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La azarosa historia de infancia de la futura ministra del deporte Alexandra Benado

La reciente designación de Alexandra Benado Vergara como futura ministra del deporte del venidero gobierno de Gabriel Boric, puso en la vitrina pública algunas acusaciones propaladas por ex funcionarios y funcionarias del Espacio de Memorias Londres 38 quienes denunciaban haber sido víctimas de maltrato laboral por parte de la aludida próxima ministra. Acusaciones que cayeron en desprecio y al vacío producto de su propia inconsistencia pues nunca se convirtieron en denuncias formales.

Por Darío Núñez

La vida familiar de Alexandra Benado ha estado, sin duda, signada por el derrotero de lucha social y compromiso político de sus padres y abuelos. Sus progenitores, José Benado y Lucía Vergara, eran militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que debieron asilarse a fines de 1973 escapando de la represión dictatorial que perseguía con implacable fervor criminal a quienes consideraba enemigos del régimen. Su abuela paterna, Fanny Medvinsky, cumplía tareas de apoyo en la resistencia clandestina a la dictadura que desarrollaba el MIR cuando, producto de una delación, fue secuestrada y detenida por agentes de la DINA en 1974 quienes la mantuvieron en calidad de rehén en su propia casa. La vivienda fue convertida en una "ratonera" por la represión, deteniendo a aquellas personas que llegaban al lugar. Luego de unos días la trasladaron como prisionera a Villa Grimaldi. Finalmente, a causa de presiones internacionales que exigían la libertad de la señora Medvinsky, dada su condición de funcionaria de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la abuela fue liberada y pudo salir del país con destino a Ginebra, Suiza.

La Operación Retorno

Los padres de Alexandra estaban asilados en Suecia, país donde ella nació el año 1976. Poco después de su nacimiento, los papás de Alexandra se integraron a la llamada "Operación Retorno" que impulsaba el MIR. Producto de eso, el grupo familiar se traslada a Cuba con la idea de que José y Lucía participaran de cursos de instrucción y preparación para el regreso clandestino a Chile. Inicialmente, Alexandra y su hermano, dos años mayor, serían acogidos en el programa "Proyecto Hogares" que estaba generando el MIR para dejar en Cuba a cargo de "padres sociales" a los hijos de los miristas que asumían el retorno. Sin embargo, previo a su partida, los padres de Alexandra consiguen dejarles con su abuela paterna quien se encontraba trabajando en Guatemala cumpliendo funciones de la OIT.

La abuela se hace cargo de los dos menores, se los lleva a vivir con ella Guatemala, primero, y adonde quiera que la llevaran sus obligaciones laborales o decisiones de vida, después. En esos periplos de vida, Alexandra se iba enterando de la suerte y vicisitudes que corrían sus distantes padres.

José Benado fue uno de los primeros miristas que en 1978 retornó clandestino a formar parte de la lucha de resistencia a la dictadura en los comienzos formales de la "Operación Retorno", integrando un grupo de apoyo a las tareas del secretario general del MIR, Andrés Pascal Allende, que también había ingresado ilegalmente al país. Producto de las actividades de su grupo y propias, Benado fue descubierto y detenido por la CNI a mediados de 1980. Conducido al Cuartel Borgoño por los agentes represivos, fue sometido a brutales torturas, siendo llevado en días posteriores ante la Fiscalía Militar para ser procesado por causas que para el régimen eran delitos, como el ingreso clandestino y organización política, purgando años de prisión en la cárcel de Santiago. En septiembre de 1983, producto nuevamente de presiones internacionales, José Benado fue dejado en libertad por el régimen dictatorial y salió del país.

Lucía Vergara concretó años más tarde su decisión de retorno. Previo a ello, completó su preparación en Cuba y luego asumió algunas tareas del MIR en el exterior. Cumpliendo parte de esas obligaciones, en 1982 Lucía fue detenida en Madrid junto a un grupo de militantes miristas que mantenían vínculos de trabajo con la organización libertaria vasca, ETA. A pesar de que no existían acusaciones concretas en su contra, la chilena fue flagelada y sometida a crueles tratos por los cancerberos españoles; no obstante, a los pocos meses fue dejada en libertad provisional mientras se desarrollaba el juicio penal.

Por esa época, Fanny Medvinsky se había trasladado a vivir y trabajar en Francia con sus nietos a cuesta. En ese período de libertad condicionada, Alexandra y su hermano fueron llevados a Madrid por su abuela para visitar a su madre. Reencuentros familiares esporádicos que no llegaron a llenar los vacíos de cuatro años de ausencia ni reunir las condiciones de una vida familiar. Esos encuentros esporádicos se reprodujeron luego ocasionalmente en Francia.

Algunos meses más tarde, Lucía Vergara escapa de España y de la persecución penal de ese país. Llega a Francia para preparar su ingreso a Chile. Ingresó clandestinamente a comienzos de 1983 formando parte de un grupo de trabajo de la dirección del MIR, específicamente, en tareas de apoyo del encargado nacional de tareas militares Arturo Vilavella Araujo.

Crímenes en calle Janequeo

Lucía Vergara Valenzuela fue asesinada por la CNI el 7 de septiembre de 1983 en la matanza de calle Fuente Ovejuna, en la comuna de Las Condes. En esa ocasión, el criminal órgano represivo de la dictadura organizó una operación de exterminio sobre una serie de militantes del MIR. En una casa de calle Fuente Ovejuna fueron asesinados, además de Lucía, el propio Arturo Vilavella y Sergio Peña Díaz. El mismo día, y como parte de la misma operación, fueron asesinados en una vivienda en calle Janequeo, en Quinta Normal, los militantes Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquián. La operación criminal fue presentada por los órganos represivos y comunicacionales del régimen dictatorial como muertes en enfrentamiento, cuando no fueron más que burdas matanzas, como lo han demostrado los procesos judiciales recientes que han investigado ambos sucesos.

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Por el crimen de Lucía Vergara y los dos miristas en calle Fuente Ovejuna, la Corte de Santiago condenó, en enero de 2020, a 20 agentes de la CNI, tres de ellos a penas de 15 años de presidio, dos agentes a 10 años de presidio, y quince sujetos a 3 años de libertad vigilada. En tanto, por los crímenes de calle Janequeo la Corte de Santiago condenó en noviembre de 2021 a 23 agentes de la CNI, tres de ellos a 17 años de presidio (los mismos individuos del caso anterior), diez a 15 años de presidio, y diez a 10 años de presidio. Ambas sentencias aún deben ser ratificadas por la Corte Suprema.

Lucía solo tenía 31 años de edad cuando fue ejecutada. Alexandra solo tenía 7 años cuando su madre fue asesinada. La niña Alexandra siguió viviendo con su abuela durante un tiempo; luego, ambos hermanos se trasladaron a vivir con su padre que había sido liberado por la tiranía y se había radicado en Francia. Sin embargo, el periplo de vida de Alexandra no se detuvo pues siguió dependiendo de las obligaciones políticas o tareas que asumiera su padre. Es así como, en 1987, nuevamente se trasladan a vivir a Cuba. Allí, Alexandra y su hermano continuaron sus estadios escolares. Finalmente. En 1991 ingresan a Chile, a vivir con su abuela Fanny que les había antecedido.

Comenzar a vivir en Chile fue un proceso de duro aprendizaje para Alexandra. También un período de búsqueda y encuentros aún más duros con la historia de vida de su distante madre, luchadora y combatiente. Seguramente estas vicisitudes forjaron la personalidad y el carácter de la mujer Alexandra que se convirtió en profesora, en futbolista chilena desde 1993 hasta el 2003 (fecha en que debió abandonar la actividad por las lesiones que la afectaban), actividad que retoma el 2008 hasta el 2013 para convertirse en capitana de la selección nacional femenina de fútbol durante ese período, y que ahora, en el futuro inmediato, deberá enfrentar nuevos desafíos de vida desde una posición de gobierno.

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