AUDIO | Crónica de Ruperto Concha: Vergüenza

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Por Ruperto Concha / resumen.cl

En estos momentos, 148 millones de brasileros pueden estar votando para elegir a 54 senadores, 513 diputados y, además, un Presidente de la República, en primera vuelta. El voto es obligatorio, y los que no voten podrían tener que pagar una multa.
Las últimas encuestas mantienen la previsión de que en esta primera vuelta puede ganar el ultra-derechista Jair Bolsonaro, aunque con una insuficiente mayoría, lo que proyecta el desenlace final para el domingo 28, cuando tendría que enfrentarse con Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores del expresidente Lula da Silva.
En términos reales, Brasil está enfrentando la polarización durísima entre la ultra derecha y una izquierda de veras izquierdista. Todas las posiciones “centristas” ya quedaron fuera de opción.
En la perspectiva americana, el resultado que se produzca el próximo 28 de octubre será continentalmente decisivo y su impacto histórico marcará el destino de todos los latinoamericanos. Vamos viendo.

 

Durante su campaña Jair Bolsonaro anunció que su gobierno adoptará por completo la ideología del presidente Donald Trump, incluyendo retirarse de los acuerdos de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, adherir a la política de fuerza político-financiera de Trump, y al uso de la fuerza militar contra Venezuela.

Frente a ello, el programa de gobierno de Fernando Haddad considera intervenir la economía y desprivatizar las finanzas del estado que hoy están en manos de sólo tres grandes grupos de banqueros, y restaurar la productividad industrial del Brasil, incluyendo anular las negociaciones para venderle la gran empresa aeronáutica brasilera, Embraer, a la transnacional aeronáutica Boeing, de Estados Unidos.

Asimismo, anunció reactivar, con las reformas necesarias, los organismos regionales como el Mercosur y la Unasur, y, a la vez, impulsar el acuerdo comercial y financiero con la Unión Europea, que está paralizado.

Además, por supuesto, Fernando Haddad rechazó de plano cualquiera intervención militar contra Venezuela y anunció su intención de formar un poderoso eje encabezado por una alianza del Brasil con el nuevo gobierno de México, para enfrentar las políticas intervencionistas de Washington sobre América Latina.

Es decir, el triunfo de Fernando Haddad podría marcar el fin de la llamada “marea derechista” de la última década latinoamericana.

 

El resultado de esta primera vuelta en las elecciones brasileras tendrá dos efectos inmediatos. Uno, determinar la composición del parlamento con el que gobernará el próximo presidente. Y, dos, el peso político que tendrán los candidatos minoritarios Ciro Gomes, Geraldo Alckmin, Joao Amoedo, Marina Silva y Alvaro Días.

Las cifras previstas anuncian que las tres principales mayorías, Haddad, Gomes y Alckmin, sumarían un 45,3% de los votos, frente al 42% que sumaría Bolsonaro más el 2,6% que le aportarían los votos de la excomunista y actual evangélica, Marina Silva.

Sobre esas referencias, Fernando Haddad y Jair Bolsonaro aparecen prácticamente empatados, dentro del margen de error que tienen las encuestas.

Es decir, el acuerdo de Frente Amplio apoyando a Fernando Haddad marcará con mucha fuerza el tono de las próximas 3 semanas de campaña.

Como fuere, al menos Jair Bolsonaro ya se retractó de sus amenazas de reconocer el resultado electoral únicamente si él era el ganador. Al parecer, el grupo de generales en retiro que lo apoyan le exigieron usar un lenguaje que al menos sonara democrático.

 

¿Qué le espera al próximo presidente del Brasil?… Hasta el estrepitoso golpe blando que destituyó a la presidente Dilma Rousseff, las relaciones internacionales del Brasil se caracterizaron por su tono de diálogo, de cooperación y espíritu de mediación que mostró en todo el espectro de las potencias mundiales.

Ahora todo va a ser distinto. De hecho, la guerra comercial de Estados Unidos contra China le creará al Brasil un laberinto de opciones contradictorias, comenzando por la enorme participación de China en el Corredor Interoceánico, que va desde Brasil, a través de Bolivia y Paraguay hasta el Perú.

Brasil es integrante del grupo estratégico y económico BRICS, que implica un importante grado de confianza y alianza con Rusia, la India, China y Sudáfrica, cuatro potencias que representan a Europa, Asia y África,y que en estos momentos están desafiando a Estados Unidos.

La jugada de Estados Unidos de procurar una alianza con India acicateando su supuesta rivalidad con China, que a su vez está fuertemente aliada con Rusia, se derrumbó esta semana, cuando la India materializó su compra de misiles interceptores rusos S-400, desafiando las amenazas de Washington.

Además, la India desechó un acuerdo que ya existía para la construcción de seis plantas atómicas de generación de electricidad con Estados Unidos, y que ahora se las encomendó a Rusia.

Y no sólo eso. También la India hizo caso omiso de las sanciones contra Irán, y aumentó 5 veces sus compras de petróleo a Irán, a la vez que redujo a la cuarta parte sus compras de petróleo a Estados Unidos.

 

Es decir, la nueva doctrina internacionalista que están encabezando China y Rusia parece haber logrado disipar los temores nacionalistas de que China pudiera reemplazar a Estados Unidos como súper potencia con ínfulas imperialistas.

La tesis prevaleciente ahora es fortalecer a las Naciones Unidas, dándole los instrumentos necesarios para establecer un régimen jurídico con atribuciones reales para hacer cumplir las leyes y las normas del derecho internacional.

En esa concepción global democrática, las naciones podrán equilibrarse entre sí, sin que ninguna de las nuevas potencias pueda acaparar más poder que el conjunto de las demás naciones.

En otras palabras, se lograría resolver las diferencias entre los intereses de las naciones en términos más eficaces y más baratos que la guerra.

En el caso de que el ultraderechista Jair Bolsonaro logre la victoria el 28 de octubre, ¿podrá sostener la presencia del Brasil en el BRICS?… ¿O tendrá que renunciar al BRICS y buscar una alianza con Estados Unidos?

¿Cómo recibirá Bolsonaro a sus colegas Vladímir Putin, de Rusia, Xi Lin Ping, de China, Narendra Modi, de la India, y Cyril Ramaphosa, de Sudáfrica? Y eso, cuando precisamente le correspondería asumir la presidencia del BRICS a partir de enero próximo. Luego, en junio, Brasil tendrá que participar en la Cumbre de los 20, en Osaka, Japón, donde tendrá que asumir una posición en el enfrentamiento de Donald Trump frente a los gobiernos europeos encabezados por Angela Merkel, de Alemania, y Emmanuel Macrón de Francia.

Y luego, en noviembre, le correspondería a Brasil ser sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. ¿Cómo haría Bolsonaro, si ya anunció que quiere salirse del Acuerdo contra el Cambio Climático?

 

Los tres principales candidatos opuestos a Bolsonaro, Fernando Haddad, Ciro Gomes y el social demócrata Geraldo Alckmin, desde ya concuerdan en la defensa de los mecanismos multinacionales y de los bloques regionales de integración, como el Mercosur y la Unasur, como poderosos instrumentos de desarrollo económico y solución pacífica de conflictos.

Y es en ese aspecto que el tema de Venezuela cobra importancia máxima. Ayer, en Caracas y en las otras principales ciudades, se realizaron enormes movilizaciones de apoyo al gobierno de Nicolás Maduro, y de vehementes protestas contra las amenazas formuladas por Estados Unidos, que claramente apuntan a una acción militar para derrocar al gobierno.

De hecho, las insolentes declaraciones del embajador de Estados Unidos ante la OEA, Carlos Trujillo, y las respuestas del embajador venezolano, Samuel Moncada, fueron retransmitidas en todo el país, como prueba de las maniobras de Washington y de sus colaboradores sudamericanos para destruir la economía venezolana.

Según denunció el embajador Moncada, la acción de Washington ha sido una acción de guerra, para provocar miseria sobre la gente, bloqueando decenas de miles de millones de dólares e impidiendo el normal abastecimiento para la población.

Y ahora, cuando es evidente la recuperación económica, incluyendo la producción de soya en millones de hectáreas, para abastecer a la China, los enemigos de Venezuela sienten que se les está acabando el tiempo.

Se dan cuenta de que, en un plazo ya muy corto, Venezuela va a demostrar cómo logró sobreponerse al ataque imperial.

 

Las principales publicaciones internacionales especializadas en estrategia concuerdan en que Venezuela dispone de un armamento moderno y de gran potencia, en manos de unas fuerzas armadas que son leales y están técnicamente bien preparadas… Y que para Estados Unidos una agresión militar le resultaría desastrosamente cara, en vidas y en prestigio, incluso en el caso de una hipotética victoria.

De ahí que la jugada de Washington apunte a que provocar una de ess llamadas “guerras proxies”, traspasándole a los gobiernos colaboradores latinoamericanos la misión de invadir, entrar en combate y, en fin, aportar la carne de cañón para derrocar al gobierno venezolano.

Washington contaría en principio con los gobiernos de Colombia y Brasil. De hecho, el presidente colombiano, Iván Duque, ya se declaró entusiasta partidario de una solución militar. Argentina, Perú, Chile y Ecuador, podrían prestar apoyo, aunque sólo en grado mínimo.

En ese contexto, para la estrategia de Estados Unidos, el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro es indispensable. Si no gana la segunda vuelta y Brasil se une a México rechazando el intervencionismo, todos estos demoledores 16 años de guerra contra el proyecto socialista bolivariano de Venezuela, terminarán tan estúpidamente, tan inútilmente, como esos 17 años de criminal fracaso en Afganistán.

 

En tanto, sigue la enorme campaña mediática contándonos sobre la miseria de la gente en Venezuela. Incluso medios supuestamente serios, como la Deustche Welle alemana, han llegado a afirmar, fíjese Ud., que habría niños que durante 20 días no han podido ir al colegio porque no tenían qué comer. Y claro, la noticia no iba ilustrada por una foto de aquellos supuestos niños que tendrían que estar esqueléticos y al borde de la muerte, si es que no se hubieran muerto ya.

En fin, el neo-periodismo neo-liberal y trumposamente patriótico sigue trabajando. En Chile, muchísima gente cree que el fallo de La Haya sobre la demanda boliviana de salida al mar, fue un “triunfo” de Chile. La verdad es que eso no fue el fruto de una “genial estra-tegia” chilena. No. Fue la derrota de una pésima iniciativa de Bolivia.

La demanda boliviana no tuvo jamás ni la más remota posibilidad de tener éxito, y eso quedó en evidencia por el fallo casi unánime del tribunal. Es obvio que las conversaciones no implican necesa-riamente obligaciones. Las obligaciones surgen de los acuerdos no de lo que se conversa, nomás.

Pero, así como Bolivia cometió el error de presentar su demanda contra Chile, también Chile parece haber cometido un error equivalente al demandar a Bolivia por las aguas del estero Silala.

Al parecer las pruebas geológicas e hidrológicas respaldan la tesis boliviana de que el Silala es un humedal y un grupo de manantiales dentro de territorio boliviano, que fue ilegal y artificialmente canalizado por chilenos para conducir el agua a través de la frontera.

De producirse un fallo en favor de Bolivia, Chile quedará muy mal parado. Se quedará sin el Silala y además tendrá que pagar por el uso ilegal de millones de metros cúbicos de excelente agua, que consumió por casi un siglo.

En esta demanda sí que Chile tendrá que mostrarse jurídicamente habilísimo, hasta genial. Y si llegara a ganar, se ganará también el aplauso para sus abogados y juristas, porque es muy difícil.

 

Así, pues, nuestra América Latina entró de lleno a la cumparsita de miserias sin fin del siglo 21. Y, en gran medida, lo que finalmente nos ocurra a todos dependerá de lo que ocurra en Brasil el 28 de octubre.

Y se dice que el 28 de octubre, el Brasil sacará de la vergüenza las fuerzas necesarias para alcanzar un desenlace bueno.

Hasta la próxima, gente amiga. Cuídense. Hay mucho peligro.

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