastía imperante en Arabia Saudita desde su creación como tal en 1932, donde se gobierna bajo la doctrina del wahabismo.

Luego de este breve repaso por los orígenes del islam, volvemos a situarnos en los sucesos del presente. La creación del Estado Islámico es de procedencia wahabita, donde se pretende instalar la sharia (ley musulmana). Para lograr este objetivo se pone en práctica la yihad.

La yihad tuvo fuertes presencias a lo largo del tiempo, pero la más recordada es la que refiere a la agrupación al-Qaeda y su vinculación con el atentado a las torres gemelas de Nueva York, en el año 2001..

Desde Sykes-Picot hasta la Revolución Iraní

Para poder comprender los sucesos políticos y frecuentes conflictos bélicos que azotan a Medio Oriente, es necesario partir desde este acuerdo, firmado hace ya más de un siglo.

El acuerdo fue el resultado de la derrota del Imperio Turco-Otomano en la primera guerra mundial. Sykes-Picot dividió las zonas de influencias entre Gran Bretaña y Francia, y dio forma a la actual región de Medio Oriente. Además se firmaron Mandatos sobre distintos países, en su mayoría caducados luego de la Segunda Guerra Mundial. Lo más relevante de estos acuerdos es que marcaron el principio del aún existente conflicto entre palestinos y judíos, estos últimos con un Estado propio desde 1948.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos quedó como líder de influencia en la zona desplazando de ese lugar a Gran Bretaña.

Uno de los primeros movimientos intervencionistas en Medio Oriente que efectúo Estados Unidos fue en 1953 en Irán. Con la ayuda del Reino Unido, la CIA orquestó un golpe de Estado al que denominaron Operación Ajax2. El objetivo cumplido fue derrocar al Primer Ministro Mohammed Mosaddeq, quien llevaba adelante un gobierno de corte popular. Consumado el golpe, las fuerzas de Occidente otorgaron nuevamente todo el poder al Sha (Emperador) Mohammed Reza Pahleví.

El gobierno monárquico continuó al frente pero arrastrando numerosas protestas sociales con el correr de los años hasta que finalmente en 1979 tuvo lugar la caída del Sha dando entrada al comienzo de la Revolución Islámica. El nuevo gobierno fue liderado por el Ayatolá Jomeini, agrupando diversas facciones detrás del clero chiíta que pasó a gobernar el país. La nueva conducción definía al islam como la primera ideología de pensamiento social que reconoce a la masa ciudadana como base fundamental3.

Las relaciones diplomáticas entre Irán y los Estados Unidos quedaron marcadas a partir de aquel momento, convirtiendo al gobierno revolucionario en un oponente de Occidente. Para ese momento, EE.UU. ya contaba con su aliado estratégico de la región: Israel.

Saddam Hussein (I)

Como respuesta a la formación de la República Islámica de Irán de 1979, en el mismo año Saddam Hussein, representante del nacionalismo árabe con el partido del Baaz, fue apoyado por los Estados Unidos para quedarse con la presidencia en Irak. Una vez en el poder, la guerra con su vecino, Irán, parecía inevitable. La salida bélica fue encabezada por Irak mientras la financiaba Occidente, y comenzó en el año 80, llegando a su finalización a fines de la misma década.

Este conflicto es la muestra del manejo estratégico sobre la zona, proveniente desde Washington. El gobierno estadounidense apoyó a la burguesía sunnita dentro de Irak, al mando de Saddam, como también dio sostén a la burguesía chiíta iraní, buscando acabar con el gobierno de las shoras (Consejos de Obreros y Soldados de la Revolución) dentro de Irán.

La guerra no tuvo un claro ganador, pero luego de ocho años de combates ambos países terminaron con una débil estructura económica a causa de la beligerancia. Tanto el gobierno sunnita de Saddam, como la revolución chiíta de Irán, transitaron su primera década al mando con serias complicaciones económicas y sociales. El máximo beneficiado del conflicto fue Washington, que observaba cómo ambos países disminuían sus fuerzas entre sí, lo cual le daría mayor espacio para nuevas intervenciones.

Una vez finalizados los enfrentamientos con orígenes en rivalidades persas-árabes, Saddam Hussein pasó a formar la larga lista negra de Washington.

Saddam Hussein (II)

Con la guerra con Irán finalizada, Saddam Hussein buscó nuevos horizontes para la expansión y así fue que en 1990 decidió la invasión al país vecino de Kuwait. Con la excusa de conflictos económicos por pozos petroleros las fuerzas lideradas por el representante del Baaz en Irak, tomaron la iniciativa en Agosto de 1990, que concluyeron con la derrota del Emir Yaber III.

De esta manera, como mencionamos anteriormente, Hussein pasó a ser un nuevo enemigo del bloque occidental. La ONU, con Estados Unidos a la cabeza, desaprobó por completo el movimiento militar hecho por Irak y se comenzó a organizar una intervención que culminaría con la conocida Guerra del Golfo.

Asimismo se la lanza la “Operación tormenta del desierto” por parte de la ONU, la coalición liderada por Estados Unidos cumplió sus objetivos en menos de una semana, sin embargo, no decidieron derrocar a Saddam.

Desde el comienzo de las hostilidades las Naciones Unidas se encargaron de sancionar económicamente al país liderado por Hussein, se calcula que se tuvo que pagar 75 billones de dólares a Kuwait por daños4, lo cual marcaría el destino del conflicto: una prolongación de las incompatibilidades políticas hasta la definitiva invasión por parte del ex Presidente Bush, en el año 2003. La decisión de no terminar con el régimen de Hussein, dejó vía libre para poder reprimir todo intento de sublevación interna que presentó la década de los ´90.

Pero una vez intervenido el país en el 2003 y consumado el derrocamiento de Saddam Hussein, Irak no encontró la estabilidad política buscada. De hecho, el país quedó partido en tres zonas de influencia interna: al norte, la burguesía kurda, en el centro, la facción sunnita, y al sur los chiítas, ligados a los ayatolás iraníes.

Este escenario no se vio exento de intentos de levantamientos lo que fue generando un campo fértil para la aparición de agrupaciones yihadistas, como el Estado Islámico.

Afganistán y Al-Qaeda

Debemos analizar el accionar estadounidense en el país afgano para entender aún más la influencia que tuvo Occidente en la reaparición del yihadismo. Pondremos como punto de partida el año 1978 con la Revolución de Saur, la cual marca la implementación de un gobierno de corte socialista en el país por parte de la facción marxista-leninista del Partido Democrático Popular de Afganistán.

Lo más relevante es que Estados Unidos aprovechó aquella situación para financiar un ejército que luchara contra el nuevo gobierno socialista, el cual ya contaba con el soporte económico y militar proveniente desde la Unión Soviética.

Entre 1990 y 1992, Estados Unidos invirtió entre cuatro y cinco billones de dólares para ayudar a los muyahidín5. Pero, ¿Quiénes eran los muyahidín?

Acá observamos la clave de la cuestión, porque Estados Unidos comienza a financiar a una agrupación político-militar con el único fin de debilitar al bloque comunista, pero se trata de un tipo de facción que hoy considera como terrorista. Cuando referimos a los muyahidín, hablamos de grupos que operan y surgen en Afganistán para combatir en nombre del islam haciendo uso de la denominada yihad, considerándola como una guerra santa.

Entonces, desde Occidente se hace una fuerte campaña de reclutamiento entre Afganistán y Pakistán con el fin de formar un ejército apto para combatir al gobierno comunista que dominaba. El aporte económico no sólo provino desde Occidente sino también de su máximo aliado del Golfo: Arabia Saudita. De esta manera, ya por 1979, comenzó una cruel y larga guerra donde la yihad se hizo presente en la escena política y militar, pero esta vez financiada por Estados Unidos. Fue promovido el wahabismo como una teología de liberación del comunismo6, dando lugar a la yihad afgana para luchar contra la URSS.

La guerra fue larga y en ningún momento los muyahidín pudieron tener pleno dominio del territorio. Las diferencias dentro de la facción (recordemos: financiado por Estados Unidos) comenzaron a dar origen a nuevas oleadas islamitas y más extremas, es el caso de los Talibán.

Adentrado el año 1988, como producto del fuerte soporte económico que continuaba llegando desde los Estados Unidos, comenzó a tomar forma la agrupación conocida como Al-Qaeda, liderada por Osama Bin Laden. Mientras el conflicto tuvo como principal objetivo terminar con el gobierno pro-soviético, Occidente utilizó las fuerzas yihadistas en su favor, como así también les dio sostén económico y militar. Pero las cosas tomaron otro rumbo una vez debilitados los comunistas.

Luego de la retirada de las tropas soviéticas en 1989, se extendió el conflicto para derrocar al Presidente comunista Najibulá. Finalmente, esto ocurriría en 1992 cuando los muyahidines tomaron Kabul, capital afgana.

Si bien los muyahidines tomaron Kabul, otros territorios comenzaron a estar bajo dominio de señores de la guerra provenientes de las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, referimos especialmente a Uzbekistán y Tayikistán. Pero, simultáneamente, crecieron en fuerza y número los Talibán, alineándose con las tropas de Al-Qaeda, agrupación que iniciaba a ser conocida mundialmente para ese entonces.

En 1994 los Talibán dominaban cada vez más territorios a través de la implementación de la yihad para combatir. Por otro lado, pusieron en práctica la interpretación más estricta de la ley musulmana, la sharia: cerraron escuelas de niñas, las mujeres no podían trabajar, prohibieron muchos deportes, ordenaron dejarse crecer las barbas a los hombres, entre otras ordenanzas. Este tipo de interpretación es la que lleva a cabo el Califato del Estado Islámico en la actualidad. Acá podemos observar sus raíces más cercanas, sin omitir la historia de la misma donde explicamos recientemente la fuerte influencia que tuvo Occidente para permitir la formación de este tipo de facciones político-militares.

En 1996 los Talibán tomaron Kabul y su dominio político en el país se extendió hasta la entrada en escena de Estados Unidos en 2001. Anteriormente, en 1998 más precisamente, ocurrieron dos atentados a embajadas estadounidenses en tierra africana (Kenia y Tanzania) adjudicados por la agrupación Al-Qaeda. El terreno ya anticipaba una nueva intervención por parte de Occidente y como respuesta, la posible intensificación de la yihad para defensa del territorio talibán.

El atentado a los Torres Gemelas de Nueva York, en el año 2001, fue lo que provocó la decisión de movilizar las tropas estadounidenses hacia tierra afgana.

Asia Central

La región de Asia Central también experimentó un crecimiento del islam y de grupos yihadistas. Una vez desintegrada la Unión Soviética, el islam refloreció en la zona.

Bajo dominio soviético el islam permanecía oculto y sólo se expresaba de manera clandestina. Pero con la llegada de la crisis política y la ruptura de la URSS, volvió a dominar la religión de aquellos países y su expansión creció año tras años. Las cinco ex repúblicas soviéticas de la región (Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) comenzaron un proceso de re-islamización, que también fue adoptando doctrinas wahabitas.

11-S

Los atentados del 11 de Septiembre contra el Pentágono y el World Trade Center, adjudicados por Al-Qaeda, trajeron consigo la decisión del por entonces Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, de declaración de guerra contra los Talibán y movilizar tropas hacia el país afgano.

El 7 de Octubre del 2001, comenzaba la operación contra “los enemigos lejanos” de la red de Al-Qaeda. Estados Unidos lideraba otra guerra más, pero esta vez contra facciones que fueron creadas bajo su financiamiento y tutela con el único fin de derrotar a sus enemigos soviéticos de aquellos años. Una vez más el mundo presenció cómo los Estados Unidos crearon su propio enemigo. Movimientos semejantes ocurrirían 10 años después con la aparición del ISIS.

La destrucción del régimen Talibán, con la entrada de las tropas estadounidenses, promovió la desaparición del sentimiento de la yihad, contagiado por los Talibán, a la vez que la sharia no se reproducía con la intensidad que supo tener bajo conducción Talibán. Pese a esto, el movimiento nunca desapareció del todo, quedaron pequeñas células en las zonas del norte del país dominando territorios con la yihad como su manifiesto de guerra.

Luego del accionar militar en Afganistán, vino la intervención a Irak en el 2003 acusando al régimen de Saddam Hussein de poseer armas de destrucción masiva y de cooperar con el terrorismo proveniente de la región. El resultado fue el mismo: se impusieron las tropas lideradas por Estado Unidos terminando con el gobierno de Saddam.

Pero la fuerza y expansión que logró tomar el yihadismo de la mano de Al-Qaeda, no pudo frenarse por más que se hayan derrocado distintos gobiernos. La red liderada por Bin Laden, el financiero carismático, y Zawahiri, el ideólogo7, continuó operando y adjudicándose atentados, mostrando que la yihad persistía.

Primavera Árabe

Los levantamientos populares en la región de Medio Oriente, aclamando por la finalización de las monarquías gobernantes para dar entrada a sistemas democráticos, fueron los momentos claves, junto a la invasión de Irak en 2003, para la formación de embriones de lo que se convertiría en el Estado Islámico.

En el invierno de 2010-2011, comenzaron los sucesos que terminarían con las presidencias de Mubarak, Ben Ali y Saleh, en Egipto, Túnez y Yemen, respectivamente. El hecho desencadenante lo causó un joven desempleado, Mohamed Bouazizi, cuando decidió prenderse fuego “a lo bonzo” frente a la municipalidad de Sidi Bouzid en Túnez. Desde ese momento, el efecto contagio fue automático y la región entró en una inestabilidad política que creció día tras día. Con la Primavera Árabe ya asentada en la región, el mundo entero parecía apoyar estos movimientos.

En Libia, ante estos hechos, el oficialismo supo demostrar defensa militar hasta que la intervención de la OTAN llevó a una instalación de tropas occidentales en el país que concluyó con la ejecución de Mauamar el Gadafi. Si bien las masas movilizadas participaron fuertemente en la caída de Gadafi, la OTAN se apropió el control del poder político instalando gobiernos de transición para terminar obteniendo un aliado del imperialismo en Trípoli. La tutela de Occidente en la región, una vez más, se hizo notar fuertemente.

Siria mostró, lo cual hasta hoy persiste, una fuerte resistencia ante la aparición de estos movimientos democráticos. La guerra civil continúa su andar, aunque ya podemos hablar de una guerra internacional por la intervención de diversos países. El conflicto deja ver 3 bandos principales: Ejército Sirio de Liberación (ESL) apoyado por Estados Unidos, que pretende derrocar a Al Asad; Ejército sirio oficialista, que cuenta con el sostén de Rusia; y el ISIS.

Pero, ¿podemos afirmar que la Primavera Árabe realmente provocó un giro político en la región? Seguramente no, de hecho la inestabilidad política es aún mayor que la de antes. Al poco tiempo aparecieron las contrarrevoluciones apoyadas, financiadas e influenciadas por las potencias occidentales. Referimos al golpe de Estado en Egipto, en el año 2013, donde fue derrocado Mohamed Morsi, quien fue el primer presidente democrático en la historia del país. Ante su derrocamiento, el poder fue tomado, nuevamente, por el Ejército con su general a la cabeza, Abdul Fatah al-Sisi, en una muestra neta de la reaparición de EE.UU. con el fin de no permitir gobernar a un presidente con fundamentos islámicos y apoyado por los Hermanos Musulmanes. Sumado a esto, los gobiernos interinos en Túnez fueron una marca del desequilibrio político del país.

Si bien la Primavera Árabe logró derrocar distintas monarquías en la región, la realidad es que la democracia nunca pudo instalarse como sistema político. Las contrarrevoluciones, los nuevos golpes de Estados y las intervenciones internacionales, decoraron el marco posterior a la Primavera Árabe, dando lugar a la reaparición de agrupaciones yihadistas, como al-Qaeda y la posterior formación del Estado Islámico.

Una de las claves para entender el fracaso de las revueltas árabes, pasa por comprender las fracturas internas de cada país que llevaron a guerras civiles, como así también la vulnerabilidad de la región para ser intervenida por grandes potencias. Claro que para explicar el interés externo en Medio Oriente, alcanza sólo con decir que siete de las diez mayores reservas mundiales de petróleo se encuentran en la región islámica. Sólo ese dato nos es suficiente para comprender más de un siglo de intervenciones.

Estado Islámico

La guerra contra el terrorismo, encabezada por Occidente, mostró su fracaso cuando las agrupaciones yihadistas reaparecieron en escena post-Primavera Árabe. Luego de estos levantamientos democráticos, los sectores militares yihadistas y sunnitas recibieron inyecciones masivas de dinero8 por parte de los reyes y emiratos del golfo. Por esta misma razón no debemos subestimar el papel de Arabia Saudita, aliado regional de los Estados Unidos, a la hora de entender la aparición del Estado Islámico, ya que sus petrodólares, su poderío en Medio Oriente y su ideología wahabita es lo que dio forma al ISIS.

El Estado Islámico es producto de las guerras, referimos a la invasión estadounidense en Irak en 2003 y la guerra siria comenzada en 2011. Con EE.UU. instalado en Irak, comenzaron a formarse agrupaciones yihadistas para erradicarlos del país, de esta manera se fundó una organización cercana a al-Qaeda y liderada por al-Zarqaui, denominada “Consejo de Shura Muyahidín”. Esta alianza de seis grupos afines fue el primer embrión del futuro Estado Islámico. Meses después, con la muerte de al-Zarqaui, comenzaron las divisiones internas hasta llegar a una escisión que dio lugar a lo que hoy se conoce como ISIS, liderado por Abu Bakr al-Baghdadi desde 2010, y el frente al-Nusra, facción de al-Qaeda en Siria.

Por otro lado, Estados Unidos nunca quiso atacar ni a Arabia Saudita ni a Pakistán, quienes son sus aliados, pero que paradójicamente son los países principales en financiar a las agrupaciones yihadistas. Ante este análisis entendemos como casi inevitable la reaparición del yihadismo.

El Estado Islámico logró una estructura militar y económica mucho más grande que la de al-Qaeda, de donde surgió, y con mayores ambiciones políticas y territoriales. El ISIS controla más territorios que lo que ha controlado alguna vez al-Qaeda. La agrupación liderada por Abu Bakr al-Baghdadi, logró capitalizar la revuelta sunnita en Siria como así también el ocultamiento que tenía la población sunnita en Irak desde la caída de Saddam.

Para fines del 2013 ya había tomado bajo su poder varios pueblos fronterizos de Siria (Atmeh, al-Bab, Azaz y Yarablus). Meses después, luego de un arduo enfrentamiento lograron conquistar Faluya, en tierra iraquí. El 6 de junio del 2014, las tropas del ISIS emprendieron su ataque sobre Mosul, segunda ciudad en importancia dentro de Irak. Pese a la inferioridad de soldados lograron imponerse, conquistando así la ciudad más importante que tienen en su poder. Este episodio fue un punto de quiebre ya que Mosul le dio el más poder de pozos petroleros para comercializar y de esta manera financiarse más y mejor. La victoria fue tal que ese mismo mes se proclamó el Califato.

De esta forma engrosó sus filas, armó una estructura que le permitió lograr la conquista de diversas ciudades hasta llegar a la declaración del Califato el 29 de Junio de 2014, con el Califa Ibrahim (al- Baghdadi) como líder supremo y con su capital situada en la ciudad de al-Raqqa, en territorio sirio. Con estos acontecimientos se pretendió poner fin a la demarcación fronteriza entre Sira e Irak, marcada por los Acuerdos se Sykes-Picot, símbolo de colonialismo sufrido en Medio Oriente. Luego de la caída de Mosul, el efecto domino se sintió en otras ciudades, referimos a Tikrit, parte del Kurdistán iraquí, localidades de Siria y se infiltraron en Kobane, parte del Kurdistán sirio, pero luego serían desterrados por las milicias kurdas.

El pronto establecimiento del nuevo Estado cambió por completo la geopolítica en la región de Medio Oriente. De a poco, las potencias mundiales comenzaron a intervenir, cada vez con mayor peso, en el conflicto regional.

El fuerte crecimiento del ISIS generó un dilema para Occidente y sus aliados de la región, ya que pretendían el derrocamiento de al-Assad, pero esto podría llevar a magnificar las fuerzas de los yihadistas. Por eso mismo la decisión estadounidense fue engrosar las filas y ayudar financieramente a los rebeldes sirios, denominados desde Washington como “rebeldes moderados”.

Por su parte, desde el Kremlin se entró en escena cuando se prestó apoyo al Presidente al-Assad, para mantenerlo en su cargo pero también combatiente el fundamentalismo islámico del ISIS. Al presente, la alianza continúa en pleno combate.

Estructura del Estado Islámico

Lo que se presencia con el Estado Islámico es la construcción de un Estado en sí, capaz de financiarse, con sentido de pertenencia en sus tierras y una gran organización administrativa y económica. Esto es lo que nunca mostraron las distintas organizaciones yihadistas a lo largo de la historia.

Los territorios del ISIS tienen población autóctona, lo que hace que quienes eligieron quedarse sea por propia elección, contando con el respaldo popular9 a pesar de las polémicas medidas tomadas como la restricción a las actividades de las mujeres y excesivos castigos a la población que no cumpla con la sharia.

Para mantener un Estado, ante todo es necesario tener propio financiamiento. Para esto el ISIS saqueó las arcas de todos los bancos de las ciudades tomadas, se adueñaron de los pozos petroleros, y cobran impuesto a su población. El mayor negocio de los yihadistas es la venta del petróleo al mercado negro, donde se calcula que han llegado a recaudar más de 3 millones de dólares por día10.

Uno de los principales beneficiados del mercado negro es, justamente, Ankara, capital turca. A esto referimos cuando Occidente y sus aliados de la OTAN, generan las condiciones para la existencia de este tipo de agrupaciones. Turquía, gobernada hace más de una década por Recep Tayyip Erdogan, tiene su foco puesto en la lucha contra la población kurda, a la cual quiere desterrar de territorio turco.

Hay otras formas de conseguir dinero, como el secuestro de extranjeros y su posterior pago por la liberación, también las donaciones provenientes de instituciones religiosas afines. Las fronteras controladas generan un ingreso por el sistema de aduanas creados por ellos mismos, a la vez que sigue habiendo gran recaudación por la venta de antigüedades que son apropiadas. Para los yihadistas todo monumento o símbolo preislámico es infiel, por esta razón grandes antigüedades saqueadas son subastadas.

Los territorios dominados están separados por provincias o wilayat, y cuentan con un líder denominado wali, quien cumple el papel de la administración civil del lugar. Los wali deben encargase de que la lay musulmana se cumpla: las mezquitas tiene que estar llenas, a la hora de las oraciones no debe haber nadie en la calle, las mujeres tapadas y sin mezclarse con el género masculino, prohibir todo tipo de signo religioso que no sea musulmán, perseguir a los infieles, homosexuales, adúlteros, etc. Nada de esto es muy distinto a lo que sucede en el reino saudí, la única principal diferencia es que Riad es socia y aliada de Washington.

La población que no pertenece al islam no posee muchas opciones más que la conversión o la muerte, o el caso de huir cuando se pueda. Los sometidos pagan un impuesto extra por su situación, la jizya.

El ejército yihadista es la columna vertebral de su existencia y sus soldados cobran un salario por participar. Se pueden encontrar diversas fuentes sobre la cantidad de combatientes que se encuentran afiliados, desde 20 mil hasta 100 mil.

El rol de la mujer musulmana en el Estado Islámico fue cambiando. Al principio estaban totalmente ocultas, pero con el pasar del tiempo y la instauración en muchas ciudades, el ISIS necesitó de ellas para fomentar el crecimiento de la población y para que formen familias con los soldados. Las mujeres no pueden ser parte de las tropas, sólo les es permitido pertenecer a las instituciones educativas como de la salud y su principal papel es difundir la ley islámica.

Reflexiones finales

El Estado Islámico tuvo su apogeo, en cuanto a territorios dominados, a mitad del 2015. Desde ese momento fueron perdiendo territorio lentamente aunque no se presencian cambios estructurales que desestabilicen al nuevo Estado en la región.

Su expansión se torna incómoda sobre todo para países europeos, ya que al situarse en la zona del Magreb africano11, la cercanía con el continente es amenazante.

Los yihadistas pretenden recuperar todo territorio considerado como parte del islam, esto involucra Medio Oriente, Asia Central, el norte de África (Magreb) y centro y partes europeas como Turquía y el sur español. Recordemos que lo que hoy es España supo ser el califato musulmán del al-Ándalus, desde la conquista árabe de la península ibérica en 711 hasta 1492, cuando con la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos se finalizó con la dominación de los árabe.

Mientras las acciones militares contra el ISIS se centran en Siria e Irak, las ramificaciones de la yihad fueron apareciendo por diversos países. La Primavera Árabe dejó un escenario geopolítico inestable y delicado en el Magreb africano, con un vacío de poder listo para ser llenado. Un contexto propenso para la expansión del Estado Islámico, así fue como surgieron células de la agrupación en Egipto, Túnez, Argelia, Libia y Marruecos, en menor medida. El dominio territorial es indispensable para el ISIS ya que es la forma de financiarse, de lograr poder político y de respeto ante poblaciones musulmanes.

El presente en Medio Oriente es complicado para el Estado Islámico. Sufrieron fuertes derrotas como la de Abril de 2016 donde perdieron el control de Palmira, lo cual significa un gran retroceso dentro de Siria. Otra ciudad importante es Ramadi, hoy también bajo dominio del ejército de Bashar al-Assad, sin olvidar la reciente liberación de Alepo.

De igual manera, como hemos explicado a lo largo del artículo, mientras el Estado Islámico continúe teniendo estructuras financieras, sobretodo el control de pozos petroleros, seguirán en pie y con las mismas ambiciones que hace más de dos años al momento de declarar el Califato. Esto mismo muestra que será difícil una resolución pronta en el conflicto que azota la región.

Podemos concluir afirmando que el ISIS logró la instauración de una forma de gobierno en los territorios bajo su control. Es esto la principal diferencia con otras agrupaciones fundamentalistas y lo que, a la vez, provoca mayor inestabilidad en la región, pero mayor estabilidad a las ambiciones del Califato. Debemos comprender al Estado Islámico como algo más que una agrupación de corte yihadista, podemos entenderlo como un Estado que funciona como tal, con una plan económico y una estructura interna propia de cualquier Estado.

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Notas:

1 Bendriss, E. (2013). Breve historia del Islam. Madrid: Ediciones Nowtilus, S.L. p.45.

2 Muhajeri, M. (1984). La revolución islámica, futuro sendero de los pueblos. Buenos Aires: Delegación Cultural del Ministerio de Irshad Islámico.p.9-10.

3 Ezzati, A. (1989). El islam revolucionario y la revolución islámica. Londres: Teherán Branch.p.19-20.

4 Dimas, L. y Picazo, C. (2014). “Problemas económicos en la posguerra” en La guerra del Golfo. Disponible en http://perseo.sabuco.com/historia/Golfo2014.pdf [Visitado abril de 2016]

5 Rashid, A. (2001). Los Talibán. El islam, el petróleo y el nuevo “Gran Juego” en Asia Central. Barcelona: Ediciones Península.p.40.

6 Kepel, G. (2004). Fitna. Guerra en el corazón del Islam. Buenos Aires: Paidós. p.56.

7 Kepel, G. (2004). Fitna. Guerra en el corazón del Islam. Buenos Aires: Paidós. p.153.

8 Cockburn, P. (2015). ISIS. El retorno de la yihad. Buenos Aires: Ariel. p.26.

9 Martín, J. (2015). Estado Islámico. Geopolítica del caos. Madrid: Catarata. p.65.

10 Bonmatí, E. (2016). “Viaje al centro del negocio petrolero del Estado Islámico” en diario El Confidencial, Madrid, 04/05. Disponible en http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-05-04/viaje-al-centro-del-negocio-petrolero-del-isis_1194748/. [Visitado mayo de 2016]

11 Se llama Magreb a la parte occidental del mundo árabe. En África refiere al norte del continente: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, y Mauritania.

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