[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"post:el-papel-de-los-periodistas-en-las-guerras-de-propaganda":3,"ProgressiveImage_AED9034Fi9ExfDfUQkAnrsBTVMedpDLo1Pf7j4DyLM8":22,"ProgressiveImage_hCZVKI7EXe6GgdV5dTFPQW7fUIbXhBsaW1Kw5iVg":32,"ProgressiveImage_47v86odjhzm4dzFJQ1SnqZwCpcjiRyfs3mIvXkf9Yw":41,"ProgressiveImage_SvAcgKhTuOV4wteCQKJqgVFnFducSkOc1HDzEwlyY":50,"ProgressiveImage_mmQ4Oi8WgpLBnEKyi60KKy06n3tmckusqbknH359b0M":59,"ProgressiveImage_SHmiYyz90cxPr8nSuMDBygfoMkeQUJevqn9ix0xi4":68,"ProgressiveImage_Ta1Dy7TEXF7W9wMrziLxuWH4kXHsqnLRfTORo9KIpI":77,"ProgressiveImage_bZqlShxkCk71bYHJ3ZC4Nxik32ISTaBZqah95CUJbg":86,"ProgressiveImage_wegBEIyyp2Gndl7JmV8M79sFVWRlhE6SMF5O2KNK4":95,"ProgressiveImage_Cm6hER8sdtmAUyFTJ2wo8kFSWEc1N6EJ7hsIdwDk":104,"ProgressiveImage_45niV8pBogRkqm3rnzLmNBMCz1v3ZLhdTuYaeHwhlI":113,"ProgressiveImage_jroPTukpoG0YtVKCl3pBIxdzM8evl8jhHhyFhNUs":122},{"ID":4,"the_title":5,"the_time":6,"the_time_m":6,"the_slug":7,"thumbnail":8,"the_tags":9,"the_category":10,"the_permalink":7,"the_content":15,"prev_post":16,"next_post":19},9121,"El papel de los periodistas en las guerras de propaganda","2013-10-09T01:35:55.000Z","el-papel-de-los-periodistas-en-las-guerras-de-propaganda","",[],[11],{"term_id":12,"name":13,"slug":14},7,"Internacional","internacional","\u003Cp>\u003Cb>fuente: rebelion.org\u003C\u002Fb>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003C\u002Fp>\n\u003Cdiv>\u003Ca href=\"http:\u002F\u002Fwww.rebelion.org\u002Fmostrar.php?tipo=5&id=Patrick%20Cockburn&inicio=0\" mce_href=\"http:\u002F\u002Fwww.rebelion.org\u002Fmostrar.php?tipo=5&id=Patrick%20Cockburn&inicio=0\">Patrick Cockburn\u003C\u002Fa>\u003Cbr mce_bogus=\"1\" \u002F>\u003C\u002Fdiv>\n\u003Cdiv>Znet\u002FLondon Review of Books\u003C\u002Fdiv>\n\u003Cp> \u003C\u002Fp>\n\u003Cdiv>\n\u003Ctable class=\"mceItemTable\" style=\"width: 90%;\" align=\"center\" border=\"0\">\n\u003Ctbody>\n\u003Ctr>\n\u003Ctd>Traducido para Rebelión por Germán Leyens\u003C\u002Ftd>\n\u003C\u002Ftr>\n\u003C\u002Ftbody>\n\u003C\u002Ftable>\n\u003C\u002Fdiv>\n\u003Cp> \u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Las cuatro guerras  libradas en Afganistán, Irak, Libia y Siria durante los últimos 12 años  han involucrado todas intervenciones abiertas o encubiertas en países  profundamente divididos. En cada caso la participación de Occidente  exacerbó diferencias existentes y empujó a partes hostiles hacia la  guerra civil. En cada país, toda o parte de la oposición ha sido de  combatientes yihadistas de la línea dura. Sean cuales sean los  verdaderos problemas en juego, las intervenciones se han presentado como  primordialmente humanitarias, en apoyo a fuerzas populares opuestas a  dictadores y Estados policiales. A pesar de aparentes éxitos militares,  en ninguno de estos casos la oposición local y sus patrocinadores han  logrado consolidar el poder y constituir Estados estables.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Más  que la mayoría de las luchas armadas, los conflictos han sido guerras  de propaganda en las cuales los periodistas de la prensa escrita, de la  televisión y de la radio jugaron un papel central. En todas las guerras  existe una diferencia entre las noticias presentadas y lo que sucedió  realmente, pero durante esas cuatro campañas se ha dejado al mundo  exterior con conceptos erróneos incluso sobre la identidad de los  vencedores y los derrotados. En 2001, los informes sobre la guerra  afgana dieron la impresión de se había derrotado decisivamente a los  talibanes a pesar de que hubo muy pocos combates. En 2003 se propagó en  Occidente la creencia de que se había aplastado a las fuerzas de Sadam  Hussein cuando en realidad el ejército iraquí, incluyendo las unidades  de elite de la Guardia Especial Republicana, habían sido simplemente  desbandadas y devueltas a casa.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En Libia en 2011 los  milicianos rebeldes, mostrados tan a menudo en la televisión disparando  ametralladoras pesadas montadas en camionetas en la dirección general  del enemigo, tuvieron solo un papel limitado en el derrocamiento de  Muamar Gadafi que fue logrado sobre todo por los ataques aéreos de la  OTAN. En Siria en 2011 y 2012 dirigentes y periodistas extranjeros  predijeron repetida y vanamente la inminente derrota de Bacher el-Asad.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Estas  suposiciones falsas explican el motivo por el cual ha habido tantas  sorpresas y cambios de fortuna inesperados. Los talibanes volvieron a  levantarse en 2006 porque no estaban derrotados tan exhaustivamente como  imaginaba el resto del mundo. A finales de 2001 pude conducir –nervioso  pero seguro– de Kabul a Kandahar, pero cuando traté de hacer el mismo  viaje en 2011 no pude ir más lejos hacia el sur por la carretera  principal que la última estación de policía en las afueras de Kabul. En  Trípoli hace dos años los hoteles estaban totalmente repletos de  periodistas cubriendo la caída de Gadafi y el triunfo de las milicias  rebeldes. Pero la autoridad del Estado todavía no se ha restaurado. Este  verano Libia casi ha dejado de exportar petróleo porque los principales  puertos del Mediterráneo han sido ocupados por milicianos amotinados, y  el primer ministro, Ali Zeidan, amenazó con bombardear “desde el aire y  el mar” los buques cisterna que los milicianos utilizaban para vender  petróleo en el mercado negro.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La caída de Libia en la  anarquía fue apenas cubierta por los medios internacionales, que hace  tiempo se habían ido a Siria y más recientemente a Egipto. Irak, donde  hace pocos años había tantas oficinas de noticias extranjeras, también  ha desaparecido del mapa mediático aunque mueren hasta 1.000 iraquíes al  mes, la mayoría en atentados contra objetivos civiles. Cuando llovió  unos días en enero en Bagdad el sistema de alcantarillado, supuestamente  restaurado por un coste de 7.000 millones de dólares, no dio abasto; en  muchas calles la gente se hundía hasta las rodillas en aguas sucias y  residuales. En Siria muchos combatientes de la oposición que habían  luchado por defender sus comunidades se convirtieron en bandidos con  licencia y facinerosos cuando tomaron el poder en enclaves en manos  rebeldes.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>No es que los periodistas hayan sido incorrectos  desde el punto de vista de los hechos en sus descripciones de lo que  habían visto. Pero el propio término de \"corresponsal de guerra\",  aunque no es usado con frecuencia por los propios periodistas, ayuda a  explicar lo que anduvo mal. Dejando de lado sus connotaciones machistas,  da la impresión errónea de que la guerra se puede describir  adecuadamente concentrándose en el combate militar. Pero las guerras  irregulares o de guerrilla siempre son intensamente políticas, y ninguna  más que los extraños conflictos intermitentes que ocurrieron después  del 11-S. Esto no significa que lo que ocurrió en el campo de batalla  haya sido insignificante, sino que requiere una interpretación. En 2003  la televisión mostró columnas de tanques iraquíes destruidos e  incendiados después de los ataques aéreos de EE.UU. en la principal  carretera del norte de Bagdad. Si no hubiera sido por el fondo  desértico, los espectadores podrían haber estado viendo fotos del  ejército alemán derrotado en Normandía en 1944. Pero yo subí a algunos  de los tanques y pude ver que habían sido abandonados mucho antes de que  los alcanzaran. Esto era importante porque mostraba que el ejército  iraquí no estaba dispuesto a combatir y morir por Sadam. También era un  indicador del probable futuro de la ocupación aliada. Los soldados  iraquíes no se consideraban derrotados, esperaban mantener sus puestos  en el Irak de después de Sadam y se enfurecieron cuando los  estadounidenses disolvieron su ejército. Oficiales bien entrenados se  unieron a la resistencia, con devastadoras consecuencias para las  fuerzas ocupantes: un año después los estadounidenses controlaban solo  islas de territorio en Irak.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La cobertura bélica es más  fácil que otros tipos de periodismo en un aspecto porque el melodrama de  los eventos impulsa la historia y atrae a una audiencia. Puede ser  arriesgada a veces, pero el corresponsal que habla hacia la cámara, con  obuses que estallan y vehículos militares incendiados como fondo, sabe  que su informe será destacado en cualquier telediario. \"Si sangra se  destaca\" es un antiguo adagio mediático estadounidense. El drama de la  batalla domina inevitablemente las noticias, pero las simplifica  demasiado al revelar solo parte de lo que sucede. Esas exageradas  simplificaciones fueron más que usualmente burdas y engañosas en  Afganistán e Irak, cuando se mezclaban con propaganda política y  satanizaban a los talibanes y luego a Sadam como el diablo encarnado,  presentando el conflicto –algo particularmente fácil en EE.UU. en la  atmósfera histérica después del 11-S– como una lucha evidente entre el  bien y el mal. Las catastróficas deficiencias de la oposición se  ignoraron.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Al llegar 2011 la complejidad de los conflictos  en Irak y Afganistán era evidente para los periodistas en Bagdad y  Kabul si no necesariamente para los editores en Londres y Nueva York.  Pero para entonces la cobertura de las guerras en Libia y Siria  demostraba una forma diferente, aunque igualmente potente, de  ingenuidad. Una versión del espíritu de 1968 prevalecía: repentinamente  se dijo que los antagonismos anteriores a la Primavera Árabe estaban  obsoletos; un mundo feliz se estaba creando a una velocidad vertiginosa.  Los comentaristas sugirieron de modo optimista que, en la era de la  televisión satelital e internet, las formas tradicionales de represión  –censura, encarcelamiento, tortura, ejecución– ya no podían asegurar en  el poder a un Estado policial¸ e incluso podían ser contraproducentes.  El control estatal de la información y la comunicación había sido  subvertido por blogs, teléfonos satelitales e incluso el teléfono móvil.  \u003Ci>YouTube\u003C\u002Fi> suministraba los medios para denunciar del modo más  gráfico e inmediato los crímenes y la violencia de las fuerzas de  seguridad.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En marzo de 2011 los arrestos masivos y la  tortura aplastaron fácilmente el movimiento pro democracia en Bahréin.  Las innovaciones en la tecnología de la información podrán haber  cambiado marginalmente las probabilidades a favor de la oposición, pero  no lo suficiente para impedir la contrarrevolución, como demostró el  golpe militar del 3 de julio en Egipto. El éxito inicial de las  manifestaciones callejeras llevaron al exceso de confianza y a la  excesiva dependencia de la acción espontánea; la necesidad de  dirigencia, organización, unidad y políticas que representaran más que  una vaga agenda humanitaria, todo eso se ignoró. La historia –incluidas  las historias de sus propios países– no tuvo nada que enseñar a esta  generación de radicales y aspirantes a revolucionarios. No aprendieron  las enseñanzas de lo que ocurrió en Egipto cuando Nasser tomó el poder  en 1952 y no preguntaron si los levantamientos árabes de 2011 podrían  tener paralelos con las revoluciones europeas de 1848, cuando las  victorias fáciles fueron rápidamente revertidas. Muchos miembros de la  intelectualidad en Libia y Siria parecían vivir y pensar dentro de la  cámara de resonancia de Internet y tenían pocos pensamientos prácticos  sobre el camino hacia adelante.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La convicción de que un  gobierno tóxico es la raíz de todo mal es la posición pública de la  mayoría de las oposiciones, pero es dañino confiar en la propia  propaganda. La oposición iraquí creía genuinamente que los problemas  sectarios y étnicos de Irak provenían de Sadam y que una vez que  desapareciera todo iría bien. La oposición en Libia y Siria creía que  los regímenes de Gadafi y Asad eran tan manifiestamente malos que era  contrarrevolucionario cuestionar si lo que vendría después de ellos  sería mucho mejor. Los periodistas extranjeros han compartido en general  esas opiniones. Mencioné algunos defectos de los milicianos libios a  una periodista occidental y respondió con reprobación: “Solo recuerde  quiénes son los buenos”. Podrán haber sido los buenos pero había algo  inquietante respecto a la facilidad con la cual aseguraban lugares  favorables a los medios, sea en la Plaza Tahrir o en la línea del frente  en Libia. Los manifestantes de Bengasi alzaban letreros escritos en  perfecto inglés, que en su mayoría ni siquiera podían leer ellos mismos,  para el bien de los televidentes. En Ajdabiya, a dos horas de la  principal carretera costera al sur de Bengasi, los periodistas  extranjeros a menudo excedían en número a los combatientes de la  oposición, y los camarógrafos tenían que maniobrar a sus corresponsales  para que no fueran demasiado evidentes para la audiencia. El principal  peligro allí era ser atropellado por una camioneta portando una  ametralladora pesada: los conductores frecuentemente entraban en pánico  cuando un obús estallaba a la distancia. Los milicianos libios eran  efectivos cuando combatían por sus propias ciudades y pueblos, pero sin  una protección aérea no habrían resistido mas de unas semanas. La  concentración mediática en pintorescas escaramuzas distraía la atención  del hecho central de que Gadafi fue derrocado por la intervención  militar de EE.UU., Gran Bretaña y Francia.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>No hay nada  sorprendente en todo esto. Las apariciones públicas de los dirigentes  occidentales con niños sonrientes o soldados que vitorean son  invariablemente ideadas para mostrarlos ante los televidentes bajo una  luz simpática. ¿Por qué no deberían tener los rebeldes árabes las mismas  habilidades de relaciones públicas? El problema era la forma en que los  corresponsales de guerra aceptaron con tanta rapidez y publicitaron las  historias de las atrocidad de la oposición. En Libia una de las  historias más influentes describió la violación en masa de mujeres en  áreas rebeldes por las tropas gubernamentales actuando por orden desde  arriba. Una psicóloga libia afirmó que había distribuido 70.000  cuestionarios en áreas controladas por los rebeldes, de los cuales se  devolvieron 60.000. Unas 259 mujeres declararon que las habían violado;  la psicóloga dijo que había entrevistado a 140. El hecho de que se  pudieran recoger unas estadísticas tan precisas en la anarquía de Libia  oriental era imposible, pero su historia se repitió sin ninguna crítica y  contribuyó considerablemente a convertir a Gadafi en un paria. Informes  de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y de una comisión de la  ONU diciendo que no existía evidencia de esa historia generalmente se  ignoraron. Parece que fue un truco propagandístico altamente exitoso. En  otra ocasión, los rebeldes mostraron los cuerpos de ocho soldados del  gobierno; afirmaron que los hombres habían sido ejecutados por los suyos  por tratar de desertar hacia la oposición. Más adelante, Amnistía  descubrió un vídeo que mostraba a los ocho hombres vivos después de  capturados por los rebeldes: evidentemente, habían sido asesinados poco  después y se culpó a las fuerzas de Gadafi de esas muertes.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Los  ingredientes esenciales de una buena historia de atrocidades son que  debieran ser horripilantes y no refutables de inmediato. En 1990 se  informó ampliamente que los soldados iraquíes invasores arrojaron de las  incubadoras del hospital a los bebés y los dejaron abandonados en el  suelo para que murieran. Inmensamente influyente entonces, la historia  solo se desacreditó cuando resultó que la persona que afirmaba que lo  había presenciado resultó que era hija del embajador kuwaití en  Washington; no había estado en el hospital en aquellos días. Los  periodistas podrán tener sus sospechas pero pocas veces pueden negar  historias semejantes directamente. También saben que a los editores de  noticias no les gusta que les digan que una noticia vívida, que sin duda  será utilizada por sus competidores, sea probablemente falsa. Es fácil  culpar a la \"neblina de guerra\" y es verdad que los combates involucran  eventos confusos y acelerados, informes que no pueden comprobarse. Todos  en una guerra tienen motivos importantes para dstorsionar sus logros y  fracasos y usualmente es difícil refutar sus afirmaciones. No es nada  nuevo. “¿Se le ocurrió alguna vez, señor, las oportunidades que ofrece  un campo de batalla a los mentirosos?” dijo una vez el general  confederado Stonewall Jackson a un asistente.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Ciertamente  es peligroso quedarse demasiado tiempo para establecer lo que sucede en  realidad cuando los combatientes se disparan unos a otros. En Siria, en  junio, estaba entrevistando al gobernador de Homs, cuando  inesperadamente afirmó que el ejército sirio había tomado una localidad  en la frontera libanesa llamada Tal Kalakh previamente controlada por la  oposición. Sugirió que fuera a verlo con mis propios ojos. La oposición  decía que todavía había feroces combates y \u003Ci>Al Jazeera \u003C\u002Fi>informó de  que surgía humo de la ciudad. Pasé tres horas conduciendo por Tal  Kalakh, que ciertamente estaba bajo pleno control gubernamental, y no  escuché un solo tiro ni olí o vi humo. Parte de la ciudad había sido  fuertemente dañada por la artillería y las calles estaban vacías, aunque  un simpatizante del gobierno afirmó que se debía a que “la gente está  durmiendo siesta”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Mientras estaba en Damasco me quedé en  el distrito cristiano de Bab Touma, en el que caían obuses de mortero  disparados desde distritos controlados por los rebeldes. Un amigo me  llamó para decirme que cuatro personas habían muerto en un ataque  suicida a algunos cientos de metros de distancia. Fui inmediatamente al  lugar y vi un cuerpo bajo una sábana blanca; al otro lado de la calle  había un pequeño cráter que parecía causado por la explosión de un  proyectil de mortero. La televisión estatal siria afirmó continuamente  que el muerto era un atacante suicida que había atentado contra una  iglesia cristiana; incluso dieron su nombre. Por una vez fue posible  saber exactamente lo que había sucedido: las secuencias de televisión de  circuito cerrado filmadas desde la calle mostraron la caída de una  bomba de mortero delineada por un instante contra la camisa blanca de un  peatón. Murió al instante y le identificaron erróneamente como el  atacante. La televisión siria pidió disculpas posteriormente por su  error.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En cada uno de estos casos el sesgo político y el  simple error se combinaron para producir una versión engañosa de los  eventos, pero tuvo poco que ver con la \"niebla de la guerra\". Todo lo  que establece realmente es que no existe alternativa al reportaje de  primera mano. Los periodistas admiten pocas veces enteramente en su  interior o ante otros el grado en el que se basan en fuentes secundarias  o interesadas. El problema es complicado porque gente atrapada en  eventos de valor noticioso a veces se convence de que sabe más de lo que  sabe realmente. Los sobrevivientes de atentados suicidas en Bagdad me  describían detalladamente la expresión facial del atacante momentos  antes de que detonara sus explosivos olvidando que si hubieran estado  tan cerca estarían muertos. Los mejores testigos eran niños que vendían  cigarrillos, que siempre estaban en busca de clientes.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>En  realidad, la guerra no es mucho más nebulosa que la paz, a veces menos.  Los eventos serios son difíciles de ocultar porque los afectados son  miles –soldados, guerrilleros y civiles– y una vez que los combates han  comenzado las autoridades se vuelven cada vez menos capaces de controlar  e impedir los movimientos de un periodista emprendedor. Se hace difícil  guardar los secretos sobre quién controla qué territorio y quién gana o  pierde. Se hace fácil encontrar informantes. En tiempos de peligro, sea  en Belfast, Basora o Damasco, la gente llega a ser intensamente  consciente de cualquier amenaza potencial en su vecindario: puede ser  tan pequeña como una nueva cara o la llegada de una unidad militar. Un  gobierno o un ejército pueden tratar de mantener el secreto prohibiendo  la presencia de periodistas pero pagarán el precio a medida que el vacío  de noticias se compensa con información suministrada por sus enemigos.  El gobierno sirio se infligió una desventaja política al negar visas a  la mayoría de los periodistas extranjeros, una política que solo  recientemente comienza a revertir.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>A medida que el peligro  comenzó en Irak después de 2003, se propagó un rumor de que los  periodistas extranjeros no eran realmente testigos presenciales porque  los habían reducido a \"periodismo de hotel\", ya que nunca abandonaban  tres o cuatro hoteles bien fortificados. Eso nunca fue verdad, aparte de  que esos hoteles eran repetidamente objeto de ataques suicidas. Los  periodistas que temían abandonar su hotel tomaban la sensata precaución  de no ir a Bagdad para comenzar. Solían pensar que lo más probable era  que a los periodistas inexpertos los mataran o los secuestraran cuando  trataban de ganar reputación tomando riesgos excesivos. Pero los  corresponsales de guerra que conocía mejor y que murieron, como David  Blundy en El Salvador en 1989 y Marie Colvin en Siria en 2012, eran muy  experimentados. Su único error fue ir a sitios peligrosos con tanta  frecuencia que existía una gran probabilidad de que un día fueran  alcanzados por una bala o una bomba.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Las confusas guerras  de guerrilla y los esporádicos bombardeos de artillería en guerras sin  claras líneas de frente son particularmente peligrosos. En 2004, los  milicianos chiíes que habían sido afectados por combates con marines  estadounidenses ese mismo día casi me mataron fuera de Kufa en el  Éufrates. Al sospechar de la toca local que llevaba puesta, medio  decidieron que era un espía. Pero me había puesto la toca como un  disfraz básico, con el fin de viajar por aldeas en manos suníes en la  carretera entre Kufa y Bagdad.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La idea de que los  periodistas extranjeros solo se esconden en sus hoteles en Damasco,  Bagdad o Kabul es absurda. Una acusación más sustantiva es que escriben  demasiado sobre tiroteos y escaramuzas, los fuegos artificiales de la  guerra, mientras descuidan el cuadro más amplio que podría determinar el  resultado. “Mi periódico no hace lo que llama ‘periodismo bang-bang’”  me dijo por lo alto un corresponsal, explicando por qué ninguno de sus  colegas estaba cubriendo de primera mano los combates en Siria. Pero el  \"bang-bang\" importa: la guerra puede no ser explicable sin la política,  pero la política no se puede comprender sin la guerra. Al principio de  la ocupación de Irak fui a la central eléctrica al-Dohra en Bagdad  después de que un soldado estadounidense fue asesinado allí a tiros allí  y otro herido. Fue el pequeño cambio de una incipiente guerra de  guerrillas, pero la aprobación de la gente del lugar mientras estaba  junto a la charca de sangre seca sobre el pavimento era significativa.  “Somos muy pobres pero celebraremos cocinando un pollo”, dijo un hombre.  “Si Dios quiere, habrá más acciones parecidas”.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>El hecho  de estar empotrados con los ejércitos estadounidense y británico tuvo la  desventaja de que los periodistas terminaron teniendo las mismas  experiencias que los soldados y pensando de la misma manera. Es difícil  no asociarse con personas importantes para la propia seguridad y con las  cuales uno comparte peligros comunes. A los ejércitos les gusta el  sistema de empotramiento en parte porque pueden favorecer a periodistas  simpatizantes y excluir a los más críticos. Para los periodistas, a  pesar de su intuición, significa a menudo perder partes cruciales de una  guerra, ya que un comandante guerrillero experto atacará naturalmente  cada vez que las fuerzas enemigas están ausentes o sean débiles.  Cualquiera que esté empotrado con el ejército tenderá a estar en el  lugar equivocado en el momento equivocado. En 2004, cuando los marines  de EE.UU. atacaron la ciudad de Faluya, matando a muchos insurgentes,  iban acompañados por la mayor parte del cuerpo de prensa de Bagdad. Fue  una victoria famosa y muy publicitada, pero lo que los medios ignoraron  en gran parte entonces, fue el contraataque insurgente: la captura de la  ciudad mucho más grande de Mosul en el norte de Irak, de la cual se  habían retirado los soldados estadounidenses.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>El cambio  más siniestro en la forma de percibir la guerra proviene de lo que hace  dos años parecía ser un desarrollo totalmente positivo. La televisión  satelital y el uso de información suministrada por \u003Ci>YouTube\u003C\u002Fi>, los  blogueros y los medios sociales se presentaron como innovaciones  liberadoras. El monopolio de la información impuesto por Estados  policiales de Siria a Egipto y de Bahréin a Túnez se había roto. Pero  como ha demostrado el curso del levantamiento en Siria, la televisión  satelital e internet también esparcen propaganda y odio. Las historias  fraudulentas de atrocidades tienen efectos sobre una guerra: un  miliciano sirio que cree que los soldados del gobierno contra los que  combate tienen órdenes de violar a su mujer y a sus hijas no va a tomar  muchos prisioneros.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La situación ha empeorado desde Libia. La “guerra de \u003Ci>YouTube\u003C\u002Fi>”  que muestra atrocidades de ambas partes ha ido más allá que la  verdadera guerra en Siria como una influencia sobre partidarios de los  rebeldes y del gobierno. Canales satelitales como \u003Ci>Al-Jazeera \u003C\u002Fi>dependen de esos \u003Ci>clips \u003C\u002Fi>de  propaganda. Muchas de las atrocidades son reales. Los rebeldes pueden  ver filmes de fosas comunes de gente muerta por gas tóxico o de niños  retorciéndose de dolor por quemaduras de napalm. En partes de Damasco en  manos del gobierno la gente ya no sale por la noche, sino que se sienta  en casa a mirar secuencias de soldados del gobierno que son decapitados  o de sacerdotes cristianos y soldados alauitas a los que les cortan la  garganta. Gran parte de esas secuencias son reales, pero no todas. Un  corresponsal en el sudeste de Turquía visitó recientemente un campo de  refugiados sirio donde encontró a niños de diez años mirando un \u003Ci>clip\u003C\u002Fi> de \u003Ci>YouTube\u003C\u002Fi> en el que ejecutan a dos hombres con una motosierra. El comentario  afirmaba que las víctimas eran suníes sirios y los asesinos alauitas: en  realidad la película era mexicana y los asesinatos habían sido  realizados por un capo de la droga para intimidar a sus rivales.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>La dieta de películas \u003Ci>snuff\u003C\u002Fi> ayuda a explicar la ferocidad del conflicto en Siria y el grado de odio  y terror de ambas partes. También explica por qué las dos partes tienen  tantas dificultades para hablar entre ellas. ¿Cómo habrían reaccionado  soldados de la Unión en la Guerra Civil Estadounidense, si hubieran  visto repetidamente filmes de comandantes confederados abriendo el  cuerpo de un soldado muerto del ejército de la Unión para comerse su  corazón?\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Fuente original: London Review of Books\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Cb>Patrick Cockburn es autor de \u003Ci>Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq\u003C\u002Fi>. \u003C\u002Fb>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>\u003Cb>Fuente: \u003C\u002Fb>\u003Ca href=\"http:\u002F\u002Fwww.zcommunications.org\u002Fdiary-by-patrick-cockburn.html\" mce_href=\"http:\u002F\u002Fwww.zcommunications.org\u002Fdiary-by-patrick-cockburn.html\">\u003Cb>http:\u002F\u002Fwww.zcommunications.org\u002Fdiary-by-patrick-cockburn.html \u003C\u002Fb>\u003C\u002Fa>\u003Cbr mce_bogus=\"1\" \u002F>\u003C\u002Fp>\n",{"post_name":17,"post_title":18},"pensiones-de-uniformados-muestran-amplia-diferencia-con-jubilacion-por-afp","Pensiones de uniformados muestran amplia diferencia con jubilación por AFP",{"post_name":20,"post_title":21},"4-trabajadoras-de-integra-inician-huelga-de-hambre","4 Trabajadoras de Integra inician huelga de hambre.",["Island",23],{"key":24,"params":25,"result":27},"ProgressiveImage_AED9034Fi9ExfDfUQkAnrsBTVMedpDLo1Pf7j4DyLM8",{"props":26},"{\"thumbnail\":\"\",\"title\":\"El papel de los periodistas en las guerras de propaganda\",\"media\":[{\"media\":\"(min-width: 1280px)\",\"sizes\":\"1180x400\"},{\"media\":\"(min-width: 1024px)\",\"sizes\":\"940x400\"},{\"media\":\"(min-width: 768px)\",\"sizes\":\"768x400\"},{\"media\":\"(min-width: 640px)\",\"sizes\":\"640x300\"},{\"media\":\"(min-width: 0)\",\"sizes\":\"400x300\"}],\"sizes\":\"100vw, (min-width: 640px) 640px, (min-width: 768px) 768px, (min-width: 1025px) 939px, (min-width: 1280px) 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