AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: De Izquierda y Derecha

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Por Ruperto Concha / resumen.cl

Ayer sábado, a las 8:10 de la mañana, la Casa Real de Arabia Saudita tuvo que admitir que el escritor y periodista Jamal Khashoggi había sido asesinado en el interior del Consulado Saudita en Estambul, Turquía, y señaló que 18 sospechosos de ese crimen estaban presos y que varios altos miembros de los servicios de inteligencia de Arabia habían sido destituidos.
En su declaración de ayer, la monarquía árabe saudita intentó hacer creer que la muerte de Khashoggi se había producido, fíjese Ud., en una pelea a puñetazos del escritor de 59 años contra los 15 corpulentos individuos amatonados enviados a Turquía en un vuelo privado a hacerse cargo de él. Los mismos que dos horas después regresaron a su país amparados por su estatus diplomático.
El escándalo había sido demasiado grande. Tanto que hasta el propio Donald Trump tuvo que amenazar a Arabia Saudita con durísimas acciones de castigo si no se aclaraban las circunstancias y los autores del asesinato. Los autores materiales y los que ordenaron perpetrarlo.
La exigencia universal al reyezuelo de Arabia Saudita incluye el hacer entrega del cadáver del escritor y periodista, a fin de que forenses independientes hagan la autopsia y determinen con precisión la causa y la forma de su muerte.
Horas después se informó que ya uno de los 15 enviados a “hacerse cargo” del escritor, identificado como Mashal Saad al Bostani, de 31 años, teniente de la Fuerza Aérea de Arabia Saudita, había muerto, fíjese Ud., por pura casualidad en un accidente callejero. También se estima que probablemente el cónsul de Arabia Saudita en Estambul, general Al Otaibi, tendrá que sufrir un fatal accidente casual en un futuro cercano.

 

Está claro que la monarquía árabe saudita no podrá entregar el cadáver del escritor, aunque se esforzará por presentar ese asesinato como obra de un grupo criminal que habría actuado a espaldas del rey Salmán y de su todopoderoso hijo, el heredero Mohammed bin Salmán.
El repugnante, bestial asesinato de Khashoggi por supuesto caló muy profundamente en la opinión pública de todo el mundo civilizado, y para los gobernantes va a ser complicado justificar la salida política “realista” que permita mantener relaciones efectivas con la monarquía Saudita.
De hecho, voceros del rey Salmán ya advirtieron que, en caso de que se aplicaran sanciones en su contra, Arabia Saudita respondería haciendo uso de todos sus recursos. Con ello, no se refería solamente a materializar la compra a Estados Unidos de 156 mil millones de dólares en armamento que podría adquirir también en Rusia… No: además se mencionó que Arabia Saudita tiene en su mano la capacidad de recortar su producción de petróleo, haciendo que este se dispare a más de 100 dólares, quizás hasta 200 dólares el barril.
Por lo pronto, las organizaciones empresariales de Rusia ya declararon su confianza en que la monarquía saudita podrá esclarecer aquel crimen, y enfatizaron que las relaciones económicas y estratégicas entre naciones deben sostenerse por encima de consideraciones personales. Es decir, el gobierno de una nación es una entidad completamente superior a los individuos involucrados.
De hecho, Estados Unidos también se muestra ansioso de lograr que la monarquía saudita pueda exhibir algún grado creíble de inocencia, y lo mismo están dejando ver Gran Bretaña, Francia y Alemania, además de la propia Turquía, que denunció y demostró la intervención Saudita en su repugnante crimen.
¿Quién sería, entonces, el chivo expiatorio que cargará las culpas limpiando así a los demás?

 

El hermano menor del príncipe heredero Mohammed bin Salmán es el príncipe Khalid bin Salmán, hasta ayer embajador de Arabia Saudita en Washington. Pero el viernes, justo antes de que su gobierno reconociera el asesinato de Khashoggi, el príncipe Khalid retornó a Riad y ya se sabe que no reasumirá como embajador.
El Consejo de Seguridad de la actual dinastía saudita, al parecer, ya está proponiendo designar al joven príncipe Khalid como Heredero Alternativo del trono, junto a su hermano mayor Mohammed. Si esa designación se concreta en las próximas semanas, se prevé que el actual heredero podría ser reemplazado, manteniendo el poder dentro de la dinastía Saud.
Se sabe que en el seno del Concejo Dinástico hay un importante sector que es enemigo del agresivo príncipe heredero actual, y son muchos los miembros de la familia real que se sienten amenazados y extorsionados por Mohammed, al que además acusan de mantener y agravar la guerra contra Yemen, que ha tenido un precio ruinoso en lo económico y un dramático desprestigio para la monarquía saudita.
¿Qué impacto tendría para la correlación mundial de fuerzas estratégicas, si Arabia Saudita terminara alejándose, aunque sea un poco de Estados Unidos, para sumarse, aunque sea un poco, al nuevo grupo de los No Alineados al igual que la India?

Mientras en Arabia Saudita parecen estar afinándose en una canción sorpresiva y distinta, en América Latina el tema de Brasil parece extremadamente desafinado, a sólo una semana de la dramática segunda vuelta, entre la derechistosa candidatura de Jair Bolsonaro y la zurdocentrista candidatura de Fernando Haddad.
El Partido Democrático del Trabajo, que obtuvo la tercera mayoría en la primera vuelta, ya se comprometió al fin resueltamente en apoyo de Haddad, y por lo pronto denunció ante el Tribunal Supremo Electoral el financiamiento ilegal de la campaña de Bolsonaro, en que diversas grandes empresas han desviado fuertes sumas de dinero, más de 10 millones de dólares, sobre todo para financiar una abrumadora oleada de noticias falsas, calumnias e insultos en contra de Fernando Haddad.
Sin embargo, el Tribunal aparece inmovilizado, incapaz de actuar en estos últimos días de campaña, a pesar de que en la prensa de derecha, como la Folha de Sao Paulo, se está anunciando que el triunfo de Bolsonaro traerá la destrucción de toda la oposición de izquierda y de centro izquierda. Y, agregan, no se trata sólo de destrucción electoral. También habrá aniquilación física.
Según denunció el célebre cantante y músico Caetano Veloso, la campaña de Bolsonaro está anunciando una escalada de violencia, a la vez que está incitando a esa violencia criminal.
Hasta aquí, los pronósticos para la segunda vuelta son cómicamente iguales que los que se hicieron en la última elección presidencial de Estados Unidos, cuando los diarios, encabezados por el New York Times, afirmaban que las posibilidades de triunfo de Hillary Clinton eran de 85%, mientras que en favor de Trump sólo había un 15%. ¡Y ya vimos lo que ocurrió entonces!
Resulta difícil de creer que, si en abril pasado las intenciones de voto en favor de la centroizquierda duplicaban lejos las intenciones en favor de Bolsonaro, ahora éste se presente como aventajando a la centroizquierda por casi un 20%. Y eso, en circunstancias de que en las elecciones parlamentarias la derecha disminuyó sus escaños tanto en diputados como en senadores.
Pero, en fin, cualquier cosa puede suceder en Brasil el domingo próximo. Y a esa cualquier cosa, de todos modos, hay prever un futuro tumultuoso y muy desfavorable para el más importante de los países sudamericanos, cuyo Producto Interno Bruto supera los 2 millones de millones de dólares, oiga, cuando el PIB de Chile no alcanza ni a los 300 mil millones.
Aun en el caso de que el ganador sea el centroizquierdista Fernando Haddad, el Brasil entrará en un oscuro período de enfrentamiento interno con un temible ingrediente de odiosidad religiosamente potenciada.

 

Justamente en esta semana el Papa Francisco canonizó al ahora Santo arzobispo Oscar Romero, asesinado por un evangélico derechista mientras oficiaba misa en la Catedral de San Salvador. Odiado por una derecha irracional, Oscar Romero fue acusado de ser un cura comunista, y su memoria se mantuvo aplastada por la jerarquía de la Iglesia Católica bajo el papado de Juan Pablo II.

Internacionalmente, el ahora San Oscar Romero fue admirado como un mártir de los derechos humanos y de la justicia social. De hecho es el único religioso sudamericano que tiene una estatua en la Catedral británica de Westminster, y el ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se arrodilló ante la lápida el Obispo de los Pobres.

Esta canonización de San Oscar Romero parece estar marcando un giro o al menos una renovación de la Iglesia Católica recientemente abrumada por las denuncias de abusos perpetrados por curas y monjas sobre niños y adolescentes a su cargo.

En forma inexplicada, la abrumadora mayoría de los casos denunciados en Chile, México, Irlanda, Australia, Estados Unidos y España, corresponden a clérigos vinculados a órdenes católicas muy conservadoras y vinculadas a la derecha política, esto incluyendo las últimas denuncias de Alemania contra curas del Movimiento de Nuestra Señora de Schoenstatt, que se sumaron a otras contra curas del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo.

Ahora, con la llegada del primer Papa latinoamericano, que adoptó el nombre de Francisco, llamado “El Pobrecito de Asís”, se está perfilando un renacimiento del espíritu del Concilio Vaticano II, con la Teología de la Liberación y la Doctrina Social de la Iglesia.

Y esto, por cierto, se está expresando en una enconada y sorda guerra, no muy silenciosa, en el seno de la jerarquía eclesiástica católica. Una guerra cuyos despojos en gran medida han sido el botín con que se ha nutrido el llamado “movimiento evangélico” que está campeando en la política latinoamericana.

 

La antropóloga y teóloga francesa Lamia Oualalou publicó un valioso estudio sobre el explosivo crecimiento del llamado Movimiento Evangélico Latinoamericano, cuya influencia política se ha hecho decisiva. Por su parte, el periodista Ivan Witker, del diario digital El Mostrador, de Chile, expone cómo, de hecho, los evangélicos son el principal apoyo del régimen de Lenín Moreno, en Ecuador; cómo en Colombia dieron el triunfo al actual presidente Iván Duque. En México, los evangélicos, siendo derechistas, esta vez optaron por apoyar la candidatura del presidente electo Manuel López Obrador

En América Central, los evangélicos llegaron al poder, por primera vez, en Guatemala, mediante el golpe de estado del general Efraín Ríos Montt al que llamaron “Ungido por Dios”. Pero ya sabemos que el tal ungido por Dios terminó condenado por genocidio y enriquecimiento ilícito, y fue condenado a presidio.

En Perú, los evangélicos pentecostales dominaron el partido Cambio 90, y llegaron al poder con Alberto Fujimori, en cuyo gobierno el pastor evangélico, Carlos García, fue nombrado Vicepresidente de la República.

En 2016, otro evangélico, Jimmy Morales, llegó a la presidencia, apoyándose en su popularidad como animador de televisión, pero hoy está sumido en escándalos y corrupción, y en Costa Rica un pastor evangélico y cantante llamado Fabricio Alvarado, ganó en primera vuelta de la elección presidencial de este año, pero fue derrotado en segunda vuelta.

Ahora, en Brasil, los evangélicos, principalmente los pentecostales, aparecen con entre el 27 y el 31% de la población votante, y es la fuerza política realmente decisiva que apoya al ultraderechista Jair Bolsonaro.

 

La antropólogo Lamia Oualalou por su parte señala cómo las iglesias llamadas evangélicas han logrado penetrar en una gama de muy diversos grupos sociales y culturales, que van desde los pobres semi indigentes trabajadores mulatos hasta grupos militares reaccionarios y furibundos frente a la diversidad sexual o el control de la natalidad. Hay pastores que se entienden muy bien con los deportistas, otros llegan bien con los grupos de lesbianas y gays, e incluso con grupos involucrados en el tráfico de drogas u otras organizaciones delictuales, sobre la base de que basta el arrepentimiento oportuno y sincero para que Dios nos perdone todos los pecados.

En cambio la Iglesia Católica, tras la muerte del Papa Juan Pablo I, retornó a su tradicional alianza con las clases dominantes. La Iglesia Católica ya no entró a las favelas, y por su parte el Estado sólo entra en ellas como una fuerza policial. En las favelas, en los barrios pobres, la gente escucha las radios evangélicas, ven la televisión evangélica, entra a los grupos evangélicos de Facebook y Whatsapp.

Es decir, tras su durísima reacción en contra del Concilio Vaticano II y el concepto de Cristianos Para el Socialismo, la Iglesia Católica dejó que se derrumbara el puente que la unía a la base humilde y poderosa de la sociedad.

¿Será que ahora San Oscar Romero ayudará al Papa Francisco a reconstruir ese puente? ¿Será que al fin prevalecerá la doctrina de ese Jesucristo que agarró a chicotazos a los banqueros que cambiaban dinero en el Templo de Dios?…

 

Pero la gravedad de las noticias parece ir encerrándonos en un corral angustioso. Por un lado, Trump anunció que se propone retirarse del Tratado de Control de Misiles Nucleares de Alcance Intermedio, suscrito con la Unión Soviética y continuado por Rusia. Esto, en principio, implica que Washington queda facultado para lanzar un ataque preventivo nuclear contra Rusia. Así lo entendió bien el Kremlin, y el comentario de Vladímir Putin fue:

“Si nos atacan con misiles nucleares, nosotros nos iremos al cielo. Pero ellos se irán al infierno”. Es decir, Rusia dejó en claro que no habrá sobrevivientes.

Pero aún sin guerra nuclear, ¿cómo nos salvaremos de la corrupción?

Uno de mis muy valiosos amigos auditores, un médico que no me ha autorizado a dar su nombre, me hizo llegar un análisis suyo sobre una nueva economía, post liberal, en que el Estado retome su responsabilidad de regular la actividad económica y social.

Y él se pregunta: ¿Quién y cómo se ejercerá ese control? ¿Serán los grupos político-burocráticos, esos que inevitablemente se transforman en oligarquía corruptible y putrescible?

¿Hay una izquierda realmente libre de corrupción? ¿Acaso la derecha y la centroderecha no mostraron ya que están corrompidas?

Es preciso dedicar una crónica completa a analizar los niveles mundiales de corrupción desvergonzada que ha contaminado no sólo a las grandes potencias y ha contagiado a los chicocos pobretones. No. La corrupción ya se ha colado hasta el cerebro de nuestros niños que ya no saben ser felices más que comprando lo que el consumo les manda comprar.

¿Es una Revolución Cultural lo que necesitamos?… Pero, ¿y si nos resulta una revolución cultural como esa de la pandilla de los 4 en la China de Mao Tse Tung?

 

Quizás haya una respuesta en ese santo que escribió los primeros poemas en lengua italiana. San Francisco de Asís, que se dio cuenta de que todos y todo somos creaturas con un mismo origen.

Y que por lo tanto somos todos hermanos: Hermano sol, hermana luna, hermano fuego, hermana agua.

Hermana humanidad y hermanas matemáticas.

Hasta la próxima, gente amiga. Hay peligro, pero todavía nos queda San Francisco.

 

*Imagen: Jair Bolsonaro bautizado como evangélico por pastor Everaldo en el Río Jordan.

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