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¿Emprendimiento? En Chile hay 2,3 millones de trabajadoras/es informales, la mitad son “por cuenta propia”

[resumen.cl] La reciente publicación del último Boletín de Informalidad Laboral elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas arrojó un alarmante aumento en la cantidad de personas que subsisten en el marco de trabajo informal, es decir, carecen de garantías contractuales y sociales en cuanto a la atención sanitaria y pensiones.

El documento consigna que en el último trimestre observado, de julio a septiembre de 2021, la cantidad de trabajadoras/es informales en el país fue de 2.307.500 personas, lo cual representa un 27,7% del total de la fuerza de trabajo. Esta cifra constituye un incremento abrupto respecto al mismo trimestre del año anterior, pues comporta 577.552 personas más en esta condición, un alza de 33,4%.

Este Boletín expone que «la expansión de los ocupados informales estuvo motivada, principalmente, por los tramos 25-34 años (35,8%) y 35-44 años (29,3%) [...] Las tasas de ocupación informal más altas del trimestre se evidenciaron en los tramos 65 años y más (48,6%) y 15-24 años (40,2%)». Si se considera que, de acuerdo a Fundación Sol, «el 2020, se jubilaron 102 mil personas y el 50 % pudo autofinanciar una pensión menor a $75 mil, e incluso la mitad de aquellas personas que cotizaron entre 30 y 35 años, es decir, la mayor parte de su vida laboral, pudieron autofinanciar una pensión menor a $287 mil, lo que equivale a 85 % del Salario Mínimo vigente», se puede inferir que las personas mayores de 65 años registradas como ocupadas informales lo hacen en un contexto de empobrecimiento extremo.

También llama la atención que el informe indique: «el alza de 33,4% de los ocupados informales respecto a igual trimestre del año anterior se debió al ascenso de trabajadores por cuenta propia (48,1%), asalariados privados (20,1%), asalariados públicos (10,2%), personal de servicio doméstico (46,7%), y empleadores (39,3%)». El glosario del INE indica que la categoría asalariados públicos "incluye a todos los asalariados que trabajan en instituciones o empresas del Estado". Es decir, dentro del propio Estado se genera empleo desprovisto de derechos y empobrecedor en sentido amplio.

El incremento de la cantidad de personas que busca subsistir en empleos informales está compuesto según el informe por un gran número de trabajadoras/es por cuenta propia (54%), personas que ante las deficitarias condiciones laborales o la cesantía montan pequeñas iniciativas de subsistencia. A ello, en el argot neoliberal se le ha denominado "emprender", como un eufemismo que soslaya lo problemático del contexto generador de tal situación.

En Chile, las causas de esta situación pueden ser compartidas alternadamente con otras naciones, también bajo regímenes neoliberales: la inexistencia de una economía productiva que abastezca las necesidades locales prescindiendo de la importación de productos manufacturados y superando la matriz de exportación de materias primas. Por otra parte, una progresiva desvalorización del trabajo, expresada en la disminución ostensible del poder adquisitivo de los salarios, facilitada por una legislación laboral deliberadamente ventajosa para el empresariado y la casi absoluta atomización de la clase trabajadora.

Una cuestión relevante de este escenario tiene que ver con la ausencia de sentido colectivo al momento de interpretar las situaciones relativas a la subsistencia. El empresariado sofistica permanentemente sus mecanismos de control, promoviendo en la clase trabajadora una percepción de constante competencia y amenaza por parte de sus pares, así como una creciente penalización ante la imposibilidad de sostener estándares de consumo aceptados. De este modo, todas las vías establecidas por la política neoliberal giran en torno al sujeto aislado a quien se le promete la posibilidad de desarrollo a cuenta exclusivamente de sus propias cualidades (capital humano) y desempeño. El Estado reproduce esta lógica a través de sus reparticiones, por medio de la apertura a fondos concursables de diversa índole para financiar alguna iniciativa potencialmente exitosa, y también lo hace el empresariado a través de su propaganda, erigiendo «emprendimientos» modelo para el resto.

La condición de quienes integran el segmento de cuentapropistas o "emprendedoras/es", así como la de la clase trabajadora en general en el marco neoliberal, ha sido analizada por diversas autoras/es y, de manera muy divulgada, por el surcoreano Byung-Chul Han, generándose la creencia que la coacción o la explotación descrita por el autor es el resultado de una opción voluntaria, así como la expresión "autoexplotación" mencionada en su libro La sociedad del cansancio, se ha utilizado eludiendo lo determinante que resultan las relaciones de poder imperantes en cualquier sociedad. Sobre este problema, en su libro Psicopolitica, Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (Herder, 2014) indica:

«Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea y se reinventa. Este tránsito del sujeto al proyecto va acompañado de la sensación de libertad. Pues bien, el propio proyecto se muestra como una figura de coacción, incluso como una forma eficiente de subjetivación y de sometimiento. El yo como proyecto, que cree haberse liberado de las coacciones externas y de las coerciones ajenas, se somete a coacciones internas y a coerciones propias en forma de una coacción al rendimiento y la optimización […]

El sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad. Entre empresarios no surge una amistad sin fin alguno. Sin embargo, ser libre significa estar entre amigos. «Libertad» y «amigo» tienen en el indoeuropeo la misma raíz. La libertad es, fundamentalmente, una palabra relacional. Uno se siente libre solo en una relación lograda, en una coexistencia satisfactoria. El aislamiento total al que nos conduce el régimen liberal no nos hace realmente libres. En este sentido, hoy se plantea la cuestión de si no deberíamos redefinir, reinventar la libertad para escapar a la fatal dialéctica que la convierte en coacción.

El neoliberalismo es un sistema muy eficiente, incluso inteligente, para explotar la libertad. Se explota todo aquello que pertenece a prácticas y formas de libertad, como la emoción, el juego y la comunicación. No es eficiente explotar a alguien contra su voluntad. En la explotación ajena, el producto final es nimio. Solo la explotación de la libertad genera el mayor rendimiento.

Curiosamente, también Marx define la libertad como una relación lograda con el otro: Solamente dentro de la comunidad con otros todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal. En consecuencia, ser libre no significa otra cosa que realizarse mutuamente. La libertad es un sinónimo de libertad lograda […]

Mientras se compite libremente, el capital aumenta. La libertad individual es una esclavitud en la medida en que el capital la acapara para su propia proliferación. Así, para reproducirse, el capital explota la libertad del individuo: «En la libre competencia no se pone como libres a los individuos, sino que se pone como libre al capital […]»

De cualquier modo, el aumento de la informalidad y, consigo, de la cantidad de trabajadores/as por cuenta propia, constituye uno de los efectos más relevantes del proceso de precarización laboral experimentado por la sociedad chilena y otras bajo regímenes neoliberales. El intento de soslayar lo grave de este hecho sólo contribuye a perpetuarlo. El profundo empobrecimiento provocado por el sistema laboral imperante y los cambios que se imponen cotidianamente en este marco necesitan ser abordados en una discusión amplia, con el propósito de impulsar una normativa que ponga al trabajo como eje del desarrollo de las personas y de la distribución equitativa de la riqueza producida por la sociedad.

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