AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Llevarse la pelota

Por Ruperto Concha / resumen.cl

De aquí a cuatro meses más, Estados Unidos estará zambullido en una feroz contienda de campaña electoral. Se trata de la elección llamada "Mid Term", a la mitad del mandato presidencial, en que se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes, con 435 escaños, y 35 de los cien escaños del Senado. Además, se disputarán las gobernaciones de 39 estados, y, como agregado, se realizarán elecciones locales de postulantes a diveersos cargos públicos.

Es decir, el 6 de noviembre próximo se definirá el destino del gobierno de Donald Trump, y, quizás, un desenlace radiactivo de las beligerancias mundiales. De ahí que ya en estos momentos todas las posturas, los titulares, las declaraciones y los disparos de verdades o de calumnias, deben entenderse como parte de la pre-campaña electoral.

Y es en ese contexto que tenemos que entender el estallido histérico que se generó en el Partido Demócrata, tras la enigmática y muy reservada reunión de Trump con su colega Wladímir Putin, el lunes pasado, en Finlandia.

Sin tener información alguna sobre aquella conversación, la élite política de los demócratas llegó incluso a calificar a Trump como "Traidor a la Patria", que debiera ser destituido de inmediato y condenado a presidio, fíjese Ud., por no haber humillado y aterrorizado al presidente de Rusia.

A pesar de ello, Trump anunció su intención de realizar muy pronto una segunda cumbre con el presidente Putin, esta vez invitándolo a los Estados Unidos. Según la mayoría de los grandes medios noticiosos y publicitarios, hasta el propio Director de Inteligencia de Estados Unidos, Dan Coats, se habría mostrado ridículamente atónito.

Pero ya anoche Coats desmintió aquello y enfatizó que toda la comunidad de los servicios de inteligencia de Estados Unidos proveerá del máximo de información y análisis para el Presidente Trump, apuntando a que Rusia no intervenga en nuestras futuras elecciones, a que se desarrollen fuertes relaciones de amistad internacional, para mantener la paz, desnuclearizar a los regímenes peligrosos y proteger a nuestra nación y a nuestros aliados. Eso dijo Dan Coats.

Pero hasta hoy el tono de odio, repugnancia y ferocidad hacia Rusia contrastaba con el llamamiento de un grupo de importantes parlamentarios demócratas que hace menos de 4 meses habían lanzado ya un llamamiento al gobierno de Trump instándolo a iniciar nuevas negociaciones con Rusia, lo antes posible.

El grupo de parlamentarios demócratas incluía a los senadores demócratas Dianne Feinstein, Jeff Merkley y Edward Markey, y el senador independiente Bernie Sanders, ex pre candidato a la presidencia, quienes urgieron a interactuar sinceramente con Rusia para evitar que puedan producirse errores que pudieran desencadenar un conflicto armado.

Y, ya el 21 de marzo pasado, el propio presidente Trump había desafiado a las cúpulas del Partido Demócrata y de su propio Partido Republicano, y a los voceros periodísticos de los servicios de inteligencia, que clamaban en coro más acción para humillar a Rusia. Prácticamente le exigían a Trump que no felicitara a Wladimir Putin por haber sido reelegido Presidente.

Pues bien, no sólo Trump le envió un saludo y una felicitación a Putin. Además, declaró por Twitter que ya es tiempo de frenar la carrera armamentista y que es posible lograr que Rusia ayude en esa meta.

En cuanto a la opinión de la gente, la última encuesta, que culminó el domingo pasado, previo a la cumbre en Helsinki, mostraba que sólo un 23% de la gente considera que Rusia es amistosa y un 5% adicional cree que Rusia puede ser un aliado de Estados Unidos. Frente a eso, un 43% siente que Rusia no es amiga y un 25% la considera enemiga.

De ellos, un 27% piensa que Rusia es una amenaza más peligrosa que China, Corea del Norte o Irán. Otro sondeo, muy apresurado, entre el martes y el miércoles pasado, revela que en el seno del Partido Republicano hay ya una mayoría abrumadora, superior al 79%, que apoya el acercamiento entre Washington y Moscú.

Eso, en los preparativos para la campaña electoral hacia el 6 de noviembre, es una señal clarísima para que los líderes republicanos den mayores muestras de disciplina y más lealtad hacia el gobierno

Por su parte, en el Partido Demócrata se están agudizando las tensiones internas, según ganan apoyo los sectores más jóvenes que tratan de imponer al Comité Central de su partido nombres, proyectos y programas de acción que aparecen desafiantes contra la élite de viejos políticos, a los que acusan de hacerse los sordos ante el clamor de la gente.

En la costa oeste, especialmente en California, nuevos movimientos de políticos jóvenes están formando grupos muy bien organizados, vinculados a entidades como la ACLU, Unión Americana de Defensa de los Derechos Civiles. De hecho, uno de esos nuevos grupos, el llamado "Poder Popular", ha logrado éxitos como reponer en la ciudad de Fénix, Arizona, el carácter de "santuario de protección a los inmigrantes", para lo cual se ganó, incluso, el apoyo de activistas conservadores.

Pero detrás de las tensiones y escaramuzas tradicionales de las campañas políticas, se va haciendo cada vez más difícil de ocultar que las cúpulas de los dos grandes partidos políticos estadounidenses están tambaleándose, se sienten desafiadas y no están dispuestas a aceptar que nuevos vientos históricos los reduzcan a la condición de volantín cortado.

De hecho, el 28 de junio pasado viajó a Rusia una delegación de parlamentarios republicanos, siete senadores y un diputado, para dialogar cara a cara con sus pares parlamentarios de Rusia.

Los términos de los parlamentarios americanos fueron iguales a los que expresó el presidente Trump sobre su encuentro con Wladímir Putin: Somos competidores, pero no enemigos.

El senador John Neely Kennedy describió la reunión como "completamente franca, muy, muy franca, sin eludir ningún tema".

Les pedimos a nuestros amigos rusos que no interfieran en nuestras elecciones, les pedimos que no intervengan contra Ucrania y que permitan que el pueblo ucraniano auto determine su futuro, les pedimos que aseguren el retorno a la paz en Siria y que no permitan que Irán se haga fuerte en territorio sirio.

Según esas declaraciones del senador Kennedy, la idea de que el pueblo de Ucrania resuelva su destino democráticamente coincidiría luego con la propuesta de Putin a Trump, en el sentido de convocar a un plebiscito en Ucrania, bajo estricto control democrático, para definir los términos de coexistencia o de separación entre los habitantes de habla ucraniana y los de habla rusa, que son mayoría casi unánime en las zonas de Lukhans y Donetz, al oriente ucraniano, que siempre fueron rusos, desde 1735 hasta 1954, cuando un decreto de Nikita Khruschev traspasó la administración a la Ucrania Soviética.

Por cierto, la propuesta de Putin fue instantáneamente rechazada por la cúpula del Partido Demócrata y el coro de la prensa de las transnacionales.

Así, en estos momentos, el Partido Republicano aparece como adalid de la distención y la búsqueda de colaboración con Rusia, mientras que los demócratas aparecen como empeñados en la más dura enemistad con Rusia.

Sin embargo, además de los parlamentarios demócratas progresistas o izquierdistas, la nueva generación demócrata se suma a la voluntad de procurar paz mediante el diálogo y la confianza recobrada.

El 29 de junio, el analista Chris Hedges, vinculado a Bernie Sanders, publicó en varios medios digitales la denuncia de que el actual Comité Central de Partido Demócrata se ha transformado en un mero instrumento de las grandes corporaciones financieras.

De ahí, señala, el Partido Demócrata, ni siquieras cuando ha estado en el poder, con Bill Clinton y Barack Obama, jamás se atrevió a enfrentar a las corporaciones farmacéuticas y a las compañías de seguros, por ejemplo, legislando en favor del derecho de la gente a una medicina social y de buena clase. En cambio, señaló, han seguido apoyando guerras caras, injustas e inútiles que empobrecen al país.

También Chris Hedges denuncia que los gobiernos demócratas no han querido desmilitarizar a la policía ni corregir el sistema judicial que tiene las cárceles abarrotadas de reos.

Dice que Estados Unidos, cuya población total es sólo un 5% de la población mundial, tiene sin embargo un 25% de todos los presos que hay en el mundo.

Señala también Chris Hedges que el Partido Demócrata ha intentado fingirse progresista en temas culturales, como el control de armas, la protección de los inmigrantes, pero siempre eludiendo cualquier proyecto que moleste a las grandes corporaciones transnacionales. Y concluye afirmando que esa élite, esos Clinton, la Nancy Pelosi o el Tom Pérez, son todos creaciones de las Transnacionales para dominar América.

Y que defenderán sus bien pagados privilegios... ¡a como dé lugar!

En esa perspectiva, ¿cómo definirá el Partido Demócrata sus candidaturas para noviembre próximo?

¿Seguirá sosteniendo como propuesta fundamental un odio paranoico contra Rusia y la mítica intervención de Rusia en las elecciones de 2016?

En tanto, las dinámicas sociales, ecológicas, políticas y económicas siguen conjugándose entre sí.

Ya son difíciles de ocultar las discrepancias entre el gobierno burocrático y militarizado de la Unión Europea y la OTAN, frente a los gobiernos democráticos de cada vez más países europeos, incluyendo ahora a Alemania, Francia e Italia. O sea, las tres principales economías de Europa.

De hecho, se sienten y resienten las presiones de Estados Unidos para paralizar el nuevo gasoducto Corriente Norte 2, de Rusia, para abastecer a Europa de energía barata. Y cada vez más la gente percibe como alternativa buenísima poder llegar a una integración euroasiática con Rusia.

En esa perspectiva, no parece nada de ilusorio el análisis de Thierry Meysan, de la Red Voltaire, que mencioné la semana pasada, que apunta a que en realidad el peligro de guerra mundial no es otra cosa que una presión desquiciada y desquiciadora de las enormes mega empresas coludidas entre sí, que ya no tienen más opción que intentar adueñarse de todo.

No son las naciones ni las necesidades humanas las que proponen destrucción y guerra como condición inevitable.

¿Será acaso que Donald Trump resulte ser un instrumento capaz de desafiar desde occidente al poderío de la banca mundial que ya ni siquiera puede soñar con la ilusión del liberalismo?

El gran juego de las demandas y las ofertas, más allá de lo mercantil, adentrándose en lo que es el juego humano de ofrecer y desear, en que finalmente se intenta alcanzar la maravilla humana... es un juego vital en el que las transnacionales no pueden ya participar. Y como son enormes y matonas, amenazan con salirse del juego, llevándose la pelota, para ningún pobretón pueda jugar.

Hasta la próxima, gente amiga. Hay que cuidarse. Hay peligro. Pero si nos salvamos la fiesta será magnífica.

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