[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"post:cuartel-simon-bolivar-el-auschwitz-de-pinochet":3,"ProgressiveImage_HYbbLJbJSCWFTdtbl33EL10kMRBHpoU07ITJFpSpTR4":22,"ProgressiveImage_hCZVKI7EXe6GgdV5dTFPQW7fUIbXhBsaW1Kw5iVg":32,"ProgressiveImage_47v86odjhzm4dzFJQ1SnqZwCpcjiRyfs3mIvXkf9Yw":41,"ProgressiveImage_NitpsZRIHdfQVVsQzQH1k1HGtavwG5pK3u7OigNJc":50,"ProgressiveImage_SvAcgKhTuOV4wteCQKJqgVFnFducSkOc1HDzEwlyY":59,"ProgressiveImage_SHmiYyz90cxPr8nSuMDBygfoMkeQUJevqn9ix0xi4":68,"ProgressiveImage_mmQ4Oi8WgpLBnEKyi60KKy06n3tmckusqbknH359b0M":77,"ProgressiveImage_Ta1Dy7TEXF7W9wMrziLxuWH4kXHsqnLRfTORo9KIpI":86,"ProgressiveImage_87SjZLSVMNIfQiLwEprzbNeVxjL1AhONC7CtaQec":95,"ProgressiveImage_2f0ZQ8hucHGwnUam2Ce6y8w7SMox9tAhJTHzxjdHw":104,"ProgressiveImage_InOuLIkz7DyHr4yPNOdLUgm0lP3LJKzbXVihBQFD6Y":113,"ProgressiveImage_YgiIjBnLOeOjAnEHatHo6CpJFeoTFk6jHxvgoY3U":122,"ProgressiveImage_bkLWfILTUi6ZV8IabJHP3CWtExpz5uebbTNM5Xu2h4":131},{"ID":4,"the_title":5,"the_time":6,"the_time_m":6,"the_slug":7,"thumbnail":8,"the_tags":9,"the_category":10,"the_permalink":7,"the_content":15,"prev_post":16,"next_post":19},6642,"Cuartel Simón Bolívar: El Auschwitz de Pinochet","2012-07-05T00:00:00.000Z","cuartel-simon-bolivar-el-auschwitz-de-pinochet","",[],[11],{"term_id":12,"name":13,"slug":14},13,"Memoria Histórica","memoria-historica","\u003Cdiv style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">\u003Cb>Recién ahora se reconoció la existencia de un centro de exterminio  de la dictadura pinochetista donde fueron torturados y ejecutados, entre  otros, los dirigentes del Partido Comunista de Chile y los militantes  del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).\u003C\u002Fb>\u003C\u002Fdiv>\n\u003Cdiv style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">\n\u003Cdiv>\n\u003Cdiv>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Un libro de reciente aparición (La danza  de los cuervos. El destino final de los detenidos-desaparecidos, de  Javier Rebolledo) revela un hecho que se mantuvo en secreto durante más  de 30 años y que se conoció hace un lustro, aunque sólo en el ámbito  judicial chileno: la existencia de un centro de exterminio de la  dictadura pinochetista donde fueron torturados y ejecutados, entre  otros, los dirigentes del Partido Comunista de Chile y los militantes  del MIR; un sitio donde ocurrieron tragedias que evocan las de los  campos de concentración del régimen nazi.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Poco más de 30 años duró el pacto de  silencio sellado por asesinos y encubridores que guardaron uno de los  mayores secretos de la dictadura pinochetista. Jorgelino Vergara, El  Mocito, fue quien descorrió el velo: En la comuna de La Reina –en la  capital chilena– funcionó el cuartel Simón Bolívar, un centro de  exterminio de la Dirección Nacional de Inteligencia (Dina).\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Allí operó la Brigada Lautaro, unidad  creada en abril de 1974 para dar protección al jefe de la Dina, el  coronel Manuel Contreras.\u003Cbr \u002F>A las órdenes de éste la Brigada Lautaro  –comandada por el coronel Juan Morales Salgado– asesinó a cientos de  personas con métodos en extremo crueles, algunos de ellos  experimentales. No se conoce la cifra exacta de muertos, pero sí se  tiene la certeza de que ninguno de los que ingresaron como prisioneros  al cuartel Simón Bolívar vivió para contarla. Todos desaparecieron.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">En enero de 2007 Vergara fue localizado  por agentes de la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de  Investigaciones (PDI) que indagaban la desaparición de la cúpula del  Partido Comunista de Chile, ocurrida en mayo de 1976.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Vergara cooperó con la justicia. Como  consecuencia de sus declaraciones se produciría el mayor número de  procesamientos en la historia de los juicios por violaciones a los  derechos humanos ocurridos en la dictadura militar (1973-1990).\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Pero casi nada de esta historia se había  publicado. Las declaraciones del Mocito estaban protegidas por el  secreto del sumario de esta causa (número 2182-98). Cuando ocurrieron  los procesamientos se supo de la existencia del cuartel Simón Bolívar y  de la Brigada Lautaro pero no se conocieron los detalles de lo que allí  sucedió: sólo retazos.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">De ahí la importancia de la reciente  publicación del libro La danza de los cuervos. El destino final de los  detenidos-desaparecidos (Ceibo Ediciones, 2012), del periodista Javier  Rebolledo.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">En entrevista con Proceso el autor  señala que “no hay registro hasta ahora en nuestro país, en ningún libro  de historia ni en ningún libro de periodismo, de un episodio tan crudo  como este”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">El ventilador\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">La historia de las revelaciones del  Mocito comienza el 19 de enero de 2007. Ese día el inspector de la PDI,  Claudio Pérez, lo encontró en una aldea en medio de un bosque de la  Cordillera de la Costa, en la región del Maule.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Pérez había seguido su pista durante  seis meses debido a que un agente de la Dina acusó a Vergara de haber  asesinado en 1976, con sus propias manos, al subsecretario general del  Partido Comunista, Víctor Díaz López.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Pérez le explicó a Vergara el motivo de su visita y le pidió que lo acompañara para rendir una declaración.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">–Los estaba esperando hace mucho tiempo – respondió El Mocito, consigna el libro.\u003Cbr \u002F>El  inspector le tomó la declaración en una comisaría de la PDI en Curicó.  De entrada El Mocito se mostró indignado por haber sido inculpado en la  muerte de Díaz y no se anduvo por las ramas: dijo que sabía quién lo  había matado.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Esa noche la historia desconocida de  Chile, la del único cuartel dedicado de modo expreso al exterminio,  donde se decidió el destino final de los detenidos, las matanzas y lo  que debieron sufrir los secuestrados antes de ser asesinados comenzaba a  fluir por boca de quien decía no haber tenido poder alguno dentro de la  estructura de la Dina ni de la Brigada Lautaro.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Dueño de una memoria fotográfica,  Jorgelino recordaba decenas y decenas de nombres, sus chapas (nombres en  clave), los cargos y funciones que desempeñaba cada uno en la Brigada  Lautaro, las instituciones a las que pertenecían y la crueldad que los  caracterizaba (…) nunca algún agente de la Dina se había prestado para  describir, desde las entrañas de la estructura misma, algo así de  explícito y violento”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Después de firmar la declaración,  Jorgelino Vergara fue trasladado al Palacio de Tribunales en Santiago.  Allí lo esperaba el ministro Víctor Montiglio quien, alertado por los  policías de la trascendental información proporcionada por Vergara,  quiso tomar personalmente una nueva declaración.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Hasta ese momento Montiglio era conocido  por haber aplicado sistemáticamente la Ley de Amnistía de 1978 en casos  de crímenes de lesa humanidad. “Por su postura se había granjeado el  odio y desprecio de numerosos familiares de detenidos-desaparecidos”,  afirma Rebolledo en su libro. Sin embargo, el conocimiento de los  horrores de la Brigada Lautaro lo sensibilizó. Sus resoluciones lo  evidencian.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">En marzo de 2007 Montiglio dictaría el  mayor procesamiento en la historia de los juicios por crímenes cometidos  durante el periodo más cruel de la dictadura. “74 agentes  pertenecientes a la Brigada Lautaro de la Dina, procedentes de todas las  ramas y rangos de las fuerzas armadas y de orden, estaban tras las  rejas gracias a la memoria fotográfica y a la revancha del Mocito.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Fueron detenidos en distintos puntos  del país en el más absoluto sigilo, sin darles tiempo ni posibilidad de  ponerse de acuerdo entre ellos para coordinar el contenido de sus  declaraciones. Debido al bajo perfil y al evasivo estilo de vida que  suelen llevar, a muchos costó rastrearlos. Además un número importante  de ellos jamás habían sido nombrados previamente en un proceso judicial,  por lo que prácticamente no existían. A la larga todos cayeron y los  penales destinados a este tipo de criminales debieron duplicar y  triplicar sus esfuerzos para darles ‘alojamiento’”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">A pesar de su valiosa colaboración,  Vergara también fue detenido e incomunicado en la Cárcel Pública de  Santiago. Permaneció ahí dos meses.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Fueron numerosos los careos en los que  Jorgelino Vergara se vio enfrentado a los agentes que él acusó de  participar en los crímenes de la Brigada Lautaro. “Frente a frente y en  presencia del ministro, todos lo negaron. Nunca lo habían visto,  decían”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Pero el jefe de la brigada, Morales  Salgado, no pudo negarlo: lo reconoció e incluso lo definió como “un  cabro (muchacho) muy esforzado”.\u003Cbr \u002F>Luego otro agente de la brigada,  Jorge Pichunmán Curiqueo, también lo reconocería. “Así, poco a poco al  comienzo y luego con velocidad pasmosa, el castillo de mentiras y el  pacto de silencio se fueron resquebrajando y convirtiéndose en una  avalancha de recriminaciones y acusaciones cruzadas. ‘Yo no fui, él  fue’, se repitió tantas veces que pronto los agentes de la Dina ya no  pudieron ponerse de acuerdo.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Las traiciones parecían venir de todos  lados y algunos de ellos comenzaron a confesar más y más y así entraron  en detalles tan escabrosos o más que los narrados por el propio  Jorgelino. Montiglio, desde el otro lado de la mesa, no perdonaba;  interrogaba y volvía a interrogar minuciosamente a todos los agentes,  hasta que casi cuatro años más tarde recibió una noticia inesperada:  había contraído un cáncer que resultaba tan fulminante como mortal.  Apenas alcanzó a solicitar su jubilación antes de ser internado en el  hospital. Murió el 30 de marzo de 2011”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">El caso sigue abierto, al parecer sin  diligencias pendientes, esperándose en breve la sentencia. Todos los  agentes de la Dina que han sido procesados en esta causa contra los  dirigentes del Partido Comunista desaparecidos en 1976, esperan en  libertad el veredicto.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“El Mocito”\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Jorgelino Vergara nació en una familia  muy pobre de la región del Maule. Su madre murió cuando él era casi un  bebé. En 1974 –cuando tenía 14 años– sus hermanos José Vicente y Rosamel  lo fueron a buscar al fundo donde trabajaba casi como esclavo, en el  sector Los Niches, del Maule. Ellos vivían en Santiago donde trabajaban  para el director de la Empresa de Correos y Telégrafos, el general  Galvarino Mandujano, compadre de Contreras.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Recomendado por aquél, Jorgelino ingresó  como asistente de mozo en la casa del coronel. Allí conoció a otros de  los capos de la dictadura: Miguel Krassnoff, jefe de la Brigada  Caupolicán (la encargada de eliminar al Movimiento de Izquierda  Revolucionaria, tarea que realizó entre 1974 y 1975); Marcelo Moren  Brito, jefe del centro de tortura Villa Grimaldi; Burgos de Beer,  ayudante personal de Contreras.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Le quedó registrado de aquellos  encuentros que hablaban de ‘paquetes’ (…) de cuántos habían sido dados  de baja. A personas eliminadas se referían. Y el coronel (Contreras) al  otro lado, inmutable. Firmaba todos los documentos, porque todo quedaba  documentado”. El Mocito escuchaba y retenía todo lo que podía. Le  gustaba saber.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">En el invierno de 1976, a los 16 años,  Jorgelino Vergara fue contratado para trabajar en la Dina. La chapa que  eligió fue Alejandro dal Pozzo Ferreti. Después de firmar un contrato y  hacer el juramento de confidencialidad fue llevado por dos agentes de la  Dina al ultrasecreto cuartel de la Brigada Lautaro. El coronel Morales  lo recibió y le mostró el recinto.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Auschwitz en pequeño\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Un día Jorgelino estaba de guardia en la  garita ubicada al lado del portón de entrada cuando llegaron unos  extranjeros. Eran peruanos o bolivianos.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Casi de inmediato llegó caminando el  capitán Morales Salgado junto al capitán Germán Barriga y el teniente  Ricardo Lawrence. Entre los tres los empezaron a interrogar ahí mismo.  Gritos, golpes. El más loco esa vez era sin duda el capitán Morales. La  cabeza se azotaba y volvía a levantarse. Todo el rostro roto. Una mezcla  de sangre, tierra y los granos de maicillo incrustados en la piel. ¿Qué  iban a responder si esos peruanos no sabían nada? Seguro cayeron  detenidos por equivocación. O tal vez eran parte de un plan. Conejillos  de Indias.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Dos agentes pusieron a los peruanos  contra uno de los muros del lugar (…) El Gringo (Michael) Townley sacó  entonces un aparatito. Era como un control remoto con unas antenitas  pequeñas y le comenzó a mostrar al coronel (Morales) la forma de  utilizarlo. El coronel lo agarró entre sus manos y apuntó. En un  instante salió volando el dardo.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Antes de siquiera verlo ya estaba pegado  sobre la boca del estómago de uno de los detenidos. El coronel movió la  palanquita del control remoto y el peruano cayó de inmediato al piso,  fulminado, contorsionándose en un millón de contracciones musculares, de  un lado para otro durante un rato. (…) Más de 200 voltios y un alcance  de 50 metros”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Días después los peruanos murieron  cuando les aplicaron gas sarín en la cara. Fallecieron instantáneamente.  Los agentes de la Dina estaban poniendo a prueba la efectividad de esa  arma, que se barajó como una de las posibles a utilizar para asesinar al  excanciller Orlando Letelier.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“Townley viajaría a Estados Unidos, a  Washington concretamente, con pasaporte falso; se reuniría con Armando  Fernández Larios y recibiría de él información acerca de los movimientos  de Orlando Letelier en esa ciudad. Su misión era asesinarlo. A ese  viaje llevó un frasco de perfume Chanel número 5 lleno de gas sarín. Era  una de las posibilidades para eliminar a Letelier. Finalmente, por  razones logísticas, se decidió matarlo por medio de una bomba a control  remoto”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">A medida que pasaba el tiempo Jorgelino  se endurecía al punto de lograr despreciar a los comunistas y asumirlos  como “destruye-patrias”. En cierta forma –pensaba– se lo tenían merecido  “por intentar acabar con el país”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Pero El Mocito reconoce haber sentido  especial aprecio por Víctor Díaz, ejecutado por Juvenal Piña Garrido, El  Elefante, quien confesó cómo lo hizo. Dijo que entró al calabozo de  este prisionero y lo vio: estaba amarrado de pies y manos.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">“En ese mismo momento le manifiesto a  Díaz que me perdonara por la acción que iba a llevar a cabo, es decir su  posterior muerte. En ese instante un agente, no recuerdo quién, me  entregó una bolsa de nylon de supermercado, la que utilicé para  introducir la cabeza de Díaz, momento en el que presioné esta bolsa a su  cuello con el fin de impedir el paso de oxígeno a su cuerpo. Al cabo de  unos tres minutos observé que ya no tenía signos vitales, instante en  que terminé de presionar la bolsa, para salir del dormitorio  inmediatamente, por cuanto me encontraba choqueado por la acción que  había ejecutado”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">El cuerpo de Díaz fue trasladado al  Regimiento Peldehue donde fue subido a un helicóptero y arrojado al mar,  como se hizo con muchos otros detenidos asesinados. Otros fueron  enterrados en recintos militares o en lugares alejados de la ciudad.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Consultado respecto de qué conclusiones  saca de lo relatado por El Mocito, Rebolledo señala que el cuartel Simón  Bolívar “es un mini-Auschwitz; por ende tenemos que reconocer, aceptar,  estudiar y hacer todo lo que sea necesario para entender lo que pasó.  Porque si caímos tan bajo, es porque algo pasa… algo pasó con la  identidad, con el ser de Chile que, a mi parecer, no ha cambiado mucho”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp style=\"text-align: justify;\" mce_style=\"text-align: justify;\">Rebolledo expresa: “Me encantaría que se  comprendiera la importancia de preservar la memoria de este lugar, y  que se reconstruya una réplica exacta de lo que aquí hubo”.\u003C\u002Fp>\n\u003C\u002Fdiv>\n\u003C\u002Fdiv>\n\u003C\u002Fdiv>\n",{"post_name":17,"post_title":18},"pescadores-artesanales-rechazan-la-nueva-ley-de-pesca-igual-de-nefasta-que-la-vieja","Pescadores Artesanales rechazan la nueva ley de pesca, igual de nefasta que la vieja",{"post_name":20,"post_title":21},"resumen-junio","Resumen Junio",["Island",23],{"key":24,"params":25,"result":27},"ProgressiveImage_HYbbLJbJSCWFTdtbl33EL10kMRBHpoU07ITJFpSpTR4",{"props":26},"{\"thumbnail\":\"\",\"title\":\"Cuartel Simón Bolívar: El Auschwitz de Pinochet\",\"media\":[{\"media\":\"(min-width: 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