[{"data":1,"prerenderedAt":-1},["ShallowReactive",2],{"post:resiliencia-un-concepto-discutible":3,"ProgressiveImage_UGKvlnGYZRSHs1bMcyaDbaZ1Cn6RgipVfR1KOM7BE":22,"ProgressiveImage_hCZVKI7EXe6GgdV5dTFPQW7fUIbXhBsaW1Kw5iVg":32,"ProgressiveImage_47v86odjhzm4dzFJQ1SnqZwCpcjiRyfs3mIvXkf9Yw":41,"ProgressiveImage_SvAcgKhTuOV4wteCQKJqgVFnFducSkOc1HDzEwlyY":50,"ProgressiveImage_mmQ4Oi8WgpLBnEKyi60KKy06n3tmckusqbknH359b0M":59,"ProgressiveImage_Ta1Dy7TEXF7W9wMrziLxuWH4kXHsqnLRfTORo9KIpI":68,"ProgressiveImage_PsmTZUgtYoc1up5kOS307jURiQwLwMvTo49GEZ8L5F0":77,"ProgressiveImage_hTGhDw40an4FTFNBdokoWZywvIYmFRvcHBBXpQIvEiM":86,"ProgressiveImage_9NJQ52mqNGiHqWPA3G6aaOqO27iFnUrT7XBGV8YlE":95,"ProgressiveImage_xNI0KQ88l8HZrIppsFTCuQboqSpvyRMrZLMdkybCPww":104,"ProgressiveImage_jtTw7Ge2XnZ8j8ZgP4wJJ2ZoCyZMe9QehPJbfchv1sM":113,"ProgressiveImage_coDnHDwFzIhMbfv8xUpxB2xbDMZjsSVJcFuZ8amxfQ":122,"ProgressiveImage_rldGgJrhRQ8LAUislG5GoUePlMnjTfZkdERuO0FA":131},{"ID":4,"the_title":5,"the_time":6,"the_time_m":6,"the_slug":7,"thumbnail":8,"the_tags":9,"the_category":10,"the_permalink":7,"the_content":15,"prev_post":16,"next_post":19},10771,"Resiliencia: un concepto discutible","2014-07-15T00:57:55.000Z","resiliencia-un-concepto-discutible","http:\u002F\u002Fwww.enfoquecentro.com\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002F2013\u002F06\u002F20130603-021406.jpg",[],[11],{"term_id":12,"name":13,"slug":14},19,"Opinión","opinion","\u003Cp>\u003Cimg src=\"http:\u002F\u002Fwww.enfoquecentro.com\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002F2013\u002F06\u002F20130603-021406.jpg\" mce_src=\"http:\u002F\u002Fwww.enfoquecentro.com\u002Fwp-content\u002Fuploads\u002F2013\u002F06\u002F20130603-021406.jpg\" height=\"330\" width=\"256\" \u002F>Síntesis:\u003Cbr \u002F> El concepto de “resiliencia” ha llegado a Latinoamérica desde la  concepción de psicología de la adaptación que prima en el ambiente  intelectual estadounidense. Aquí se la adoptó sin mayor cuestionamiento,  en el entendido que permite entender los fenómenos de resistencia, tan  comunes en la zona, ante todo tipo de agresiones a la vida: crisis  políticas, situaciones de represión extrema, guerras internas,  catástrofes naturales. Aparentemente el concepto sirve para explicar la  capacidad de sobrellevar tanta adversidad. Pero una lectura crítica  muestra que el mismo, en realidad, no aporta nada nuevo en términos  operativos y sí conlleva el peligro de una carga ideológica  cuestionable, por cuando sirve en definitiva a una visión adaptativa y  de aceptación de la realidad, en vez de transformadora\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>Ponencia presentada en el V Congreso Latinoamericano de la ULAPSI, Antigua Guatemala, el 17 de mayo de 2014.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> “El camino del infierno está plagado de buenas intenciones”. ¿Por qué  empezar diciendo esto? Pues porque muchas veces, más allá de la “buena  voluntad” en juego, los efectos conseguidos con una determinada acción  pueden ser cuestionables. O incluso desastrosos. En el campo de la  práctica científica ello no es raro en absoluto. El concepto de  “resiliencia” nos lo permite ver de forma palmaria.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> “Resiliencia” es un término controversial, que tanto puede asociarse con  “intervenciones pobres para los pobres” (lo cual recuerda aquello de  “atención primaria o ¿primitiva? de la salud”, que cuestionaba el  epidemiólogo argentino Mario Testa), hasta la promoción de un  conformismo con resonancias conservadoras, de la mano de la ideología  adaptacionista que prima en las ciencias sociales de cuño  estadounidense, dominadoras del ámbito académico en buena parte del  mundo. Por lo pronto, es la versión española de la voz inglesa  “resilience”, o “resiliency”, término que proviene del campo de la  metalurgia y que hace alusión a la capacidad que tienen los metales de  deformarse sin quebrarse, retornando luego a su estado original.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> En el ámbito de la psicología, aparece utilizado por primera vez en un  artículo de Barbara Scoville en el año 1942. Más tarde, en la década de  los 70, el término va adquiriendo mayor prevalencia, aunque la mayoría  de los primeros investigadores que hacían referencia a este concepto  tomado de la metalurgia, en principio no utilizaron la expresión  “resiliencia”, sino que se referían a esta cualidad describiendo a  quienes la portaban como “invulnerables” o “invencibles” (Lösel,  Bliesener y Koferl, 1989). Para la década de los 90 el término ya es  ampliamente utilizado, y así llega a los países latinoamericanos.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> ¿Qué es, en definitiva, esto de la resiliencia? “La capacidad humana de  asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”,  según la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia Española. La  “capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la  vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas”, de acuerdo a  la definición de Grotberg (1995). O también el “proceso dinámico,  constructivo, de origen interactivo, sociocultural que conduce a la  optimización de los recursos humanos y permite sobreponerse a las  situaciones adversas”, según María Angélica Kotliarenko e Irma Cáceres  (2011). O si se prefiere: “la capacidad que tiene un individuo, una  familia, un grupo y hasta una comunidad de soportar crisis y  adversidades y recobrarse”, de acuerdo a lo que definen Melillo y Suárez  Ojeda (2002). Es decir, tomando lo afirmado por Kotliarenko, la  resiliencia consiste en “un conjunto de procesos sociales e  intrapsíquicos que posibilitan una vida sana en un medio insano”.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Según todas estas aseveraciones, el concepto hace alusión a una  capacidad positiva que tendríamos los seres humanos, o algunos seres  humanos al menos. Capacidad, por tanto, que debería ser saludada  positivamente y, en la medida de lo posible, expandida. De la mano de  esta visión, un pensamiento progresista, de izquierda incluso, podría  levantar gustoso la idea de resiliencia y fomentarla como un camino de  esperanza, una luz ante tanta adversidad.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Así, entonces, una perspectiva de avanzada de nuestra actual situación  lleva a decir a Aldo Melillo, cuando prologa el libro “Descubriendo las  propias fortalezas” de María Alchourrón y Edith Grotberg, que “la  exclusión y la pobreza se extienden sin freno en los países  desfavorecidos por la globalización y la concentración económica, y la  mano invisible del mercado no ha dado signos de derramar ninguna riqueza  a los pueblos. Si a ello se suman las situaciones de riesgo que  conllevan la enfermedad, la cárcel, el deterioro personal, familiar y  social sin que se vislumbren soluciones globales desde la economía y la  política, el panorama resulta francamente desolador. Sin embargo, hay  niños, adolescentes y adultos que son capaces de sobrevivir, superar las  adversidades y, más aun, salir fortalecidos de ellas. Esa capacidad es  conocida como resiliencia, concepto sumamente fértil a la hora de actuar  en el plano social, porque desplaza el enfoque tradicional sobre las  carencias y los factores de riesgo para situarlo en las fortalezas y la  creatividad del individuo y de su entorno. (…). Con la convicción de que  este concepto debe desplegarse e instrumentarse en los programas  sociales (…), en tiempos de empobrecimiento y exclusión la construcción  de resiliencia comunitaria que se evidencia en la capacidad de ciertos  pueblos de enfrentar catástrofes de todo tipo constituye una posibilidad  cierta de lucha contra las iniquidades de la sociedad actual”.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Entendida desde esa lógica de la esperanza, la idea de resiliencia  podría ser, sin dudas, una cantera donde encontrar la energía necesaria  para plantearse transformaciones, para seguir creyendo que las utopías  son posibles, en el sentido que nos hacen caminar, como dijo el uruguayo  Eduardo Galeano. Y justamente alguien como él, un comprometido con las  luchas sociales a quien nadie podría acusar de cómplice del sistema,  dijo en el Foso Social Mundial de Porto Alegre en el 2005 refiriéndose a  las transformaciones que esa idea de resiliencia puede acompañar, que  no “son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del  subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no  expropian las cuevas de Alí Baba. Pero quizás desencadenen la alegría de  hacer y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la  realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de  probar que la realidad es transformable”.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> En este sentido, el concepto en juego puede tener una carga positiva.  Por allí puede leerse de los beneficios que trae aparejados la  resiliencia. Buena noticia, por supuesto. ¿Y qué beneficios aporta? “Las  personas más resilientes tienen una mejor autoimagen, se critican menos  a sí mismas, son más optimistas, afrontan los retos, son más sanas  físicamente, tienen más éxito en el trabajo o estudios, están más  satisfechas con sus relaciones, están menos predispuestas a la  depresión”. Ahora bien: estos supuestos “beneficios” abren interrogantes  que cuestionan radicalmente las esperanzas que proponían las visiones  arriba expuestas. ¿Es un beneficio “criticarse menos”? ¿En qué sentido  entender lo de “más éxito”? ¿Estamos seguros que entronizamos el  optimismo, o más cautamente seguimos a Gramsci, quien proponía “el  optimismo del corazón junto al pesimismo de la razón”?\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Es entonces cuando empieza a hacer agua este dudoso concepto. ¿De qué se  trata realmente la resiliencia? ¿Qué elemento positivo nuevo aporta  efectivamente? Que mucha gente tiene esa capacidad de rehacerse, de no  quebrarse y salir airosa de las peores situaciones, no es ninguna  novedad. Si el concepto consiste en describir eso, pues no es un  concepto científico en sentido estricto que inaugure un nuevo campo de  conocimiento produciendo una ruptura epistemológica, sino que no pasa de  la mera descripción. “El patito feo también puede ser lindo”. ¿Podemos  llamar a eso un concepto novedoso que aumenta el saber y la capacidad de  actuar en el mundo?\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Si abrimos una crítica en torno a la idea de resiliencia es por los  peligros ideológicos que allí anidan, peligros que pueden pasar  inadvertidos en tanto la forma con que aparece el concepto pareciera que  ayuda a caminar, en tanto “prueba que la realidad es transformable”.  Pero junto a esa cuota de esperanza –para lo cual no es necesario creer  que se está ante un nuevo concepto, pues la descripción más obvia nos  muestra que siempre “después de la tormenta sale el sol”– no podemos  dejar de ver también que hay un transfondo de resignación: no se trata  de saber soportar la adversidad (para lo que, incluso, se puede dar un  largo catálogo de recetas prácticas… Y así surgen las propuestas de  autoayuda y toda la parafernalia de “Usted puede, no sufra, técnicas  para ser exitoso”). No se trata de saber adaptarse a la realidad y poder  sobrellevarla. ¡Se trata de transformarla!\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Más allá de las mejores buenas intenciones que puedan desplegarse –al  menos en algunos casos– apelando a esta noción, lo que se transluce es  la pasividad y la aceptación de una ya estatuida normalidad, obviando la  idea de conflicto como motor perpetuo. El conflicto está, siempre,  tanto en lo subjetivo como en los procesos masivos: el sujeto escindido  no dueño de sí mismo con que nos confronta el psicoanálisis, el sujeto  deseante que no sabe qué desea con precisión, o el sujeto social  producto del enfrentamiento a muerte de clases divididas en torno a la  tenencia, o no, de los medios productivos, siguen siendo “el fuego  eterno” del que hablaba Heráclito hace 2.500 años y que retoma Hegel en  el siglo XIX. La dialéctica en tanto lucha perpetua de contrarios, dirá  el pensador alemán, no es un método filosófico: ¡es la realidad misma!,  es la estructura de lo real. La realidad está constituida por el  conflicto, verdad inobjetable. La idea de resiliencia, sabiéndolo o no  por parte de quien la usa, apunta a la “suavización” de la crudeza de  esa realidad.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Una prótesis, en definitiva, un bálsamo. En otros términos “técnicas de  aprendizaje, es decir prácticas correctivas de conductas, sin tomar en  cuenta los procesos sociales y psíquicos que bloquean potencialidades”,  dirán Ana Berezin y Gilou García Reinoso en su texto “Resiliencia o la  selección de los más aptos” (2005) “El ideal de la resiliencia parece  ser la funcionalidad, la eficacia de los sujetos y sobre todo del  sistema. Así, lo que parece simple –y obvia– descripción de situaciones  de hecho implica peligros: bajo un nombre nuevo se retoma el viejo  concepto de “desviación”: en el campo de la salud, con el modelo médico;  en el de la educación, con el modelo pedagógico; ambos remitiendo al  concepto de normalidad y adaptación, con sus consecuencias de orden  teórico, ético y político”.\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Aunque no se diga en estos términos, la ideología que está a la base es:  ¡sea fuerte! Lo cual, irremediablemente recuerda al tango: “fuerza,  canejo, sufra y no llore \u002F que un hombre macho no debe llorar”. ¿Hay que  estar contra las adversidades o hay que saber sortearlas? ¿Cuál es la  sutil línea que separara el afrontamiento de la resignación?\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> En verdad, más allá de las buenas intenciones (y ahora puede entenderse  por qué empezábamos el presente escrito con esa referencia provocativa),  es para pensarlo bastante en qué medida este concepto tan problemático,  traído desde un campo extraño a la reflexión de las ciencias sociales,  aporta teórica y prácticamente. ¿En cuánto, cómo y por qué realmente  “constituye una posibilidad cierta de lucha contra las iniquidades de la  sociedad actual”? Sabiendo de dónde viene (las ciencias de la conducta  estadounidenses, ingeniería humana funcional a los poderes constituidos,  anestesia que sirve para domesticar y no como instancia emancipadora),  ¿qué nos deja esto de resiliencia para un planteo transformador? Saber  que hay quienes pueden resistir infinitamente no nos dice más que eso:  que algunos no se quiebran nunca. ¿Qué podemos transformar con eso?  ¿Esperar que todos sean igualmente aguantadores?\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Con la incorporación de este discutible concepto se corre el riesgo de  quedar entrampados en un planteo adaptacionista, reeducativo. ¿Hay que  acallar el malestar, o hay que encontrarle su sentido, para poder  entenderlo y, eventualmente, modificarlo? ¿Se trata de acallar el  sufrimiento acaso, promover el “éxito” personal, tapar el síntoma? ¿No  podemos así, sin saberlo, devenir cómplices de una maquinaria  trituradora que busca la construcción de normalidades y adaptaciones  peligrosas, que obliga a ser “uno más”, fuerte y bien portado,  silenciando las voces discordantes? En el medio de la dictadura que  asoló Argentina entre 1976 y 1982, cuando se producía la desaparición de  30.000 personas que disentían del régimen, que buscaban un mundo  distinto, el gobierno de los militares presentó una propaganda por medio  de todos los medios de comunicación donde se veían distintas escenas  con ruidos enloquecedores (un taladro, un bebé llorando, etc.), sobre  los que aparecía una enfermera indicando que “el silencio es salud”. El  silencio ¿es salud? ¿Qué significa en ese contexto ser resiliente?  ¿Callarse la boca y aguantar, o luchar contra esa flagrante inequidad?  Si es esto último, ¿de qué nos sirve llamarlo “resiliencia”?\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Es por todo ello que puede abrirse la crítica contra el concepto, porque  su utilización no necesariamente aporta algo y porque, en definitiva,  puede ser un lastre ideológico cuestionable. Parafraseando la Tesis XI  sobre Feuerbach, de Marx, podría decirse entonces que no se trata de  saber soportar el mundo (¿resignarse?, ¿adaptarse?, ¿“saber” como no  quebrarse?). ¡Se trata de transformarlo! ¿O acaso las ideologías  neoliberal y postmoderna reinantes nos quitaron la idea de utopía? ¿O  acaso se trata de aceptar y no cuestionar la normalidad?\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Ya que anteriormente citamos un tango argentino, permítasenos cerrar con  una cita de otro poeta de esa nacionalidad, más irreverente quizá, o  más pertinente para situar esta lectura crítica de la resiliencia: “que  muerda y vocifere vengadora ya rodando en el polvo tu cabeza”  (Almafuerte).\u003Cbr \u002F> \u003Cbr \u002F> Bibliografía:\u003Cbr \u002F> - Anleu, C. (2005). “Resiliencia: la fuerza de la vida. Un estudio sobre  familiares de niñez desaparecida por el conflicto armado interno en  Guatemala”. Guatemala: ECAP.\u003Cbr \u002F> - Berezin, A. y García Reinoso, G. (2005). “Resiliencia o la selección  de los más aptos”. Disponible en  http:\u002F\u002Fwww.pagina12.com.ar\u002Fdiario\u002Fpsicologia\u002F9-50578-2005-05-09.html\u003Cbr \u002F> - Beristain, C. (1992). “Salud mental: la comunidad como apoyo”. San Salvador: UCA Editores.\u003Cbr \u002F> - Liga Guatemalteca de Higiene Mental. (2002). “De barro y de hierro.  Familiares de niñez desaparecida por el conflicto armado interno en  Guatemala”. Guatemala: Liga Guatemalteca de Higiene Mental.\u003Cbr \u002F> - Manciaux, M. (2003). “La resiliencia: resistir y rehacerse”. Madrid: Gedisa.\u003Cbr \u002F> - Melillo, A. y Suárez Ojeda, E. (compiladores). (2002). “Resiliencia,  descubriendo las propias fortalezas”. Buenos Aires: Paidós.\u003Cbr \u002F> - Testa, M. (1985). “Atención ¿primaria o primitiva? de salud”. Rosario:  Centro de Estudios Sanitarios y Sociales. Cuadernos Médico Sociales, N°  34.\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>foto extraída: \u003Cspan>\u003Ca href=\"http:\u002F\u002Fwww.enfoquecentro.com\u002Ffactores-protectores-ante-situaciones-limites\u002F\" mce_href=\"http:\u002F\u002Fwww.enfoquecentro.com\u002Ffactores-protectores-ante-situaciones-limites\u002F\">\u003Cspan dir=\"ltr\">www.enfoquecentro.com\u003C\u002Fspan>\u003C\u002Fa>\u003C\u002Fspan>\u003Cspan>\u003C\u002Fspan>\u003C\u002Fp>\n\u003Cp>http:\u002F\u002Fwww.argenpress.info\u002F2014\u002F07\u002Fpsicologia-resiliencia-un-concepto.html\u003C\u002Fp>\n",{"post_name":17,"post_title":18},"yo-mori-en-un-furgon-de-carabineros","Yo morí en un furgón de Carabineros",{"post_name":20,"post_title":21},"atilio-boron-si-se-pierde-venezuela-aqui-se-acaba-todo","Atilio Borón: “Si se pierde Venezuela, aquí se acaba 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