Miguel Enríquez: 48 años de su caída combatiendo a la dictadura

Hoy 5 de octubre se cumplen 48 años de la muerte de Miguel Enríquez Espinosa, secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), quién cayó en combate enfrentándose a una patrulla de la DINA siendo uno de los dirigentes de la resistencia a la dictadura tras el golpe de Estado.

Por Alejandro Baeza

Poco antes de cumplir un año de la traición de los uniformados el 11 de septiembre de 1973, la dictadura creó la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), un aparato independiente de los organismos de inteligencia de las Fuerzas Armadas y Carabineros, que era comandada por el criminal de lesa humanidad Manuel Contreras y que respondía directamente a Pinochet. Una maquinaria de violaciones sistemáticas a los derechos humanos con asesinatos, torturas, secuestros, desapariciones, abusos sexuales, entre otras.

La DINA, identificó inmediatamente a su objetivo principal en el MIR.

Cuando la mayoría de los principales cuadros políticos de la izquierda tradicional se entregaban detenidos a los golpistas o se refugiaban en embajadas para salir del país, Miguel Enríquez, secretario general del MIR, permanecía activo en la clandestinidad, conduciendo el repliegue de sus militantes, reorganizando sus fuerzas, definiendo una línea política de resistencia para enfrentar a los organismos dictatoriales.

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Luego de la caída de Bautista Van Schouwen en diciembre de 1973 Enríquez, se instala junto a su círculo cercano en una casa en la calle Santa Fe de San Miguel para coordinar las acciones de la resistencia, una residencia que ocuparon durante meses.

El 5 de octubre de 1974, una patrulla de la DINA comandada por Miguel Krassnoff llegó a las 13:30 desplegando ráfagas de disparo al interior de esta casa, encontrando una ardua resistencia de parte del interior, desde donde respondieron también usando sus fusiles contra los agentes.

En un artículo de 2014 escrito por Carmen Castillo, pareja de Miguel Enríquez y quien estuvo aquel día, para la revista Punto Final, señaló:

«Esa es para mí la hora en que Humberto Sotomayor y José Bordaz nos avisan ‘¡Allí están!’. Miguel y yo estamos en el cuarto. Es de ahí que él sale, con el AK en la mano, ya engatillada, pues escuchamos el primer intercambio de ráfagas de metralletas. Es ahí donde tomo la Scorpio y apunto desde la ventana, al frente solo hay un muro colindante con la vecina Anita, no puedo ver la calle. Él me había dicho: ‘No te muevas de aquí’. Obedezco, carente de emociones.

Comienza el enfrentamiento. Para nosotros se trataba de alcanzarlos, de obligarlos a retroceder, de forzarnos un paso para escapar del cerco, ejecutar el plan de escape mil veces estudiado.

Y lo conseguimos. Después de un corto momento de intercambio de tiros, se alejan. Ese primer tiempo del enfrentamiento no duró más de 15 minutos. Son entonces entre las 13:30 y las 13:45.

En el instante mismo en que ninguna bala roza la casa, Miguel da la orden de salir. Entra en la habitación, toma uno de los dos bolsos de dinero, yo el otro, caminamos rápido, él delante, yo detrás, a un metro. Nos dirigimos hacia el auto, por esa salida lateral de la gran pieza donde hay una puerta ventanal ubicada frente al Fiat.

Justo en ese momento una granada explota. ¿Quién la tiró? ¿Adónde cayó? Aún no lo sabemos. No aterrizó demasiado cerca de nosotros, nos hubiera matado, no demasiado lejos, quedamos heridos.

Pequeños trozos de acero puntiagudos me seccionan la arteria y los nervios del brazo derecho a la altura del músculo superior, algunos se incrustan en la parte alta del pecho, y también, lo sabré mucho tiempo después, dos minúsculos llegan hasta la pared del pulmón. Todavía estoy parada cuando José Bordaz se cruza conmigo. Después me desplomo lentamente. Miguel también fue alcanzado, está en el suelo».

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Miguel Enríquez murió a sus 30 años enfrentándose a los agentes del terrorismo de Estado, sin rendirse nunca. Era tanto el temor que sentían los aparatos represivos por el líder del MIR -el hombre más buscado por la dictadura- que fue necesario nutrido contingente de agentes de seguridad, el que incluía una tanqueta y un helicóptero para hacerle frente.

Su padre, Edgardo Enríquez, escribió tiempo después: «Tenía diez heridas a bala. Una de ellas, la última, le entró por el ojo izquierdo y le destruyó el cráneo. Al verlo, con el resto de su cara serena, sonriente casi, y con un dejo burlesco en la expresión, dije a mi mujer, su madre: ‘Quienes le dispararon sabían que aunque desfiguraran su hermoso rostro y destruyeran su cerebro privilegiado no lograrían jamás borrar la imagen de él que se ha formado el pueblo, ni sepultar sus generosos y sabios pensamientos inspirados por sus elevados y dignificadores ideales’.»

Si bien la caída en combate resultó un duro golpe tanto para el MIR como para la resistencia la dictadura en general, su figura se transformó en símbolo de rebeldía y es hasta el día de hoy un nombre que significa consecuencia, compromiso y entrega.

Estando en París, el cantautor cubano Silvio Rodríguez al enterarse de su muerte compuso «Canción contra la indecisión», dedicada a Miguel Enríquez, la que había interpretado sólo  una vez, durante una presentación en la misma capital francesa, sin embargo, en una presentación en Concepción el 5 de octubre de 2019, la ciudad natal de Miguel, la volvió a tocar luego décadas. Y es que justamente si algo caracterizó a Enríquez fue su falta indecisión, tanto en sus críticas a la permisividad del gobierno de la UP y el riesgo a un golpe de Estado, como en sus convicciones de defender al pueblo incluso dando su vida.

 

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