AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Dudas dicen verdad

AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Dudas dicen verdad

Por Ruperto Concha / resumen.cl

La Democracia es, básicamente, una noción familiar, una figura, una imagen querida, aunque algo desdibujada, que está impresa en algún lugar en lo profundo de nuestra mente. Sabemos que puede tener sus defectos, pero necesariamente la perdonamos. El británico Winston Churchill llegó a decir que la Democracia es el peor de los sistemas políticos, si descontamos a todos los demás.

Pero cuando nos ponemos a pensar en ella racionalmente, comenzamos a descubrir que Democracia es una noción confusa, llena de contradicciones y de laberintos ideológicos y teorías del Poder Político.

Es impresionante el número de grandes pensadores que han intentado llegar a una definición científica y filosóficamente válida. Pero ellos no han logrado ir más allá de ciertas arquitecturas ideológicas, o incluso poéticas, como la de Abraham Lincoln, que definió la Democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”.

Pero, como fuere, la Historia de la Humanidad sí nos ha mostrado, más allá de cualquier duda, que la Democracia invariablemente ha sido capaz de generar una incomparable movilización de recursos, de inteligencias y voluntades, formando trombas o tornados de millones de personas en movilización social ascendente, que han convertido a los estados democráticos en formidables potencias.

Y, sin embargo, a la vez, también la Historia nos muestra que esas grandes potencias surgidas de la Democracia, invariablemente han derivado a convertirse en imperios dispuestos a subyugar a otras naciones e imponer una dura disciplina sobre su propia nación.

Eso ocurrió en la cuna de la Democracia, Atenas, que acabó convertida en el cruel Imperio Ateniense, que se derrumbó finalmente por sus propias contradicciones. Ocurrió también en la Francia de Napoleón, que fue capaz de democratizar a toda Europa pero terminó aborrecida, y, por supuesto, en Estados Unidos, que, según las encuestas, ya es odiado por unos seis mil de los siete mil millones de habitantes del planeta.

Sea como sea, en lenguaje políticamente correcto, constituye una blasfemia poner en duda que la Democracia implique los más altos valores humanistas y el fundamento mismo del Derecho y los Derechos.

Pero… oiga, los blasfemos y sus dudas antidemocráticas se están multiplicando, sobre todo entre la juventud.

Ya en 2003, mencioné en una de mis crónicas que en Brasil, país que emergía alegremente a la prosperidad después de 20 años de dictadura militar, una importante encuesta había revelado que un 10% de los jóvenes consideraba que la Democracia no es necesariamente mejor que un régimen militar.

Oiga, ese 10% equivalía, en esa fecha, a alrededor de 8 millones de jóvenes entre 16 y 26 años. Impresionante, ¿verdad?

Bueno, ahora, 14 años más tarde, encuestas de muy alta calidad, en Australia, en Canadá, en Estados Unidos y en Europa, han venido a confirmar que la gente joven, en proporción inesperadamente mayor, aparece poniendo en duda que la Democracia sea una buena opción para el futuro.

En Sidney, Australia, una encuesta de gran envergadura realizada por el Lowy Institute, de Política Internacional, mostró que sólo un 42% de los jóvenes considera que la Democracia es la forma preferible de gobierno. ¡El 58% dijo no creer en la Democracia! Según expresa el informe, aquellos jóvenes son profundamente escépticos sobre la Democracia.

En Estados Unidos, el grupo llamado “los del Milenio”, “the Millennials”, que corresponde aproximadamente al mismo grupo etario, muestra también que son escépticos respecto de la Democracia. El 40% de ellos señaló que la llamada Democracia en realidad sólo sirve a los intereses de unos pocos. Otro 32% indicó que en Estados Unidos los Demócratas y los Republicanos son la misma cosa.

Y,en relación al Legislativo, el rechazo de los jóvenes a la acción democrática de senadores y diputados se eleva ya a un 62%.

En Canadá, menos del 50% de los jóvenes consideran que los gobiernos democráticos son superiores. Y en Europa, una amplia encuesta realizada por la fundación TUI, de Berlín, mostró que más del 75% de los jóvenes consideran que la Unión Europea no es más que un acuerdo sobre intereses económicos, y no una auténtica alianza de naciones unidas por valores democráticos verdaderos y compartidos.

Y más del 40% de los jóvenes de Italia, Francia y Polonia, declararon también que son escépticos respecto de la Democracia misma. En Alemania, esos escépticos llegaron a ser el 38%.

Como vimos en la elección presidencial de Francia, los 3 candidatos presentados por los partidos políticos tradicionales fueron eliminados en la primera vuelta, y los electores del sector izquierdista o progresista, optaron por darle sus votos al liberal Emanuel Macron… sólo para impedir que pudiese ganar la nacionalista Marine Le Pen.

Con un alborozado optimismo, los neoliberales de la Unión Europea dijeron que contaban con el apoyo de una mayoría abrumadora. Pero los analistas más serios advirtieron que el triunfo de Macron en realidad marca el comienzo de un gobierno convulsionado por huelgas, protestas y, eventualmente, acciones terroristas. Y junto a ello, que ese triunfo marca la ruina y quizás la muerte del Partido Socialista Francés.

La desfiguración del Partido Socialista de Francia se precipitó en 2014, cuando el presidente Francoise Hollande nombró primer ministro al muy derechista y muy millonario Manuel Valls, enquistado en el grupo de los socialistas neoliberales de la Tercera Vía, que seguían el modelo del neoliberalismo británico de Tony Blair.

Este Manuel Valls fue quien puso a Emmanuel Macron como Ministro de Finanzas, y el gobierno del supuestamente socialista presidente Hollande adhirió con todo al neoliberalismo de Bruselas. El efecto fue instantáneo. En las elecciones municipales de ese año, los socialistas perdieron 155 de sus comunas más fuertes. Y, llegada la elección presidencial, su candidato, Benot Hamon, apenas juntó un patético 6% de los votos, mientras que el rebelde izquierdista Jean Luc Melenchon lo más que duplicaba.

Entre el 11 y el 18 de junio próximo vienen las elecciones legislativas de Francia, y el propio “inventor” del presidente Macron, Manuel Valls, ya comentó que, a su juicio el Partido Socialista Francés, ha muerto, fíjese.

Paralelamente al fenómeno francés, en Gran Bretaña las encuestas anticipan que el Partido Conservador alcanzará un triunfo muy categórico en las elecciones del 8 de junio, lo que pondría a la Primera Ministro Theresa May en una posición de poder comparable con la que antes tuvo Margareth Thatcher.

El Partido Laborista en estos momentos está formulando llamamientos angustiosos, advirtiendo que tal triunfo de los conservadores pondría a Theresa May demasiado por encima del poder controlador de la oposición.

Bueno, ¿qué significa todo eso para la Democracia Europea?

Al otro lado del mundo, en Corea del Sur, la elección presidencial del martes 9 marcó un giro impresionante por la victoria del candidato progresista Moon Jae-in, que casi duplicó la votación de su rival, el pro norteamericano Hong Yoon-pyo.

Duro opositor a la instalación de la base de misiles THAAD, de Estados Unidos, con radares apuntados a China y Corea del Norte, el presidente Moon Jae-in confirmó que revisará los términos del acuerdo militar que estableció esa base y desestimó en absoluto que Corea del Sur vaya a pagar parte del costo de esa instalación.

En tanto, organizaciones civiles de los residentes en la zona donde se instaló la base estadounidense, presentaron una demanda ante el Tribunal Constitucional, para impedir el funcionamiento y la llegada a la base de componentes adicionales al sistema de misiles y radar. Centenares de manifestantes han bloqueado las rutas de acceso, y fueron desalojados por la policía, con bombas lacrimógenas y balas de goma.

El nuevo Presidente de Corea del Sur ha sido permanentemente un defensor de la reunificación de las dos Coreas, a través de negociaciones económicamente provechosas entre los gobiernos de Seul, en el sur, y Pyongyang en el norte.

De hecho, el Presidente Moon dijo que reabrirá cuánto antes en la frontera el complejo industrial de Kaeson, donde participan capitales, tecnologías avanzadas y trabajadores calificados, por partes iguales, tanto de Corea del Norte como de Corea del Sur.

Además, dijo estar dispuesto a reunirse con el jefe de gobierno norcoreano, Kim Jong-un, en busca de mejor entendimiento y estudiar nuevas medidas de integración. Esto, sin embargo, partiendo de la base de que Corea del Norte suspenda sus pruebas con armas nucleares.

Por cierto, al terremoto político surcoreano le siguió un rápido cambio de actitud de Estados Unidos. Según la CNN, los altos mandos del Pentágono, de acuerdo con el presidente Donald Trump, han iniciado un discreto suavizamiento del lenguaje amenazante que existía hasta pocas semanas atrás, e incluso se ha bajado el perfil y el número de incursiones de buques de guerra estadounidenses en aguas del Mar de la China.

Junto a ello, el Presidente Trump confirmó que existe la posibilidad de reunirse con el jefe de gobierno norcoreano, a fin de disipar las tensiones.

En realidad, contra la creencia generalizada, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, en estos momentos, se muestran extremadamente cautelosas respecto de la posibilidad de nuevas intervenciones militares y de aumento del peligro de una guerra generalizada.

De hecho, la gran mayoría del llamado “estamento militar” de Estados Unidos, formado por el personal profesional del Ejército, la Marina y la Aviación, más sus familias, tienen una percepción muy dramática y muy realista de lo que es la guerra.

Una percepción que es muy distinta de la que tienen los políticos belicistas y el pequeño grupo de altos mandos que están vinculados a la industria del armamento, y sus miles y miles de millones de dólares anuales.

Recordemos que 2/3 del estamento militar de Estados Unidos votó por Donald Trump, quien a su vez ha integrado un muy alto número de militares en su gabinete y equipo de gobierno.

Recordemos también que el pasado 5 de abril, el oficial de más alto rango del Comando Estratégico de los Estados Unidos, el general John Hyten, declaró ante el Comité Militar del Senado que, fíjese Ud., que Estados Unidos no tiene cómo defenderse de los nuevos misiles nucleares hipersónicos de Rusia.

Y ahora la semana pasada, el almirante Paul Zukunft, jefe máximo del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, declaró categóricamente que Rusia está estratégica y militarmente por encima de Estados Unidos en toda la zona del Océano Ártico. De hecho, el almirante Zukunft, señaló que “en el Ártico Rusia nos tiene en posición de jaque mate”.

Por cierto, no se trata de derrotismo ni de acobardamiento de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Pero, sí, se trata de tener conciencia clara de que ir a la guerra no es como ir a ver una de esas películas de acción, y que, de acuerdo a los datos reales y concretos, de saber que si hay una guerra mundial, la perderemos todos amigablemente, todos compartiremos el fin de todos nuestros problemas, pues ya no quedará nada de qué preocuparse.

Así, pues, nos encontramos con que los jóvenes no creen en la Democracia. Que los militares no creen en la guerra, y que los políticos no creen en la paz pues aparentemente no creen que la paz sea posible y que no es más que un cuento de hadas.

Es por eso que los jóvenes se sienten escépticos de lo que consideran sólo un simulacro maquillado que las élites dominantes nos presentan como remedo de democracia.

Ya hay un gran número de hombres de ciencia y pensadores que se están abocando al desafío de rescatar a nuestro Medio Ambiente Planetario, y a nuestro Medio Ambiente Cultural Humano. Y eso, tanto de las llamadas “ciencias duras” como la Química, la Física y las demás ciencias generadoras de tecnología, como también de las “ciencias humanas” orientadas al conocimiento de la evolución psíquica y cultural de nuestra especie, desde la Psicología hasta la Música, desde la Poesía hasta la Arquitectura.

El mismo director del Instituto Lowy, de Australia, que detectó el rechazo juvenil a lo que los políticos siguen llamando “Democracia”, profesor Alex Oliver, señaló que, en aparente contradicción, los mismos jóvenes escépticos son también los más intensos y resueltos participantes en iniciativas sociales, ecológicas y de derechos civiles, donde muestran que su escepticismo no implica indiferencia.

En todo el mundo desarrollado o en avanzado proceso de desarrollo, un número inmenso de jóvenes participan en redes sociales, en la creación de grupos de reflexión, de elaboración de propuestas y de integración con otros grupos similares, incluso en aquellos casos en que se produzcan entre ellos opiniones distintas o incluso antagónicas.

El sentido de esos contactos es básicamente dialéctico, encontrar una dinámica creativa de tesis y antítesis que, lejos de ser enemigas, pueden en realidad, conjugarse, generándose sucesivas síntesis.

Ya han surgido grupos de verdaderamente gran importancia como el llamado Flux, aludiendo a una función de fundente que permite aleaciones difíciles en metalurgia y combinaciones complejas en la física de las computadoras.

Encabezados por un grupo de brillantes jóvenes de diversas nacionalidades, ellos están desarrollando en estos momentos sistemas de enlaces inteligentes en las redes sociales, eliminando tanto a los trolls estúpidos y violentos, como a los mercenarios a sueldo que fabrican noticias falsas.

Es muy posible que en estos días comencemos ya a tomar contacto con esa clase de gente y de iniciativas incluso aquí, en este lejano y atontado rincón de Sudamérica.

Es posible que esa gente tan joven, esas muchachas y esos muchachos inteligentes, resueltos, de fina percepción y disciplina bien templada, puedan llegar de pronto con el regalo maravilloso de una nueva definición de lo que es Democracia.

Y seamos claros, seamos realistas: si también ellos fracasaran, será nuestra civilización entera la que fracasará.

Los países ya sumidos en la miseria seguirán, por ejemplo, con su explosión demográfica demencial, con pobres mujeres embrutecidas pariendo cada una tres o cuatro o cinco criaturas que nacerán sin más esperanza que convertirse en desesperados emigrantes ilegales ya que en sus propias patrias no queda ni siquiera agua para ellos.

Y seguirá siendo el miedo la energía básica de la sociedad humana. El miedo a la miseria, el miedo a los vecinos, el miedo a una policía que se convierte en enemiga.

Pero no. Esas chicas y esos chicos no van a fracasar… Les costará muchísimo, pero van a lograrlo.

Hasta la próxima, amigos. Cuídense. Es necesario. Ud. ve, hay peligro, pero quizás podremos ayudar en algo a esa linda juventud indómita.

Estas leyendo

AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Dudas dicen verdad