[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"post:crece-la-violencia-y-los-abusos-contra-mujeres-migrantes-en-magallanes":3,"ProgressiveImage_gLFPGBgirkpc5F6ka1iIK8RHgaiYhh6x0wrrDTVedw":22,"ProgressiveImage_hCZVKI7EXe6GgdV5dTFPQW7fUIbXhBsaW1Kw5iVg":32,"ProgressiveImage_47v86odjhzm4dzFJQ1SnqZwCpcjiRyfs3mIvXkf9Yw":41,"ProgressiveImage_mmQ4Oi8WgpLBnEKyi60KKy06n3tmckusqbknH359b0M":50,"ProgressiveImage_SvAcgKhTuOV4wteCQKJqgVFnFducSkOc1HDzEwlyY":59,"ProgressiveImage_hTGhDw40an4FTFNBdokoWZywvIYmFRvcHBBXpQIvEiM":68,"ProgressiveImage_PsmTZUgtYoc1up5kOS307jURiQwLwMvTo49GEZ8L5F0":77,"ProgressiveImage_Ta1Dy7TEXF7W9wMrziLxuWH4kXHsqnLRfTORo9KIpI":86,"ProgressiveImage_qm9PuQAp3R0ai88puCnBdRBHstNecW16oyu3o72W8wI":95,"ProgressiveImage_uFXNM1nqd3BL0kaz8PFdvTUEXzqprrpLaXU3T1SD4":104,"ProgressiveImage_jNMKsI9POfKSRP2il3eXn0TLnHgM27NOS84kmK3YM":113,"ProgressiveImage_v1w0uAd4SCUKdpNuPlqTyI7aD8wscryVwve2O5RSRc":122,"ProgressiveImage_2xTUkPTEZgJpnaTYDpHArqF17gHKuKTH2jxhUd8o":131},{"ID":4,"the_title":5,"the_time":6,"the_time_m":6,"the_slug":7,"thumbnail":8,"the_tags":9,"the_category":10,"the_permalink":7,"the_content":15,"prev_post":16,"next_post":19},11849,"Crece la violencia y los abusos contra mujeres migrantes en Magallanes","2014-12-30T02:24:35.000Z","crece-la-violencia-y-los-abusos-contra-mujeres-migrantes-en-magallanes","http:\u002F\u002Fwww.gigaplaces.com\u002Ffotoreports\u002F416_3594.jpg",[],[11],{"term_id":12,"name":13,"slug":14},8,"Nacional","nacional","\u003Cp>\u003Cimg src=\"http:\u002F\u002Fwww.gigaplaces.com\u002Ffotoreports\u002F416_3594.jpg\" mce_src=\"http:\u002F\u002Fwww.gigaplaces.com\u002Ffotoreports\u002F416_3594.jpg\" height=\"394\" width=\"700\" \u002F>Jessica acaba de inaugurar su \u003Ci>schopería\u003C\u002Fi> en Puerto Natales:  “La Perla Negra”. Así fue como alguien la apodó en alguna parada del  largo camino que ha recorrido estos 15 años, desde la tropical República  Dominicana hasta la fría Patagonia chilena. Es parte de una oleada de  mujeres, mayoritariamente dominicanas y colombianas, que ha llegado a  Magallanes para trabajar en alguno de los rubros que caracterizan a la  región: pesca, extracción de hidrocarburos, servicio público… y comercio  sexual.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Según datos de la Dirección del Trabajo son 53 los locales nocturnos o \u003Ci>nightclubs \u003C\u002Fi>que  existen tan sólo en Punta Arenas. Eso, sin contar la gran cantidad de  clandestinos. En muchos de ellos se ejerce el trabajo sexual, un oficio  que en Chile no está penalizado, pero que tampoco está normado. Una  realidad que, en términos legales, está enclavada en tierra de nadie y  donde los abusos y violaciones a los derechos fundamentales de estas  mujeres están a la orden del día. Jessica pasó por eso y confía en que  la apertura de “La Perla Negra” la alejará definitivamente del trabajo  sexual.\u003C\u002Fp>\n\u003Ch2>“AGARRA TU ROPA QUE NOS VAMOS”\u003C\u002Fh2>\n\u003Cp>Trabajo sexual e inmigración femenina son dos realidades que suelen  entrelazarse en regiones donde existe mano de obra masculinizada, como  en las zonas mineras. Un imán para las mujeres que viajan a ejercer allí  el comercio sexual, esperando encontrar, como todo migrante, mejores  condiciones de vida y, sobre todo, mejores ingresos. Sin embargo, en  ocasiones viajan a la espera de una mejora que nunca llegará. Muchas son  engañadas, ya sea respecto del oficio que deberán ejercer, como de las  condiciones en que lo ejercerán. Así, pueden llegar a encontrarse en  situaciones que caracterizan un delito mayor: la trata de personas con  fines de explotación sexual.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En el 2004, Chile ratificó el Protocolo de Palermo, un convenio  internacional que busca eliminar la trata de personas a nivel mundial.  Cuatro años después se creó la Mesa Intersectorial Sobre Trata de  Personas, un organismo encargado de coordinar acciones y programas que  ayuden a prevenir y reprimir este tipo de delito en el país. Fue en el  marco de esta política que se dictó el 8 de abril del 2011 la Ley  20.507, que tipifica la trata de personas. Finalmente, el 2013 la mesa  regional de Magallanes dio inicio a un proceso que buscaba coordinar  acciones de prevención y sanción de la trata a nivel local.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Según el estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) \u003Ci>Investigación sobre Trata de Personas en Chile, \u003C\u002Fi>hasta  2008Magallanes era la segunda región con el mayor número de casos de  trata con fines de explotación sexual. La OIM contabilizaba hasta  entonces 20 casos en la región austral, superada sólo por Santiago, con  22. Sin embargo, desde que entró en vigencia la nueva ley, según las  estadísticas de la PDI y Carabineros, se ha detectado tan sólo un caso  de trata con fines de explotación sexual en la región. La acusada, hoy  en prisión, fue arrestada en 2011 mientras viajaba a Río Gallegos, en la  Patagonia argentina, acusada de tráfico de mujeres de origen paraguayo.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Más allá de las estadísticas oficiales, muchas mujeres que hoy  ejercen el trabajo sexual en el extremo sur de Chile fueron víctimas de  trata o tráfico de inmigrantes alguna vez en sus vidas. La llegada de  Jessica (*) a Punta Arenas es, de hecho, el desenlace de su huida desde  un local nocturno en Argentina donde fue comprada.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Mientras habla, y sin que le tiemble demasiado la voz, aunque  levemente desgarrada, Jessica seca sus lágrimas con el pulgar,  suavemente, para no dañar el maquillaje: “\u003Ci>Una amiga de mi mamá me  dijo que podía recibirme en Argentina, en Buenos Aires. Según ella,  podía buscarme un trabajo en mi rubro, en lo que yo estudié,  mercadotecnia. Pero adivina el trabajo que me había encontrado…”. \u003C\u002Fi>La joven cuenta quela llevaron a Río Turbio, una localidad minera argentina fronteriza con Puerto Natales:\u003C\u002Fp>\n\u003Cdiv id=\"attachment_57058\" style=\"width: 373px;\">\u003Cimg src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002FptaArenas.jpg\" mce_src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002FptaArenas.jpg\" alt=\"Punta Arenas\" border=\"0\" height=\"230\" width=\"363\" \u002F>\n\u003Cp>Punta Arenas\u003C\u002Fp>\n\u003C\u002Fdiv>\n\u003Cp>-Me habían comprado. Yo no entendía bien. No conocía a nadie. ¡Estaba  sola! Me cobraban todo y empecé a sospechar. Hasta que conocí a un  chico, el sobrino de la mujer que pagó por mí. Le conté las sospechas  que tenía. Él me dijo que no era normal. Llamó a su tía y le preguntó  qué pasaba conmigo. Y ella le dijo que sí, que tenía que rembolsar tanta  plata, que era lo que ella había pagado por mí. El chico me llevó al  local, ¡sacó así un machete! y me dijo: “agarra toda tu ropa que nos  vamos”. Él tenía un contacto en Punta Arenas. Me dijo que podía tratar  de conseguirme un trabajo. Y así llegué.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Jessica dejó República Dominicana a los 18 años. Estuvo tan sólo un  par de años en Argentina y residió otros diez en Punta Arenas. Hoy, a  los 32 años, tiene su propio local en Puerto Natales, una \u003Ci>schopería,\u003C\u002Fi> como se dice en la jerga del comercio sexual. Un tipo de local semejante a un \u003Ci>night club\u003C\u002Fi>,  pero con horarios diurnos. Un lugar donde las mujeres deben “compartir”  con los clientes e incitarlos a consumir, pero donde no se ejerce el  comercio sexual directamente.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Jessica trabaja afanosamente en la remodelación de su local, en el  que tiene prohibido cualquier actividad que sobrepase el mero  “compartir” con el cliente, aunque sus amigas, quienes sí continúan en  el oficio, acuden al Perla Negra para enganchar clientes.\u003Ci> \u003C\u002Fi>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Río Turbio, ubicada en la Patagonia argentina, es la ciudad  colindante con Puerto Natales. Muchas dominicanas han llegado allí luego  de haber pasado un tiempo en Buenos Aires; otras llegaron a Río  Gallegos, en la costa atlántica, y a Río Grande, en Tierra del Fuego.  Desde ahí, Punta Arenas, Puerto Natales, Chile Chico y Porvenir han sido  los destinos próximos en Chile.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La inmigración de trabajadoras sexuales de origen dominicano y  provenientes de Argentina data aproximadamente del 2005, misma fecha en  que se dio inicio, de manera general, a la última ola de inmigrantes en  Magallanes. Un segundo estudio de la OIM, titulado “\u003Ci>Migración, prostitución y trata de mujeres dominicanas en la Argentina\u003C\u002Fi>”,  publicado el 2003, asegura que la inmigración de mujeres dominicanas en  Argentina comenzó a ser visible en 1995. La crisis que golpeó a ese  país en 2001 y cuyas repercusiones se extienden hasta hoy, habría  motivado una nueva migración hacia otros países, entre ellos Chile.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Los itinerarios migratorios suelen ser diferentes para las mujeres  provenientes de Colombia. Generalmente originarias del valle del Cauca,  al contrario de las dominicanas, sí pasan por Santiago. Muchas de ellas  llegan primero a la zona norte del país, desde donde comienzan a  descender hasta llegar a la Región de Magallanes. Es el caso de Camille,  por ejemplo, una trabajadora del local Reinas de la Noche, quien solía  ser temporera en San Fernando. Cansada de un rubro mal pagado,  extenuante y donde era víctima recurrentemente de acosos sexuales,  decidió dedicarse al comercio sexual.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>El envío de remesas para sus hijos es la principal motivación de  Camille para trabajar en el rubro. Es un oficio que la mayoría de las  mujeres colombianas que lo ejerce califica de momentáneo, con la  esperanza de mejorar rápidamente y de manera considerable la calidad de  vida de sus familias, y poder así volver cuanto antes junto a ellas. Sin  embargo, el costo que deben pagar suele ser alto:\u003Ci> \u003C\u002Fi>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Ci>-\u003C\u002Fi>La gente dice que trabajar en esto es ganarse la plata  fácil. Pero ellos no saben… trabajar en la noche no tiene nada de fácil  -dice Karina, una trabajadora del mismo local que, con apenas 20 años,  espera en la cocina envuelta en una frazada que sea medianoche para  ponerse sus tacos y salir al salón.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>De las dificultades del oficio, Jessica puede dar fe. Hoy, debido a  su independencia laboral, puede hablar sin miedo de cómo funcionan los \u003Ci>night club\u003C\u002Fi> y de los abusos que las mujeres soportan. Desde violencia verbal hasta  privación de libertad, la gama de faltas a los derechos fundamentales de  estas mujeres es amplia. En algunos casos los abusos podrían ser  tipificados como “trata de personas” por el sistema penal. Sin embargo,  numerosas otras formas de violencia justifican el uso del término  “esclavitud moderna”. Abusos perpetrados a diario en locales nocturnos,  tanto legales como clandestinos, sin que sean investigados ni  sancionados.\u003C\u002Fp>\n\u003Ch2>UN SECRETO A VOCES\u003C\u002Fh2>\n\u003Cp>Sara reside en Chile desde hace un par de meses. Al igual que  Jessica, dejó República Dominicana para instalarse en Buenos Aires,  luego en Rio Turbio y finalmente en Puerto Natales. A su llegada trabajó  en una \u003Ci>schopería\u003C\u002Fi> de la ciudad, donde también vivió durante  cuatro meses de invierno. Un pequeño cuarto ubicado al fondo del local,  sin calefacción.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Como Sara, la mayoría de las mujeres que labora en el comercio sexual  vive en su lugar de trabajo. Esto les permite ahorrar el dinero  correspondiente a un arriendo y sumar ese monto a la remesa que envían a  sus familias. Sin embargo, la dependencia habitacional que se establece  con el empleador puede dar pie a situaciones de insalubridad  habitacional u otras malas condiciones, como soportar, sin calefacción,  los 10 grados bajo cero que en invierno puede alcanzar la noche  magallánica.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Esta dependencia también facilita las condiciones para los abusos en  la extensión de las jornadas laborales. La doble función que cumple el  local nocturno, como espacio laboral y habitacional, hace que las  mujeres lleguen a trabajar fácilmente hasta 15 horas diarias.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La violencia económica y el fraude también son característicos del  tipo de abusos que se comenten en el rubro. Es recurrente que los  empleadores de locales nocturnos no cumplan con el pago de las  cotizaciones de sus trabajadoras. Manuel Orellana, encargado de la  residencia de extranjeros de la Gobernación de Magallanes, asegura que  la cantidad de “garzonas” sin protección social es muy elevada.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En otros casos, según señalan las mismas trabajadoras, los  empleadores obligan a las “garzonas” a reembolsarles el pago de las  leyes sociales. El costo de Fonasa, AFP, seguro de cesantía y hasta  seguro de accidente corre por cuenta de las mujeres. Peor aún, mientras  éstas pagan a sus empleadores el monto de sus propias cotizaciones, el  Estado rembolsa a sus patrones parte de éstas. Los empresarios de la  Región de Magallanes tienen la posibilidad de beneficiarse del Decreto  Ley Nº 889 de bonificación a la contratación de mano de obra. Un decreto  que permite el reembolso de un 17% de las cotizaciones y que busca  incentivar la contratación en las regiones extremas del país. En  definitiva, la mujer le paga al Estado y éste le reembolsa al empleador.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Aparte de las cotizaciones, numerosos otros pequeños montos son rebajados de las ganancias de las trabajadoras.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Ci>-\u003C\u002Fi>Si la cuenta de la electricidad aumentó respecto del mes  pasado, las chicas tienen que pagar una multa. Si es que utilizó la  lavadora para lavar su ropa, si es que un día no trabajó porque se  sintió enferma, por todo tienen que pagar las chicas. Por eso hay  algunas que vienen a lavar sus cosas acá -cuenta Jessica.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Si bien estos abusos no son cometidos de manera sistemática por todos  los dueños de locales nocturnos, todo el mundo en la región parece  estar al tanto no sólo de la existencia de estas violaciones, sino  también de los lugares donde se cometen. Incluso el ya citado  responsable de extranjería de la Gobernación de Magallanes, Manuel  Orellana, quien no se encarga de los trámites administrativos de la  provincia de Última Esperanza, sabe que en el “Embassy”, uno de los  locales más concurridos de Puerto Natales, las mujeres trabajan en  condiciones laborales que incluso podrían ser consideradas como  restricciones a la libertad.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>“Yo en ese lugar nada más duré dos semanas. Luego me vine para acá”,  asegura una ex empleada del “Embassy”. A la pregunta del porqué,  responde con un silencio que parece confirmar las denuncias de Valeria,  otra trabajadora sexual de Puerto Natales: “Esta chica no va a hablar  por miedo (…) Su patrona es de lo peor. Les controla a las chicas hasta  la salida. Sólo pueden salir un momento del local para ir a comprar sus  cosas. Pero las controla con reloj. Una vez ella se pasó del tiempo y no  la dejó entrar, la dejó en la calle de noche”\u003Ci>. \u003C\u002Fi>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Cimg src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002Fprostitucion.jpg\" mce_src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002Fprostitucion.jpg\" alt=\"prostitucion\" border=\"0\" height=\"240\" width=\"350\" \u002F>La  situación de Francisca es complicada. Observa con cierta desconfianza.  No quiere saber nada de preguntas. Sólo habla del pasado: de su hija,  que la espera en Dominicana en una casa \u003Ci>“\u003C\u002Fi>con piso de tierra\u003Ci>”\u003C\u002Fi>; de Argentina, donde dice haber \u003Ci>“\u003C\u002Fi>vivido demasiado”, y de otras ciudades de Chile, “por allá”, maraña de “pueblos perdidos” donde también “pasa de todo\u003Ci>”\u003C\u002Fi>. Pero del presente, ni una palabra. Del “Embassy\u003Ci>”\u003C\u002Fi> sólo regala una mirada que se pretende inocente, seguido de un “mejor invítame un trago, mi amor”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Faltas en el pago de las cotizaciones, abusos en la extensión de la  jornada laboral, condiciones habitacionales insuficientes, cobros  irregulares, privación de libertad, todo sumado a una constante  violencia verbal por parte de algunos empleadores, además de fraude al  fisco. Si bien no todos los abusos son equivalentes, puesto que algunos  tienen una mayor gravedad que otros, la importancia radica en su  carácter acumulativo y reiterativo. La trata de personas –al igual que  otras formas de violencia, sobre todo de género– se caracteriza por esta  acumulación. Suma de deudas que atan económicamente a la víctima a su  empleador, suma de humillaciones que fragilizan psicológica y  emocionalmente, suma de circunstancias que le hacen creer que no está  protegida por la ley, o que la ley no se aplica, o peor aún: que la ley  es nociva.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Hoy todas estas vejaciones son perpetradas regularmente en la Región  de Magallanes ante la mirada indolente de autoridades y de la sociedad  civil. ¿Cuáles son las razones para que estos delitos se cometan bajo  una total impunidad?\u003C\u002Fp>\n\u003Ch2>FALTA DE FISCALIZACIÓN\u003C\u002Fh2>\n\u003Cp>Tres son las instituciones encargadas de fiscalizar los \u003Ci>night clubs\u003C\u002Fi> y \u003Ci>schoperías\u003C\u002Fi>:  Carabineros, PDI e Inspección del Trabajo. Mientras la policía  uniformada se encarga de revisar patentes de alcohol y que no haya  menores de edad al interior de los locales, la policía civil fiscaliza  que las trabajadoras inmigrantes tengan su documentación al día. La  Inspección del Trabajo, cuya labor, entre otras, es fiscalizar el  cumplimiento de las normas laborales, previsionales y de higiene y  seguridad en el trabajo, se limita a controlar contratos que todo el  mundo sabe que son falsos -incluidos los mismos inspectores-, un  cuaderno de asistencia cuya información es igualmente falsa y  cotizaciones que no han sido pagadas por quien corresponde.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>El director regional del Trabajo, Francisco Parada, consciente de las  precarias condiciones habitacionales y laborales en que a veces se  encuentran las trabajadoras sexuales, se lamenta de la falta de  instrumentos legales y técnicos para poder controlar esta situación:\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>-La Inspección del Trabajo no tiene la facultad para investigar sin  que haya una denuncia previa o sin que haya un requerimiento de parte,  es decir, una solicitud de investigación por parte de un  tribunal-explica\u003Ci>.\u003C\u002Fi>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Parada asegura que la ambigüedad legal de la prostitución da cabida a  todo tipo de abusos. Cree que su regularización permitiría,  eventualmente, realizar un control efectivo en los locales y proteger a  las mujeres que hoy son víctimas de violencia. Al respecto, Carolina  Rudnick, coordinadora de la Mesa Intersectorial Sobre Trata de Personas,  asegura: “Si tú prohíbes el comercio sexual, lo que generas son  situaciones de focos de cultivo de trata, porque la clandestinidad  aumenta la vulnerabilidad de la víctima”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Dos son los cuerpos legales en Chile que se refieren al trabajo  sexual: el Código Penal y el Código Sanitario. Mientras el primero no  prohíbe la prostitución, salvo que se trate de menores de edad o que  haya “trata de personas” de por medio, el Código Sanitario sí prohíbe,  en su artículo 41, los “prostíbulos cerrados o casas de tolerancia”. En  definitiva, el trabajo sexual puede ejercerse sólo de manera  independiente, pero no de manera organizada en un lugar específico, como  en un \u003Ci>night club\u003C\u002Fi>.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Sin embargo, según Carolina Rudnick, la ley chilena no intenta ser  “prohibicionista”, como en Estados Unidos o China, por ejemplo, donde la  prostitución es perseguida, sancionada y considerada delito. Pero  tampoco la considera un trabajo, como en los sistemas “reglamentaristas”  de Holanda y Dinamarca, por ejemplo. Según los abogados Carolina Sáez y  Fabián Aravena, en uno de los pocos estudios jurídicos sobre el sistema  chileno[1], nuestra ley se asemeja a un tercer tipo, denominado  “abolicionista”, donde no se persiguen penalmente a las trabajadoras  sexuales, pero se busca erradicar la prostitución, pues es considerada  una forma de violencia contra la mujer.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Del abolicionismo, Chile sólo rescata la despenalización del trabajo  sexual. Si ha habido planes para erradicarlo, éstos definitivamente no  han tenido resultado. Por el momento, la legitimación del engaño en los  contratos de garzonas deja oculta la realidad laboral y habitacional en  la que se encuentran las mujeres que trabajan en los \u003Ci>night clubs\u003C\u002Fi>,  e incólume la hoja de vida de los locales. Así lo explicita la jefa de  la Inspección Provincial de Última Esperanza, Gabriela Álvarez, al  asegurar, con una leve sonrisa avergonzada al referirse a los locales  nocturnos, que “ellos nunca dan problemas”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Ante la falta de instrumentos y facultades de fiscalización, la  responsabilidad de dar cuenta de los abusos queda en manos de las  víctimas: si no hay denuncias, no hay nada. El problema, como lo explica  Cristián Cornejo, subcomisario de Policía Internacional, “es que las  mujeres no denuncian”.\u003C\u002Fp>\n\u003Ch2>LA IMPOSIBILIDAD DE DENUNCIAR\u003C\u002Fh2>\n\u003Cp>Karina lleva puesto un dos-piezas rosado, compuesto de un peto y una  minifalda con un juego de cuerdas cruzadas en las caderas. No se  maquilla mucho, “porque envejece la piel”. Sobre un gran closet lleno de  sensuales vestidos, peluches y pijamas, hay dos maletas rosadas. Un  mueble lleno de chucherías: una cajita en forma de corazón donde guarda  sus aros, un conejo de peluche, una botella de aguardiente colombiana.  En la pared, una cruz hecha de billetes: pesos colombianos, argentinos y  chilenos como una corona de espinas. En la cabecera, fotos: ella, más  joven aún, y \u003Ci>“\u003C\u002Fi>la foto de mi hija de reverso…, es que la doy vuelta porque no me gusta que me vea cuando trabajo\u003Ci>”.\u003C\u002Fi>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Karina, como muchas mujeres, no puede darse la libertad de hablar  abiertamente sobre los males que la aquejan. De hacerlo, pondría en  riesgo su proyecto migratorio. Al igual que otras mujeres inmigrantes  que trabajan en el comercio sexual en la región, busca obtener la  permanencia definitiva. Un carnet que representa \u003Ci>“\u003C\u002Fi>la libertad  (…), la independencia para ir adonde quieras”, explica Jessica. Con  excepción de las personas que tienen la nacionalidad de alguno de los  países del Mercosur (Colombia y República Dominicana no son parte),  todas deberán primero obtener una visa sujeta a contrato durante dos  años consecutivos con el mismo empleador. La estabilidad laboral es un  requisito indefectible para solicitar la permanencia, según la  información entregada por las gobernaciones de Magallanes y Última  Esperanza. Si el contrato es interrumpido, cualquiera sea la razón, la  mujer tendrá tres meses para encontrar un nuevo trabajo y renovar su  visa, pero deberá empezar a contar desde cero, pues el tiempo trabajado  entre un empleo y otro no es acumulable. Así, las mujeres prefieren  soportar dos años de maltratos para lograr lo antes posible la anhelada  libertad que entrega la permanencia definitiva.\u003C\u002Fp>\n\u003Cdiv id=\"attachment_57061\" style=\"width: 360px;\">\u003Cimg src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002Fptonatales.jpg\" mce_src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002Fptonatales.jpg\" alt=\"Puerto Natales\" border=\"0\" height=\"233\" width=\"350\" \u002F>\n\u003Cp>Puerto Natales\u003C\u002Fp>\n\u003C\u002Fdiv>\n\u003Cp>Jessica también tiene experiencia al respecto:\u003Ci> “\u003C\u002Fi>Una vez  estuve en Chile Chico.Yo conozco todo por aquí. Estuve en Coyhaique, en  todo Aysén. Y en los pueblos chicos es donde hay más abusos. Tú tienes  que tramitar tu visa en la Gobernación y después en la PDI. Y en los  pueblos chicos es más complicado. Luego de dos finiquitos te rechazan la  visa (sujeta a contrato). Aquí en Puerto Natales es así. En Punta  Arenas, no. Pero aquí no te dejan pasar varios finiquitos. Y por eso las  chicas tienen que aguantar cualquier cosa, porque sino después se  quedan sin trabajo, y como no les renuevan la visa, se quedan sin  papeles. Hay mucha corrupción. Los de la Gobernación te dicen: con 150  lucas te hago pasar la visa. A mí me dijeron eso. Y me dijeron 150 lucas  porque no quise pagar de otra forma. Porque no era plata lo que quería.  Y como yo le dije que no, me dijo 150 lucas\u003Ci>”.\u003C\u002Fi>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Así, a la estabilidad laboral exigida se suma la corrupción de las autoridades. \u003Ci>“\u003C\u002Fi>Eso que dicen que la policía en Chile es intachable… eso no es así\u003Ci>”\u003C\u002Fi>, dice Cassandra con una risa medio burlona. \u003Ci>“\u003C\u002Fi>Acá el primer contacto que las chicas tienen con la policía es en el local\u003Ci>”.\u003C\u002Fi> La gran variedad de locales nocturnos que ofrecen Punta Arenas y Puerto Natales abarca diferentes clientelas. Están los \u003Ci>night club \u003C\u002Fi>donde  van los pescadores, aquellos donde llegan los campesinos, los que  reciben a una clientela más adinerada y los que acogen a funcionarios,  carabineros y PDI. Por ejemplo, el local “Embassy”, reputado por la  belleza de las chicas que ahí trabajan, pero también por el maltrato que  éstas reciben, es el lugar recurrente de policías. \u003Ci>“\u003C\u002Fi>Ahí ellos llegan y de beso saludan a la dueña”\u003Ci>, \u003C\u002Fi>asegura Cassandra.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Aparte del frágil estatus migratorio, de la corrupción y del impacto  de esta controvertida figura de cliente-policía, el miedo a quedar  excluidas del comercio sexual es la última razón por la cual las mujeres  que son víctimas de violencia no denuncian a sus empleadores. De  hacerlo, serían inmediatamente catalogadas de problemáticas entre los  dueños de locales nocturnos. Encontrar trabajo en la competencia con esa  reputación es prácticamente imposible. Terminarían trabajando en  clandestinos, sin un contrato que les permita obtener una visa, poniendo  en riesgo su integridad física y pudiendo ser deportadas en cualquier  momento.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Todas las razones para no denunciar confluyen en la preocupación de  conservar el permiso de estadía en Chile, lograr la permanencia y sacar  adelante el proyecto que las hizo dejar sus hogares y familias. La ley  de inmigración es, al final de cuentas, la mayor determinante.\u003C\u002Fp>\n\u003Ch2>PAREJA, EMPLEADOR Y PROXENETA\u003C\u002Fh2>\n\u003Cp>La Ley de Migración en Chile permite reducir el tiempo de espera para  la obtención de la permanencia definitiva a un año en el caso de  demostrar un mayor arraigo con el país. Sirve tener un segundo empleo,  siempre y cuando éste no interfiera con los horarios de trabajo del  primero. Muchas mujeres establecen, así, contratos como asesoras del  hogar con sus parejas. Hombres que han conocido en los mismos locales  nocturnos donde trabajan,y que les entregan la posibilidad de vivir  fuera del \u003Ci>night club\u003C\u002Fi> y obtener su visa permanente en tan sólo  un año. Sin embargo, esta solución para acortar el camino es  frecuentemente traicionera y termina por constituir una nueva fuente de  violencia. Las mujeres ya no sólo son víctimas de abusos laborales, sino  también conyugales.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Katiuska Muñoz, abogada de la casa de acogida del Prodemu en Puerto Natales, asegura que \u003Ci>“\u003C\u002Fi>son  agredidas física y psicológicamente por sus parejas. Las humillan  constantemente, reprochándoles el trabajo que realizan en los locales  donde las conocieron, o incluso las mandan a trabajar ahí para que  aporten con dinero\u003Ci>”\u003C\u002Fi>. Además, es frecuente que los hombres se  queden con las ganancias que las mujeres logran hacer. La dependencia de  las mujeres hacia esta figura de pareja-empleador-proxeneta es triple:  administrativa, puesto que requieren de este segundo contrato; económica  y, finalmente, afectiva:\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>-Yo tengo una amiga, su novio se queda con todo lo que ella gana y le  pega duro. Yo le digo que lo deje, pero ella dice que no, que está  enamorada -explica Jessica.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En diciembre del 2010 se promulgó la ley contra el femicidio en  Chile. Tres meses después ya se contabilizaban dos mujeres extranjeras  asesinadas en la Región de Magallanes. Ambas eran dominicanas y tenían  visas sujetas a contrato; eran jóvenes (27 y 33 años) y tenían hijos.  Las dos fueron asesinadas por sus respectivas parejas: 20 puñaladas en  el primer caso, 30 en el segundo. A pesar de las similitudes de ambos  crímenes, entre ellas su carácter pasional, el Ministerio Público  declaró, según el diario\u003Ci> El Pingüino\u003C\u002Fi>, que “no existen  características en común en cada uno de los hechos, y obedecen más a las  circunstancias del momento que a un patrón de conducta en la  región”[2].\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>No es posible saber si estos asesinatos, y los que vinieron después,  fueron o no perpetrados dentro de la figura contractual de la  pareja-empleador-proxeneta. Los organismos públicos, principalmente el  Sernam, actúan la mayor parte del tiempo sobre la urgencia, sin  posibilidad de realizar una investigación que pueda detectar casos de  proxenetismo, trata de personas con fines de explotación sexual u otras  formas de esclavitud moderna. Tal es el caso de Nancy, una mujer de  origen ecuatoriano que llegó en primer lugar a Santiago, donde tenía, al  igual que Jessica, una familia que podía acogerla. Luego de un tiempo  en la capital se mudó a Puerto Natales, donde su “tía” le aseguraba  tendría un empleo.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Ci>-\u003C\u002Fi>Le dijo que no tenía que preocuparse de nada, que aquí en  Puerto Natales la recibirían. Pero cuando llegó, resultó que el trabajo  era en un local nocturno, en el local que se quemó. Me dijo que había  llegado engañada, que ella no sabía en qué iba a trabajar. Cuando llegó,  me decía que no conocía a nadie, era joven, no sabía qué hacer-asegura  la abogada Katiuska Muñoz.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Nancy llegó a la casa de acogida del Prodemu pidiendo ayuda, pues su  pareja y padre de su hijo la agredía y había amenazado de muerte. A  pesar de sus declaraciones, las que daban cuenta de una eventual  transacción financiera por su traslado, no se llevó a cabo ninguna  investigación al respecto. El Prodemu estaba sobre todo concentrado en  alejar a Nancy rápidamente de su cónyuge. Según la versión de Katiuska  Muñoz, la mujer era además explotada económicamente por su pareja. La  abogada nunca supo si existió un contrato de por medio (Ecuador tampoco  es parte del Mercosur), y ninguna investigación se realizó por  explotación sexual ni “trata”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Al final de cuentas, ante la imposibilidad de ejercer en otro rubro y  la incapacidad del Estado para asegurar su integridad física, Nancy  abandonó el país, regresando a Ecuador en peores condiciones que cuando  lo dejó.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La urgencia no es la única razón que explica la incapacidad de los  organismos públicos para detectar casos de trata de personas con fines  de explotación sexual. Carolina Rudnick y el responsable de la Dirección  del Trabajo en Magallanes, Francisco Parada, coinciden en que la falta  de articulación en el traspaso de información entre los distintos  organismos públicos permite que casos como los de Nancy no sean  detectados o no sean abordados a tiempo. Según ellos, para que dicha  articulación exista, debe haber una sensibilización previa al problema.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La mesa intersectorial busca justamente sensibilizar a diferentes  agentes del sector público y privado respecto de la trata de personas y  de los métodos para combatirla. Lamentablemente, en Magallanes los  resultados no han sido satisfactorios. Si bien ha habido iniciativas por  parte de otros organismos, como la Gobernación de Punta Arenas y los  Seremis de Justicia y Salud, la mesa regional, desde su creación en  septiembre del 2013, no ha hecho absolutamente nada. Los miembros no se  han vuelto a reunir, no se ha levantado ningún plan de acción ni se han  realizado nuevas capacitaciones para comprender mejor el problema de la  trata. Peor aún, Gloria Brigardello, coordinadora de la mesa regional,  parece haber olvidado incluso en qué consiste, en términos legales, la  “trata de personas”:\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>-No sé cómo está definido el delito. No sé si existen condiciones ni  menos hemos conversado con gente que esté más cercana al tema. No hemos  conversado nunca con alguien que haya vivido esa situación -asegura.\u003C\u002Fp>\n\u003Ch2>EL FUTURO DEL COMERCIO SEXUAL EN MAGALLANES\u003C\u002Fh2>\n\u003Cp>El suplemento \u003Ci>Análisis\u003C\u002Fi> del diario \u003Ci>El Pingüino\u003C\u002Fi>, del  domingo 20 de julio del 2014, predice en su título, tal vez sin saberlo,  el futuro del trabajo sexual en la región: “Los hidrocarburos renacen  en Magallanes”. La relación entre trabajo sexual e industria extractiva  es bien conocida. De hecho, hay una amplia bibliografía al respecto;  entre ellos, algunos estudios realizados en Chile, como un proyecto  Fondecyt a cargo de los investigadores Jorge Pávez y Pablo Rojas[3]. La  clave de dicha relación está en que la industria extractiva moviliza una  mano de obra masculinizada que incita a la proliferación de \u003Ci>night clubs\u003C\u002Fi>, \u003Ci>schoperías\u003C\u002Fi>, “casas de tolerancia” o cualquier otro lugar donde se comercialice el cuerpo femenino.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Cimg src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002Fcartel_PuntaArenas.jpg\" mce_src=\"http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002Fcartel_PuntaArenas.jpg\" alt=\"cartel_PuntaArenas\" border=\"0\" height=\"213\" width=\"350\" \u002F>En  la región de Magallanes la oferta y demanda de sexo de pago se  encuentran gracias a dos migraciones paralelas: una interna, masculina,  destinada a ejercer en las grandes faenas del sector extractivo y donde  los derechos deben ser claramente respetados, y otra transnacional,  femenina, a disposición del placer sexual de los primeros y donde  incluso los derechos fundamentales suelen ser transgredidos.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En cuanto a la “oferta”, según Vilma Garay, una prolífica propietaria de \u003Ci>night clubs\u003C\u002Fi> en la región, ésta es abundante. Hace unos años atrás era difícil  encontrar mujeres que quisieran trabajar como “garzonas”. Hoy en día, en  cambio, “me llegan mails con fotos”, dice Vilma. “Ya no tengo espacio  para tantas mujeres”, agrega.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Actualmente, la cantidad de mujeres que trabaja en el rubro es  desconocida, pero hay un dato, aparte del aumento de la demanda, que  podría explicar por qué Vilma, como otros propietarios, está recibiendo  tal número de candidaturas. El 2012, por decreto presidencial, se  clausuraron todos los locales nocturnos en Argentina. La ley, denominada  Prostíbulo Cero, buscó justificarse como una lucha contra la “trata de  personas” y la explotación de la mujer. Sin embargo, hay claramente  resultados contrarios a este interés inicial. Desde su aplicación, un  número desconocido pero relevante de mujeres ha buscado desesperadamente  abandonar ese país.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Según lo explican mujeres provenientes de Argentina que hoy viven en  Chile, todas intentan huir de las consecuencias negativas de la ley: la  precariedad económica en que se encuentran por la falta de recursos; el  trabajo sexual callejero, actualmente en aumento y particularmente  difícil de soportar y de alto riesgo; los locales clandestinos, donde la  inseguridad y los abusos son más recurrentes, y las violencias físicas y  verbales hacia las trabajadoras sexuales, que, al parecer, también  habrían aumentado en Argentina.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Aparte de las ya citadas, hay un efecto colateral de mayor gravedad.  La necesidad que tienen las trabajadoras sexuales de salir de Argentina,  sobre todo las extranjeras, puede aumentar el número de víctimas de  “trata” o tráfico hacia otros países, entre ellos Chile; sobre todo  hacia regiones donde hay una alta demanda de servicios sexuales, como  Magallanes. Francisca Vidal González, hasta el momento la única persona  condenada en Magallanes por trata de personas, fue arrestada en el paso  fronterizo Monte Aymond mientras viajaba, justamente, hacia Río  Gallegos, en la Patagonia argentina.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Actualmente, en Magallanes no hay instrumentos de fiscalización  adaptados al comercio sexual, las mujeres tienen miedo de denunciar y  las personas encargadas de coordinar planes de lucha contra la “trata” a  nivel regional no han respondido correctamente a las consignas  entregadas por la Mesa Intersectorial Sobre Trata de Personas. En  definitiva, no están las condiciones para hacer frente a esta eventual  migración, desde Argentina, de mujeres en condiciones de vulnerabilidad.  Al contrario, están todas las condiciones para que una gran mayoría de  casos de trata con fines de explotación sexual pase inadvertida frente a  las autoridades, a pesar de la gran visibilidad que caracteriza el  comercio sexual en Magallanes.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Tal vez ésta sea una de las mayores contradicciones del trabajo  sexual, tanto en Magallanes como en el resto del país: su visibilidad e  invisibilidad simultáneas. Se ve en todos lados, pero no se sabe nada de  los abusos. El problema no es sólo regional. La Fundación Margen es  actualmente el único organismo en Chile que lucha por la defensa de los  derechos de las trabajadoras sexuales. Nadie más se interesa  directamente en el asunto. Y sin embargo, según Herminda González,  presidenta de Margen, la prostitución en Chile es algo común, histórico y  transversal: “Cliente puede ser un senador, un diputado, un profesor,  un obrero, un tipo de la tele, un policía, tú… cualquiera”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Todo hombre es un potencial cliente y sin embargo nadie sabe nada,  nadie dice nada, nadie se cuestiona, indaga, pregunta. En definitiva, el  trabajo sexual en Chile no ha sido abordado con la importancia que  requiere. El marco legal que lo regula es definitivamente pobre, lo que  coarta la capacidad fiscalizadora de los organismos públicos. Peor aún,  si consideramos que muchos policías y otros funcionarios son a la vez  clientes, las instituciones públicas llevan dentro parte del problema.  La Mesa Intersectorial Sobre Trata de Personas ha dado últimamente un  nuevo impulso, invitando a otros organismos del Estado a preocuparse, al  menos de manera indirecta, por la situación de las trabajadoras  sexuales en Chile. Ahora hay que ver si dichas instancias responderán al  llamado o, al contrario, seguirán esquivando el asunto como lo han  hecho hasta la fecha. \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>(*) Salvo en el caso de Jessica, todos los nombres han sido cambiados para proteger a las fuentes \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>[1]Sáez, Carolina; Aravena, Fabián “El derecho a ejercer el comercio sexual en Chile”. V Congreso Estudiantil de Teoría Constitucional de la Universidad de Chile, Santiago, 2008. \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>[2]http:\u002F\u002Felpinguino.com\u002Fnoticias\u002F117774\u002FLos-cuatro-homicidios-que-han-remecido-a-Magallanes-en-2011 \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>[3]Proyecto de investigación FONDECYT 11080269: “Trabajo minero y trabajo sexual: configuraciones materiales y discursivas de las relaciones de sexo\u002Fgénero en las ciudades mineras del norte de Chile”. \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Vea a continuación un avance del documental que originó este reportaje y que es realizado por Michelle Carrère y Cristián Carrère \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>{vimeo width=\"700\"}115569622{\u002Fvimeo} \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>http:\u002F\u002Fciperchile.cl\u002F2014\u002F12\u002F29\u002Fcrece-la-violencia-y-los-abusos-contra-mujeres-migrantes-en-magallanes\u002F \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Foto inicial: 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