AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Inteligencia al poder

AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Inteligencia al poder

Por Ruperto Concha / resumen.cl

Fue el viernes de la semana pasada que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, al iniciar el año lectivo, les explicó a los estudiantes de su país que en estos momentos el supremo desafío de la ciencia y la tecnología es el desarrollo y el dominio de la llamada Inteligencia Artificial.

Por cierto, los titulares de la prensa occidental sólo destacaron la idea de que para Putin la Inteligencia Artificial es un arma, una tecnología de superioridad militar, omitiendo que el mensaje se centraba precisamente en lo contrario.

De hecho, Putin enfatizó que es responsabilidad de los seres humanos, en especial de las nuevas generaciones, empeñarse en que ese poderosísimo instrumento se mantenga bajo el control democrático de las naciones del mundo, impidiendo que alguna potencia imperialista quiera apoderarse de él, ya que, especificó, aquél que tenga el dominio de la Inteligencia Artificial tendrá también el dominio militar sobre todo el planeta.

Y en esos términos, Putin enfatizó que Rusia está compartiendo sus propios avances y logros en Inteligencia Artificial, con sus países amigos pues sería nefasto permitir que algún estado intente alcanzar el monopolio de ella.

Según la narrativa de la prensa occidental, únicamente China y Estados Unidos están en la cabeza en esa ciencia. En realidad, Occidente ignora los avances que están alcanzando los más de 10 mil científicos que se dedican a ese campo en la ciudad universitaria de Akademgorodsk, y que realmente se mantienen en colaboración estrecha con sus pares de China.

Pero, de partida, aclaremos cuál es la base que ha disparado un desarrollo cada vez mayor y más rápido de esa Inteligencia Artificial.

No es nueva la idea de construir computadores suficientemente poderosos, rápidos y seguros, que fueran capaces de superar a la inteligencia humana. Los primeros intentos concretos los realizó la legendaria empresa IBM-Watson, con su computadora Deep Blue que, en 1997, en segundo intento, logró vencer en un duelo de ajedrez al gran maestro ruso y campeón mundial, Gary Kasparov,

La intención de aquel duelo, para la IBM, era demostrar que ya en esa época, una forma primitiva de inteligencia artificial podía vencer, en su campo, a un genio de la inteligencia natural.

En estos momentos, 20 años después de la Deep Blue, el progreso de la informática ha sido gigantesco. Tanto, que ahora sí parece inminente la aparición de nuevos súper computadores que sí pueden optar a exhibir una inteligencia artificial. Una máquina racional, flexible, capaz de percibir su entorno y elegir las acciones óptimas para alcanzar algún propósito. Y eso implica que esas máquinas tengan la facultad de aprender, de descubrir errores incluso dentro de sí mismas, y corregirlos, y, por último, fijarse, eventualmente, nuevas tareas, lo que implica la posibilidad de que tomen iniciativas.

El desarrollo de esa clase de máquinas inteligentes contempla desde sutilísimos conceptos de programación, hasta los más misteriosos aspectos de la llamada física cuántica, que está experimentando con electrones capaces de generar procesos que antes eran inimaginables. De hecho, los computadores comunes operan sobre los llamados bits, o dígitos binarios, ceros y unos, que ofrecen 8 combinaciones posibles, de las cuales sólo se puede elegir una cada vez.

Los computadores cuánticos, en cambio, utilizan unos llamados q-bits, también en forma de ceros y unos, pero que pueden combinarse en su totalidad. O sea, 8 veces más que los bits.

Esa diferencia, esa progresión de 8 a uno, es comparable con la leyenda del sabio que le pidió al rey que le regalara granitos de arroz poniéndolos en las casillas de un tablero de ajedrez. Un granito en la primera, dos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta, y así hasta cubrir las 64 casillas del tablero. El rey se rió, pensando que el sabio le estaba pidiendo muy poco. Pero al colocar los granitos, duplicándolos en cada casillero, cuando recién iban llegando a la mitad del tablero, en la casilla 32, había que colocar 2 mil 147 millones de granos, que pesarían unas 2 mil toneladas de arroz.

En el caso de los sistemas digitales, la diferencia entre los bits y los q-bits es aún mayor. En números similares de bits y q-bits, estos aparecen cien veces más veloces, realizando mil veces más operaciones en un mismo lapso de tiempo.

Por cierto, los avances que están realmente lográndose en la informática cuántica se mantienen en máximo secreto. Rusia simplemente se abstiene de entregar cualquier información sobre sus investigaciones y experimentos. China y Estados Unidos, en cambio, como están ligados a actividades de empresas privadas, tienen que revelar al menos parte de su actividad.

Ya el año pasado, en octubre, el gobierno de Barack Obama reconoció oficialmente que China había sobrepasado a Estados Unidos en publicaciones científicas e investigaciones sobre el llamado “aprendizaje profundo”, que es la clave para el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Ya el año pasado, empresas e instituciones chinas registraron un millón de patentes en el rubro computacional y específicamente en Inteligencia Artificial, mientras que Estados Unidos sólo registró 600 mil.

Al mismo tiempo, capitales chinos han comprado importantes paquetes de acciones en 51 empresas estadounidenses dedicadas a la Inteligencia Artificial, por un monto de 700 millones de dólares, alcanzando un total de inversión en ese rubro de 10 mil millones de dólares y, por supuesto, la participación activa en los directorios de esas empresas.

Los tres mayores gigantes de la industria tecnológica china son Baidu, Didi y Tencent, y tienen cada una, una división de investigación científica enfocada en Inteligencia Artificial. La Baidu, de hecho, tiene un centro de investigación nada menos que en Silicon Valley, Estados Unidos, en que trabajan 200 investigadores especializados en conducción de vehículos sin chofer, en traductores simultáneos de idiomas a partir de sonidos, y en sistemas de reconocimiento de personas, incluso a partir de simples fotografías.

Y las tres empresas, además, financian becas para varios miles de estudiantes promisorios, mientras que la gran operadora de internet China, WeChat, con alrededor de 60 mil servidores para su red, mantiene abierta su enorme base de datos para uso gratuito de los estudiantes.

En la pequeña y casi desconocida ciudad de Xiang Tan, las grandes empresas cibernéticas chinas, junto al gobierno, en un año han realizado aportes por dos mil millones de dólares para investigación y formación de especialistas en Inteligencia Artificial. Otras grandes inversiones para investigación y formación de jóvenes científicos se están realizando en las ciudades de Suzhou y Shendzen.

Bueno, frente a eso, en Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump rebajó en un 10% el aporte estatal para la Fundación Nacional de Ciencias en sus programas de Inteligencia Artificial.

Pero, pese a todo, también en Estados Unidos dos prestigiosos gigantes de las ciencias y técnicas digitales el jueves pasado se unieron para lanzarse con todo al desarrollo de la Inteligencia Artificial. Se trata de la IBM-Watson, y del icónico Instituto Tecnológico de Massachusetts, que invertirán juntos 250 millones de dólares en un programa de investigación con 100 científicos de ambas instituciones, para abocarse a cuatro áreas esenciales para el desarrollo de Inteligencia Artificial.

Algoritmos de aprendizaje profundo, desarrollo de conexiones neurales, análisis de funciones cerebrales aplicando la física cuántica y combinación o integración entre el cerebro humano y los cerebros electrónicos, incluyendo el perfeccionamiento de metodología para optimizar el aprendizaje que alcancen las máquinas.

Según declararon los voceros de la IBM y de la Universidad, el veloz desarrollo de la Inteligencia Artificial necesariamente producirá riqueza, ganancias económicas y aumento del bienestar y el desarrollo de la sociedad. En palabras de la IBM, ellos tienen la certeza de que la Inteligencia Artificial producirá prosperidad.

Pero, ¿hasta qué punto hay consenso en las bondades y excelencias de la Inteligencia Artificial?… Al menos todos parecen estar de acuerdo en que ningún país desarrollado puede permitirse quedar fuera del grupo de los dueños de la Inteligencia Artificial.

En los últimos pocos años, después del 2010, los modestos avances en tecnología de Inteligencia Artificial se multiplicaron sin dejar de acelerar. Y ya están produciendo efectos inquietantes. Por supuesto, los sistemas automatizados y los robots están eliminando diariamente miles y miles de puestos de trabajo. En Estados Unidos, inesperadamente, el mes de agosto pasado entregó cifras de aumento de la cesantía.

En Gran Bretaña, ya una importante empresa agro-industrial reportó haber realizado la totalidad de las faenas de una hacienda de 100 hectáreas, arado, siembra, desmalezado, riego y cosecha, sin emplear ni un solo trabajador humano. Todas las faenas fueron realizadas automáticamente o por medio de robots.

Según el análisis financiero, el costo de la implementación de máquinas quedó cubierto en el balance del año, y se traducirá en aumento enorme de ganancia en el año siguiente. Y, ojo, esas faenas daban trabajo a 5 personas por hectárea, 500 personas por 100 hectáreas, 500 personas que ya no sirven, 500 seres humanos sobrantes, a los cuales se suman sus familias.

Como ya se ha informado repetidas veces, se estima que en los próximos 5 años se perderá alrededor de un 30% de los actuales puestos de trabajo, lo que implica que, en 5 años más, 3 de cada 10 personas que hoy son útiles, pasarán a ser inútiles en términos de producción.

Pero eso es sólo un aspecto del impacto de las máquinas inteligentes.

Ya a fines de julio pasado se confirmó que biólogos de la Universidad de Ciencias Médicas de Oregón, Estados Unidos, habían logrado aplicar con éxito un sistema de intervención quirúrgica microscópica sobre el ADN de un embrión humano, empleando instrumentos operados por computadora, que cortaron trozos específicos del ADN del embrión, y los reemplazaron por otros.

Por supuesto, el análisis microscópico de los tejidos, así como la selección del trozo de ADN que se eliminaría, y del trozo de otro ADN que se colocaría en su reemplazo, fue logrado mediante instrumentos robóticos, manejados cibernéticamente.

Con ello quedó claramente demostrado que ya la medicina y los genetistas están capacitados para eliminar de un feto aquellos sectores del ADN que determinen efectos indeseables. Por ejemplo, alguna enfermedad hereditaria. Pero, también podría ser, para eliminar otros efectos indeseables, por ejemplo, fealdad en los rasgos fisonómicos, o una  insuficiente capacidad mental.

Es decir, el desarrollo tecnológico, unido a los recursos digitales, ya demostró que es posible intervenir en el ADN mismo de un feto humano, para hacer que resulte del gusto de sus padres o de la institución que tenga poder legal sobre la criatura.

Por supuesto, la Universidad y el equipo de biólogos se apresuraron a declarar que de ningún modo esa tecnología podría usarse más que con fines médicos inobjetables. De hecho, señalaron que no se permitió que los embriones humanos intervenidos pudieran seguir con vida. O sea, los mataron.

Pero ya el 2 mil, los genetistas de la Universidad Biológica de Yunán, en China, habían reconocido estar capacitados para manipular embriones humanos, clonarlos y desarrollar en ellos características positivas, todo eso, naturalmente, sólo se haría en caso de que las Autoridades lo estimen necesario y ordenen hacerlo.

¿Sería ser muy mal pensado prever que pueda haber recursos financieros para que ciertas personas solventes puedan tener hijos perfectamente diseñados y a su gusto en términos de inteligencia, salud y belleza?

Ya los avances comprobados de estos inicios de aplicación de la Inteligencia Artificial están provocando trastornos muy profundos en zonas claves de la cultura, los valores, la economía, y la salud psicológica de los seres humanos.

Es posible que las advertencias del presidente Vladimir Putin sean acogidas por el resto del mundo. Que se logre evitar, por ejemplo, la criminal imbecilidad de una guerra en Corea, y que finalmente se logre reformar y modernizar la Organización de las Naciones Unidas, para devolverle su capacidad de hacer aquello para lo que fue creada.

Es posible también que Estados Unidos al fin opte de nuevo por ser una nación de gente contenta de vivir a su manera, con un desenlace con colorcitos de final feliz.

Pero son demasiadas las cosas que quedarán pendientes aún en el mejor de los casos. El cambio climático, la corrupción global del medio ambiente, el agotamiento de los recursos baratos… Es posible que finalmente se logre que los países más atrasados y pobres tengan una política sana de planificación familiar, parando la explosión demográfica y respetando el derecho de las mujeres a ser personas plenas como individuos y no sólo unas paridoras.

Y que las familias dejen de preguntarse “Cuántos hijos queremos” y comiencen a preguntarse “Cuánto queremos a nuestros hijos…”

Pero, aun así, la llegada inminente de la Inteligencia Artificial nos provocará un cataclismo de civilización. Está claro que la producción de bienes de consumo, con las nuevas tecnologías, se volverá cada vez más barata.

Y está también claro que la economía social de las naciones aumentará la distribución de dinero a las familias, creando un fondo suficiente para cubrir las necesidades básicas de las personas. Eso ya se está haciendo en Hawaii, Estados Unidos, y todos los ensayos experimentales en Europa están dando resultados igualmente positivos.

O sea, se estaría generando, por la pura dialéctica del avance científico y cultural, un mundo con economía de abundancia, en el que sólo una proporción mínima de seres humanos sería requerida para realizar trabajos de producción netamente económica, que casi en su totalidad estaría siendo realizado por máquinas.

¿Se fija Ud.?… Incluso en el mejor de los casos, nos encontramos enfrentando el desafío aterrador de darnos cuenta de que la libertad es implacable pues finalmente nos obliga a ser de verdad nosotros mismos.

Ya no escondiéndonos detrás del supuesto valor moral de “Ganarnos la Vida”, sin contarnos el cuento de que fuera nuestro sufrimiento y nuestra frustración lo que le dé sentido a nuestras vidas.

¿Seremos capaces de fijarnos las necesarias nuevas metas existenciales, los indispensables desafíos del pensamiento, de la exploración, la belleza, la osadía de la exploración y la exploración hasta lo profundo de los sentimientos?

Los que le tienen miedo a la Inteligencia Artificial son los mismos que antes querían tenerle miedo a un dios iracundo, vanidoso y más bien chambón, un dios que se inventaban a la medida de sus propias miserias y tonterías.

¿Por qué las máquinas podrían desarrollar ambiciones dictatoriales sobre los seres humanos?…

La inteligencia es sólo eso: inteligencia. Sea humana o artificial, es sólo inteligencia. Capacidad de diagnosticar la realidad y sus problemas y buscar soluciones.

Las miserias de este inicio del Tercer Milenio no son efecto la inteligencia. Son efecto de la escasez de inteligencia.

Aquí en Chile tenemos que estar atentos, el jueves próximo, al “Foro Presidencial Congreso Futuro, ¿Por qué futuro vas a votar tú?” Organizado por la publicación web El Mostrador junto a la CNN de Chile, que es harto más decente que la CNN de Estados Unidos, se pondrá a todos los candidatos presidenciales a hablar de cara a cara con la gente sobre los desafíos de la ciencia y nuestra opción a un destino, y responderán a las preguntas que se les formulen.

El único candidato que va a estar ausente es Sebastián Piñera, pero, en fin, sabemos que su nivel cultural es precario y que para fines prácticos, igual que el Chapulín Colorado, él prefiere contar con su astucia.

Hasta la próxima, amigos, cuídense. Es necesario, hay peligro, pero todo se está poniendo demasiado interesante.

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