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Maoríes en la Antártida mil años antes que los europeos

[resumen.cl] El colonialismo lanzó a los Estados europeos a los mares, y desde entonces hablan arrogantemente de descubrimientos de continentes, incluyendo los ya habitados con poderosas civilizaciones como África y América. Sin embargo, hay uno que efectivamente no estaba poblado y sobre el que sí se podría hablar de descubrimiento: la Antártida, aunque el primero en poner pie allí no fue una potencia colonial europea, sino los maoríes.

Ingleses, rusos, noruegos y norteamericanos se disputan en la historia oficial ser los primeros en avistar el «continente blanco». James Cook lo buscó por tres años la sin lograr dar con éste. El 27 de enero de 1820, Fabian von Bellingshausen, enviado por el zar de Rusia, miró lo que hoy se conoce como Tierra Reina Maud, tres días más tarde, el oficial naval británico Edward Bransfield divisó la punta de la Península Antártica.

En 1911 el noruego Roald Amundsen fue el primero en llegar al Polo Sur, adelantando sólo por días a la expedición británica de Robert Falcon Scott. Varias de estas aventuras contaron con navegantes maoríes, por el conocimiento que estos tenían de los mares australes. Esto no fue una casualidad, pues las primeras noticias sobre la Antártida comienzan en el Siglo VII cuando un barco maorí llegó hasta sus costas. Un trabajo publicado en "Journal of the Royal Society of New Zealand" señala que el jefe Hui Te Rangiora navegó hasta allí mil años antes de que lo hiciera ningún hombre blanco.

La historia construida por los vencedores, son relatos oficiales, clases sociales, Estados, culturas que se imponen sobre otras. Las grandes naciones colonialistas primero, imperialistas después, de hombres blancos construyeron el relato de la historia universal a partir de ellos. La historia indígena, de los negros, de las mujeres, fue por siglos invisible. Sus actas, decretos y leyes fueron las fuentes verdaderas, por el contrario la tradición oral, los tejidos, las canciones para registrar el conocimiento astronómico o la información sobre la navegación interoceánica son invalidadas, consideradas no son fiables, no científicas.

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Según las historias orales maoríes: Ngāti Rārua y Te Āti Awa registradas en 1899, el primer ser humano en viajar a la Antártida fue el explorador Hui-Te-Rangiora. Describen el viaje hablando de mares monstruosos; de una hembra que habita en unas olas como montañas cuyas trenzas ondean en el agua y en la superficie del mar, de animales que se zambullen a grandes profundidades. Hablan de mucha bruma, de oscuridad, de cumbres que perforan los cielos, blancas completamente desnudas y sin vegetación. Para los investigadores que las registraron, las trenzas de estas historias describirían algas toro del océano austral, los animales serían mamíferos marinos y las cumbres que perforan los cielos los icebergs.

Hui-Te-Raingora, originario de la isla Rarotonga, habría navegado en el siglo VII hacia el sur, pasó un tiempo en lo que hoy es la Isla subantártica de Campbell, cazando focas, ballenas y pingüinos, para posteriormente navegar aun más al sur, hasta encontrarse con un lugar al que denominó Tai-uka-a-pia (tai significa mar, uka significa hielo y a-pia significa "a la manera del arrurruz", ya que los témpanos le resultaron similares al aspecto de la fécula de la raíz de esta planta). Se cree que este navegante maorí habría alcanzado la Barrera de hielo de Ross, durante el siglo VII.

 

Un pueblo de navegantes

El Museo de Historia Natural de Concepción alberga restos óseos de maoríes, descubiertos por arqueólogos de la ex DIBAM en la Isla Mocha, con data aproximadas al año 1.300. Hallazgos arqueólogos en el golfo de Arauco también han encontrado presencia de gallinas del Pacífico Sur, lo que vendría a confirmar el contacto entre maoríes y mapuches, cuestión que identifican algunos estudios lingüísticos con respecto a la similitud en el uso de algunas palabras, algunas tan significativas como Toqui.

Pero no son sólo hallazgos arqueológicos o estudios científicos, la tradición oral del pueblo maorí también recoge esas historias de viajes que fueron más allá Micronesia y Polinesia, llevando consigo plantas y animales, para mantener los nuevos asentamientos.

La historia de los maoríes, es muy similar a los vikingos, quienes generaron colonias y contactos con pueblos originarios en América del Norte. Los hallazgos arqueológicos en L’Anse aux Meadows (Canadá) hoy son patrimonio de la humanidad, reconocidos por la Unesco. Pero es más, la presencia genética amerindia en habitantes de Islandia, demuestra que los viajes de los vikingos no fueron sólo de ida, sino también de vuelta y mucho antes de Colón, al cual ya cuestionaban cronistas de la propia conquista española como Fray Bartolomé de Casas y el inca Garcilazo de la Vega, que hablan de un supuesto marinero andaluz llamado Alonso Sánchez de Huelva que habría llegado a América varios años antes.

¿Por qué no iban los maoríes, expertos navegantes, a encontrar enormes continentes si fueron capaces de hallar las islas más aisladas del mundo?

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