A 52 años de su suicidio, Violeta Parra sigue viva

A 52 años de su suicidio, Violeta Parra sigue viva

[resumen.cl] Al decir “Música Chilena”, lo primero que pensamos es Violeta Parra. Violeta es uno de esos cometas que a pesar de haberse difuminado, su estela nos sigue alumbrando hasta el día de hoy. Y utilizo la palabra cometa con mucho sentido, figuras como ella sólo aparecen esporádicamente pero para no olvidarlas jamás. En el día en que se conmemora un nuevo aniversario de su muerte, celebramos su vida, su obra y su inmortal legado, tan grande que no cabe en ningún museo elitista de Santiago.

Violeta Parra es más que música, es pasión, arte, pintura, cultura, bordados, es mujer, chilenidad y es Latinomérica. Hija disputada entre San Fabián de Alico y San Carlos en el Ñuble, es parte de ese grupo de escritores, músicos, artistas migrantes que viven dos mundos en paralelo: el rural, con sus tradiciones, su forma de relacionarse con la naturaleza y la gente: y el urbano con sus técnicas musicales o poéticas, con su modernidad. Sin combinar estos dos elementos no se puede entender a Arguedas en el Perú, a Rulfo en México, a Atahualpa Yupanqui en Argentina o a García Márquez en Colombia. En resumen, no se puede entender la cultura continental y sus mayores riquezas.

En América Latina nuestras raíces nos llevan al agro, todos somos comuneros mapuches, quechuas, nahualts. La vida comunal es lo que nos permite superar nuestras pobrezas en la ciudad. Si alguien no tiene se le da, si alguien está construyendo su casa se le ayuda. Violeta Parra, somos todas, todos.

Destapó una caja que fue “la nueva canción chilena”, y dio nuevos bríos a toda la música latinoamericana.

¿Por qué en México o Perú fueron narradores y en Chile y Argentina cantantes y compositores? Es difícil saberlo. Pero Violeta Parra, como Arguedas, no sólo crearon. Con un profundo respeto al saber popular también recopilaron. Poesía, sí, música, también. Pero en el caso de Parra también arpilleras, cerámicas, todo un saber tradicional que se está perdiendo.

Violeta es pueblo y se comprometió en las luchas de éste. Acompañó a Allende en sus primeras giras, pero sobre todo acompañó la lucha de las y los de abajo, de quienes construyen el país: “ya no son los españoles/ los que les hacen llorar/ hoy son los propios chilenos/ los que les quitan su pan”. Y siendo profundamente chilena, en su cara, en su voz, en su arte, a pesar de amar a Chile como pocas personas lo han hecho, podía cantar “El pueblo amando la patria y tan mal correspondido/ El emblema por testigo” viendo las injusticias y el maltrato que el Estado da(ba) a sus habitantes.

En Concepción fue un aporte gigantesco para la cultura penquista. Fue con la Universidad de Concepción que hizo el Museo de Arte Popular que después la propia casa de estudios se encargó de desmantelar. Fue la creadora además de la Feria del Arte Popular de Concepción, que pervive hasta hoy, aunque no fiel a su intención original de reunir artesanías del país y de Latinoamérica, sino una agrupación elitista de stands a los que hay que postular, donde la gente va a “vivir la experiencia” y la comida del pueblo se reemplazó por “food trucks”.

El cariño que Violeta dio a Concepción no fue reconocido ni por la Universidad, ni por el Municipio, pero sí por la gente. Algo de ese reconocimiento lo quisieron dar cuatro jóvenes que “rebautizaron” en 2015 la Avenida O’Higgins, principal arteria vial de la capital regional, con el nombre Violeta Parra ¿Qué hicieron las instituciones? ¿La municipalidad ofreció ponerle el nombre a alguna calle? No, sería iluso. Quienes intervinieron fueron los carabineros que los detuvieron.

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