Raúl Pellegrin Friedmann, 28 de octubre

Raúl Pellegrin Friedmann, 28 de octubre

“Por mi parte les juro que mientras mi patria no sea libre, que mientras todos mis hermanos no se satisfagan condignamente, no soltaré la pluma ni la espada”.

Manuel Javier Rodríguez Erdoíza (*)

[Por José Miguel Carrera C.]  Raúl Pellegrin nació un día 28 de octubre, en una trágica coincidencia, su cuerpo apareció sin vida en el río Tinguiririca esa misma fecha, en 1988, cuando cumplía apenas 30 años de edad. Este escrito forma parte de un trabajo mayor, en construcción, una modesta interpretación acerca de la experiencia revolucionaria vivida por nuestra generación, de la que es parte importante Raúl, él, hoy es de esos luchadores que han trascendido la historia nacional, líderes revolucionarios que son paridos en los procesos liberadores, tal como los nacidos en Nicaragua, Cuba y la Rusia de Lenin.

Para hablar del jefe histórico del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, así como de otros jefes y combatientes revolucionarios chilenos, es imprescindible expresar algunas ideas de contexto previas, para que esta opinión no sea interpretada como una añoranza panfletaria de luchas pasadas. No podemos permitir que se borre en la traición del olvido, la experiencia combativa alcanzada por nuestro pueblo en épocas ya pasadas. En Chile, para algunos, el acto de memoria puede ser usado como material de campaña electoral, pero no es para extrañarse, casos así vienen sucediendo desde la época de los romanos, cuando los plebeyos arribistas postulaban a ser ediles curules, para enriquecer su cursus honorum o carrera política.

Primero: La justificación teórica que fundamenta el Golpe de Estado de 1973 por los militares chilenos, se podría resumir citando un extracto del Acta Institucional N°2 (1976): “…las Fuerzas Armadas y de orden en cumplimiento de su deber esencial de resguardar la soberanía de la Nación y los valores superiores y permanentes de la chilenidad a justo y legítimo requerimiento de aquella, asumieron el 11 de septiembre de 1973, la conducción de la República con el fin de preservar la identidad histórica, cultural de la Patria y de reconstruir su grandeza espiritual y material.” Para los militares golpistas, la identidad histórica y cultural de la Patria, así como su grandeza espiritual y material, estaba amenazada por el gobierno de Salvador Allende y se propusieron salvar esa chilenidad, sin escatimar para ello, la violación de los derechos humanos de sus propios compatriotas.

En la actualidad la Constitución, coloca en manos de las FFAA y de Orden las armas para la defensa y protección de la “sociedad”, ese es el método clásico de “protección de lo chileno”, los conflictos sociales en Chile se resuelven sobre la base de la Doctrina Militar imperante, beligerante con el chileno común, pues asume que en el seno del pueblo se anida el enemigo interno. Históricamente su aplicación práctica ha beneficiado los intereses políticos y económicos de la clase chilena más pudiente. Para salvar la propiedad privada de esa clase, amenazada por el gobierno de la Unidad Popular y recuperar para ellos las empresas estatales, según cifras oficiales, tuvo como resultado 40.000 víctimas, entre detenidos desaparecidos, ejecutados, torturados y presos políticos. De todas estas víctimas, según las cuatro comisiones institucionales creadas desde la salida de los militares terroristas del gobierno, 3.065 chilenos fueron muertos o desaparecidos en el período que va de septiembre de 1973 a marzo de 1990.

Segundo: A más de cuarenta años de ese Golpe de Estado, el tema militar sigue siendo un tabú para la izquierda, interesado por cierto, pero nunca para la derecha chilena. No está demás precisar lo que entendemos por lo militar y por supuesto su vinculación con la cultura y la resistencia que hicimos a la dictadura, a propósito de la “chilenidad”.

Lo militar hace referencia a la milicia o a la guerra, al conocimiento del Arte y la Ciencia Militar para defender la soberanía del país y la integridad territorial. La cultura se relaciona con el cultivo del espíritu y las facultades intelectuales del ser humano, expresa la manera como desarrolla la vida y construye el mundo o la parte donde habita, la cultura es la civilización misma. En cambio la resistencia es el acto soberano de los ciudadanos en respuesta a la violencia institucional, alcanza caracteres múltiples, violentos o no violentos, por tanto es la expresión cultural y popular de lo militar.

Tercero: Chile es un país que tiene una Constitución que por voluntad popular nunca ha sido aprobado. En ella se fijan los grandes objetivos nacionales, los límites y las relaciones que rigen entre los poderes estatales y de estos, con los ciudadanos, para así establecer el “buen gobierno”. En definitiva debiera garantizar o regular la existencia de los derechos y libertades del pueblo. Es un mandato soberano, cuando es aprobado por los ciudadanos.

Como nunca hemos consagrado soberanamente la Constitución y por la existencia activa de poderes fácticos acechantes y de clase, acreditado esto con muchos ejemplos en la historia nacional, se puede aventurar que en nuestra larga y angosta franja de territorio, nuestra convivencia corre el riesgo permanente de verse trágicamente afectada, independientemente de la voluntad de sus ciudadanos. Cualquier cosa puede pasar en Chile, porque estos poderes y sobre todo los no consagrados, se consideran con el derecho de proteger sus intereses por sobre la gobernanza de turno. Y que estos poderes así decidan y que la Carta Magna no esté aprobada, es ya parte de nuestro acervo cultural.

Considerando los puntos anteriores, no es extraño que en 1975, en plena dictadura, un joven como Raúl Pellegrin decida ingresar a la escuela militar Antonio Maceo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, para formarse como un oficial de carrera, un militar revolucionario.

¿Por qué un joven chileno como Pellegrin decide integrarse a las fuerzas armadas de un país extranjero? Alguien podría preguntar. La respuesta es clara y concreta, las FFAA chilenas en esa época, eran dirigidas por criminales golpistas que cumplían órdenes de la derecha económica y política chilena, de algunos dirigentes del Partido Demócrata Cristiano y de los gobernantes de los EEUU, como se ha probado en demasía, rompiendo de esa forma, el juramento de ser militares leales a la Constitución y al Presidente legítimo. Y dieron el Golpe de Estado.

La especialidad militar elegida por Pellegrin fue la de oficial de Tropas Generales con mención en el trabajo político de las tropas. Durante tres años debió sortear la dura preparación de cadete, sin privilegios y con similares deberes y derechos de otros futuros oficiales cubanos, se graduó como Subteniente de Infantería, incorporándose inmediatamente al mando de tropas regulares del Ejército en Cuba.

Todos los que lo conocimos concordamos que se caracterizaba por el respeto a sus soldados, aplicaba con celo lo que la doctrina militar cubana llama “mando único y disciplina consciente”, principio que luego inculcó a los combatientes guerrilleros que tuvo a cargo en la lucha de liberación nacional triunfante del pueblo de Nicaragua en 1979. Raúl era grande en valentía, lo demostró en los duros combates de su columna guerrillera, en las filas del guerrillero Frente Sur Benjamín Zeledón del FSLN en Nicaragua. Como militar preparado para la guerra regular, debió adaptarse a la guerra irregular, aplicando creativamente los principios del Arte Militar en las condiciones complejas de la guerra que le tocó enfrentar.

Después del triunfo revolucionario, continuó asesorando la formación del nuevo ejército, el Ejército Popular Sandinista, hoy Ejército de Nicaragua, mostró en esa etapa de su vida un espíritu de superación admirable. Se avocó con disciplina al estudio de la ciencia, la doctrina y el Arte Militar, debido a que la tarea de asesor era superior a los conocimientos de mando táctico en el que eran especialistas los asesores chilenos. Sorteó con éxito esa etapa, ganándose el respeto de los jefes militares nicaragüenses, cubanos y de sus propios compañeros militares chilenos.

Esas virtudes mostradas en su desempeño, junto a su participación política como militante del Partido Comunista en esa época, le valieron el reconocimiento de ser uno de los primeros oficiales que se incorporó a la lucha clandestina en Chile y ser designado luego jefe del FPMR, adaptando, ya no el seudónimo de “Benjamín” usado en Nicaragua, si no el de “Rodrigo”, transformándose en el mítico “Comandante José Miguel”.

Para la construcción del “brazo armado popular”, como llamaban al FPMR en esos años de dictadura militar, esta vez, debió aplicar al máximo sus conocimientos y la experiencia acumulada en Cuba y Nicaragua, adaptándola creativamente a las características de la guerrilla urbana y clandestina de nuestro país. Junto a los combatientes comunistas y rodriguistas que luchaban en el interior y los internacionalistas, contribuyó a la creación de una organización político-militar que dio una dura lucha a las fuerzas represivas de la dictadura. Por su creatividad y audacia, esa organización, se ganó la simpatía del pueblo chileno y el odio de la derecha chilena defensora a muerte de la “obra criminal” del dictador Pinochet.

En Raúl es posible apreciar claramente las características de un revolucionario, generador constante de nuevas ideas tácticas y estratégicas para la lucha, una gran capacidad organizativa para llevarlas a cabo y por último portador de una moral intachable. Valores que inculcó a los combatientes y ayudistas del FPMR, durante su corta vida.

Destacada es su participación y liderazgo en el debate ideológico que culminó en 1987 con la separación del FPMR de las filas del Partido Comunista chileno. Su consecuencia política quedó demostrada en su entrega final, al participar en la irrupción de la estrategia del FPMR, “la Guerra Patriótica Nacional”, del que era uno de sus principales artífices. Comandó la operación que significó la toma de cuatro pueblos rurales y levantamientos poblacionales en Santiago el 21 de octubre de 1988. Dirigió personalmente las acciones en el pueblo de Los Queñes. Durante la retirada fue capturado y asesinado por las fuerzas policiales, junto a la jefa rodriguista Cecilia Magni. Pellegrin no confiaba en la salida política concertada que se impuso finalmente en el país, las que dejaron inamovibles las bases que sustentan la injusticia y desigualdad social en nuestro país. Lo que significó esa concertación, para el pueblo chileno hoy es más fácil comprenderlo. Esa actitud de Raúl y de los combatientes del FPMR es una bandera de dignidad, las nuevas generaciones de revolucionarios pueden decir, que sí hubo chilenos que se opusieron a las negociaciones espurias con la dictadura de Pinochet para la “transición concertada” y que actuaron en consecuencia.

Raúl Pellegrin hasta el último de sus días, ese 28 de octubre de 1988, fue consecuente con sus ideas políticas y militares. Tarde o temprano su visión de estratega brillará tan alto, -como la Cordillera de Los Andes-, tal como él solía decir a sus combatientes, al partir a algún combate, cuando soñaba con la añorada libertad en la noche negra de la dictadura de Pinochet.

Honor a su memoria y ejemplo.

José Miguel Carrera

Santiago, octubre de 2017

(*) Documentos del Archivo San Martín, Tomo III, páginas 165-166

Etiquetas:  FPMRRaúl Pelligrin
Estas leyendo

Raúl Pellegrin Friedmann, 28 de octubre