Coronel y el abandono del “Nunca Más Solos” de la Unión Portuaria de Chile

Durante los primeros gobiernos de la post dictadura, la situación de los trabajadores portuarios en Chile era desastrosa, con una muy débil organización, sin derechos y con sueldos miserables, los gobiernos de la concertación avanzaban rápidamente en la privatización de los puertos y su entrega a grandes capitales nacionales y extranjeros.

Por Agustín González

En los años 90, el negocio portuario era un muy buen negocio que alimentaba la naciente corrupción política en Chile, y en ese contexto nació el actual puerto de Coronel, portada de todos los medios nacionales en las últimas semanas por su largo conflicto de 56 días. Por supuesto, medios de comunicación, así como el gobierno, la justicia, las policías y todas las gremiales patronales cerraron filas con la gerencia del terminal en manos del grupo Von Appen, pues si un sector mostró conciencia de clase fueron los explotadores, mientras que los trabajadores portuarios de Coronel estuvieron absolutamente solos en su lucha.

Es importante volver atrás en esta historia, porque hoy los trabajadores portuarios parecen haber olvidado las condiciones de trabajo que tenían hasta fines de los años 90, turnos a 5 y 6 mil pesos, no existían pagos especiales por lluvia o noche, tampoco se les pagaba el turno completo si terminaban antes la carga o descarga, la seguridad en las faenas era un desastre con altísimas tasas de accidentabilidad, los sindicatos en la práctica no existían. Las privatizaciones y la precarización de las condiciones laborales se produjeron prácticamente sin resistencia de las organizaciones sindicales y sus dirigentes, entre los cuales se cuenta el actual senador (PS), Gastón Saavedra en el Biobío. Era penoso ver que cuando un puerto se movilizaba por mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores, los empresarios simplemente movían las embarcaciones al puerto más cercano para realizar los trabajos.

Coronel es un claro ejemplo de cómo los gobiernos entregaron toda la costa a un empresa portuaria que privó a la ciudad del mar. La ciudad de Coronel tenía un complejo deportivo y poblaciones en la zona costera (Playas Negras y Playa Sur), las cuales fueron erradicadas, con cargo al Estado.

El Estado de Chile se encargó de subsidiar toda la erradicación forzada de pobladores, con décadas de historia en su territorio, fue el Estado el que permitió la eliminación de "el complejo", zona de esparcimiento y recreación de la comuna, jamás repuesto, sin que el empresariado invirtiera un solo peso en ello. Los empresarios lo único que hicieron fue invertir en las horribles instalaciones que actualmente tienen, sus muros de lata que lo separan del centro de la ciudad.

Protesta de portuarios de San Vicente, principios de la década del 2000.

La Unidad de los Trabajadores Portuarios

A fines de los 90 y principios de los 2000, la situación de los trabajadores portuarios en Chile comenzó a cambiar, no precisamente por la bondad de los empresarios chupasangre, ni de los "honorables" políticos chilenos, la condición de los trabajadores portuarios en Chile comenzó a cambiar simplemente por que tomaron conciencia de su realidad y nacieron incipientes instancias de coordinación y apoyo mutuo entre los sindicatos. Esto se evidencio principalmente en dos zonas de país, el Norte Grande y el Gran Concepción.

A fines de los 90 un paro de trabajadores portuarios en Arica se prolongaba, los trabajadores portuarios de Iquique hasta donde se desviaban los navíos para las faenas se negaron a asistir a las naves que provenían de Arica en solidaridad con sus compañeros, aquella acción de solidaridad de clase obligó a la administración del puerto de Arica a ceder a las demandas de los trabajadores. La acción había generado además algún nivel de solidaridad desde los puertos del Sur del Perú, lo que de alguna forma implicó a IDC (organización de los estibadores de carácter internacional).

Fue la IDC la que detectó que los salarios de los estibadores en Chile estaban muy por debajo no solo del promedio internacional, sino que incluso de puertos de países sudamericanos y africanos. Una hora de un estibador en cualquier puerto del mediterráneo valía más que todo un turno de trabajo en Chile, y fue así que los sindicatos de los puertos del Norte de Chile tomaron conciencia de aquello y comenzaron a luchar por mejoras en el tarifado del turno, además de otros derechos. La unión entre trabajadores de Iquique y Arica, se había extendido a Tocopilla, Mejillones y Antofagasta. En paralelo a ese proceso, se habían vivido situaciones en el Gran Concepción a fines de los 90, una huelga en Lirquén que tuvo la solidaridad de los estibadores de San Vicente, en aquellos año liderados por Dante Campana y que habían alcanzado el tarifado más alto en la zona en esos años 14 mil pesos, en comparación a los 11 mil que se pagaban en Talcahuano, 8mil que se pagaban en Penco, Lirquén y el naciente Puerto de Coronel.

Fue precisamente una huelga en Coronel la que provocó una movilización en todos los puertos de la Provincia de Concepción en pos de una tarifa única regional. La idea original de los trabajadores era aproximarse al tarifado alcanzado por la coordinadora de trabajadores del Norte Grande, que en esos años llegaba a los 25 mil pesos por turno. El Paro Regional, si bien no logró alcanzar ese salto salarial, si logró establecer un piso regional de 14.500 pesos, que en la práctica era equiparar a los puertos de la región con San Vicente, sin embargo se logró lo principal, la unidad en la acción de los puertos de la provincia de Concepción, sumándose a la coordinadora puertos menores como Huachipato, Penco, Puchoco y Jureles. Además, se logró la unidad entre los terminales de la provincia de Concepción con los del Norte Grande, en este marco, cuadrillas de jóvenes estibadores nortinos fueron parte del bloqueo del puerto de Coronel aquel año.

Trabajdores del Puerto de Talcahuano, demandando su reconstrucción luego del sismo de febrero de 2010.

La Coordinadora Portuaria consiguió otro hito significativo en nuestra región: lograr detener la privatización del Puerto de Talcahuano. Tras la privatización de los terminales marítimos de Arica y Punta Arenas era el ultimo que se mantenía como estatal y lo continuó siendo, hasta que la clase política y el empresariado se apropio de él tras el terremoto y maremoto del 27 de febrero del 2010.

A principio de los 2000 la consigna portuaria "Nunca Más Solos", enarbolada por esta naciente Coordinadora Nacional de Trabajadores Marítimo Portuarios, se transformaba en símbolo de reconstrucción de un nuevo movimiento sindical que se proyectaba incluso en otros sectores del movimiento social.

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Los sindicatos portuarios de Talcahuano, San Vicente y Coronel dieron apoyo a sus pares de Lirquén cuando estos paralizaron para mejorar los tarifados que hasta entonces recibían, el año 2011. Este acto de solidaridad marcó el ingreso de los sindicatos de Lirquén a la Unión Portuaria y el establecimiento de un tarifado regional.

"Nunca Más Solos" se expresó en el apoyo de los trabajadores portuarios a las movilizaciones estudiantiles del 2011, las paralizaciones portuarias en por el fin de las AFP y también durante el estallido social de octubre del 2019. Los trabajadores portuarios fueron los únicos que se movilizaron en estratégicas coyunturas, demostrando grados de maduración, autonomía política y conciencia de clase, que ningún otro sector del país manifestó. Ello se evidenció especialmente en la Provincia de Concepción.

Durante los años en que se alcanzó esta unidad, los trabajadores portuarios fueron conquistando sucesivas alzas de su tarifado, además de nuevos derechos y garantías, lo que en ningún caso afecto la productividad de los puertos de la región, por el contrario, sus utilidades y productividad siguieron mejorando.
Sin embargo, en los últimos años, tras la pandemia, se comenzó a evidenciar una pérdida de conciencia de clase en el trabajador portuario y su dirigencia. Las denuncias de corrupción en el puerto de Coronel no solo involucran a la gerencia, políticos locales, también a dirigentes sindicales. En todos los puertos comenzó a darse, por parte de las gerencias, una creciente cooptación de las directivas sindicales, dejando atrás la solidaridad de clase y su involucramiento con las transformaciones estructurales del país en beneficio de las grandes mayorías.

Portuarios de San Vicente sumándose a las movilizaciones contra el negocio en la educación en el año 2011.

Lo sucedido en Coronel, donde la Unión Portuaria de Chile, abandonó a los sindicatos de Coronel representa el inicio de esta descomposición. Hoy, todo está en riesgo. Von Appen se atrevió a ir por la nombrada en Coronel, mientras los grupos económicos controladores de los puertos observaban la respuesta de los trabajadores. Los empresarios movieron todas sus fichas: sus empleados en el poder político y judicial, así como los medios de comunicación que controlan a su antojo.

Los 56 días de resistencia que dieron los trabajadores portuarios de Coronel son una seña de que en muchos puertos los estibadores tienen capacidad de respuesta a la embestida política empresarial contra los exiguos derechos políticos y sociales existentes. La radicalidad vista los primeros días de la movilización hicieron retroceder a la propia gerencia y sus posturas más extremas, sin embargo las vacilaciones de la dirigencia sindical, atrapada en las redes políticas de este gobierno servil a los grupos económicos, ponían un freno a esta misma fuerza.

La solidaridad que nunca llegó, no solo de la Unión Portuaria, sino de los sectores sociales a los cuales los portuarios siempre apoyaron, fueron minando la moral de los y las trabajadoras que finalmente bajaron la movilización, sin siquiera garantizar el fin de las querellas en contra de los trabajadores acusados por la empresa en tribunales.

El conflicto de Coronel marcará un antes y un después en los puertos de Chile, la ofensiva patronal iniciada por Von Appen será secundado por el resto de los grupos económicos. Coronel fue un ejercicio de unidad de clase de los empresarios, vendrán por todo, por nuevas normas para el sector aprovechando que tienen en la palma de su mano a toda la clase política, se vendrán leyes portuarias a la medida del empresariado, del mismo modo en que fueron hechas las leyes de pesca, dictadas por el propio empresariado pesquero, mientras las mismas leyes de la denominada "agenda de seguridad" serán aprovechadas para atacar el derecho a huelga de los trabajadores portuarios.

Si los trabajadores portuarios no recuperan su autonomía política, su combatividad y su conciencia de clase, el empresariado, con sus empleados en los poderes del Estado y el coro de los grandes medios de comunicación, les pasaran por encima. Se requiere urgentemente el fortalecimiento de los sindicatos portuarios y esto pasa por ampliar sus listados, incorporando pincheros o eventuales, renovando los directorios y sacando a los sujetos corrompidos y funcionales a quienes controlan el negocio del cabotaje.

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