El club ferroviario es un museo vivo del siglo XX

Emerson Mora Le Fort / resumen.cl

En junio se viene otro aniversario y a modo de previa de la conmemoración, esta columna aborda episodios trágicos de la historia de Chile durante el siglo XX, ya que muchos de los que han formado parte del club ferroviario en distintos periodos de los más de 120 años de vida, han sido testigos de momentos malos y muy malos, al igual que la historia de esta nación en constante desgracia. Mención honrosa recibe el club que enfrentó al Inmortal en esta fecha, que generó un fuerte arraigo social y estuvo vinculado con una empresa estatal, al igual que el decano del fútbol chileno. Pero también lo que sucede en el presente del equipo es de importancia para los fieles lectores de esta columna de opinión.

Excepcionalmente, por el tan mentado rally mundial, se jugó un día lunes contra el equipo del puerto de San Antonio, con una asistencia que superó las 2300 personas y que como de costumbre sufrieron para ver el primer triunfo del plantel dirigido por Erwin Duran. Director técnico que estaba más preocupado que Juan Guaidó en un Golpe Militar, considerando que llevaba solo derrotas y empates, ningún triunfo. Con un primer tiempo con jugadores ansiosos por lograr el urgente triunfo, generando errores no forzados, imprecisiones en los pases y en la puntada final y un segundo tiempo en donde el buen desempeño constante de Arturo Sanhueza, como recuperador de balones y visión de juego, además del notorio mejoramiento del rendimiento de Gerson Valle, manifestado concretamente en una labor de mayor contención y generador de fútbol, permitieron un trabado y esforzado triunfo. La locura se desató cuando el paraguayo Bibencio Servín, que después de varios rebotes, logra meterla adentro y hace el gol de alivio, que significó sumar de a tres puntos.

El encuentro con San Antonio Unido, tiene rasgos bien interesantes de comentar, no por el color lila de la camiseta -color característico del movimiento feminista- sino porque ambos clubes tienen una historia relacionada al mundo obrero. El club de San Antonio fue fundado en 1961, pero desde 1967 se llamó San Antonio Unido Portuario, con la intención de vincular el club de fútbol a los trabajadores de la Empresa Portuaria de Chile (EMPORCHI), cuyo nexo se cortó en 1975, al igual que había ocurrido con la vida de Héctor Rojo Alfaro, Guillermo Alvarez Cañas, Armando Jiménez Machuca y Samuel Núñez González, dirigentes sindicales del puerto de San Antonio, fusilados el 22 de Septiembre de 1973, previa tortura en el recinto militar de Tejas Verdes, dirigido por Manuel Contreras. El régimen cívico-militar modificó políticas sociales de las empresas del Estado y las FF.AA, cortando todo nexo con la sociedad civil. El mejor ejemplo es lo que pasó con el Club de Deportes Aviación, administrado por la Fuerza Aérea de Chile, que incluso le cambiaron el color de la camiseta, eliminando el rojo.

Existen semejanzas históricas en muchos clubes de fútbol, atravesadas por la tragedia que significaron los métodos represivos avalados por la derecha chilena y gracias a la intervención norteamericana. Los mismos métodos se dejaron caer sobre la Población Quinta Ferroviaria de San Rosendo, donde vivía el maquinista de Ferrocarriles Luis Araneda, también dirigente sindical de la Federación Santiago Watt de Ferrocarriles del Estado y que fue fusilado, con participación de civiles empleados de la CMPC, en el Fundo San Juan de Laja. La diferencia que el nexo del club del Almirante con Ferrocarriles del Estado, se destruyó durante la "exitosa" democracia chilena -historia tan larga como la transición democrática- ya que durante la dictadura, increíblemente, el mundo ferroviario mantuvo su relación con el club deportivo. Incluso las organizaciones ferroviarias fueron capaces de hacer una huelga en 1988, con la consigna "Por la defensa de las Empresas del Estado. Viva el Paro de los Ferroviarios", donde los 27 sindicatos de todo Chile lograron paralizar a más de cinco mil socios y con apoyo de los jubilados ferroviarios, que decidieron expulsar de su organización a los socios que trabajaran como "rompehuelgas", siendo una de las paralizaciones obreras mas masivas contra la dictadura de Pinochet. Esta huelga, que no está en los registros históricos de quienes afirman insistentemente que la recuperación de la democracia fue con un lápiz y un papel, coincidió con un buen periodo deportivo e institucional del club ferroviario con sede en calle Prat 351 de la ciudad penquista.