AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Saber es seguridad…

AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Saber es seguridad…

Por Ruperto Concha / resumen.cl

En nuestro país estamos perplejos. Ya casi nadie sabe qué pensar en la cacofonía noticiosa de enredos, de mugres, y raterías… de estupidez, traiciones y podredumbres que se destapan… y de las hipocresías, y las frasecitas “políticamente correctas” con que tratan de convencernos de que “nadie tiene la culpa de nada”.

Y, oiga: estar perplejo, no saber qué pensar, equivale a estar indefenso. Es la más peligrosa de las situaciones posibles.

Arrinconaditos en este filo costero de Sudamérica, no logramos entender bien lo que nos pasa. Algunos llegan a pensar que lo que pasa acá, tan al sur del sur, es distinto de lo que pasa en esos otros países donde surgen las grandes noticias.

Pero según empezamos a vislumbrar lo que de veras pasa en el resto del mundo, vamos dándonos cuenta de que lo que pasa aquí en realidad es el rebote, es la carambola de lo que está ocurriendo más allá de nuestras fronteras.

Si queremos dejar de estar perplejos, si queremos procurar que se nos ocurra algo para enfrentar el caos amenazante, debemos conocer qué es lo que está pasando en todas partes. Hoy los invito a pensar qué es lo que realmente está ocurriendo en el Asia Occidental y en nuestra Latinoamérica que es aún más occidental.

Desgraciadamente, aquí las noticias y los análisis internacionales de los grandes medios dependen abrumadoramente de las empresas noticiosas transnacionales, de las Agencias Informativas y de las también transnacionales redes de prensa, de radio y televisión, que básicamente sirven a las empresas e instituciones que las financian con su publicidad.

Encontrar los verdaderos hechos, percibir la narración de lo que está pasando en realidad, nos exige zambullirnos diariamente en un océano de versiones, generalmente tendenciosas y muchas veces falsas, hasta recoger los elementos que sean coherentes entre sí. El periodista internacional tiene que elaborar la información cruda que recibe y trabajar en ella tal como lo hace el químico que analiza, clasifica, refina y combina las sustancias materiales.

Comencemos con lo que está ocurriendo en la parte occidental del continente asiático. Esa región que llaman el Cercano Oriente o Medio Oriente y que constituye lo que por excelencia es el Mundo Árabe Islámico.

Entre marzo de 1990 y diciembre de 1991 se produjo la desintegración de la Unión Soviética, como implosión originada por una oligarquía ilícitamente enriquecida que había acaparado el poder. Con ello, se ponía fin a la llamada Guerra Fría, que, en el escenario geopolítico mundial, se perfilaba como una bóveda creada por la oposición de la súper potencia soviética y la súper potencia estadounidense.

Al amparo de esa bóveda de súper poderes de oriente y occidente, se creó un espacio de desarrollo político y económico para otros países menores, que aparecieron como aliados de Estados Unidos o de Rusia, pero también hubo un importante número de estados, muchos de ellos antiguas colonias recién independizadas, que optaron por mantenerse neutrales, favoreciendo sólo ocasionalmente a una u otra súper potencia.

El derrumbe de la Unión Soviética fue el derrumbe de toda esa bóveda de equilibrio bajo la cual se había desarrollado, dinámicamente, tanto una masa de estados nuevos o renovados, como también la Organización de las Naciones Unidas, que trajo consigo la implantación mundial de valores, derechos y procedimientos jurídicos, incluyendo los conceptos de Derechos Humanos y Derecho Internacional.

Al hallarse sin oposición estratégica, en Estados Unidos se desarrolló rápidamente una ideología conocida como la Doctrina Wolfowitz, que enunciaba el comienzo de un Siglo Americano en que Estados Unidos asumiría su destino inmanente de control imperial sobre todo el planeta. Un Nuevo Orden Mundial.

Para ello, Estados Unidos debía desarrollar un poderío militar no sólo superior al de cualquiera otra nación. Más que eso, el poder militar de Estados Unidos debía ser superior al de la totalidad de los demás ejércitos del mundo.

El documento de la Doctrina Wolfowitz era secreto, pero fue filtrado al periódico New York Times, que lo dio a conocer mundialmente. De hecho, el entonces senador Edward Kennedy, demócrata, denunció esa doctrina como algo brutalmente imperialista y contrario a la democracia esencial del pueblo estadounidense.

Esa doctrina esbozaba una noción de dominio a través de guerras permanentes que se justificarían como búsqueda de una paz mundial permanente, y se expresó en una estrategia de expansión militar permanente sobre los países orientales, rodeando a la Rusia post soviética y a Irán, que había sido definido como enemigo desde la instauración del régimen islámico.

Al inicio del gobierno republicano de George W. Bush, se produjo el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, contra el World Trade Center de Nueva York, el Pentágono, en Virginia, y el fallido intento de secuestro de un tercer avión que, al parecer, debía atacar la Casa Blanca en Washington. El ataque terrorista dejó un saldo de 3.026 muertos.

Con ello, el presidente Bush obtuvo un abrumador apoyo de la aterrorizada opinión pública, para actualizar la doctrina Wolfowitz, incluyendo el concepto de las llamadas “guerras preventivas” contra cualquier nación que fuese considerada potencialmente peligrosa para Estados Unidos.

A partir de entonces, bajo las figuras de lucha contra el terrorismo y lucha contra el narcotráfico, Estados Unidos ha estado permanentemente en guerras y en intervenciones militares en toda la extensión planetaria, pero centrándose particularmente en el Mundo Islámico.

Las guerras de George Bush contra Afganistán e Irak, más sus intervenciones militares en América Latina, fueron continuadas y multiplicadas por Barack Obama, en cuyo gobierno la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, incorporó, en altos cargos de la diplomacia de Washington, a Samantha Powers y Victoria Nuland siendo ambas esposas de relevantes miembros de la Doctrina Wolfowitz y el control imperial del mundo.

Con ostensible participación de la CIA, se mantuvieron operaciones de derrocamiento de gobiernos afines a Rusia, reemplazándolos por líderes convenientes para Washington. Primero bajo George Bush, se lanzaron revueltas pro occidentales en Georgia y Ucrania.

En Ucrania, un nuevo gobierno pro estadounidense resultó un fracaso que culminó con el triunfo del candidato pro ruso Viktor Yanukovich, el cual a su vez fue derrocado por la violenta insurrección anti rusa de 2014. En el caso de Georgia, se promovió la destitución del presidente Eduard Zhevarnadze y la elección del pro estadounidense Mikhail Saakashvili.

Este, violentamente anti-ruso, invadió en 2008 el territorio autónomo de Osetia del Sur, en una operación cruenta en la que dieron muerte a varios soldados rusos que cumplían misión de paz por mandato de las Naciones Unidas.

La descabellada aventura guerrera de Saakashvili provocó de inmediato la reacción de Rusia, que puso en fuga a los invasores y penetró luego en territorio georgiano para destruir los depósitos de armas y pertrechos.

El mismo Mikhail Saakashvili fue luego denunciado por apropiación de bienes del estado, prácticas de nepotismo y corrupción. Postuló a la reelección pero fue derrotado por el moderado Giorgi Margvelashvili quien procuró restablecer buenas relaciones con Rusia, que mantienen hasta ahora.

Durante el gobierno de Barack Obama, y claramente bajo la conducción de Hillary Clinton y sus colaboradoras vinculadas a la Doctrina del Nuevo Orden Mundial, se desencadenó la llamada “Primavera Árabe”, que comenzó con protestas populares en Túnez, Marruecos y Argelia, pero se transformó en una cruenta guerra insurreccional en Libia, contra el gobierno de Muammar Khadaffi.

Paralelamente, Washington apoyó en principio el derrocamiento del dictador de Egipto, Hozni Mubarak, quien fue reemplazado democráticamente por el clérigo islámico Mohammed Morsi, del Movimiento Hermandad Musulmana, quien, a su vez, al cabo de un año, fue derrocado por el general Al Sisi, con apoyo de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita.

Simultáneamente, Arabia Saudita, aliado con Egipto, lanzó una guerra contra Yemen, donde un levantamiento popular había puesto en fuga al presidente Mansur Al Hadi, apoyado por Arabia Saudita.

Y, a la vez, en 2011, se inició en Siria un poderoso movimiento insurreccional, armado y financiado por Arabia Saudita, en alianza con Estados Unidos y Turquía, apuntado a derrocar al presidente Basher Assad.

Publicitariamente mostrada como “protesta pacífica”, en realidad la operación para derrocar al presidente Assad apuntó, desde el comienzo brutalmente, al enfrentamiento armado, luego de que una brigada de oposición atacó durante la noche la sede del partido Baaz, de gobierno, en la ciudad de Alepo. El ataque culminó con el incendio del edificio donde cinco partidarios del gobierno perecieron

No obstante la enormidad de recursos aportados por Estados Unidos, Arabia Saudita y elementos de la OTAN, el presidente Assad logró resistir los ataques armados durante varios meses, al cabo de los cuales comenzó a recibir ayuda de Irán y el Líbano.

Luego, el gobierno sirio solicitó ayuda de Rusia, de acuerdo al tratado de defensa mutua que existía entre ambas naciones. La ayuda de Rusia cambió radicalmente la situación, y el gobierno legítimo del presidente Assad logró frenar los ataques combinados del Estado Islámico, del Movimiento Al Nusra, variante siria de Al Qaeda, y del vasto contingente de mercenarios.

Fuera de ello, elementos de la etnia kurda que recibían apoyo y armamento de Estados Unidos en el norte de Irak, se incorporaron a la lucha contra el Estado Islámico en el norte de Siria, amenazando también a las tropas de Turquía.

Pese a la avalancha de informaciones tendenciosas que mostraban al ejército leal de Siria como al borde de su aniquilación, ya el gobierno legítimo de Basher Assad quedó consolidado, y, bajo iniciativa de Rusia, Irán y Turquía, se implementó un programa de negociaciones con la oposición para poner fin a los 5 años de guerra.

El plan de paz, redactado en la ciudad de Astaná, capital de Kasakhstán, fue aprobado por las Naciones Unidas y de hecho la mayor parte de los grupos armados de la oposición aceptaron integrarse a las negociaciones de paz que contemplan una tregua generalizada y la creación de zonas de seguridad para los ex combatientes y sus familias.

El viernes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció inesperadamente que suspende de inmediato todo el envío de armas y la colaboración militar a los grupos armados de oposición al presidente Assad.

Según la agencia noticiosa estatal alemana, Deustche Welle, el retiro de Estados Unidos implica el fin inminente de la brutal guerra en Siria, y un fortalecimiento extraordinario de Rusia, Irán y Turquía, así como la alianza de Siria, el Líbano, Irak, Irán y Turquía, con pleno respaldo de Rusia y China, y con la incorporación de Siria y el Líbano a la Ruta de la Seda, que unirá por tierra a las naciones desde China hasta el Mediterráneo.

En palabras de la Deustche Welle, “En el oriente Medio ganó Putin.”

En tanto, en Arabia Saudita, el absolutista rey Salman ben Abdulaziz parece haber entrado en una etapa avanzada de demencia senil, lo que precipitó que su hijo Mohammed bin Salman, de 31 años, inesperadamente se impusiera como heredero del trono, desplazando a su primo Mohammed bin Nayef, de 55 años, al cual, al parecer, lo recluyeron en arresto domiciliario.

El joven príncipe bin Salman posiblemente ascenderá al trono dentro de muy poco, al declararse que su padre está mentalmente incapacitado para gobernar. Y esto se relaciona con la arremetida de Arabia Saudita y sus emires vasallos, contra el emir de Qatar.

El bloqueo y las amenazas en contra de Qatar sólo han tenido el efecto de que el pequeño pero riquísimo emirato haya estrechado sus vínculos con Irán y con Turquía, y al parecer, está marcando un quiebre decisivo en la unidad de las monarquías árabes del Golfo.

El príncipe bin Salman es considerado como un tipo voluntarioso, agresivo y extremadamente arrogante. De hecho, se afirma que fue él el verdadero conductor de Arabia Saudita y sus vasallos a la trágica guerra en Yemen, tratando de reinstalar en el poder a su protegido Mansur al Hadi.

La brutal guerra de la alianza encabezada por Arabia Saudita contra Yemen ha provocado profundo rechazo en Europa y Estados Unidos, por la matanza indiscriminada de civiles, incluyendo niños, y la destrucción de la infraestructura sanitaria del país, lo que desató una epidemia de cólera que ya ha superado los 300 mil contagios.

Por lo pronto, ya existen indicios muy notorios de que Arabia Saudita en estos momentos está ya sintiendo los efectos de la caída del precio del petróleo, unida al costo de la guerra con Yemen y el fracaso de sus inversiones estratégicas para tomar el control de Siria y El Líbano, que necesitaba para cumplir sus ambiciones de llevar directamente su producción de petróleo y gas hasta Europa, mediante un oleoducto de debía cruzar Siria y desembocar en Turquía o en la costa de Siria, en Latakia, donde se encuentra la gran base militar y naval de Rusia.

Era un sueño codicioso que finalmente le resultó carísimo.

En tanto, en nuestra América, el enfrentamiento de políticas progresistas o de izquierda, apuntadas al desarrollo social, contra las políticas conservadoras, o de derecha, está perfilando una tensión peligrosa e inminente.

El llamado “resurgimiento” de la derecha latinoamericana, a costa del desplazamiento de gobiernos de centroizquierda, aparece ahora detenido y a la defensiva. México, principal economía latinoamericana, se ve como un estado en plena descomposición, en el que las fuerzas armadas han recibido el encargo de mantener por la fuerza al menos la institucionalidad en un nivel de normalidad aparente.

Según cifras del viernes pasado, en México ya el descalabro de la seguridad social ha superado sus límites de años anteriores. Sólo en el pasado mes de junio hubo un saldo de 2.234 asesinatos. Es decir, más de 70 asesinatos cada día. Y lo más alarmante es que la ola de criminalidad y corrupción ya llegó a la la Ciudad de México, que era considerada zona santuario, al amparo de la violencia.

En Argentina, los gremios y sindicatos están enhebrando, uno tras otro, huelgas y paros, mientras la cesantía en el área industrial sigue aumentando en casi un 1% diario, debido a la paralización de las empresas que no se sostienen luego de que el gobierno de Mauricio Macri eliminara todas las barreras para importar productos a bajo precio.

En torno del caso venezolano, la cumbre extraordinaria de los países del Mercosur, convocada por el presidente Macri, en la ciudad de Mendoza, culminó en un fracaso de los intentos de condenar al gobierno de Nicolás Maduro y prohibirle realizar la elección de Asamblea Constituyente para la reforma constitucional. De hecho, los gobiernos de Uruguay y Bolivia impusieron una declaración que se limita a instar tanto al gobierno como a la oposición, a parar los enfrentamientos violentos y optar, de una vez por todas por el diálogo

En cambio, la Cumbre sí aprobó la propuesta de Bolivia para la construcción de una vía férrea interoceánica uniendo los puertos de Santos, en el Atlántico brasilero, y de Ilo, en el Pacífico peruano, con una inversión superior a 10 mil millones de dólares.

Con el corredor interoceánico, se hacen humo los sueños chilenos de convertir nuestros puertos en la Gran Puerta comercial entre Asia y América.

Pero el gran tema latinoamericano del momento, la crisis política de Venezuela, presenta complejidades que hay que analizar muy cuidadosamente. De hecho, ni siquiera los republicanos de Estados Unidos tienen claro cuál puede ser el costo estratégico y económico de aplicar sanciones contra Venezuela, como ha amenazado el presidente Trump. Entre otras cosas, porque temen que eventualmente tengan como efecto la intervención de Rusia, asociándose a la actividad económica, estratégica y, eventualmente, controlando también las inversiones venezolanas en Estados Unidos.

El próximo domingo Venezuela procederá a la elección popular de representantes a la Asamblea Constituyente. Si esa elección se lleva a cabo con éxito, la oposición se encontrará frente a un destino inevitable, según la apuesta en que se jugaron el todo por el todo. Como mencionó en Florida el senador republicano Marco Antonio Rubio, el error político de una oposición venezolana ensoberbecida, puede tener por efecto el surgimiento de una nueva Cuba, mucho más grande y más rica que la Cuba de Fidel Castro.

Un detalle final respecto de la manipulación publi-noticiosa internacional y su costo ante la opinión pública. La última encuesta de audiencia televisiva en Estados Unidos, de fines de junio pasado, mostró el derrumbe de la gran red internacional de televisión CNN, principal protagonista de la difusión anti rusa y en contra del gobierno de Donald Trump.

La medición, realizada técnicamente a partir de receptores encendidos, mostró que la CNN ha quedado en una sintonía mil cien puntos por debajo de la FOX, que se mantuvo mostrando más independencia.

Mientras la Fox ocupó el primer lugar, con 2.294 puntos, la CNN quedó en treceavo lugar, con sólo 826 puntos, lejos por debajo también del History Channel y del Discovery Channel.

Es decir, la CNN parece haber perdido, al menos por ahora, su capacidad de entregar al público estadounidense la información y los análisis confiables que la gente necesita.

Hasta la próxima, amigos. Cuídense, hay peligro. Es necesario darse cuenta de lo que está pasando.

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